Chuquisaca, en el año 1767

Instituciones y autoridades del momento en que se produjo la expulsión de los jesuitas

Chuquisaca, en el año 1767 Chuquisaca, en el año 1767

Norberto Benjamín Torres (*) para ECOS
Ecos / 29/10/2017 01:20

El poder regio multiplica a sus representantes y a los centros políticos para que nadie ambicione más poder que el propio Rey. Esos centros de poder constituían esos ojos del Rey que se custodiaban y recelaban a sí mismos. Pero también expresaban la fragmentación del territorio y la constitución de poderes locales, que se afirmaban —algunos de ellos— en relación a diversas instituciones (Audiencia, cabildos, etc.).

En ese sentido va esta reseña de las instituciones, y de sus principales autoridades, que representaban los poderes clerical y político en la Chuquisaca del tiempo en que se produjo la expulsión de los jesuitas, el 18 de agosto de 1767.

Real Audiencia de Charcas

La Real Audiencia de Charcas estaba integrada por el fiscal del Rey, don Francisco de Escobar, y los oidores Joseph Sanz Merino, Joseph López Lisperger, Joseph Giraldéz Pino, Pedro de Tagle y Antonio Portier.

Su presidente, Juan Victorino Martínez de Tineo, fue un militar y funcionario español que nació en la ciudad española de Denia en 1710. Siendo cadete, el Rey le autorizó a trasladarse a América y continuar con su antigua carrera militar.

En 1736 fue ascendido a teniente de Granaderos. Y años más tarde, en 1743, nombrado Gobernador de Chiloé (Capitanía General de Chile). Posteriormente ascendió al grado de teniente coronel.

En 1747, Carlos III designó a Martínez de Tineo como Gobernador del Tucumán, cargo del que tomó posesión en Córdoba recién en 1749. Desde allí pasó a Santiago del Estero, donde fundó varias poblaciones. Por último se dirigió a Salta, donde fijó la residencia de su gobierno.

Realizó una administración progresista, con grandes mejoras edilicias y urbanas en la ciudad de Salta. En 1750, dispuso una entrada general al Gran Chaco Gualamba con la participación de milicias de La Rioja, Tucumán, Salta y Jujuy. Fue la campaña militar más importante hasta esa fecha, llevaba cabo en el Chaco: duró más de dos años. Se recorrieron 1.720 leguas, se fundaron 12 fortines y se repobló con hacienda las fronteras. En esta campaña consiguió la participación de población aborigen.

En 1752, fue ascendido a coronel de los Reales Ejércitos. Algunos historiadores consideran al gobernador Martínez de Tineo como “el último conquistador”. Después de repetidas renuncias, Su Majestad nombró a su sucesor en 1757; se había enterado de las fatigas y la mala salud que le acarrearon sus campañas militares, de las que escribió un libro cuyo original se conserva en Buenos Aires, en la Biblioteca Nacional argentina.

En 1766 fue nombrado interinamente Presidente de la Real Audiencia y Capitanía General de Charcas, siendo recibido tras una larga resistencia el 17 de junio de 1767. En La Plata creó un cuerpo militar de diez compañías (700 hombres), y pidió al Virrey la creación de una Compañía de Dragones; para reprimir el rutinario contrabando de plata, nombró un juez de Extravíos en cada ciudad.

Pero el suceso que más le preocupó fue la expulsión de los jesuitas: sobre él recayeron las innumerables decisiones, primero para ejecutarlas y luego para organizar la administración de sus Juntas de Temporalidades; en las misiones de Mojos y Chiquitos también tuvo que poner en marcha la sustitución de los jesuitas por frailes y clérigos seculares y la organización de una Receptoría de ambas misiones en Santa Cruz de la Sierra.

Al final de su gestión, protagonizó una serie de inculpaciones mutuas con el gobernador de Córdoba del Tucumán, Juan Manuel Fernández Campero, el obispo de Salta, Abad Illana, y el gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli. A Martínez de Tineo se le echaba en cara una amistad con los jesuitas expulsados.

Se casó con una dama salteña, Rosa de Escobar Castellanos. Retirado a Salta, fue declarado libre de culpa en un juicio de residencia y en 1771, por sus grandes méritos militares, lo ascendieron a brigadier de Infantería.

Fue Caballero de la Orden de Malta.

El 16 de marzo de 1772, Juan José de Vértiz, último gobernador de Buenos Aires y presidente de la Junta Provincial de Temporalidades, nombró a Martínez de Tineo presidente de la Junta Municipal de Temporalidades de la ciudad de Salta. Y siete meses más tarde, el 20 de octubre, Juez Sub-Delgado de Correos.

El brigadier Juan Victorino Martínez de Tineo falleció en esa misma ciudad, en 1785.

Arzobispado de La Plata

Pedro Miguel de Argandoña Pastén y Salazar había nacido en Córdoba del Tucumán en 1691. Hijo de Tomás Félix de Argandoña y de María Pasten y Salazar (ambos de origen español), estudió en la Universidad de San Miguel de Santiago de Chile, donde obtuvo el doctorado en Teología y Filosofía en 1715 y recibió la orden sacerdotal en 1717 de manos del obispo de Santiago, Luis Francisco Romero.

Su carrera eclesiástica comenzó allí mismo como Cura de la Catedral y Vicario General del Obispado. Siguió al obispo Romero cuando este fue trasladado a la sede de Quito, en 1719; allí fue también Cura Catedralicio y después Magistral en 1720. Y hacia 1726, con el nuevo Arzobispo, a la ciudad de La Plata, donde le dieron el curato de Pitantora y lo nombraron su Secretario de Cámara.

