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De la ficción a la realidad: China y su “Black Mirror”

¿Qué pensarían si les dijeran que, a partir de ahora, todas sus interacciones sociales y comportamientos diarios van a poder ser calificados gracias a una monitorización completa de sus teléfonos móviles?

¿Qué pensarían si les dijeran que, a partir de ahora, todas sus interacciones sociales y comportamientos diarios van a poder ser calificados gracias a una monitorización completa de sus teléfonos móviles?

Seguramente sepan que eso, de alguna manera, ya se hace: Wallapop, Amazon, Trip Advisor, Facebook y otras redes, empresas o aplicaciones, nos permiten calificar a establecimientos, personalidades famosas, compradores, vendedores y otro tipo de usuarios con estrellas del uno al cinco, registrando nuestras visitas y relaciones.

Pero, ¿y si les dijeran que, más que eso, la calificación que cada uno de ustedes tenga como media, será decisiva a la hora de poder acceder a cuidados médicos, conseguir un buen puesto de trabajo, alojarse en determinados hoteles, o disponer de facilidades para comprar una casa?

China está trabajando en la implementación de un sistema de puntuación de registro público, que clasificará a los ciudadanos en base a sus interacciones sociales, algo similar a lo que sucede en el episodio “Nosedive”, de la serie británica de ficción “Black Mirror”.

“Black Mirror”

Parece un argumento de película y, de hecho, en eso se basa el episodio “Nosedive” con el que iniciaba su andadura la tercera temporada de “Black Mirror”, la serie de ficción distópica creada por el británico Charlie Brooker, y cuya cuarta temporada verá la luz en Netflix.

Sin embargo, una vez más, la realidad supera a la ficción: en China, ese sistema de calificación ciudadana, en el que un “smartphone” y un número de estrellas son decisivos para la vida de cada persona, ya es un hecho.

Así lo informaron diversos medios de comunicación, a partir de un documento que el Gobierno chino hizo público en 2014 y cuyo eco resuena ahora con fuerza en la red.

El episodio “Nosedive” (traducido como “Caída en picado”) sorprendía de entrada con una estética mucho menos oscura de lo que la serie acostumbraba, en una idílica puesta en escena de un entorno y personajes en coloridos tonos pastel y aparente armonía.

Pero la oscuridad del episodio radicaba justo ahí, en la personificación de lo políticamente correcto llevada al extremo. Y es que “Nosedive” nos traslada a una realidad alternativa en la que la humanidad ha abrazado el dominio de las redes sociales, los “smartphones” y la tecnología.

Así, a través del uso del teléfono móvil, conectado a unos implantes oculares, la vida de todos los habitantes gira en torno a una “app” con la que calificarse unos a otros con puntuaciones de una a cinco estrellas, en base tanto a las interacciones sociales en persona, como a los contenidos sobre la vida diaria que cada uno comparte en esta red social.

Las personas con puntuaciones elevadas tienen mayores facilidades en un montón de aspectos: mejores puestos laborales, acceso a coberturas sanitarias, créditos financieros, invitaciones a clubs y eventos, condiciones de viaje más cómodas… Todo, absolutamente todo, está determinado por la calificación de cada individuo, en un claro liderazgo del estatus social.

La protagonista de “Nosedive”, Lacie (Bryce Dallas Howard), vive obsesionada con el uso de esta “app” y se esfuerza al máximo en sus interacciones, vestimenta y contenido compartido, para generar una buena impresión. Por ello, tiene una puntuación de 4,2. Alta en muchos sentidos, pero no tanto como para que pueda financiar la casa de sus sueños.

Para ello, necesita elevar su calificación a un 4,5 por lo menos, meta que un asesor le aconseja que aceleré codeándose con gente de puntuaciones elevadas ya que, cuando estos califican a los demás, el sistema les da un mayor impacto.

Su oportunidad aparece cuando una antigua amiga de la infancia, Naomi (Alice Eve), que tiene un 4,8, queda aparentemente conmovida porque Lacie haya compartido un peluche representativo de su amistad, y ofrece a la protagonista ser dama de honor en su boda, a la que acudirán personalidades de puntuaciones altas.

Lo único que tiene que hacer Lacie es dar un emotivo discurso, para que los invitados la califiquen con cinco estrellas y, dado el impacto de estos, su puntuación suba como la espuma. Pero, como no podría ser de otra manera en “Black Mirror”, el giro de los acontecimientos hará que las cosas se tuerzan para Lacie… Aunque para saber cómo acaba, mejor vean el episodio.

