Bodas de Oro de Aldeas Infantiles SOS
Hoy celebran sus 50 años con hitos históricos como las dos primeras postulaciones a “tíos”
"Ningún niño nace para crecer solo”. Con esa premisa, en 2016 se lanzó una campaña para enfrentar una problemática muy grave: 220 millones de niños —un 10% de la población infantil mundial— crecen solos. Hoy, 23 de junio, cuando Aldeas Infantiles SOS cumple 50 años de labor ininterrumpida en Bolivia, es posible celebrar algunos hitos históricos como por ejemplo las dos primeras postulaciones de varones a “tíos”, el paso inicial para que, de ser aceptados, en el futuro puedan ser papás SOS.
Las Aldeas llevan medio siglo en Bolivia pero a nivel mundial 70 años, a iniciativa de su fundador, el austriaco Hermann Gmeiner, siempre trabajando por el bienestar de la niñez. Solo en Chuquisaca, casi 88 mil niños corren el riesgo de perder a su familia. En todo el país, se acercan al millón.
En Sucre, un 20% de la población infantil tiene niveles de riesgo de pérdida del cuidado familiar. Tomando en cuenta el último Censo del INE (2012), “36.566 son niños y niñas que corren el riesgo de perder a su familia en cualquier momento”, informa la gerente de Programa – Sucre en Aldeas Infantiles SOS, Paola Chirino. Y la situación, lejos de mejorar, empeora. “El crecimiento es proporcional: si hiciéramos un censo ahora, seguramente (el problema) sería mayor”, agrega.
ECOS recorrió los lugares en los que esta organización no gubernamental (ONG) desarrolla su labor en Sucre, comenzando por el Centro Social del Barrio Patacón, prosiguiendo por el Centro de Desarrollo Infantil Integral Municipal – Planta de Agua, ubicado en el barrio Planta de Agua, del Distrito 3, y finalizando en el barrio El Niño de la zona Alto Tucsupaya, donde está asentada la Comunidad Nueva Alba. Allí, diez familias SOS, la mayoría con 7 a 9 chicos, viven en una especie de condominio privado.
También visitamos a doña Gertrudis Flores y sus hijos, que se benefician con el servicio de contención de Aldeas Infantiles, destinado a la prevención del abandono infantil.
En este caso, la intención es fortalecer y sacar adelante a las familias (actualmente, Aldeas Infantiles apoya a 60, sobre todo de los distritos 2 y 3 de Sucre, asistiéndolas en procesos que duran a veces entre dos y tres años). Les brindan respaldo psicológico y les ayudan a generar sus propios ingresos.
Todos estos esfuerzos se realizan en alianza estratégica con instituciones estatales y con la ayuda de padrinos internacionales y de “amigos SOS” —personas solidarias que donan un monto económico mensual—, entre otras fuentes de financiamiento. Chirino remarca que “trabajamos por el derecho de la niñez a vivir en familia” y que cerca de 8 de cada 10 bolivianos que ingresan a la institución van directamente al niño.
Las Aldeas están presentes en ocho ciudades del país, en 134 naciones del mundo.
No es un orfanato
¿Cuál es la diferencia entre la alternativa que ofrece Aldeas Infantiles y la de cualquier otro centro de acogida? El modelo. SOS es la primera organización en definir un modelo familiar de protección integral en el mundo. No es un orfanato.
Actualmente, en Bolivia, viven 30 mil chicos y chicas en servicios de acogida. “Si no hacemos nada en prevención, en proyección, en tiempo, nos va a faltar espacio y dinero para crear continuamente centros de acogida que, además, no son la mejor o la única respuesta”, alerta Chirino.
Aldeas Infantiles atiende a más de 12 mil niños y niñas, previniendo su abandono y restituyéndoles su derecho a vivir en una familia.
La importancia de prevenir
Una evaluación realizada en 2010, hizo notar a esta institución la importancia de los programas en el desarrollo de la niñez. Aquellos pequeños que pasaban por los centros infantiles, al llegar al colegio, tenían mucho mejor rendimiento; además, las familias que pasaban por los procesos de capacitación, mejoraban sus condiciones de relacionamiento. Y en la vinculación de las parejas, disminuía la violencia.
