Ecos

Bebés prematuros, aferrándose a la vida

El 17 de noviembre, Día Mundial del Bebé Prematuro, el Servicio de Neonatología del Hospital Gíneco-Obstétrico “Dr. Jaime Sánchez Porcel” de Sucre, conocido también como Hospital de la Mujer

El 17 de noviembre, Día Mundial del Bebé Prematuro, el Servicio de Neonatología del Hospital Gíneco-Obstétrico “Dr. Jaime Sánchez Porcel” de Sucre, conocido también como Hospital de la Mujer, conmemoró esa fecha con un emotivo agasajo para los pequeños grandes luchadores que ayudaron a sobrevivir a los niños nacidos antes de tiempo en los últimos años.

El personal de esa repartición localizó a varios de esos neonatos, ahora niños, para que puedan disfrutar de una divertida fiesta.

Con esa alegría en la retina, ECOS rinde un homenaje al triunfo de la vida, a la esperanza y a la dedicación del personal de salud y de los progenitores que lo dieron todo para que estos bebés prematuros sobrevivan, pese a las circunstancias adversas.

En estas páginas les contamos cuatro historias de criaturas que se aferraron a la vida y ahora rebosan de salud y alegría.

Se aferran a la vida

Isabel Carmona es enfermera de Terapia Neonatal de Enfermería. Tiene varios años de experiencia. Ella dice que las enfermeras deben tener gran carisma con los neonatos; como los pequeñitos no hablan, ellas tienen que aprender a reconocer cuando sienten hambre, frío o dolor a través del llanto o su lenguaje corporal.

“Yo me considero una segunda mamá de los bebés, porque los atiendo como si fueran míos. Si bien están aislados en una incubadora, cuando les cambio aprovecho para hablarles, darles cariño y amor. Son tan indefensos…”, comenta.

Isabel se emociona al ver a esos bebés prematuros festejando después de haber permanecido varios meses en el hospital. “Algunos pasaron momentos críticos, incluso tuvieron paros cardiorespiratorios y, verles ahora, tan grandes, sanos y ya en la escuela, nos emociona mucho porque tienen agallas y se aferraron a la vida”.

Conmovida, esta enfermera se muestra segura de lo que dice: “desde el personal manual hasta el Jefe de Servicio, hemos dado todo para que salgan adelante”.

De neonatos a niños

El jefe del Servicio de Neonatólogía del Hospital de la Mujer, Wilson Acosta, destaca el esfuerzo de las enfermeras y los residentes que se desvelan por dar calidad de vida a cada ser que llega a este mundo. Más aún a los bebés prematuros.

Recuerda con emoción a Nicol, ahora campeona medallista y una de las mejores alumnas de su colegio, o a los cuatrillizos que nacieron hace 11 años. Prepararon cuatro equipos especiales para recibirlos; dice que pasaron momentos críticos pero, gracias a los cuidados que les prodigaron, todos sobrevivieron.

De su memoria extrae también la historia de Fátima. Ella nació con 800 gramos de peso; hasta el pañal más pequeño le quedaba enorme. Ahora, Fátima es una niña llena de vida, inteligente y deportista campeona. “Son prematuros y nunca dejarán de serlo, pero están muy bien”, enfatiza el galeno.

¿Qué es un neonato?

La directora del hospital, Marlene Pallares, explica a ECOS que un bebé prematuro es aquel que nació antes de las 40 semanas de gestación y no desarrolló completamente sus órganos: corazón, pulmones, parte del cerebro y los intestinos.

Hay varios factores y condiciones que pueden desencadenar un parto prematuro. Por ejemplo, un mal control durante el embarazo, una nutrición inadecuada o alguna situación patológica de la madre. Uno de cada diez prematuros que nacen, muere.

La doctora Pallares dice que el tiempo que un bebé prematuro pasa en el área de Neonatología no es el mismo en todos los casos. Por ejemplo, uno que nace con 700 gramos tiene entre 26 y 28 semanas de vida, entonces se queda en el hospital hasta que cumpla las 40 semanas y supere cualquier complicación.

Los cuidados de los prematuros son un verdadero reto para los médicos, enfermeras y también para los padres, especialmente para la madre de la criatura, que cada día está detrás de las puertas de Neonatología para ver cómo evoluciona su hijo.

