Ecos

GERARDO SERRANO CHUMACERO, TODA UNA VIDA DEDICADA AL DEPORTE Y LA CANCIÓN DE MOJOCOYA

El Mojeño Árbitro y cantautor

Con casi 81 años, pronto cumplirá 74 eneros en la música. Grabó 840 temas: 120 están registrados en Sobodaycom

El fútbol es un arte perfectamente compatible con la música y Gerardo Serrano Chumacero, “El Mojeño”, lo enseña con su propia vida. ¿Sorprendente jugada del destino? Para los creyentes, quizá, un maravilloso arpegio de Dios.

Este jueves 30 de enero cumplirá 81 años. Empezó a cantar a los siete. Nació en 1939. Saque la cuenta: lleva 74 eneros ininterrumpidos junto a la música, tanto que aún lo contratan y viaja por diferentes departamentos y provincias para amenizar fiestas…

Aprendió a cuidar el cuerpo después de haber dividido sus días, durante 30 años, entre las cuerdas del charango y el silbato de réferi. ¿Cuáles son sus secretos para la longevidad? Entre otros, comer solo cuando tiene hambre y beber abundante agua.

Premio a la entrega

Esta tarde nos recibe en su casa con una presteza que invita a pensar en la envidia que su fortaleza y su piel, sin arrugas, despertaría en muchos sesentones, incluso en más de un cincuentón.

De fondo, en las paredes, medallas, plaquetas y certificados de reconocimiento que testimonian la doble faceta de Serrano: se disputan los espacios los homenajes de la Cámara de Diputados, de la Confederación Sudamericana de Fútbol (hoy Conmebol), de la Federación Boliviana de Fútbol, de la Asociación Chuquisaqueña de Fútbol, con otros de prefecturas y alcaldías por su destacada labor musical.

A un costado, fotos de distintas épocas y, póster de por medio (Miss Bolivia en el almanaque 2020 de Correo del Sur y El Potosí), las tapas de sus vinilos, discos con todo lo que podían guardar: 12 temas en long-plays grabados en Lauro y Cía. y dos por lado en álbumes sencillos, de 33 y 45 revoluciones por minuto (RPM), respectivamente.

A Óscar Crespo

“Este disco he compuesto el año 1970, cuando Oscar Crespo salió campeón. Se lo hicimos entrega en Radio La Plata. Cuando estrenó su Jaguar”, muestra a ECOS mientras señala sus dos cuecas dedicadas al “Caballero de las Rutas”.

Al frente, una mesita con un álbum de recortes de periódicos en los que viste de negro. Los repasa: “De Correo, Presencia, Última Hora, Hoy, Los Tiempos, porque yo radicaba en Cochabamba”. Allí arbitró 15 años y en Sucre, otros 15. Pero, como todo réferi, anduvo el país. No había cumplido 51 cuando se retiró, en 1990.

En las paredes están también sus insignias, las que llevaba prendidas al pecho que ahora se infla de orgullo. “Aquí (Los Tiempos, 1976) tengo un comentario, cuando arbitrábamos el Integrado entre Santa Cruz y Cochabamba y, para calificarnos, entre todos los árbitros nacionales, de 10 puntos yo fui el que sacó mayor puntaje (9,3)”.

Por una foto le viene a la memoria otro grande: “Don Jorge Revilla Aldana era mi fan, siempre decía: ‘él tiene la virtud de seguir las jugadas de cerca, es un árbitro que no tolera nada’”.

Más allá, una revista ECOS abierta y, encima, una gran lupa. Es difícil concentrarse en uno solo de los objetos que pueblan su cuarto, una de las habitaciones de la casa en la que vive con su hijo, uno de sus ocho hijos después de tres matrimonios.

Una guitarra, dos charangos… Esa guitarra es especial: no solo la tiene hace medio siglo sino que le perteneció a don Julio Rendón Arandia. Esos charangos no son iguales: cada uno tiene un temple diferente, natural y en ‘¡yau! paloma’, lo cual le obliga a cargar con los dos para poder complacer a los oídos exigentes durante las contrataciones que recibe en el celular 77110675.

Los recuerdos

Del baúl de los recuerdos saca su primera presentación, siendo niño, en un festival de la escuela Daniel Calvo, adonde había ingresado ni bien llegó de Mojocoya. “Desde la escuela yo cantaba, me llamaban ‘El Cantorcito’”.

Hizo parte de la secundaria en el colegio Junín, hasta que volvió a su tierra natal. “En mi pueblo he estado unos cuatro o cinco años aprendiendo la vida del campo. Allá me estuve dedicando al charango, a la canturria. No faltaron gentes visionarias que me dijeron: ‘andate a Sucre, hijo, cantas bonito’”.