“Estas familias, cuanto mayor tiempo estaban en estos espacios, menos utilizaban el trabajo infantil como un mecanismo de supervivencia: priorizaban la educación y la salud de sus hijos”, explica Chirino a ECOS.
Confirmaron de esta manera que, siendo el niño un factor de unidad de la familia, se hacía sostenible su propio desarrollo.
“Cuando este servicio se complementa con el desarrollo de la familia, creas como un cinturón que lo hace sostenible en el tiempo”, añade la Gerente de las Aldeas SOS.
Hitos históricos
Como Martina Sosa, que cumplió 25 años siendo mamá SOS (contamos su historia el pasado 26 de mayo en ECOS), las mujeres que hasta ahora vinieron postulando para encargarse de niños en las Aldeas hacen una “carrera”. Primero, son “tías”, después “responsables de familia” y, por último, recién, “mamás SOS”.
Por primera vez en la historia, hace un par de meses dos varones se postularon para constituirse en tíos. Ellos aún están siendo evaluados, como cualquier mujer postulante. “Hay un proceso de selección, una serie de pruebas psicotécnicas para que garanticemos que estamos contratando personal seguro para los niños”, aclara Chirino.
“Ni en Sucre ni en Bolivia todavía tenemos papás, tampoco tíos. Ese va a ser un cambio gradual”, complementa Billy Schütt, responsable de Recaudación de Fondos.
Que Aldeas Infantiles haya abierto la posibilidad de que hombres puedan hacerse cargo de niños bajo el modelo familiar de SOS representa un hecho sin precedentes. Entretanto no es extraño que varones sean responsables de sus hijos por fallecimiento o migración de las madres, entre otras causas.
Otro avance importante es el de la reintegración familiar, una propuesta seria de esta institución hacia el Estado.
La idea pasa por estudiar la posibilidad de que los niños que están en centros de acogida puedan volver a sus familias. “El proyecto termina este año y ha producido grandes resultados”, remarca.
Políticas públicas insuficientes
“Nos dimos cuenta de lo insuficiente de las políticas públicas: no es que no exista política pública vinculada a la niñez, existe, hablamos de bonos, de leyes, pero es macro, es una política general que está básicamente orientada a los derechos fundamentales”, hace notar la Gerente de Programa de Aldeas Infantiles.
Ella concluye que “aquí estamos hablando de un problema bien concreto y específico: niños que corren el riesgo de perder a la familia, por lo tanto, la política debería ser así de específica: inversión y política pública que garantice a los niños el derecho a vivir en una familia”. •
Centro Social: La importancia de la prevención
Es la hora de la merienda y en el Centro Social, donde se nota la calidad y la calidez del trato que reciben los niños, todos del área de riesgo del Barrio Patacón, nos recibe Marina Navarro, asesora de Desarrollo Familiar en Cuidados Diarios que hace casi 25 años trabaja en esta institución.
Aldeas Infantiles SOS identificó mediante una investigación que los distritos 2 y 3 son los más necesitados de atención en Sucre. Por eso interviene fuertemente en estas zonas, comenta Billy Schütt, responsable de Recaudación de Fondos y uno de nuestros guías.
En los ambientes del Centro se presta uno de los servicios de prevención del abandono infantil a 65 niños, de lunes a viernes, entre las 8:00 y las 16:00. “La mayoría proviene de familias en riesgo social, de la zona”, confirma Navarro a ECOS.
Los más pequeños tienen menos de un año. Personal especializado los mantienen libres y cómodos en una sala cuna, sin cuna. A media mañana, los niños toman una sopa, parte de una alimentación que es siempre fresca.
Una cuidadosa planificación contempla distintas actividades como, por ejemplo, la pintura, en aulas rotatorias y siguiendo el método Montessori, con material reciclado.
En el lugar hay 13 educadoras contratadas por la Gobernación de Chuquisaca. Aldeas SOS apoya en el desarrollo de capacidades de las educadoras y con inversión para la limpieza y el alimento, además del equipamiento y la infraestructura.
Navarro explica que las familias pagan 50 bolivianos al mes y que ese dinero va directamente a los niños; así se cubre parte del menú del desayuno, merienda, almuerzo y refrigerio vespertino.
Además, se imparten cursos de capacitación para los padres como talleres de pautas positivas de crianza, protección infantil, valores y manualidades.
