Arce Gómez: Apertura u olvido
Narcotráfico: esa es la palabra más asociada al ahora difunto Luis Arce Gómez, tanto que su sobrenombre más conocido fue “el ministro de la cocaína”.
Narcotráfico: esa es la palabra más asociada al ahora difunto Luis Arce Gómez, tanto que su sobrenombre más conocido fue “el ministro de la cocaína”.
¿Qué tanto se puede decir sobre el vínculo de Arce Gómez con el negocio del narcotráfico? Mucho y poco. Mucho porque su relación con el tráfico de drogas fue la razón por la que se lo procesó en Estados Unidos y poco porque ese tema prácticamente no ha sido estudiado en Bolivia.
Una mera revisión a los libros que incluyen la historia reciente permite encontrarlo pero de manera tangencial, periférica. La explicación para ello se basa en una de las creencias de la historiografía clásica, la que señala que es mejor no estudiar a personajes vivos al momento del estudio. De hecho, esa es una de las razones por las que ni Arce Gómez ni el presidente al que apuntaló, Luis García Meza, formen parte del Diccionario Histórico Boliviano, publicado en 2002.
Pero hay un diccionario que sí se ocupa de él, el Diccionario Biográfico de Archivistas de Bolivia (DBAB) en cuya segunda edición, la de 2017, se puede encontrar que el “ministro de la cocaína” no solo fue militar sino hasta periodista, aunque no de los que escriben sino gráfico, fotógrafo. Y el DBAB es el que revela que “fue dado de baja del Ejército en 1960 acusado de violar a la hija de un superior, por lo que pasó a trabajar como reportero gráfico del periódico católico ‘Presencia’, donde fue conocido como ‘El Mala Vida’”.
Resulta verdaderamente paradójico que Arce Gómez haya formado parte de la prensa, así sea por un corto periodo, si se toma en cuenta que, desde su cargo de Ministro del Interior, fue uno de los mayores represores del periodismo. Debió tener habilidades para el fútbol, ya que fue arquero de la selección del Círculo de Periodistas Deportivos de Bolivia.
Fue reincorporado al Ejército en 1964, luego de participar en el golpe de Estado contra Víctor Paz Estenssoro. Su vocación golpista aparece, también, en el derrocamiento de Luis Adolfo Siles Salinas. Su vinculación al narcotráfico no data del gobierno de García Meza sino antes. El DBAB dice que “incursionó en el negocio de la cocaína” en 1975. Por tanto, cuando llegó al cargo de Ministro del Interior lo hizo para consolidar el aparato ilícito que había montado cinco años antes.
Entonces… ¿por qué no se ahonda en sus vínculos con el narcotráfico?
“El nivel de corrupción en las Fuerzas Armadas escaló nuevas cimas con su participación directa en el narcotráfico internacional que nuevamente hacía su aparición”, escribe Herbert S. Klein al referirse al gobierno de García Meza, pero no menciona a Arce Gómez.
Protagonista directo de los hechos desde la conspiración política, Guillermo Lora publicó en 1983 un estudio sobre las “Causas de la inestabilidad política y de la crisis de las FF.AA.” en el que llama “narcotraficante” a García Meza pero se refiere muy poco a Arce Gómez.
“El narcotráfico también es una historia antigua y si ahora ha aflorado con ribetes de tanto escándalo internacional es por su excesivo volumen y porque de individual tiende a tornarse en colectivo, en institucional, al extremo de que resulta muy difícil saber qué uniformado se encuentra exento de culpa”, escribió.
Aunque no toca el tema en su trabajo individual, en el colectivo, junto a sus padres, Carlos Mesa señala que “este fenómeno (del narcotráfico) comenzó a darse al comienzo de los años setenta, tiempo en el que comenzaron a crecer los grupos que conformaron verdaderas mafias”.
Todo apunta, entonces, a que Arce Gómez encabezaba una de esas mafias y debió ser tan poderosa que, si bien el cabecilla del golpe de julio de 1980 fue García Meza, era más que obvio que aquel era el hombre más poderoso del régimen, si no el verdadero poder detrás del trono, ya que encabezó los operativos previos al golpe, incluso el secuestro y asesinato de Luis Espinal, el 22 de marzo de 1980.
Pese al discurso de lucha contra “la izquierda extremista” —que se puede advertir en el famoso mensaje que incluye la frase “caminar con el testamento bajo el brazo”—, el garciamecismo no libraba una guerra ideológica sino comercial: tenía un negocio, el narcotráfico, que estaba en franca expansión, y había que protegerlo. Por ello, todos los que lo amenazaban fueron sistemáticamente asesinados, entre ellos Espinal y Marcelo Quiroga Santa Cruz.
“Varios organismos internacionales y miembros del propio congreso de los Estados Unidos acusaron formalmente a Luis Arce Gómez, ministro de García Meza, de estar involucrado en operaciones de tráfico de drogas”, señala textualmente Mesa quien, además, detalla cómo creció el narcotráfico desde 1980, cuando se cultivaba 31.900 toneladas de coca en 22.900 hectáreas, a 90.000 toneladas en 48.000 hectáreas el año 1995.
El gobierno de los dos “Luchos” (García Meza y Arce Gómez) fue efímero pero el narcotráfico siguió creciendo, aún sin ellos. Más aún… el epicentro del cultivo de la coca se movió de los Yungas al norte cruceño, pasó a Beni y, finalmente, se estableció en el Chapare motivando el surgimiento de los sindicatos de cocaleros que actualmente son las bases más fieles e irreductibles de Evo Morales.
