T’ikita Wara: influencer con identidad
T’ikita Wara es una talentosa joven potosina, profesional y multifacética, que se dedica a la danza y la música. Estudió periodismo y sociología, cursa la carrera de derecho, es activista cultural y digital para promover la lengua quechua en las redes sociales.
T’ikita Wara es una talentosa joven potosina, profesional y multifacética, que se dedica a la danza y la música. Estudió periodismo y sociología, cursa la carrera de derecho, es activista cultural y digital para promover la lengua quechua en las redes sociales.
Es una joven brillante, dulce, divertida, que domina el quechua, es comprometida con sus raíces, cultura, identidad e ideales, que rompe esquemas tradicionales, para promover y provocar la reflexión y crítica en la sociedad.
¿Quién es T’ikita Wara?
En 2007, cuando Lirio Fuertes se inscribió a un concurso de poesía y música en Tupiza, decidió presentarse como T’ikita Wara, porque así se acerca más al quechua, a su cultura, sus padres y abuelos.
T’ika quiere decir flor en quechua y T’ikita es florecita, con el diminutivo castellanizado; Wara significa estrella en aymara. “Soy muy apegada a ambas culturas, a lo andino, a lo boliviano, a reconocer que somos más que solo un nombre que nos da una nacionalidad. Somos esa diversidad”, expresa.
Comunidad quechua-chick
Tikita Wara es fundadora y promotora de Quechua-Chic, una iniciativa que surge a raíz de la necesidad del aprendizaje digital sobre lenguas nativas; en este caso el quechua, como una familia lingüística y la integración sociocultural desde la diversidad.
“Este proyecto educativo digital, a través del social media, pretende ser un espacio de aprendizaje e intercambio cultural que cuestione los estereotipos en busca de una sociedad más tolerante, integral, crítica y democrática”, detalla.
Asimismo, esta joven influencer de las redes sociales como Tik Tok se considera una “vicuña altiva multifacética” ya que ese camélido que vive en el sector andino es el que más le gusta.
“En todas las canciones que hacen referencia al norte de Potosí y a todo lo que comprende la flora y fauna, están las t’ikitas y las vicuñas altivas. Esta es la construcción que se genera en torno a lo que soy”, sostiene.
Crisis de identidad
En lo referente a multifacética asegura que es una situación muy compleja porque, al dedicarse a varias cosas a la vez, como la cultura, el arte, el periodismo o la investigación social, pudo hacer pensar a los demás que no tiene un estilo definido.
Con referencia a ese punto, cuenta a ECOS que esa situación representó para ella, en algún momento de su vida, una crisis de identidad dolorosa, sobre todo en su adolescencia, etapa en la que se empieza a marcar los nortes de quién se quiere ser.
“En esa crisis donde yo era a, b, c, y tenía muchos colores, sufrí bastante porque pensaba que no lo estaba haciendo bien, porque me exigían encontrar un norte”, recuerda.
Empero, T’ikita Wara se dio cuenta que no todos están obligados a encasillarse en algo; que hay personas a las que les gusta explorar más allá, y se les debe dar la oportunidad porque lo hacen con amor y pasión.
Multifacética
“Una misma se tiene que dar la oportunidad y luchar por lo que se quiere transmitir a los demás. Si nos encanta la danza, el canto o la ciencia a la misma vez, adelante. Podemos ser excelentes bailarinas y cirujanas; una cosa no resta a la otra, más bien nos complementa y no hace seres más íntegros”, expresa.
Asegura que, en su lucha interna, a partir de ese descubrimiento se dio cuenta que, si se tiene amor, pasión, paciencia, disciplina y respeto por lo que se hace y a quienes se dirige, “la social media”, se puede realizar todo eso mientras que, al encajonarse solo en algo, la mente se vuelve más cerrada, se pierde la iniciativa y creatividad. Uno puede ver el mundo desde distintas perspectivas, afirma.
“Todavía estoy en un proceso de construirme porque me falta mucho por aprender, pero sé que en lo que me estoy convirtiendo vale la alegría y es lo que quiero hacer”, expresa.
Kusillo urbana
El kusillo es un personaje pintoresco y juguetón de origen paceño con el que T’ikita Wara se identifica, ya que es una muchacha traviesa, pizpireta, ingenua y perspicaz, que camina en los espacios urbanos de la metrópoli.
