Los perros y sus miedos

Es importante aprender a detectar sus temores para ayudar a las mascotas a superarlos

Los perros y sus miedos Los perros y sus miedos

Evelyn Campos López ECOS
Ecos / 29/10/2017 01:26

Los canes, al igual que los humanos, también sienten miedo e incluso un terror inimaginable frente a ciertas situaciones, por algunos objetos y hasta por personas pero, especialmente, al escuchar ruidos fuertes.

Les afecta de tal manera que algunos, por el estrés, pareciera que fueran a desfallecer en cualquier momento. Dos veterinarios dicen a ECOS que es importante aprender a detectar esas señales para ayudar a las mascotas a superar su miedo.

El presidente del Colegio de Médicos Veterinarios y Zootecnistas de Chuquisaca, Jhon Flores Risco, sostiene que desde la domesticación del perro y su paso por el proceso de “humanización”, o de convertirlos en humano-dependientes, se pudo identificar una serie de situaciones relacionadas con su actitud respecto a ciertos temores o fobias.

Entre esas actitudes menciona, por ejemplo, el ingresar a una veterinaria, sentir ciertos olores característicos como la pólvora, o ruidos (de aspiradora, fuegos artificiales, truenos, sirenas de ambulancia o de la Policía), gritos y otros factores que afectan al desarrollado sistema auditivo y del olfato que tienen estos animales.

Las mascotas perciben con gran sensibilidad y cualquiera de esas situaciones puede provocar la generación de un comportamiento extraño, con un elevado grado de excitabilidad, y derivar eventualmente en su muerte.

¿Cómo saberlo?

Cuando un perro siente miedo puede demostrarlo con diferentes señales; una muy común es temblando. Pero a veces se le dilatan las pupilas, sus orejas se disponen hacia atrás, mete la cola entre las patas traseras, aúlla o babea.

Otras posibilidades son: ladra excesivamente, intenta evadir la situación que le asusta escapando y si se le imposibilita la huida, incluso puede agredir. En algunas ocasiones busca esconderse en determinados lugares, gruñir al objeto de su fobia o simplemente quedarse aplastado contra el suelo, o temblar, o hacer sus necesidades en cualquier parte.

Según Flores, para evitar los temores de una mascota primero hay que saber reconocerlos y luego aprender a actuar cuando se presenten o evitarlos antes de que ocurran.

Ruidos fuertes

Aparte de su poderoso olfato, la audición es otro de los grandes sentidos de los canes.

Muchos estudios indican que el oído de un perro es cuatro veces más afinado que el del humano y puede registrar 35.000 vibraciones por segundo. Esto hace que odien los sonidos de los truenos, la detonación de petardos, los fuegos artificiales, las sirenas, las aspiradoras, las sierras eléctricas y los gritos, explica el veterinario a ECOS.

Otros perros

“A veces los dueños de un can piensan que su perro es celoso porque observan que definitivamente no desea compartir con los de su misma especie. Este tipo de casos se presenta porque desde que fue un cachorro tuvo una mala socialización con otros canes y una de las razones podría ser que fue separado a muy corta edad de su madre y por lo tanto no alcanzó a desarrollar parte de esos estímulos naturales”, detalla el experto.

Miedo a las personas

Este tipo de caso se parece al anterior y también depende mucho de la educación que ha recibido durante su vida el perro. Si ha estado marcado por un pasado de maltrato es lógico que sea desconfiado; por fortuna, también está demostrado que los canes no son rencorosos, por lo cual pueden volver a confiar, eso sí, mediante un proceso de re- educación, paciencia y amor.

Nuevas experiencias

Cuando un perro es mimado, y sale poco, siente miedo a lo desconocido y entonces esa sensación es normal. Por ejemplo, si nunca se ha montado a un vehículo y de un momento a otro deciden llevarlo en uno, no se debe esperar a que suba y se quede quieto.

Cuando se lo tenga que enfrentar a un perro o a objetos o situaciones desconocidas, siempre hay que asociarlo con cosas positivas. Por ejemplo, llevando su comida favorita, algo que le guste.

El encierro

Según Flores, dejar a un perro solo está bien pero siguiendo ciertas normas básicas de seguridad, con alimento y bebida. Pero cuando la ausencia supera las seis horas o, peor aún, si uno se va por más de un día, el perro puede desarrollar un inmenso temor a la soledad, que se refleja en problemas de comportamiento y de salud. Así como puede desesperarse y causar desorden en la casa, también puede llegar a enfermarse.

“Por todo esto, es importante conocer a nuestras mascotas para evitar situaciones desagradables. Ahora que estamos cerca de las fiestas de fin de año, podemos y debemos tomar conciencia de nuestras mascotas, reduciendo en lo mínimo la utilización de pirotecnia, especialmente, que también podría afectar a nuestros niños y al medio ambiente”, recomienda el Presidente del Colegio de Médicos Veterinarios y Zootecnistas de Chuquisaca.

¿Puede morir?

El miedo, en casos extremos, puede desembocar en la muerte de la mascota. Flores dice que ocurre generalmente con canes de raza pequeña que, por su altísima sensibilidad y por el shock que se produce en su sistema auditivo, sufren un infarto al miocardio.

Otros perros, antes del infarto, se exponen a sufrir convulsiones y quedar con secuelas irreversibles. Por eso es importante que reciban auxiliar inmediato para que el veterinario pueda estabilizarlo.

¿Qué hacer?

El veterinario del Hospital de Especialidades Veterinarias Arca de Noé, Luis Fernando Campos, explica que las fobias son una sensación natural, tanto en humanos como en animales. Cuando los canes experimentan miedo se activa en ellos un sistema de supervivencia y autoprotección e ingresan en cierto grado de estrés, que se manifiesta de distinta manera, en unos más que en otros, agrega él.

“Cuando por ejemplo ocurre una tormenta eléctrica los perros pueden desesperarse, esconderse, ladrar, aullar, babear. Lo que sus amos deben hacer es subirlos sobre sus faldas, así como se hace con un niño, y acariciarles constantemente, pasándoles la mano sobre el lomo y hablarles; eso los calma. Hay que rascarles las partes que más les gusta, en la nuca a los perritos y debajo del cuello a los gatos”, aconseja Campos.

Pero si el perro es muy activo y nervioso se le puede dar tranquilizantes en gotas; eso les calma y baja su estrés. No obstante, él recomienda medicarlos antes de que ocurra una tormenta, porque no funciona cuando esta ya se ha desencadenado.

Para esto último, el tranquilizante debe ser prescrito por un veterinario responsable, con receta médica, de acuerdo a la edad, el tamaño y el peso del animal.

Campos sugiere acostumbrar a las mascotas al ruido, desde pequeñas, una vez que hayan recibido sus vacunas, llevándolas a pasear con regularidad. Y si se adopta un perro mayor, llevarlo en un vehículo subiéndolo sobre las faldas y pasar por lugares muy ruidosos; así asociará los ruidos con factores de calma y seguridad.

El tratamiento mitiga la respuesta que puede tener un animal frente al problema que se presenta y de esta forma termina desapareciendo. Sin embargo, es importante visitar al veterinario para recibir asesoramiento profesional. •

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