Ecos

Boquerón es más que una batalla

Cuando uno busca definir el concepto de epopeya, nadando entre letras se encuentra con varias definiciones más o menos concordantes: “Composición literaria en verso en que se cuentan las hazañas legendarias de personajes

Cuando uno busca definir el concepto de epopeya, nadando entre letras se encuentra con varias definiciones más o menos concordantes: “Composición literaria en verso en que se cuentan las hazañas legendarias de personajes heroicos, que generalmente forman parte del origen de una estirpe o de un pueblo”.

Pero hay hazañas legendarias de personajes no tan literarios que también originan estirpes o pueblos: cómo nació la conciencia de unidad helena con la muerte de Leónidas I en las Termópilas, cómo nació Vietnam de la mano de Ho Chi Minh en Dien Bien Phu, cómo nació la Bolivia que conocemos en Boquerón gracias a un puñado de valientes.

Todos los anteriores ejemplos tienen un punto en común: son para la historiografía militar algunas de las batallas más osadas y admirables; la fórmula 'muchos contra pocos', 'millares contra centenares', por lo general es una premonición más que evidente de quién saldrá victorioso.

Pero el entonces teniente coronel Manuel Marzana Oroza y sus hombres se encargaron de demostrarle al mundo hace ya 86 años que las reglas se pueden romper, siendo valiente y amando a tu tierra.

Después de que contingentes de Bolivia y Paraguay intercambiaran tiros en Laguna Chuquisaca-Pitiantuta en junio de 1932, la Comisión de los Neutrales con sede en Washington, Estados Unidos, entró en emergencia porque la escala de violencia entre los países sudamericanos parecía hacerse inevitable. Las cartas y las llamadas pidiendo a los dos países diálogo y entendimiento encontraron oídos sordos al principio. El pueblo, volcado en la calle, con el grito en la garganta, pedía guerra.

Daniel Salamanca Urey, el presidente, pensando en el otro presidente, Hernando Siles Reyes, quien en 1928 había “restituido” el honor nacional tomando el fortín paraguayo Boquerón después del incidente de fortín Vanguardia, decidió tomar no uno sino tres fortines: Corrales, Toledo y Boquerón.

Esta aventura fue relativamente fácil. La complicación inicial se dio en la mañana del 31 de julio: cuando el teniente coronel Luis Emilio Aguirre, después de desalojar a los defensores del fortín al mando del teniente Eulalio Facetty, se disponía a izar la tricolor, recibió junto a varios de sus hombres una ráfaga mortal de proyectiles desde el borde del bosque.

Facetty y su tropa solo habían simulado retirarse; le habían tendido una trampa a las fuerzas bolivianas que reclamaban el fortín con vítores ahogados abruptamente por la preocupación de saber a su comandante herido.

Sin sospechar que la herida lo mataría horas más tarde, el teniente coronel Aguirre mandó su informe oficial al comando de la Cuarta División: “Con destacamento mis órdenes con batallones Cuenca y Cárdenas, tomé Boquerón a horas 10 y 30. Varias horas de combate. Recibí feliz herida por la patria, juntamente con varios oficiales y tropa”.

La muerte de Aguirre marcaría el inicio de una fatídica costumbre en Boquerón, el sacrificio y estoicismo de los oficiales bolivianos, muchas veces hasta llegar a encontrar a la muerte.

El teniente Manuel Marzana Oroza se haría cargo de la preparación de las fortificaciones y la defensa de Boquerón, ante la inminente respuesta del ejército paraguayo. El destino lo elegiría para ser uno de los más grandes héroes de la Guerra del Chaco, aunque entonces ni siquiera lo sospechara.

Los preparativos del contrataque paraguayo habían sido cuantiosos. La cantidad de efectivos que habían concentrado para la etapa inicial alcanzaba alrededor de 5.000 hombres. El alto mando paraguayo, a la cabeza del teniente coronel José Félix Estigarribia, debido a una información falsa que le proporcionaron prisioneros bolivianos sobre la cantidad real de efectivos, pensaba que el fortín estaba resguardado por unos 1.200 hombres, pero en realidad llegaban a 683.

Considerando aspectos numéricos, la toma de Boquerón debería haber sido sencilla pero al amanecer del 9 de septiembre, cuando formaron las tropas paraguayas con el regimiento Curupaity al medio y al grito de “¡Viva el Paraguay!”, se lanzaron contra las trincheras bolivianas. Tan solo respondió el eco ensordecedor de los disparos. La ingente cantidad de heridos y muertos obligó a los paraguayos a retroceder y, sin importar cuántas veces cargaron aquel día, no lograron avanzar.

Los preparativos defensivos de Marzana habían sido efectivos; sin embargo, la artillería enemiga no dejaba de martillear la tierra en busca de carne que lacerar. Mientras tanto, la enérgica lucha y los disparos de los defensores eran oídos a la distancia por sus camaradas de armas, que desde fuera del cerco buscaban socorrerlos.

Cuando el batallón Lairana del regimiento 14 de Infantería avanzaba por el camino entre Yucra y Boquerón, con dirección al cerco para reforzarlo, recibió varias ráfagas de proyectiles que diezmaron a la tropa; los paraguayos se habían hecho del camino horas antes. Más tarde, ese mismo día, otra compañía del 14 de Infantería, a las órdenes del teniente Rosendo Villa, buscó ir en ayuda de los sitiados por el mismo camino, pero se topó con el enemigo y lucharon denodadamente con bayonetas caladas y la fuerza de sus cuerpos. Producto del enfrentamiento murieron varios hombres, incluido el heroico teniente Rosendo Villa, que cayó muerto tratando de tomar un nido de ametralladora que le disparaba a sus hombres.