Retornó a los 18 o 19 años. Empezó a “actuar” en radio Sucre, en “El Expreso de la Popularidad” que dirigía Víctor Hugo Hevia Moreira; él le puso de mote “El Trovador Solitario”. En ese escenario compartió con Los Genios, Gladys Moreno, Arturo Sobenes o Zulma Yugar, cuando ella apenas era una niña y, según la recuerda Serrano, solamente declamaba y bailaba.

El click en su carrera se produjo en 1965. Rodolfo Mérida Crespo lo agarró en la plaza 25 de Mayo y le dijo: “Señor Serrano, usted está cantando operías”; hasta entonces había probado con boleros, con zambas, con rancheras… “Conseguite dos amigos y toquen la música de tu pueblo”, le aconsejó. Y le hizo caso.

Buscó a dos parientes: Enrique Arroyo y Cirilo Gonzáles y un día llegaron a “Mensaje de Bolivianidad”, de radio La Plata. Atendía las llamadas el propio Revilla Aldana quien, de acuerdo con Serrano, abrió su ventanilla y les preguntó: “¿Quiénes son ustedes?, ¿qué se llaman?, ¿qué clase de música es la que cantan”. Gonzáles respondió: “Somos Los Mojocoyeños”, pero de inmediato Serrano corrigió: “Abréviele, somos Los Mojeños”. Arroyo y Gonzáles fallecieron y, hoy, el único Mojeño es don Gerardo.

Sus discos

Tito Antonio Durán le grabó su primer álbum (1968) en Discos Charcas. Y con el mítico conductor de “Discómetro Mundial” produjo alrededor de 15 discos más. Tiene registrados 120 temas en la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores de Música (Sobodaycom), de un total de 840 grabados. Además, cuenta con siete CD en videos.

A propósito, asegura que un empresario de Discos Charcas lo “ocultaba” llevándolo a Yotala, Tarabuco y otros lugares para que no fuera encontrado por la competencia. Y que cuando Serrano fue a Cochabamba —donde se casó por primera vez—, pasó por Lauro y allá le reclamaron: “¡Ah, orgullosito estás pues aquí, ahora grabá en mi sello tus temitas que no has querido grabar aquí!”. Con la picardía de los de antes, dice que en Lauro grabó también algunos de sus clásicos como “La Viudita” y “Pajarillo Carcelero”, huayño que Luzmila Carpio popularizó en Francia. 

A Racing, en Sucre

En la capital, Serrano arbitró a Racing Club cuando, en 1977, enfrentó a la selección nacional. A Bolivia frente a la selección chuquisaqueña. Al Palmeiras enfrentando a Ayacucho Festaco en Cochabamba. A Mariscal Sucre de Perú con Petrolero de Sucre. La nostalgia le invade cuando reconoce que “de mi tanda, tres árbitros nomás ya estamos con vida: Félix Rengel, Daniel Arancibia y yo”.

Becado para capacitarse como inspector e instructor en Buenos Aires (era el único boliviano), pasó varios seminarios internacionales; en otro recorte aparece junto al italiano Diego Di Leo (árbitro de la final de la Copa del Mundo México 1970, luego reconocido profesor).

Precursor de las tarjetas

Aquel aprendizaje con Di Leo lo convirtió en un precursor: “las tarjetas rojas y amarillas las he traído yo de Cochabamba el año 1972”, cuenta a ECOS. “Aquí llegué con las tarjetas y la prensa me abordó en el intermedio (del partido en el Estadio Sucre, no recuerda si era entre Stormer’s e Independiente Petrolero): ‘¿quién le ha dado esa facultad?’”. Hasta entonces, los réferis solo manejaban una libreta y un lápiz.

¿Cuál era su característica?, le preguntamos para que hable de su forma de arbitrar. “No se me escapaba ningún penal. Y cuando tenía que botar (a algún futbolista)… ¡inclusive al Comandante de la Policía lo boté!”. Se refiere al tarijeño Colodro, que jugaba para el club Policar. ¿Y por qué lo expulsó? “Por díscolo, malcriado”.

Pero tiene una anécdota similar que involucra a un expresidente. “Me insultó porque he cobrado una falta”, justifica el exárbitro el motivo de la nueva expulsión. Allá por los años 60 no había tarjetas, entonces apuntó en su libretita: Jaime Paz Zamora. Aquel jovencito que luego sería Primer Mandatario estaba en las filas del club Universitario, en la Primera B, y Serrano, que lo dirigió en el estadio Sucre, asegura que no quería salir, y que incluso le dijo: “¿A mí me estás botando? No sabes quién soy, yo soy el hijo del prefecto”. En efecto, su padre, Néstor Paz Galarza, era prefecto de Chuquisaca.

