Ecos

Leyendas del Potosí prehispánico

El 2018 recién pasado confirmó que una de las fortalezas de la literatura potosina es el género de la leyenda; es decir, la “narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición”.

El 2018 recién pasado confirmó que una de las fortalezas de la literatura potosina es el género de la leyenda; es decir, la “narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición”.

Como ejemplo de ello, la antología “Letras y misterios (nuevas crónicas potosinas)” está integrada por narraciones de ese tipo y, aunque es obvio que persiste la fascinación por el periodo colonial, esta publicación incluye relatos de la etapa prehispánica.

Para demostrar que Potosí tiene una enorme riqueza literaria originada o basada en los tiempos previos a la llegada de los españoles, en este artículo revisaremos algo de lo publicado sobre ese periodo.     

Thunupa, en el centro

Aunque el sol y la Pachamama ocupan lugares de privilegio en el universo mitológico potosino, es indudable que, por su aparición en la mayoría de las leyendas, Thunupa, o Tunupa, está en el centro.

Su huella está incluso en las sirenas indias Umantuu y Quesintuu, que figuran en la portada del templo de San Lorenzo. Teresa Gisbert lo apuntó señalando que “el itinerario de Tunupa es coincidente con la aparición de las sirenas en la arquitectura virreinal y nos lleva por la ruta de los lagos hasta desaparecer en el Poopó, a cuyas orillas hay un volcán que lleva por nombre Tunupa”.

El nombre del volcán está asociado a la mitología andina según la que, en los albores del mundo, los montes eran seres vivientes que coexistían entre sí. En ese margen, existen varios relatos sobre el Cerro Rico de Potosí que todavía están pendientes de compilar. En lo que hace al volcán de referencia, Vicente Terán Erquicia cuenta una leyenda que le fue referida por Severo Clavijo, según la cual “Tunupa es el dios joven que desencadena los elementos, que los domina con misterioso poder” y debe enfrentar la rebelión de Uturuncu a la que se describe como “montaña pérfida y envidiosa”. Según este relato, Uturuncu robó “el manto blanco usado por los montes buenos” y, cuando Tunupa estaba a punto de prenderla, ella le arrojó nieve y esta se transformó en un infranqueable lago blanco, el Salar de Uyuni.

Pero en la mayoría de los mitos sobre las montañas, Thunupa es deidad femenina. “Sajama lucha con el Huayna Potosí por el amor de Tunupa”, dice uno referido por Pablo Quisbert, mientras que otra, más cruel, señala que “Tunupa fue violada por el Huayna Potosí”. La mayoría de estas leyendas constituyen el origen mítico del Salar de Uyuni, cuyo nombre original es Thunupa. En su “Cachi Pampa”, Terán cuenta que Thunupa no solo era monte, sino una ñusta, hija de Pachamama y nieta de Pachacamaj, que se unió a Cuzco, quien la engañó con una adolescente llamada Ckosuña. Desconsolada por la traición, Thunupa llora y de sus senos mana leche. De la mezcla de ambos, se forma el salar que, aún hoy, lleva su nombre.

Leyendas como estrellas 

“Cachi Pampa” es solo uno de los relatos incluidos en “Chihuanhuayus y Achankaras”, de Terán Erquicia, que es uno de los mejores recopilatorios de las leyendas potosinas prehispánicas. Otros son “El Malmisa y El Potosí”, “Tunupa y el Uturuncu”, “Mundo”, “Laguna del Toro”, “Chacacoma”, “Metal Huarzuta”, “Ckoa”, “Para”, “Origen del arco iris”, “La flor del cactus”, “La leyenda del girasol”, “Sara Chojllu o la leyenda del maíz”, “Ckapaj Ticka”, “Ckori Kenti”, “El Hornero y el Tarajchi”, “El Chullupía”, “El Huillacu”, “El enojo de Pachamama” y “Huari y los urus”. Algunas son estrictamente potosinas porque están ubicadas en esta región, mientras que otras corresponden a territorios vecinos, como Oruro, o son generales.

Como los mitos, las leyendas prehispánicas son orales, pero pasaron a soportes físicos, ya sea mediante khipus o, ya en tiempos recientes, a través de recopilaciones. Jesús Lara, por ejemplo, publicó en 1973 la antología “Mitos, leyendas y cuentos de los quechuas”, de la que Adolfo Cáceres Romero extrae la leyenda “Ijma Waqachi”, que proviene de la hoy provincia Charcas de Potosí y trata del origen de un arbusto conocido con ese nombre.

