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Un 10 de Noviembre poco conocido

Sumido en conflictos que, en su caso, arrancaron el 7 de octubre, Potosí recuerda hoy los 209 años de su alzamiento contra la corona española, en el marco de la Guerra de la Independencia.

Sumido en conflictos que, en su caso, arrancaron el 7 de octubre, Potosí recuerda hoy los 209 años de su alzamiento contra la corona española, en el marco de la Guerra de la Independencia.

¿Cuánto se sabe sobre este alzamiento? Pese al tiempo transcurrido, es muy poco lo que se ha escrito con precisión al respecto. El siglo XIX, junto a los aportes de Modesto Omiste y Luis Subieta Sagárnaga, fueron los más prolíficos sobre el tema.

Por eso, todavía persisten mitos como, por ejemplo, el que dice que Potosí, de raigambre realista, se levantó solo al conocer la derrota de los realistas en Suipacha. En este artículo no solo desmentiremos ese hecho sino que mencionaremos algunas facetas poco conocidas sobre ese episodio histórico.

Los protagonistas

La historia oficial señala que el levantamiento del 10 de Noviembre estuvo liderado por varias personas cuyos nombres aparecen en la plaqueta que está en la estatua de la libertad: Salvador Matos, Pedro A. Ascárate, Eustaquio Eguivar, Alejo Nogales, Joaquín de la Quintana, Manuel Millares, Manuel Molina, Mariano Subieta, Melchor Daza, Diego Barrenechea y Pedro Costas.

No obstante, las publicaciones al respecto, desde los “Apuntes para la historia de la revolución del Alto-Perú hoy Bolivia” (1855, anónimo) hasta “Potosí durante la independencia de Charcas 1810-1817” (1989, Edgar Valda) presentan un dato interesante: muchos de esos hombres estaban presos cuando estalló la insurrección.

Los “Apuntes…” señalan que el gobernador intendente de Potosí,  Francisco de Paula Sanz, se puso frente al alzamiento de Chuquisaca mientras que  “los jefes del batallón de Azogeros manifestaron su opinión en favor de lo sucedido en la ciudad de la Plata, y por este motivo mandó Sanz prender al Coronel D. Pedro Antonio Ascarate, y al teniente coronel D. Diego de Barrenechea.

Por la misma causa hizo presos al alferes real D. Joaquín de la Quintana, al ensayador del Banco D. Salvador Matos, á cuatro Nogales hermanos, al escribano Toro y á otros”.

Ernesto Daza agrega que también estaban presos Mariano Subieta, los hermanos Millares, Eustaquio Eguívar, Manuel Orozco y Pedro Costas.

Si confrontamos esas listas con los nombres de la plaqueta, veremos que, de los líderes de los conspiradores, solo estaban libres Molina, Subieta y Daza. “El patriota Manuel Molina tomó preso al gobernador Francisco de Paula Sanz y lo condujo a su domicilio —prosigue Daza—. El general Vicente Nieto, presidente de la Audiencia de Charcas, a la sazón en Potosí; el general José de Córdoba y Rojas quedaron detenidos en la Casa de la Moneda”.

En virtud a estos datos, los ejecutores del alzamiento, y consiguientes héroes del 10 de Noviembre serían Manuel Molina, Mariano Subieta y Melchor Daza.

El antagonista

Si Molina, Subieta y Daza fueron los protagonistas, ¿a quiénes tuvieron que enfrentar? Dos nombres aparecen nítidamente: el del presidente de la Audiencia de Charcas, Vicente Nieto, y el del gobernador intendente de Potosí, Francisco de Paula Sanz. Pese a los rangos, nos ocuparemos más del segundo.

Sanz fue un alto funcionario del Imperio español, primer y único gobernador intendente de la provincia de Buenos y Aires y, luego de ser este cargo absorbido por el de Virrey del Río de La Plata, pasó a ocupar la Gobernación Intendencia de Potosí en la que impulsó una corriente de modernidad y reestructuración. Tuvo principal interés en recuperar la producción de plata, modernizar las estructuras sociales de la mita y optimizar la industria de los ingenios. Su ilustración y valores morales le hicieron ganarse el afecto popular así como la estimación de la élite local. Fue muy respetuoso de los conceptos que hoy son conocidos como Estado de Derecho y bien común. Cuando Castelli saqueó Potosí en 1810, luego de la revolución del 10 de Noviembre, y ordenó fusilarlo, el pueblo llano sufrió su muerte. Así cuentan los Anales Inéditos de Potosí: “A las 9 de este día [15 de diciembre de 1810] entraron las tropas armadas y todos uniformados a la guarnición de la Plaza, con banderas, música toda completa de viento y cajas en todas las compañías o sus batallones. A las 9:30 sacaron a los señores de la Casa de Moneda, a todos tres con los ojos vendados y maniatados, al medio de escoltas con sacerdotes que a cada uno los auxiliaba y el señor Santo Cristo, padrino o su confesor que los guiaba por delante, rezando todos el miserere a voces, entrando a la Plaza por distancia de seis varas el señor Nieto, en segundo Córdoba, en tercer el señor Sanz, a quienes después de algunas voces del pregón que hicieron dar a voz del pregonero, los hincaron al pie de las banderas y teniéndolos como 10 minutos, los levantaron y sentaron en los banquillos, al Presidente señor Nieto al costado de arriba, al General Córdoba al medio y al Gobernador de esta Villa el señor Sanz al extremo de abajo y asegurándolos por manos de verdugo muy bien con las correas, les quitaron las vidas haciendo fuego por dos veces al señor Sanz, por un corto movimiento, efecto de las espíritus vitales”.