En el momento de la visita de ECOS, un médico y una enfermera del barrio controlan la salud de los niños.
Centro Planta de Agua: Desarrollo infantil integral modelo
Los niños se desenvuelven en un ambiente armonioso y entre materiales de buena calidad. Estamos en el Centro de Desarrollo Infantil Integral Municipal – Planta de Agua, ubicado en el Distrito 3 de Sucre, que desde noviembre pasado brinda dos tipos de servicios: el de centro infantil y el de contención familiar.
Funciona gracias a una alianza estratégica entre Aldeas Infantiles SOS, el Gobierno Autónomo Municipal de Sucre y la Fundación Sarastro.
Edgar Copa, asesor de Desarrollo Familiar (ADF) de Aldeas SOS a cargo del Centro, lo resume así: “el modelo de desarrollo infantil vinculado al fortalecimiento familiar. La diferencia con otros centros infantiles es que no solo vemos el trabajo del niño, sino también el desarrollo familiar”.
Participan 55 niños de la zona que tienen factores de riesgo para un probable abandono familiar y, prácticamente igual que en el Centro Social, reciben atención continua de 7:45 a 16:00, incluidos desayuno, merienda, almuerzo y merienda vespertina.
Vladimir Mora, administrador y responsable del Centro de parte de la Alcaldía, nos muestra el área de expresión cultural, donde los niños desarrollan su habilidad psicomotriz fina. Allí dibujan y expresan sus sentimientos entre caballetes, disfraces, un teatrín con marionetas y tableros para pintar.
En el marco de un plan pedagógico semanal, en un espacio se trabaja la parte emocional y afectiva. En otro, el movimiento psicomotriz grueso: escalan en una pared que simula los cerros Sica Sica y Churuquella, hay una barra de equilibrio, pelotas, ula ulas y el no menos popular pata-pata. En otro ambiente, la motricidad: cantan, incluso, en quechua.
Un espacio de vida práctica permite a los pequeños ir adquiriendo hábitos de disciplina, responsabilidad y colaboración en la casa. Todo lo relacionado con la cotidianidad. Además, un gabinete informático —en proceso de implementación— desarrollará su cognición a través de los recursos digitales. La idea es que todos los centros municipales tengan este nivel de funcionamiento.
Finalmente, otro espacio, identificado como área de sueño de bebés, acoge a niños desde los 6 meses hasta 1 año de edad. Aquí tampoco se cuenta con las cunas tradicionales, puesto que hoy en día son sinónimo de encierro.
¿CÓMO NACIÓ EN SUCRE?
- A fines de 1980, un Comité de Damas, entre ellas Grisel Ávila de Schütt, Mabel Guereca de Cagigao y Sonia de Crespo, se moviliza para lograr la construcción de Aldeas.
- Las primeras casitas de las Aldeas Infantiles en Alto Tucsupaya se construyen a partir de 1996, hace 23 años.
- Hasta entonces había familias “provisorias”, que alquilaban en diferentes barrios de la ciudad de Sucre.
- Hoy en día, luego de que varias de las iniciadoras ya fallecieran, un pequeño núcleo de damas continúa apoyando esta noble causa.
El padrino y el amigo SOS
Padrino: Extranjero que aporta a un niño en particular. Tiene vínculo con él, recibe reportes de su desempeño. Puede solicitar una visita y conocerlo, pero bajo supervisión para garantizar la protección del menor. La mayoría son de Alemania, Austria e Islandia.
Donante individual: Amigo local que aporta a la causa, no a un niño en particular. Es el “Amigo SOS” (hay 2.100 en Sucre). Aparte están los donantes corporativos; ECOS supo que dos bancos apoyan a dos familias y una empresa a cinco familias y 20 niños.
Paola Chirino Gerente de Aldeas SOS
“Desinstitucionalización” “Nosotros trabajamos para la desinstitucionalización de niños en cualquier nivel”, dice a ECOS la gerente de Programa – Sucre en Aldeas Infantiles SOS, Paola Chirino.
Al entrar a un centro de acogida los niños se institucionalizan, no tienen una respuesta familiar. La desinstitucionalización es la posibilidad que tienen los Estados de crear alternativas que no sean los centros de acogida.