Muchas veces el neonato decae, entra a Terapia Intensiva, luego mejora y sale a Terapia Intermedia. Es decir, se pasan momentos difíciles y llenos de angustia.

“Hay momentos tristes cuando tenemos que dar una mala noticia a los padres, pero también hay momentos de felicidad y de triunfo profesional cuando el bebé se aferra a la vida y le damos de alta”, resume Pallares.

Reconoce la gran responsabilidad de quienes están detrás de un bebé nacido antes de tiempo porque la familia les entrega un ser preciado, un tesoro. “Para nosotros es un desafío recibir a un bebé inmaduro, que pesa entre 800 o 1.200 gramos. En condiciones normales tendría que nacer con 3 o 3,200 kilos”, agrega.

El cuidado, todo un reto

Como son tan pequeños, no pueden respirar solos. Se les entuba para que un aparato respire por ellos. Hay que medir la cantidad de oxígeno que requieren. No solo eso, a veces se presentan complicaciones en los ductos del corazón: no se pueden cerrar y necesitan cirugía. Los mandan o llevan hasta Cochabamba o Santa Cruz.

Un conjunto multidisciplinario de profesionales se encarga de cada prematuro. Cuando van recuperándose, pueden desarrollar retinopatía o tener problemas auditivos por todo el proceso que atravesaron durante su recuperación. En esos casos, lo mejor es una intervención médica oportuna.

“Son pequeños héroes. Cada bebé es especial para el sector de salud y para sus padres”, expresa la Directora del Hospital de la Mujer.

Uno de los casos que más recuerda es el de Milagros Belén, bebé prematura que, entre idas y venidas del respirador, permaneció en Neonatología durante cuatro meses. Tenerla con vida fue una verdadera lucha porque afrontó problemas del corazón al punto de preparar toda una logística para llevarla en avioneta hasta Santa Cruz.

“Fue muy triste ver a los papás, jóvenes, llorando y poniendo todo en manos de Dios para que obre un milagro. Ahora la niña tiene cuatro años, ha hecho mucha estimulación temprana y está recuperando la voz”, cuenta, esperanzada, la pediatra.

Un bebé está listo para ir a su hogar cuando respira por sí solo, mantiene su temperatura corporal, toma el pecho o el biberón, y aumenta de peso con regularidad •

Ignacio, Abril, Vania e Ivanka “Todo depende cómo se organiza mamá”

“Soy Justina Uriona Azurduy, mamá de cuatrillizos (tres mujeres y un varón) que nacieron el 31 de marzo, hace 11 años. Gracias a Dios, todos están bien. Cuando me enteré de que eran cuatro bebés me sentí feliz, por un lado, pero por otra parte también triste pensando en cómo iba a atenderlos a los cuatro, porque eran demasiado. Pero con la ayuda de mi esposo y de mi familia hemos podido salir adelante. También tengo una hija de 16 años.

Nacieron después de 38 semanas de embarazo, con bajo peso. La más pequeñita pesaba 1.500 gramos, la otra 1.600 y la otra 1.700; el varón tenía también 1.700 gramos. El doctor Yañez me atendió; me decía ‘esta semanita más aguante, señora’. Pasaba esa semana, llegaba la fecha que me decía y otra vez me pedía que espere un poco más. Yo le decía ‘ya no puedo, doctor, no puedo ni dormir’. Finalmente, me operó. Mis wawitas se quedaron casi dos semanas en Neonatología; primero salió Ignacio, luego Abril, después Vania, al último Ivanka, porque estaba delicada; ella fue la que más tiempo se quedó en la incubadora.

Los primeros meses fueron muy difíciles para mí. Con lo que más tenía problemas era con la leche y los biberones, a veces les daba infección, gastaba un montón de plata en pañales y leche.

Mi esposo esas veces tenía trabajo fijo, pero mis hijos cumplieron su año y lo retiraron… justo cuando más necesitaba que tenga un trabajo seguro. Pero gracias a Dios en mi hogar no ha faltado el pan para mis niños. Ahora tienen 11 años, están excelentes en la escuela, son buenos alumnos, muy responsables… ya están más independientes.