Dos árbitros FIFA fueron alumnos de Gerardo Serrano: Edgar Soliz (ya retirado) y José Jordán. De los nacionales, admiraba a Óscar Ortubé. De los extranjeros, al argentino Roberto Goycochea. De los actuales, destaca la labor de Néstor Pitana.

“Una cochinada”

En su criterio, “ahora el arbitraje es una cochinada. Yo reniego cuando veo en la tele (una antigua, muy pequeña, frente a su cama), imaginariamente arbitro los partidos. No cobran penales, se han olvidado de los tiros indirectos; en los córneres, tantos agarrones, abrazos, empujones… ¡ahí es penal!: el penal se cobra por solo intentar, ‘dar o intentar’, dice (el reglamento). La intencionalidad se cobra, la mala fe”.

“En Cochabamba casi llego a la FIFA”, cuenta después. Que le habían pedido fotos, que le habían dado la orden para tramitar sus papeles. Pero el Presidente de la Federación Boliviana de entonces frenó todo al sostener que estaba muy joven, que debía tener más experiencia. “Además, como dicen en el argot popular, me han tabeado”, agrega él. “Los cochalas dijeron: ‘cómo pues un chuquisaqueño va a ser árbitro FIFA por Cochabamba, ¿acaso en Cochabamba no hay árbitros?’”.

Al siguiente año lo volvieron a invitar, pero, “yo ya no acepté, yo era muy orgulloso con mi dignidad”.

Un físico envidiable

—¿Usted siempre cuidó su físico?

—¡Oh, yo soy sanito! Usted no me encuentra a mí nada: ni diabetes, ni Chagas, ni úlcera, ni próstata, ni cáncer, ni apéndice, ni vesícula.

—¿Y a qué lo atribuye?

—No me va a creer: yo como cuando tengo hambre y tomo harta agua; mire, agua hervida no me falta en la jarrita. Como fruta, duermo temprano, no fumo, no tomo trago.

—¿Nunca bebió alcohol?

—Yo era borrachito cuando tenía 14, 15 años, cuando estuve aprendiendo a tocar. Cuando ingresé al Colegio de Árbitros aquí, en Sucre, prohibido el trago y el cigarro. En Cochabamba, después de la preparación física, a todos los árbitros nos daban un litro de leche de la PIL.

Recuerda que se hizo árbitro por su trabajo en Cintatex (“factoría industrial con residencia en la ciudad de Sucre, establecida por Nicolás Abuawad Mufdi el año 1948, que ofrece al mercado boliviano una diversidad de productos textiles…”, relata el historiador Joaquín Loayza Valda en su libro “Gerardo Serrano Chumacero, El Mojeño. Una vida consagrada a la música y al deporte en Bolivia”).

Por entonces, Serrano estaba en la reserva del club Junín, “pero me hacían jugar 5, 10, 15 minutos y me cambiaban”. En Cintatex trabajaban el mencionado Rengel y Roberto Echalar, que ya eran árbitros de la Asociación de Fútbol; este último le consultó si no quería ingresar a la Liga de Árbitros (actual Colegio). Sus instructores fueron Clovis Sandoval, Pepe Borja, Alberto Bohórquez y varios más.

Aprendió a escondidas

Hoy, El Mojeño se dedica a vender sus discos y a actuar con sus músicos. Tiene tres guitarreros a su disposición y siempre se presenta con uno o dos de ellos.

Ahora interpreta “La Viudita” en charango. Y luego la guitarra. Y el otro charango, de temple ‘¡yau! paloma’, el que “muy pocos tocan porque piensan que es difícil”.

Él, aprendió a escondidas: “Los viejos nos decían que no era bueno aprender a tocar el charango, que tocaban los campesinos, los indios”. Su padre, por ejemplo: “Si quieres tocar un instrumento, tocá una guitarra española que es ‘decente’”, se ríe Serrano.

Autodidacta, aprendió observando, prestando atención. Todo al oído. Así ha creado más de 120 canciones: huayños, chunquitos, kaluyos, cuecas y otros ritmos. Las tiene numeradas y transcritas, de su puño y letra, en un archivador.

Artistas reconocidos le han pedido permiso para grabar sus temas. Además de Luzmila Carpio, entre otros, Savia Andina, Horizontes, La Raza, Zulma Yugar, Esther Marisol, Los de Pukara, Los Kory Huayras, Elisa Vidaurre, Orlando Pozo y sus coterráneos Leopoldo Coronado y Valerio Serrudo •

 


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