Oronckota, el recinto arqueológico yampara e inca
Escondido entre cadenas montañosas, cerca de la ladera del río Pilcomayo, en un recóndito sitio valluno de la provincia Linares del Departamento de Potosí, en el límite con la provincia Zudáñez de Chuquisaca
Escondido entre cadenas montañosas, cerca de la ladera del río Pilcomayo, en un recóndito sitio valluno de la provincia Linares del Departamento de Potosí, en el límite con la provincia Zudáñez de Chuquisaca, se encuentra una población cuyos habitantes se dedican a la producción de cítricos, maníes y diversidad de frutas tropicales. Es el valle de Oronckota, ubicado a 70 kilómetros al sureste de la ciudad de Sucre y a 95 kilómetros al este de la ciudad de Potosí.
A medida que arribamos al pueblo, el imponente Cerro Pukara o Fortaleza de Oronckota conquista la vista de todos. Es el sitio arqueológico más importante de la región y probablemente del departamento de Potosí.
La Fortaleza de Oronckota
El Cerro Pukara o Fortaleza de Oronckota es un sitio que llama la atención por su belleza geomorfológica; de hecho, el joven municipio de Ckochas, al que pertenece esa zona, usa la imagen del Pukara como isotipo, cuya figura refleja esa fortaleza, identificando al recurso turístico más relevante de Linares Norte. Es un fuerte natural situado entre los ríos Pilcomayo, Inka Pampa, Vizcachani y Oronckotilla. Por su posición estratégica, permitió a los diferentes grupos étnicos asentados tener mayor control de ese espacio, por lo que se constituyó como un sitio de carácter militar, pues sirvió como puesto de defensa que protegía las fronteras orientales de ataques foráneos al imperio inca.
De acuerdo con la versión que maneja la historiadora Rossana Barragán Romano, esa región fue parte de la entidad yampara, misma que “reconstruye el territorio histórico de los yamparas a partir de la extensión de la denominada cerámica yampara”.
Por su parte, la antropóloga Sonia Alconini Mujica menciona que “Oronckota perteneció a los Chui y Chicha antes del arribo Inka, y que los yampara arribaron tardíamente a la región en calidad de mitmas imperiales”; lo que salta a la vista es la evidente variedad étnica en esa zona, así como la presencia de grupos yamparas, chuis, chichas y moyo moyos, destaca Alconini.
Durante el siglo XV, los yamparas caen bajo la influencia del Imperio Inca. El cronista español Bernabé Cobo menciona que durante el reinado del Inca Túpac Yupanqui (1471-1493), los incas intentaron incorporar los reinos aymaras y los Andes Orientales a su imperio; sin embargo, alrededor de 20.000 personas huyeron del ejército inca y se refugiaron en el Cerro Pukara. Los incas, al verse incapaces de superar las defensas de la meseta, Túpac Yupanqui organizó fiestas y ofreció hermosas mujeres para atraer a los defensores de la meseta de la fortaleza, luego envió a su ejército hacia adelante para incorporar ese territorio al imperio como parte del Kollasuyo. Una vez que la fortaleza se encontraba bajo el dominio de los incas, estos lograron establecer la frontera inca oriental destaca Barragán Romano, límite que permitió frenar el avance de los chiriguanos provenientes de la región del Chaco.
En ella, los incas construyeron tres complejos que sincretizan la construcción con los asentamientos yamparas:
El primer recinto arqueológico: Oronckota, ubicado al centro de la meseta, que cubre un área de aproximadamente seis hectáreas.
El segundo recinto es el Pedregal, ubicado a cuatro kilómetros del poblado, que era un puesto de avanzada defensivo que alberga alrededor de ocho hectáreas.
El tercer recinto es Inkarry Moqo, ubicado cerca del río Inka Pampa, a unos cinco kilómetros al norte de Oronckota, cubre dos hectáreas. Al parecer, estaba dedicado a recolectar y almacenar productos agrícolas.
Sin duda, la Fortaleza de Oronckota es un espacio arqueológico en el que existe cerámica, además de construcciones de piedra que se encuentran en ruinas. Constituye un patrimonio trascendental para el Departamento de Potosí.
Su gente, su cultura
Oronckota no solamente es arqueología; de hecho, sus pobladores se dedican a la producción de una diversidad de frutas tropicales, ya que sus terrenos, ubicados a 2.000 metros sobre el nivel del mar, son aptos para la producción de hortalizas, maníes, cítricos, papayas, chirimoyas, sandías, entre otras variedades. Demuestran lo diverso que es Potosí respecto a sus pisos ecológicos. Toda la producción sale con prioridad al mercado capitalino, debido a su proximidad, aunque el mercado potosino no se queda atrás, ya que, durante la fiesta de Corpus Christi, el maní oronckoteño es comercializado en las calles potosinas.
En lo que refiere la gastronomía, la variedad de maní (overo, pico de loro, blanco, jaspeado, petabae 2000, florman rojo, oclliri, oclliri largo, palqui, y otros), permiten degustar una variedad de platillos como la sopa de maní; además, la pesca es otra actividad cotidiana. Ahí se acostumbra pescar el bagre, una diversidad de pez que se encuentra en el río Pilcomayo y es parte de la dieta alimenticia del sector.
Respecto a su cultura, uno de los bailes más representativos de la región es la Danza del Reqhoque, un baile candente que se cree tiene orígenes afrobolivianos, debido a que el ritmo denota un compás similar al de la cultura africana •
(*) Elvis Fuertes es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).