Hace unos años salió de Potosí para estudiar en la ciudad de La Paz, la metrópoli de Bolivia. Dice que el choque cultural fue impactante —pese a que estaba en el mismo país— porque proviene de una ciudad pequeña, de una familia conservadora y seguidora de las tradiciones de su tierra. En cambio, la sede de Gobierno le abría las puertas al mundo.
Así, empezó a experimentar muchas sensaciones que le fueron volviendo más independiente y le permitieron entender cómo se manejan esos espacios urbanos. “A partir de ello empecé a jugar con esos nombres y apelativos”, confiesa.
Luego viajó a la Argentina y Brasil, donde le tocó saltar a otros espacios metropolitanos, caóticos y con más gente. Ahí aprendió a perder el miedo, a entender las diferencias culturales y el significado del respeto y tolerancia hacia los demás.
El quechua en lo urbano y rural
Desde hace años se conoce a través de la historia los duros procesos de discriminación que sufrieron las comunidades indígenas, generándose estigmas, prejuicios y estereotipos en torno a ellas. Eso no contribuyó en nada a la creación de la nación dentro del Estado boliviano, declara T’ikita Wara.
Más bien llenaron de resentimiento a la sociedad y de miedo por mostrar la conexión que hay con lo rural. En los espacios urbanos no solo hay gente que habla diferentes lenguas, como el quechua, aymara, guaraní o español.
Esas lenguas se mezclan o fusionan y surgen expresiones como: “yapame caserita”, “estoy de ch’aqui”, “esta imilla” o “este lloqalla”. Son palabras que más allá de enriquecer el vocabulario integran e incluyen a los que las pronuncian.
T’ikita Wara sostiene que todos formamos una sociedad colectiva, con diferencias y diversidades. Es decir, si se habla quechua, también se puede hablar español, inglés o francés. Sin que una cosa pese a la otra.
“Debemos aceptarnos como somos, queriéndonos y valorándonos tal cual. Mirarnos al espejo y decir me encanta mi cabello negro y grueso o me gusta mi cabello choco. Valorarnos en lo físico, espiritual y emocional, a nuestra familia, ancestros y cultura”, opina.
Dice que hay que hacerlo, pero sin caer en romanticismos, entendiendo que el quechua es como una manifestación identitaria, desde la lengua o una familia lingüística.
“La idea es provocar que las personas se cuestionen qué es ser quechua. Hasta ahora yo tampoco encuentro una respuesta a lo que es ser quechua, lamentablemente toda esta experiencia me ha llevado a hacerme más preguntas”, confiesa la joven kusillo.
Tampoco hay que olvidar que el quechua tiene muchas variantes y modos de hablar, en diferentes regiones. Varía en la acentuación, en la fonética y otros. “Tenemos que abrirnos para aprender, es muy importante combatir el estereotipo y la estigmatización”, aconseja.
Potosí Conversa
Desde pequeña, T’ikita Wara tiene un espíritu de periodista. Eso le motivó a incursionar en los medios de comunicación.
En plena pandemia arrancó con el programa Potosí Conversa para generar un espacio en el que se practica un periodismo de investigación responsable, serio y profundo, en temáticas de salud, política y cultura.
Con una perspectiva joven y crítica, pero sin perder la humanidad y empatía con la sociedad civil, para que la gente pueda contar sus logros y frustraciones.
“El objetivo es promover un espacio social, seguro, sin prejuicios, ni estereotipos para ayudar a construir una sociedad más tolerante y democrática”, sostiene.
Por otro lado, T’ikita Wara manda un saludo de fuerza a los jóvenes, que, en su criterio es la generación que empieza a sufrir más por la falta de empleo a causa de la pandemia.
“Hay que tomar en cuenta que están en boga la economía naranja y la economía verde; entonces, hay que avanzar con ellas. No desfallezcamos como jóvenes, tenemos creatividad, seamos disciplinados”, alienta a sus pares.
Asimismo, dirige un mensaje a las mujeres jóvenes emprendedoras, que están emergiendo en espacios difíciles, construyendo “ladrillo a ladrillo” sus bases. Su condición no es de incapaces como se quiere hacer ver en algunos espacios. “¡Adelante, chicas, con sus emprendimientos!”, alienta •