Ecos

Stand Up Del humor y otros demonios

El stand up o monólogo como forma de comedia crece en Bolivia. ECOS aprovechó la llegada de cuatro standaperos de la movida camba para hablar sobre el humor y por qué es necesario para salvar a Bolivia

Todd Solondz, el famoso director de cine independiente norteamericano, trató de labrarse en los ochenta una carrera como monologuista hasta que, la noche del estreno, su madre se sintió en la obligación de recordarle que no era gracioso y Solondz decidió suspender su actuación. 

Al final, Solondz fue terco en su empeño y llegó a acuñar una frase clásica para todos aquellos que están pensando en lanzarse a la piscina infernal de la comedia en vivo: “Súbete a un escenario y haz una performance. Si es divertida, será comedia en vivo. Si no lo es, será arte contemporáneo”.

Todavía guardo el recuerdo de lo que me dijo mi madre cuando le conté que iba a hacer un stand up y que se iba a llamar “Ser Negro en la Ciudad Blanca”. Lo primero que exclamó fue: “Por Dios, no hagas macanas, hijito, ya estás viejo para eso. Cuidado me hagas quedar mal”. 

Luego me preguntó, levantando una ceja, si es que me iban a pagar por hacer payasadas y le respondí que sí, para tranquilizarla, pero ella lejos de tranquilizarse me ofreció el doble para que no lo hiciera. 

Y es que los bolivianos difícilmente creemos en la comedia, no somos considerados gente de fácil reír, todo lo contrario. 

En una entrevista el escritor Paulovich, cuestionado sobre si creía que teníamos buen sentido del humor, respondió: “¡Qué va!, somos un país de solemnes y levudos”. Y sobre los políticos agregó: “¡Tampoco!, más bien tienen un sentimiento trágico de la vida”.

Creo, particularmente, que lo trágico de nuestros políticos es que pueden ser unos grandes payasos pero no se dan cuenta. Las redes sociales están llenas del humor boliviano producido gracias a los políticos. Y es que para eso está la comedia, para desacralizar los lugares “solemnes”.

Comenzamos a dejar de ser unos “levudos solemnes” gracias justamente a la comedia que se viene practicando en nuestro país, y al movimiento del stand up en particular. 

Gente como Javicho Soria o Pablo Osorio ya se han ganado un lugar en la escena nacional, y han ayudado a que el público que aprecia este arte, crezca, y crezcan también los lugares que apuestan por este tipo de espectáculos. 

Desembarcan los cambas

En Sucre, donde prácticamente no existen comediantes de stand up, es inusual ver este tipo de espectáculos, por eso cuando supimos que la movida camba, la más activa de Bolivia, daría un show en La Quimba, nos fuimos en tropa a ver qué onda con estos manes.

Ariel Vargas, Mejía Jorge Calero, Matole y Saúl Montaño. No dejaron títere con cabeza. 

En el stand up todo es materia para la risa, y cómo no, Bolivia es un campo de concentración de ideas para reírnos de nuestras tristezas y de nuestras ridiculeces, confluyeron en el material de cuatro comediantes, tragedias como la Chiquitanía, personajes como Camacho, Petardo, Evo Morales, la Generación Pitita, así como nuestro vicio por el Cerelac y las películas en las flotas, las diferencias entre lo camba y lo colla, y las referencias a la crisis de octubre y a los candidatos, entre ellos Saúl Montaño recordó a Jaime Paz, quien ya no es candidato a la Presidencia, porque está “muy quemado” •

Qué piensan los standaperos bolivianos

Humor de observación

Ariel Vargas (Santa Cruz)

Ariel Vargas es actor de teatro. Dueño del espacio cultural Tía Ñola, nos trajo su experiencia como servidor público y el contraste con la vida de artista, pero también sobre la desconexión que genera la función administrativa con la gente de a pie.

“El stand up en Bolivia toma importancia por ser un humor de observación, es decir, vemos nuestra sociedad para generar humor pero también como un diálogo con la gente, asunto que es muy importante en estos tiempos.

En Santa Cruz el stand up ha crecido mucho gracias a los talleres de humor y a los micrófonos abiertos, donde los comediantes y el público crecen cada día más”.

Stand up como riñón

Javicho Soria (La Paz)

Es el gran referente del stand up boliviano a nivel internacional. Versátil y agudo, Soria navega a carcajada abierta en el extenso mar de la comedia.

“El stand up en Bolivia sigue creciendo, lento pero seguro, lo cual me parece constructivo para la comedia boliviana, sobre todo porque es un tipo de comedia que explora al individuo desde su perspectiva personal: ¿y qué somos si no historias que contar? Aleja el humor de lugares comunes y permite la creatividad que explora nuevos territorios sobre los cuales hacer reír o reírse. El comediante de stand up funciona como el riñón de una sociedad, toma todo lo malo y lo transforma en algo sano para el cuerpo social. A partir de nuestras fallas y de nuestra idiosincrasia permite a la risa entrar en escena. No hay tema que no se pueda tocar desde este tipo de humor y ahí reside su poder. Espero que el humor boliviano se alimente de más comediantes que hagan este tipo de arte. Ahora más que nunca que la realidad a veces nos abruma y encontramos en la risa no un medio de escape sino un modo de encarar esa realidad de otra forma”.