Luego de un periodo oscuro, en 1745 fue preconizado Obispo de Córdoba, adonde entró a comienzos de 1748: acabó de construir la Catedral, reorganizó el Seminario dándole nuevas constituciones (1752), favoreció las misiones jesuíticas y celebró un Sínodo.

En 1762 fue transferido a la sede metropolitana de La Plata, ocupó la silla arzobispal de La Plata del 4 de diciembre de 1762 al 11 de agosto de 1775. Durante su gobierno convocó a Concurso de Curatos (1763), realizó hasta 1769 cuatro veces personalmente la Visita Pastoral (en la que confirmó a más de 50.000 personas), construyó la Sala Capitular del Cabildo Eclesiástico (donde actualmente están todos los retratos de los arzobispos), reedificó el edificio del Seminario.

Ordenó la compra en Londres, el 20 de septiembre de 1765, del reloj para la torre de la Catedral (de la actual Sucre), que fue colocado recién el año 1772. Entre medio, en 1767, tuvo que lamentar la expulsión de los jesuitas.

Pedro Miguel de Argandoña celebró el 3º Sínodo Arquidiocesano (1771-1773), cuyas constituciones tendrían más de un siglo de vigencia, y presidió el 2º Concilio Platense entre 1774 y 1775.

Por su avanzada edad y los intereses creados de algunos grupos de presión del clero, se puede afirmar que en sus informes idealizó la situación, y en su gobierno fue víctima de las intrigas y malos manejos de aquellos, sin poder llevar a cabo la urgente obra de reforma y de adecuación a las necesidades pastorales.

El ilustrísimo arzobispo Pedro Miguel de Argandoña y Pasten falleció en La Plata el 11 de agosto de 1775.

Cabildo Justicia y Regimiento de La Plata

Gracias al rey Carlos III y sus famosas reformas, el cabildo recupera su rol protagónico de representatividad local. En el libro “Chuquisaca”, Roberto Querejazu Calvo deja constancia de que en 1767 el Cabildo secular de La Plata prefirió no suspender las corridas de toros en honor a la Virgen de Guadalupe, pese a que se había decretado duelo por el fallecimiento de la reina madre Isabel de Farnesio.

¿La razón? “Era costumbre muy antigua en la ciudad y el público podía ir a buscar otros entretenimientos pecaminosos poniendo en peligro su salud temporal y eterna. Además el gremio de las confiteras sufría daño económico al no poder vender sus dulces”, según se puede leer en ese libro. Pero en las fiestas de ese año, ya no ocuparían su gradería los miembros del colegio de San Juan Bautista. •

* Es miembro de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica y de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre

Integrantes del Colegio de Santiago Apóstol: Los jesuitas expulsados

La expulsión de los jesuitas de Chuquisaca se produjo por un ardid ejecutado la madrugada del 18 de agosto de aquel año. Habían citado a los oidores a las 2:00 y, después de leer las cédulas, una hora más tarde, se presentaron el Presidente de la Audiencia, el oidor López Lisperger, un notario y el escribano Agustín Toledo. Llegaron al colegio grande de Santiago con el falso pretexto de una confesión.

Al abrirse la puerta, ingresaron los soldados y comenzaron el protocolo de expulsión. La salida efectiva de los jesuitas de Chuquisaca, sin embargo, se concretó recién a las 4 de la madrugada del día siguiente, el 19 de agosto de 1767.

La Compañía de Jesús estaba básicamente representada en su obra educativa: la Universidad de San Francisco Xavier, el Real Convictorio de San Juan Bautista y el Colegio de Santiago Apóstol. A continuación presentamos la lista de integrantes de este último, así como sus empleos y los ministerios en que se ejercitaban. Todos ellos fueron expulsados como si fueran vulgares delincuentes.

¿Quiénes eran estos hombres que concitaron la atención e interés del Rey? Tal vez los más progresistas de los habitantes de Charcas, los más íntegros y probos. Pero, estoy seguro de que eran hombres de Dios:

La siguiente nómina fue extraída del documento “Expulsión del Perú”, cuyo manuscrito se conserva en el Archivo de la provincia de Catalunya de la Compañía de Jesús, Barcelona. El padre Antonio Menacho, S.J., la publicó completa en el Anuario n°9 de la Academia Boliviana de Historia Eclesiástica (ABHE) del año 2002.

P. Manuel de la Sota, rector del Colegio de Santiago y de la Universidad de San Francisco Xavier.

P. Miguel Negreiros, catedrático de Prima de Sagrada Teología (disidente)

P. Fermín Loaysa, catedrático de Moral y prefecto de la Congregación de Ntra. Señora de la Visitación (disidente)

P. Julián Hurtado, catedrático de Moral y prefecto de la Congregación del Santo Cristo de la Agonía (disidente)

P. Miguel Soto, catedrático de Escritura Sagrada (disidente).

P. Martín de los Santos, catedrático de Filosofía (disidente).

P. Luis Avilés, catedrático de Filosofía y prefecto de Estudios en el Real Convictorio de San Juan Bautista.

P. Miguel Irigoyen, catedrático de las lenguas Aymara y Quechua, y prefecto de la Cofradía de Loreto.

P. Francisco Martínez, operario y vice procurador de las Misiones de Moxos.

P. Luis de los Santos, procurador del Colegio (disidente).

P. Carlos Hirsco Jesús, administrador de la Hacienda o granja de San Isidro.

H. Juan Santiago de los Ríos, compañero (difunto).

H. Benito Díaz, sacristán (disidente).

H. Matías Cavallero, escobero.

H. Juan Jacobo, administrador de las Haciendas de Mojocoya y Caraparí.

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