La leyenda habla del amor que sintieron dos hermanas, Qhöra y Pirispita, por un joven mancebo llamado Añawaya quien, de inicio, se enamoró de la primera, a la que logró seducir con facilidad. Ya sea por codicia o lujuria, Añawaya quiso poseer también a Pirispita y, para ello, se casó con ella. “A la muerte de esta, Añawaya pretendió casarse con Qhöra, acosándola a cada instante. Ella, que ya había dejado de amarlo, pidió a una Mamancha (hechicera) que la transformara en una planta, deseo que le fue concedido luego de cumplir las condiciones impuestas por la Mamancha, quedando así convertida en una humilde hierba, estando en brazos de Añawaya, que se puso a llorar desconsoladamente al verse frente al arbusto conocido con el nombre de Ijmawaqachi”. 

Esas son solo algunas muestras de la literatura prehispánica potosina, que está dispersa en las tradiciones orales y grabada en textiles, alfarería y en cavernas como las que existen, en cantidad nada despreciable, en los alrededores de la ciudad de Potosí.

(*) Juan José Toro es presidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).       

 

Leyendas mestizas

Como Terán, muchos escritores potosinos no resistieron la tentación de escribir narraciones ubicadas en el pasado prehispánico, ya sea basándose en tradiciones orales o en los indicios que se deslizaban en las crónicas, pero tampoco pudieron evitar mezclar ese periodo con el inmediato siguiente; es decir, el virreinal.

El mito de la Qori Killa, por ejemplo, que Terán desarrolla en su “Descubrimiento del Cerro Rico de Potosí” y José David Berríos en “Ckoriquilla o la Virgen del Ppotocsi”, comienza con la visita de Huayna Capaj, pero se arrastra hasta el nacimiento de la ciudad, así que más bien son considerabas piezas bisagra o intermedias. Existen coincidencias entre ambas versiones, razón por la que se puede suponer que Berríos inspiró a Terán, particularmente en el nombre del cacique Chaki Katari, a quien los dos presentan con el nombre invertido, Katari Chaki. Otro de los aportes de estas versiones es el uso del nombre antiguo de Potosí, P’utuj unu, que, según explica Berríos, significa “donde brota el agua”.

Berríos también apunta que P’utuj unu “era el nombre de un gran pantano que se extendía desde el pie del cerro hasta Ckantumarca y hasta Ccari-ccari y la Cantería, que es el paraje que hoy ocupa la ciudad de Potosí. Tenía dos leguas de circunferencia, más que menos, fue desecado, para construir la ciudad, en 1546, por medio del canal que llaman Huaina-mayu (río joven) por Villarroel y sus compañeros”. Si se confirma esa versión, se ratificaría que, como consecuencia de la explotación del Cerro Rico, los españoles destruyeron el medio ambiente de Potosí que, por su acción directa, pasó de cenagal a páramo. 

El valor de estas piezas radica, por una parte, en la belleza con la cual fueron escritas y, por otra, en los datos que proporcionan para mayores investigaciones.

Es el caso de la leyenda de la “Gruta del diablo y quebrada de San Bartolomé” con la que Julio Lucas Jaimes intenta explicar el origen de los accidentes geográficos que rodean a Potosí. Es él quien cuenta el mito del rapto de Sapallay, “la sola, la única en belleza sobrehumana y en el candor y la ingenuidad atribuidas a la inocencia, de la cual era símbolo”.

En esta narración también aparece el Umphurruna u hombre sombrío, una divinidad del mal que rapta a Sapallay y que “para ocultarla a las investigaciones de los hombres, con la fuerza y poder misteriosos de que Umphurruna es rey, partió en dos la inmensa mole granítica de dos leguas en contorno, abriéndola en estrecho paso de curvas irregulares, en donde serpentea un torrente bullicioso, lamiendo a veces la base misma de aquellos murallones portentosos”. Se trata, como el lector habrá podido percibir, de la quebrada de Mullu Punqu o La Puerta donde se encuentra la “cueva del diablo”.