“Nosedive” se hace realidad

China pretende implementar un sistema de crédito social (SCS) con el que los más de 1.300 millones de ciudadanos se someterán a un sistema de puntuación de registro público, disponible para el resto de habitantes, según un documento que el Gobierno hizo público en 2014.

De acuerdo con esta información, el sistema, que lleva en pruebas desde 2015 de manera voluntaria y será obligatorio para todos desde 2020, se centrará no solo en sus hábitos de gasto y frecuencia con la que pagan sus deudas, sino que también tendrá en cuenta sus interacciones sociales.

De esta forma, el SCS puntuará negativamente el hecho de socializar con personas con calificaciones bajas, tal y como publican medios especializados como The Objective. Algo similar a lo que ocurría en “Nosedive” cuando las valoraciones de personajes con puntuaciones altas tenían mayor impacto solo que, en el caso del SCS, el mero hecho de tener relación con gente que tenga una calificación negativa será penalizador.

Pero, ¿qué importancia tendrá esta puntuación? Pues una muy similar a la de la calificación de los personajes del episodio de “Black Mirror”. Rachel Botsman, autora del libro sobre el SCS “Who Can You Trust?”, lo explicó en el programa “Pri’s The World” coproducido por la BBC.

“Si su puntuación de confianza está por debajo de un límite podría influir en todo: desde la escuela a la que podrán ir sus hijos, los puestos de trabajos a los que se les permitirá acceder y el tipo de préstamo hipotecario al que podrán optar” explicó.

En resumen, tener puntuaciones altas en el SCS otorgará derecho a unos servicios públicos de mayor calidad y menor coste. Para que se hagan una idea, a partir de los 700 puntos se tiene acceso a mejores condiciones de viaje y 750 otorgan un visado, según informa The Objective.

Botsman también aseguró que “las transgresiones pueden tener permanencia vitalicia e incluso generacional: su comportamiento podría tener impacto en sus hijos o nietos durante décadas”.

Este sistema cuenta con la colaboración de varias empresas privadas que ayudarán optimizar el algoritmo de puntuación. Entre ellas se encuentran Tencent, un gigante de las redes sociales que almacenan una gran cantidad de datos de los usuarios de WeChat (el “WhatsApp chino”); y Alibaba, que hace lo propio con los clientes de Aliexpres.

Según los medios de comunicación chinos, el SCS consiste “en una aplicación de chat cuya puntuación oscila entre 300 y 950, dividida en cinco categorías: conexiones sociales, comportamiento de consumo, seguridad, riqueza y cumplimiento”.

De esta forma, “si la confianza depositada en un ciudadano se rompe en uno de sus ámbitos vitales (financiero, legal, familiar, laboral, etc.) las restricciones derivadas del mismo tendrán efecto en todos los demás”, según dicta un documento público pequinés.

Vigilancia vía celular

Huang Lin, socióloga e investigadora de la Universidad de Pekín, explicó a “El Confidencial” que “más de la mitad de la población china pasa gran parte de su tiempo conectada. A través del móvil compran, realizan gestiones, pagan el alquiler, reservan viajes, etc. Es de esperar que estas interacciones, unidas a la información legal y financiera, creen un perfil completo de cada ciudadano”.

De acuerdo con el Wall Street Journal, el Gobierno chino considera que “el sistema permite que los ciudadanos de confianza campen a sus anchas, mientras que dificulta a los desacreditados dar un solo paso”.

La controversia está servida, no solo por el hecho de que el sistema monitorice todas las interacciones, sino por la forma de evaluarlas. Li Yingyun, director tecnológico de Sesame Credit, declaró a la revista china Caixin que “alguien que juega videojuegos durante diez horas diarias por ejemplo, sería considerado una persona inactiva, mientras que alguien que compra pañales con frecuencia será considerado padre y asociado a un mayor sentido de responsabilidad”.

Algo polémico teniendo en cuenta que muchos de los mejores jugadores de e-sports del mundo son chinos.

De hecho, Anurag Lal, presidente de Infinite Convergence Solutions, explicó al medio “Futurism” que “alguien puede estar jugando juegos durante 10 horas y el algoritmo no contempla posibilidades como que sea ingeniero ‘beta-tester’ y se trate de tu trabajo”.

Lal afirmó también que “el puntaje social propuesto por China es una reafirmación absoluta de que el país va camino de convertirse en un Estado policial que no solo monitorea a su gente, sino que evade por completo la privacidad de los usuarios”.

“Todas las formas de actividad e interacciones, tanto en línea como de otro tipo, se calificarán y estarán disponibles para visualizarse y almacenarse como datos”, recalcó. •


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