He tenido muchas noches sin dormir, hasta me he enfermado por cuidarlos. Siempre les he dado prioridad para que no les falte nada. Me he organizado de tal forma para bañarles, darles su leche y su comidita en hora. Todo depende de cómo se organiza una mamá”.

Ezequiel Vargas “Un guerrero de vida”

“Soy Mayra Vargas, tengo la fortuna de ser la mamá de un prematuro porque he aprendido a luchar con él desde el momento en que nació, a los seis meses de mi embarazo. Ezequiel me enseñó qué es la vida y qué es aferrarse a luchar por algo. Es un guerrero de vida porque pasó por tres infecciones de hospital, estuvo en terapia intensiva, tuvo displasia de pulmón… pasó por muchas cosas.

Gracias a Dios ahora es un niño de cuatro años sano, lleno de vida. Agradezco mucho a los médicos, a las enfermeras y, sobre todo, a Dios, que me dio un hijo tan valiente. Es muy hiperactivo, aprende con mucha facilidad, no quedó con ninguna secuela en la vista ni en el oído; es como si hubiese vuelto a la vida completamente sano y normal. Tiene la misma capacidad de cualquier otro niño, está con el peso y la talla ideal. Es mi único tesoro”.

Fátima Gabriela Peñaranda “Es un milagro”

“Me llamo Rocío Miranda, soy mamá de Fátima Gabriela, que nació una semana antes de que yo cumpla los seis meses de embarazo. Nació con 800 gramos de peso y 30 centímetros de largo; era del tamaño de una regla (muestra usando las manos). Actualmente mi niña tiene siete años y 11 meses.

Fátima se quedó dos meses y 15 días en Neonatología. Tuvo muchas dificultades durante su recuperación y desarrollo: estuvo muy mal en algunos momentos, pero bueno, aquí la tenemos sanita y llena de vida. Es una excelente alumna y deportista: practica voleibol. No me puedo quejar, tiene buenas calificaciones.

Tenerla así ha costado demasiado, fue muy difícil para mí, especialmente; son cosas que no se pueden olvidar. Para mí y mi familia su vida es un milagro, cada día que la vemos es una lucha y un triunfo. Esperamos que Dios siga bendiciéndonos teniéndola sanita”.

Milagros Churqui “Ya está hablando: me dice ‘papá’”

“Soy Juan Antonio Churqui, tengo 40 años y soy papá de Milagros y de sus dos hermanos de 13 y 15 años. Cuando la llevé a mi esposa para que se haga una ecografía, el doctor dijo que estaba perdiendo el líquido amniótico. Estaba de seis meses, prematurita ha nacido mi hijita, pesaba un kilito.

Estuvo tres meses en el hospital, yo tenía fe en Dios porque sé que es grande. Le hablaba, la acariciaba, le decía ‘hijita, ¿cuándo nos vamos a ir?’. Me dolía pero ¿qué iba a hacer? Grave ha sido, sentía un gran dolor viéndola así; nunca pensé que ahora podría verla tan grande.

Iba a verla todos los días, en la mañana y en la tarde. Le dejaba su leche y veía que me la cuidaban muy bien, le daban cariño y amor. Yo agradezco a todos los doctores y el personal que trabaja en Neonatología, son muy buenos.

Cuando teníamos que llevarla a mi casa, la doctora nos enseñó cómo teníamos que cuidarla. Ahora tiene un año y tres meses, sanita está, la hemos hecho revisar. Bailarina es, ya está hablando: me dice ‘papá’. Su vida es un milagro, por eso le hemos puesto ese nombre”.

Prematuros: Características

Si su bebé nace en forma prematura es posible que no tenga la apariencia de uno nacido a término ni se comporte como tal.

Un bebé nacido a término pesa en promedio 3,17 kg, pero un recién nacido prematuro podría pesar 2,26 kg, e incluso menos.

Gracias a los avances médicos, los niños que nacen después de 28 semanas de embarazo y que pesan más de 1 kg tienen grandes probabilidades de supervivencia.

Ocho de diez bebés que nacen después de la trigésima semana tienen muy pocos problemas de salud o del desarrollo a largo plazo.

Los nacidos antes de las 28 semanas tienen más complicaciones y requieren tratamiento y apoyo en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN).

FUENTE: healthychildren.org


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