De realistas y patriotas

El brigadier Indalecio Gonzales de Socasa, caballero de la Orden de Montesa, fue comandante del Batallón Provincial de Potosí, unidad realista conformada por personajes prominentes de la sociedad con intereses comerciales con el puerto de Buenos Aires. El batallón se dividía en cuatro compañías: la primera, de Granaderos, comandada por don José Esteves, dueño de ingenios y minas. Don Manuel Molina, hombre de negocios con inversiones mineras en Chichas, era oficial de la cuarta compañía y el alférez o abanderado del batallón fue el célebre Casimiro Hoyos. Este batallón venció en  la batalla de Cotagaita, librada el 27 de octubre de 1810 al Ejército Auxiliar argentino comandado por Antonio Gonzales Balcarce.

Luego de la derrota de Suipacha del 7 de noviembre de 1810 pasaron a formar parte del bando revolucionario que tomó el poder político de la Villa Imperial apresando al gobernador intendente Francisco de Paula Sanz. De esa manera, sometieron el Cabildo Secular, las Cajas Reales y la Casa de Moneda, y, en consecuencia, controlaron el poder económico del Virreinato.

Los veteranos realistas, ganadores en Cotagaita y derrotados en Suipacha, más los deudos de los caídos fueron los promotores del descontento social, responsabilizando al gobernador intendente De Paula Sanz por su desastrosa derrota.

Así lo expresa el curioso texto de Los Anales Inéditos de Potosí cuando narra que: “El sábado 10 de noviembre, comenzaron las bullas desde las 6 de la mañana en la puerta del Gobierno, cuarteles y calles, los lloros y cargos que hacían por los derrotados contemplándolos a todos muertos, pero con tanto extremo que por cada individuo que fue de partida se aparecían 15 y 20 deudos”

* Toro y Alba son socios de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

Mitos y literatura

La revolución del 10 de Noviembre de 1820 no solo fue un suceso histórico trascendental de su tiempo sino que inspiró leyendas y mucha literatura.

Es el caso del inexistente poeta indio Juan Wallparrimachi cuyo origen está en las “Vidas de Bolivianos Célebres” de Samuel Velasco Flor, donde plantea que el supuesto vate fue hijo de una princesa inca y de Francisco de Paula Sanz, de quien asegura que fue hijo de Carlos III; es decir, un príncipe bastardo.

Este es el texto que dio origen a la leyenda. 

“María Sauraura, era orijinaria del Cuzco i decendiente directa de los Incas, vino a Potosí de 7 años de edad, robada por un portugués Gamboa, minero en el rico Cerro; inútiles fueron las prolijas dilijencias de sus padres para encontrarla; trasladada ora á Chuquisaca, ora á Potosí por ese hombre misterioso, rico, en quién los ministros del Santo Oficio pusieron yá los ojos, creció con maravillosa hermosura en una casa de aspecto miserable, recóndita, cerca del Cerro. Tenía Gamboea su injenio en Cantumarca, á media legua de Potosí, i pasaba algunas veladas vigilando el trabajo, pero sin desprenderse de María. No se acertaba a comprender el cariño profundamente respetuoso del portugués por esa niña tan hermosa, tan cargada de las más valiosas joyas, i que sin embargo vivía en una casa de arrabal distante de la población. Vióla cierto día el gobernador intendente de Potosí, don Francisco de Paula Sanz, hijo bastardo de Cárlos III rey de España, i de una princesa napolitana; Sanz, joven, cortesano i bien parecido, cautivó la atención de María; de estos poéticos amores, nacio en Potosí el 24 de junio de 1793 el malogrado Juan”.

Esta romántica narración, que no confirmó la historia, fue la base para la novela “Huallparrimachi” de Lindaura Anzoátegui de Campero, y el mito del poeta indio que subsiste hasta hoy.

En cuanto a Sanz, él es el protagonista de una novela reciente, “Los mellizos de Nápoles”, de Gabriela Ovando.


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