Stand up que desacraliza

Saúl Montaño (Santa Cruz)

Saúl Montaño es reconocido en la escena literaria como uno de los narradores importantes de su generación. Como muchos escritores y artistas, hace tiempo viene forjando experiencia en el micrófono y la comedia. Estuvo en Sucre. Esto fue lo que nos dijo sobre el tema.

“Por qué este tipo de humor y no otro, como el sketch, con las formas de lo que hacía Tralalá o Chaplin. El stand up tiene una forma por cómo se ha ido construyendo en Estados Unidos y el mundo entero, tiene una mirada crítica y ácida, reflexiva sobre las cosas. Me parece que es importante para Bolivia, porque desacraliza, desolemniza, los discursos, las formas, todos los fundamentalismos, sean instituciones que son consideradas intocables etc.

La diferencia del resto de Latinoamericana: hay similitudes en la forma, porque tenemos una tradición que es la estadunidense. La diferencia está en la industria, las grandes industrias están en la Argentina, México, luego viene Chile etc. Aquí en Bolivia recién está empezando. Santa Cruz es la que más movimiento genera en el espectro nacional. Hay cafés y clubs como el Meraki, en el que cada miércoles hay micrófono abierto, allí se suben a probar su material los comediantes. Hay otros espacios que también mueven a los comediantes como el Tía Ñola, y el Mantis. Ahora hay especiales para una grilla establecida, con un material más pulido, eso se ha ido construyendo entre todos los comediantes y los dueños de los boliches, ha sido muy lindo ser parte de esto, y seguir creciendo, como van creciendo los comediantes cada vez más. Esa es la situación”.

Bolivia es la última del tren

Pablo Osorio (Oruro)

Pablo Osorio, poeta orureño radicado en Santa Cruz desde hace años, es uno de los pioneros en el género. Sus rutinas siempre están impregnadas de este hecho, qué es ser orureño en una tierra de cambas. Él nos habla del stand up comedy en Bolivia.

“Bolivia se ha subido de última al tren de este género. Hoy es una apuesta frente el ‘monopolio’ del sketch y los café shows. Más honesto, más brutal, más real y arriesgado, el género está cultivando una audiencia que quiere un humor descarnado y fresco. En Santa Cruz se encuentra el mercado más interesante, hay más demanda por entretenimiento y los bares están abiertos a la visita de los comediantes que ya forman al menos tres grupos de comedia. Mi trabajo junto a Pedro Álvarez ha sido abrir el mercado y formar nuevos talentos y estoy convencido que en tres años ya hemos dado grandes pasos.”

Amon Oz: el humor, receta contra el fanatismo

Nunca he conocido a un fanático con sentido del humor. Nunca he visto a alguien capaz de reírse de sí mismo que se haya convertido en un fanático. (Sarcasmo, mordacidad y lengua viperina sí que tienen algunos fanáticos. Pero no sentido del humor, ni mucho menos capacidad para reírse de sí mismos). El humor implica cierta inflexión que te permite, al menos por un instante, ver cosas viejas con una luz completamente nueva. O verte a ti mismo, al menos por un instante, como te ven los demás. Esa inflexión nos invita a que nos vaciemos de nuestros aires de grandeza y dejemos de darnos importancia. Es más: el humor conlleva por lo general una buena dosis de relativismo, de descenso de las alturas. (A veces, ese descenso se produce precisamente por medio de una exageración manifiesta). Aunque tengas toda la razón, aunque seas maravilloso y puro como la nieve, conviene que aflore de vez en cuando, aunque solo sea por un instante, un pequeño duende, un duendecillo burlón que haga muecas y se ría un poco de toda esa razón que tienes, de la maravillosa pureza, de lo sagrado y lo irrefutable, y rebaje un poco esa desbordante solemnidad y esos aires de grandeza.

Si encontrásemos el modo de comprimir en cápsulas o en píldoras el sentido del humor, y sobre todo la capacidad para reírnos de nosotros mismos, y de distribuir esas cápsulas por todas partes para vacunar a poblaciones enteras contra la epidemia de fanatismo, tal vez mereceríamos recibir el Premio Nobel de Medicina.

Algunos pensamientos sobre el humor

Oscar Wilde: “El humor es la gentileza de la desesperación”.

Aristóteles: “Si se dobla es cómico, si se rompe ya no es cómico”.

Woody Allen: “Cuando uno cuenta o escribe un chiste, el factor de la concisión es fundamental, como ocurre con la poesía. En muy pocas palabras condensas un sentimiento y todo depende de lo bien equilibradas que estén. Por ejemplo: ‘No tengo miedo a morir. Simplemente no quiero estar presente cuando eso suceda’ es una frase que expresa algo de forma sucinta y si se emplea una sola palabra de más o menos pierde fuerza”.

Gómez de la Serna: “No se propone el humor corregir o enseñar, pues tiene ese dejo de amargura del que cree que todo es un poco inútil.”

Roberto Fontanarrosa: “No me interesa el Premio Nobel de Literatura y tampoco las definiciones que hagan de mí, me conformo con que alguien venga y me diga: “Me cagué de risa con tu libro”.


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