Toribio Olpo, un mesero por excelencia

Diligente, fiel, discreto, caballero, a veces reservado y en otras ocasiones hablador. Destaca su puntualidad, cordialidad, paciencia y entrega en el trabajo. Es muy conocedor de los gustos de los clientes. Así lo describen en su trabajo. 

Toribio Olpo, un mesero por excelencia

Toribio Olpo, un mesero por excelencia Foto: Carlos Rodríguez ECOS

Toribio Olpo, un mesero por excelencia

Toribio Olpo, un mesero por excelencia Foto: Carlos Rodríguez ECOS

Toribio Olpo, un mesero por excelencia

Toribio Olpo, un mesero por excelencia Foto: Carlos Rodríguez ECOS

Toribio Olpo, un mesero por excelencia

Toribio Olpo, un mesero por excelencia Foto: Carlos Rodríguez ECOS


    Evelyn Campos López ECOS
    Ecos / 28/01/2020 02:39

    El Huerto Restaurante está lleno, los aromas despiertan el apetito de los comensales que llegan a comer solos, en pareja, con la familia o los amigos. También hay ejecutivos de algunas firmas reunidos por negocios.

    Las mesas están llenas, en interiores y exteriores, la gente ríe y conversa amenamente sobre variados temas a la vez que saborea refrescantes bebidas.

    Un hombre mayor, canoso, de baja estatura, vestido con una camisa blanca, chaleco plomo, corbata y pantalones negros, peinado impecable y actitud ceremoniosa, va y viene atendiendo diligentemente a los comensales.

    Es de trato amable, educado, sencillo y tímido, se trata de Toribio Olpo Cruz, considerado uno de los meseros más antiguos de Sucre.

    46 años de servicios

    El 24 de mayo cumplirá 62 años de vida. Comenzó a trabajar en ese oficio a los 14. Tiene 46 años de servicio como camarero.

    Toribio nació en la comunidad Tapchiquira, del municipio Cotagaita, provincia Nor Chichas, departamento Potosí.

    Es hijo de los agricultores José Olpo y Juana Cruz, ambos ya fallecidos. Agustín e Ignacia son sus hermanos. Está casado con Ana Villca y tiene dos hijos varones que actualmente estudian en la universidad.

    “Mi familia era de escasos recursos económicos. Estudié hasta sexto de primaria en mi pueblo, después ya no puede hacerlo y decidí ir a Santa Cruz con unos conocidos para trabajar en la zafra cuando tenía 14 años”, cuenta a ECOS.

    Trabajó en Santa Cecilia y algunas comunidades de Montero, por sectores poco saneados. También estuvo en el río Ichilo, donde casi murió ahogado. Relata que cuando iba en una canoa junto con otras siete personas, la embarcación se volcó.

    Pese a que sabía nadar, logró salir a flote a duras penas. Después, salvó a los demás del agua y les ayudó a subir nuevamente a la canoa, de inmediato la estiró con la ayuda de una soga hasta llegar a la orilla. Se considera un sobreviviente.

    Trabajo en restaurantes

    Después de esa experiencia resolvió ir a trabajar junto con un amigo paceño al restaurante El Hornito en Santa Cruz. Él como mesero y su camarada como cocinero. Aprendió el oficio de forma autodidacta, viendo.

    Tiempo después pasaron a Cochabamba para trabajar en el Restaurante La Oficina. En 1979, se trasladaron a Sucre para trabajar con Blanca de Pinto, en el restaurante Las Vegas. Años después, pasó a trabajar en el comedor del Aeropuerto Juana Azurduy de Padilla, donde conoció a Teresa Hoyos de Negrón, con la que trabajó durante diez años. 

    En ese tiempo, ingresó a un Centro de Educación Media Acelerada (CEMA) y salió bachiller. Posteriormente estudió la carrera de Electrónica en la Universidad San Francisco Xavier. Toribio dice que culminó sus estudios, pero no sacó su título profesional.

    Después, dejaron el comedor de la terminal aérea para abrir El Huerto Restaurante, un referente de la buena gastronomía chuquisaqueña, a nivel local, nacional e internacional, actualmente regentado por las hermanas Rosario y Teresa Negrón, y Federico Sánchez Negrón.

    Un gran mesero

    Rosario considera a Toribio un gran mesero: diligente, “súper conocido”, fiel, discreto, caballero, a veces reservado y en otras ocasiones hablador. Destaca su puntualidad, cordialidad, paciencia y entrega en el trabajo. “Es muy conocedor de los gustos de los clientes. Es parte de la familia”, sostiene.

    La jornada laboral de Toribio inicia a las 9:00 y concluye alrededor de las 17:00, cuando se van los últimos clientes. Desde su llegada deja el celular en un lugar y solo lo recoge cuando se tiene que ir.

    Antes que lleguen los comensales Toribio ayuda a sus compañeros de trabajo a acomodar los ambientes, ordena las mesas para que queden impecables y se ocupa de otras diligencias.

    Los clientes, su prioridad

    A la hora del almuerzo, se avoca a la atención de los clientes. Su prioridad es complacer a los comensales, a los que siempre recibe con una cordial sonrisa.

    Les ayuda a escoger una mesa o los conduce a la que reservaron, les proporciona la carta con el menú y luego les sirve el almuerzo.

    Alrededor de cinco horas va y viene entre la cocina y las mesas atendiendo a los clientes. Es un as con el manejo de charolas, platos y copas.

    Para él tener un buen equilibrio a la hora de cargar una charola llena de platos y comida caliente es un requisito pero los accidentes no siempre se pueden evitar, ocurren en el momento menos pensado.

    Pese a la presión que el personal tiene por la atención a la gran cantidad de clientes, a Toribio le gusta estar en contacto con ellos. Muchas veces su concentración es tal en el trabajo, que se olvida de él mismo.

    Conoce perfectamente los gustos de los asiduos comensales, no espera a que le digan qué quieren. Él ya sabe.

    Por ejemplo, El Huerto Restaurante tiene un cliente alemán que llega periódicamente a Sucre y acude directo allí para solicitar su plato favorito, Ckoko de pollo. Es lo único que pide, siempre.

    “La clave es ser amable y atender bien a los comensales. Cuando te tratan bien siempre vuelves al mismo lugar, pero si te tratan mal nunca más vuelves”, expresa seguro.

    No obstante, para nadie es desconocido que en la industria de restaurantes y el servicio a los clientes, se tiene todo tipo de experiencias, unas más agradables que otras.

    A El Huerto Restaurante acuden muchos extranjeros, en el criterio de Toribio los ciudadanos estadounidenses son los más amables y respetuosos.

    Dice que también se caracterizan por ser los más dadivosos en cuanto a propinas. Recuerda que una vez recibió 100 bolivianos de retribución por su servicio (las propinas son una gran ayuda para los meseros). “Los americanos son los más amables y se acomodan a todo”, comenta.

    En una ocasión un extranjero le tomó una fotografía que publicó en la revista internacional "Places & Prices", tiene la foto de la página como una prueba.

    Con su oficio, Toribio tuvo la oportunidad de conocer a primeros mandatarios, diplomáticos, representantes de organismos internacionales, políticos, artistas, modelos y, por supuesto, turistas que encuentran en este un lugar de excelencia garantizada.

    “Trabajar dignifica a la persona, siempre hay que hacerlo, porque si no la vida no es buena. Donde uno esté tiene que trabajar”, aconseja este hombre, quien gracias a su oficio pudo construir una casa y sacar adelante a su familia de manera digna •

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