El interés de esta leyenda no radica tanto en su lenguaje claramente romántico sino en los datos que proporciona sobre “la cueva del diablo (porque) allí arrastró consigo Umphurruna a la bella Sapallay, según los indios, que por tal travesura naturalista lo bautizaron con el nombre de Cchutillo o sea genio que daña y huye”.

 

Una novela

Las leyendas prehispánicas potosinas llegaron también al género mayor de la narrativa: la novela. Ese es el caso de “Sumaj Urqu”, con la que su autora, Zulema Pary Montesinos, ganó el Premio Nacional de Narrativa en Idioma Originario Wamán Puma de Ayala en quechua. Si bien no fue escrita en el periodo prehispánico, sí está ambientada enteramente en esa etapa.

La novela narra el origen mítico del Cerro Rico de Potosí: “P’utuqsi urquqa Sumax Urqu sutikusqa, imaraykuchus manchay sumaq warmi kasqa, sumaq p’achallisqa kasqa, achkha p’achakunawan p’achallikusqa, iskay chunka p’acha p’achapatapi churasqa kasqa, sapa p’achataq achkha qulqiyuq kasqa, sapa puririqtintaq manchayta lliphipirispa, lliphirispa p’achakunanqa machay karuman rikukusqa (Sumaq Urqu era el nombre del Cerro de Potosí, porque era una hermosa mujer, era la mejor vestida, engalanada con mucho ropaje. Estaba ataviada con doce vestimentas, cada prenda era una enorme capa de plata y cada vez que caminaba el resplandor de su ropaje se veía desde muy lejos)”.

El libro cuenta cómo se ha poblado el universo por decisión de los dioses andinos, creando los sistemas solares, y cómo a cada uno de los planetas envían a sus hijos para habitar y cuidar de ellas. Pachamama es enviada a la Tierra por Tata Inti, su padre, quien, después de instalar su morada en el corazón de la Tierra, procede a poblar de toda forma de vida el planeta y luego les da todo el conocimiento para llevar una vida en armonía.

Quizás esta obra nunca hubiera visto la luz de no mediar la convocatoria al premio de referencia. Es, entonces, una muestra de que los escritores potosinos solo necesitan de un incentivo para sacar del alma los sentimientos que les inspira su musa y, de paso, aportar al conocimiento del pasado prehispánico de su tierra.


Logo El RayoNo hay marcha atrás; “Chavo” Salvatierra queda fuera del Dakar 2019 
deporte

No hay marcha atrás; “Chavo” Salvatierra queda fuera del Dakar 2019 

No hay marcha atrás; “Chavo” Salvatierra queda fuera del Dakar 2019 
Maradona se recupera
deporte

Maradona se recupera

Maradona se recupera
Juntos  por Bolivia
deporte

Juntos por Bolivia

Juntos por Bolivia
Dakar recibe luz verde
deporte

Dakar recibe luz verde

Dakar recibe luz verde
Independiente retorna a las prácticas
deporte

Independiente retorna a las prácticas

Independiente retorna a las prácticas
Fichajes  al por mayor deporte

Fichajes al por mayor

Fichajes al por mayor
Refacción que dejó destrucción deporte

Refacción que dejó destrucción

Refacción que dejó destrucción
Escobar parece ser  la esperanza de The Strongest deporte

Escobar parece ser la esperanza de The Strongest

Escobar parece ser la esperanza de The Strongest
Oriente junto a Soria estructuran el equipo ganador deporte

Oriente junto a Soria estructuran el equipo ganador

Oriente junto a Soria estructuran el equipo ganador
logo gente flash
Gente 01

“No tengo miedo, me gusta enfrentar las cosas como son”

“No tengo miedo, me gusta enfrentar las cosas como son”
Gente 02

Unieron sus vidas Paola y Freddy

Unieron sus vidas Paola y Freddy
Gente 03

20 años de Promoción

20 años de Promoción
Gente 05

Acto de egreso de futuros galenos

Acto de egreso de futuros galenos
Gente 04

Promoción 1993 del Colegio Nacional Jaime de Zudáñez

Promoción 1993 del Colegio Nacional Jaime de Zudáñez
Gente 02

Concierto de la orquesta de la Escuela Musikal Sucre

Concierto de la orquesta de la Escuela Musikal Sucre
Gente 02

Boda de Alejandra Melendres y Wálter Cardozo

Boda de Alejandra Melendres y Wálter Cardozo