Después de completado el cerco a los defensores de Boquerón, la prerrogativa del alto mando boliviano encabezado por el general Filiberto Osorio era la de socorrer a los hombres de Marzana. Producto de este movimiento de tropas rápido e improvisado nació el Destacamento Peñaranda, con todos los hombres disponibles dentro de un radio cercano a Boquerón, incluidos los soldados que habían combatido para tomar Corrales y Toledo.

Debido a las deficiencias de transporte y tiempo, el destacamento se encontraba conformado por 300 plazas divididas. La vanguardia de estas fuerzas, compuesta por 58 hombres, estaba al mando del capitán Víctor Ustariz, un oficial habilidoso y valiente que conocía el Chaco de palmo a palmo.

Burlando el cerco y combatiendo esporádicamente a los enemigos que encontrase a su paso, logró internarse en Boquerón. Mientras tanto, el resto del Destacamento Peñaranda, que no tenía la versatilidad del grupo de Ustariz, se vio amarrado a constantes combates con el enemigo, sin poder llegar a reforzar a los hombres de Marzana.

Sin embargo, la estancia de Ustariz en el fortín no sería muy larga. La mañana del 12 de septiembre se ofreció como voluntario a Marzana para constatar la cantidad de enemigos que rodeaban el monte y traer la munición y armamento abandonados.

Fue en esta faena que se topó con tropas enemigas en los pajonales circundantes a Boquerón y no dudó en cargar contra la posición enemiga. Mientras disparaba imperturbable las ráfagas de su subfusil fue herido de muerte, y dejó este mundo cuando se encontraba en los brazos coléricos de su estafeta que, al ver a su capitán muerto, resolvió morir matando con el grito en el cielo y el dedo en el gatillo. Minutos después descansaba también al lado del cuerpo del afamado oficial boliviano. Ustariz, de no morir aquel día, habría sido una amenaza permanente para los paraguayos debido a su capacidad militar y al conocimiento que poseía sobre el Chaco.

A Ustariz le siguieron el teniente Luis Reynolds Erguía — murió rechazando a los paraguayos que intentaban ingresar al fortín—; el capitán Luis Rivero Sánchez —cargando con todas sus fuerzas contra las tropas paraguayas que se aproximaban al fortín—;  el capitán Tomás Manchego —el 26 de septiembre, al cabo de una herida mortal y tras varios días de agonía; fue enterrado según su voluntad junto a su viejo amigo paraguayo encontrado herido en combate, el teniente Velásquez, quien fallecería un día después.

El 28 de septiembre, tras 19 días de combate violento, heridas atroces, hombres al borde de la inanición, con heridas agusanadas, sin fuerzas para más que levantar el rifle; sin agua, comida o munición suficiente para seguir combatiendo, los generales Osorio y Montes les lanzaron desde un avión una última orden a los sitiados: defender Boquerón diez días más.

Marzana reunió a sus hombres y, ante lo inhumano del pedido, decidieron que no podrían continuar. El 29 de septiembre, con el dolor que supone saberse acorralado, resolvieron plantearle al enemigo una capitulación honrosa.

Marzana y sus hombres, después de ser atendidos por los propios paraguayos, que se asombraron de ver lo pocos que eran y lo famélicos que estaban, fueron tomados prisioneros y llevados a Asunción, de donde los bolivianos regresarían finalizada la guerra.

Boquerón representa el espíritu estoico de todo boliviano, que contra la adversidad muestra los dientes y lucha, que contra la desventaja no ve pretexto. En aquel paraje del Chaco, Bolivia demostró que es un pueblo valiente; y fue ahí, entremezclados entre todos esos hombres, que se encontraron por primera vez todas las partes de un país fragmentado. El occidente se encontró con el oriente y el norte con el sur. Por primera vez, alguien comprendió que no había cosa más grande que su nacionalidad, y, en la Guerra del Chaco, esa pulsación haría hogar en el corazón de todos sus asistentes.

Cientos de valientes que lucharon contra Paraguay y los límites de lo humano hicieron de Boquerón no una batalla memorable, no solo una epopeya de la nacionalidad boliviana, no el inicio de una guerra trágica, no, Boquerón es más que eso.

Bibliografía:

QUEREJAZU CALVO, Roberto – Masamaclay.

GROUX CARRASCO, Ausberto - “Epopeya del soldado boliviano” en la Batalla de Boquerón de la guerra del Chaco.

ZOOK, David – La conducción de la Guerra del Chaco.

Fotografías de:

Historia gráfica de la Guerra del Chaco, de Mariano Baptista Gumucio.

“Epopeya del soldado boliviano” en la Batalla de Boquerón de la guerra del Chaco.

 

* Álvaro Montoya es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí.

 

Los héroes potosinos

De conformidad con la Ley 150 del 4 de enero de 1962, son declarados, legalmente reconocidos y con títulos los sobrevivientes, como: “Héroes nacionales y beneméritos de la patria” por haber defendido el Fortín Boquerón, los ciudadanos que a continuación se nomina por distritos:

 

DISTRITO DE POTOSÍ

Avila Yañez Maximiliano

Campos Bravo Antonio

Cuenca Sánches Darío

López Quiroga Serapio

Mamani Tito Julio

Mamani Ríos Alejandro

Sáenz Villegas Nemecio

Serrudo Vedia Pastor

Quintanilla Miguel

Silvetti García José

Suxo Méndez José

Tola Garnica Sebastián

Villca Inocencio

Villca Machaca Juan

Villca Machaca Aurelio

 


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