Arce Gómez ha muerto y, según la historiografía oficial, eso debería determinar la apertura al estudio de su figura. ¿O es que hay interés de que pase al olvido? •
* Juan José Toro y Álvaro Montoya son socios de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP)
** Producen Bolivia es la productora de la película “Cuando los hombres quedan solos”.
No era de Sucre
Sus escasas biografías, o esbozos de ellas, dicen que Luis Arce Gómez nació en Sucre, el año 1938.
No es cierto. Una simple revisión a la base de datos del Servicio del Registro Cívico (Serecí) de Bolivia permite encontrar a un Luis Arce Gómez nacido el 10 de junio de 1938 en Lagunillas, provincia Cordillera del departamento de Santa Cruz.
No es un homónimo ya que no existe otra persona con ese nombre en el Serecí. Más aún, los nombres de sus padres en esa partida coinciden con los del recientemente fallecido: Luis Arce Pacheco y Aida Gómez Antelo.
¿Por qué se creía que era de Sucre? Arce Pacheco era de la capital del país, adonde llevó a su hijo cuando este era apenas un niño. Los periodistas de Sucre que respondieron consultas sobre el tema reconocieron los nombres, aunque dudaron con el materno de la madre. Creían que era Antelo.
Los vecinos del lugar donde vivieron los Arce Gómez saben más: doña Aida fue hermana de Blanca Gomez, la madre del más célebre narcotraficante boliviano, Roberto Suárez Gómez, que fue el socio boliviano del colombiano Pablo Escobar en la década de los 70.
Se sabe
Cuando se ejerce la investigación histórica se necesita distancia, alejamiento temporal de hechos que nos han tocado, o están aún muy presentes. Es una disidencia constante estudiar personajes que aún están, personas que tienen aún presentes en las sienes años no tan lejanos, nuestros padres, abuelos, quizás hermanos, quizás nosotros mismos.
Es difícil paliar los efectos del tiempo, las viudas mueren, los desaparecidos dejan de ser buscados, quizás tan solo los esfuerzos continúan por los más apremiados, pero sobre todo por la historia.
Hace poco falleció el que había sido coronel del ejército boliviano y ministro del interior Luis Arce Gómez, que fue la figura de un Estado instrumentalizado para la violencia, para la personificación caudillista de la FFAA representadas por el presidente de facto Luís García Meza, que a través del golpe del 17 de Julio de 1980 evitó que su país recuperara la democracia y los bolivianos la paz.
Los hechos por de más sabidos por su repercusión, y por su manejo público, caracterizan a la dictadura de García Meza, se sabe además del papel fundamental que tuvo Arce Gómez en el negociado directo e indirecto de cocaína, acusado por medios extranjeros, que luego éste se encargó de desafiar amenazándolos con juicios en un viaje que emprendió a los EEUU y Brasil, países de los que fue expulsado a los pocos días de estancia.
Se sabe de los asesinatos de la calle Harrington, de las torturas acalladas por la noche y la distancia, de las amenazas públicas, de las ambulancias que repartían a los paramilitares en sus entrañas. Se sabe de la amenaza al hijo de Juan Lechín Oquendo para que éste, en una entrevista pública en la que se le humilló, llame al levantamiento de la huelga nacional, se sabe de la masacre a los mineros que se negaban a ceder en Caracoles, y de los negociados de la cúpula de poder con elementos del pueblo, regalando las piedras semipreciosas de La Gaiba.
Se sabe del papel de paramilitares extranjeros asesorando a los uniformados nacionales, sobre cómo y dónde golpear, cómo proceder para sacarle información a un inerme, cómo desde la cintura y el dedo en el gatillo segar vidas.
Los argentinos enviados con cariño por Videla, por ejemplo, fueron cuantiosos: “El contingente estaba conducido por los tenientes coroneles Julio César Durán, Benjamín Cristoroforetti y Osvaldo Guarnaccia, los capitanes Antonio Pernia ‘la Rata’ y Schelling ‘el Pingüino’”, todos venidos de la insigne Escuela Mecánica de la Armada Argentina, según refirió James Dunkerley.
El exjefe de la Gestapo nazi, Klaus Barbie, buscado en Francia por crímenes de lesa humanidad, también gozó de nuestra dictadura, y de la protección que le dio esta contra la extradición al país galo. Barbie contribuyó al SES (Servicio Especial de Seguridad) de Arce Gómez con asesoramiento y contacto con otros nazis retirados, con otros extranjeros de los que la carne boliviana fue campo de tiro.
Se sabe, todo con tiempo se sabe y la historia juzga, las pérdidas más lamentables de ese año monstruoso, sin duda, en especial para los amantes de la valentía, la cultura y la probidad fueron las muertes de Luis Espinal, el 22 de marzo de 1980 y la de Marcelo Quiroga Santa Cruz, en julio del mismo año, cuando se intervino el edificio de la COB. Una ambulancia escupió a los tiradores, que lo identificaron y no dudaron en acribillar la humanidad de Quiroga, que fue uno de los políticos e intelectuales más brillantes que nos regaló el país. García Meza murió sabiendo el paradero desconocido de su cuerpo, Arce Gómez pretendió negociar su condena con la misma información, y ante la negativa se la llevó también al otro lado.