¡Crimen contra la naturaleza!
Los responsables de los incendios en el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) El Palmar causaron un crimen contra la naturaleza al destruir a la palmera endémica Parajubaea torallyi que, con más de 600 años de vida, tiene un fruto, el janchicoco, que es el principal alimento del oso jucumari.
Los responsables de los incendios en el Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) El Palmar causaron un crimen contra la naturaleza al destruir a la palmera endémica Parajubaea torallyi que, con más de 600 años de vida, tiene un fruto, el janchicoco, que es el principal alimento del oso jucumari. Con esa acción, el úrsido está en peligro de desaparecer del lugar, pues esos árboles volverán a crecer dentro de 25 o 30 años.
El oso andino, llamado también jucumari u oso de anteojos, es endémico de Sudamérica, pertenece a la subfamilia de osos de hocico corto. Está separado del linaje de úrsidos que existen en el resto del mundo.
Se distribuye por toda la Cordillera de los Andes, están en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, explica Mauricio Peñaranda, biólogo con diez años de experiencia en múltiples proyectos de investigación y conservación con enfoque en carnívoros y docente de la carrera de Biología en la Universidad San Francisco Xavier.
El hábitat de este animal es diverso, su lugar preferido es el bosque húmedo nublado como el de Los Yungas, pero también está en los secos interandinos que hay en los alrededores de Sucre y en el ANMI El Palmar. “Están muy lejos de la distribución ideal del oso andino, que está en los Yungas, Valle Grande y el Iñao”, explica el experto.
El Palmarcito, el más afectado
Un mes después de los incendios ocurridos entre el 2019 y 2020 en el área Protegida de El Iñao, Peñaranda y los estudiantes de la carrera de Biología ingresaron a la comunidad Los Pinos para evaluar los efectos del incendio en la flora y la fauna, y encontraron indicios de que los animales volvieron al lugar. Ese es un referente para lo que podría pasar en El Palmar.
“Cuando las condiciones no son ideales, es probable que los animales se vayan a otro lugar. Lo preocupante en El Palmarcito, que es la zona núcleo de la población de osos, es que el incendio haya eliminado cualquier rastro de comida”, indica.
Según Peñaranda, es probable que no haya muerto ni un oso en el incendio pero, si no encuentran comida, irán a buscar alimento en otros lugares para sobrevivir fuera del hábitat de El Palmarcito.
Al salir de los límites del área protegida los jucumaris estarán expuestos y en peligro. Es posible que se encuentren con gente que no los quieren, porque los consideran una amenaza para sus animales, y los maten. También se pueden enfrentar con perros asilvestrados que suelen liquidar a las crías, alerta el biólogo.
Explica que los osos andinos son tranquilos y casi siempre escapan cuando ven a humanos. No hay registros de que hayan atacado a personas, no son como otras especies de osos.
En El Palmar, el oso se alimenta principalmente de los janchicocos de las palmeras, pero el incendio que comenzó el cinco de este mes consumió el área donde se encontraba la mayor cantidad de esas plantas, informaron la directora de esa Área Natural de Manejo Integrado, Carolina Martínez, y el alcalde de Presto, Jaime Roque.
Cuando hay escasez de alimento, el oso también come arrayan y frambuesas, y, ocasionalmente, pueden devorar vacas. Eso les trae problemas con los comunarios.
Población de osos
Es difícil calcular cuántos hay, porque se mueven constantemente. Para registrarlos usan cámaras trampa y los identifican por las manchas que pueden tener o no. Eso les permite saber, hasta cierto punto, cuántos hay, ya que el muestreo no cubrió toda la zona por donde habitan.
Hasta hace un año reconocieron a diez individuos, pero es probable que haya más de 20. “Por la cantidad de crías y subadultos que registramos, se trata de una población pequeña y aislada. Al parecer, sufrieron algún evento que hizo que disminuyan, pero se están recuperando”, comenta el biólogo.
Cómo ayudar
Peñaranda indica que en El Palmar repetirán lo que hicieron en la Chiquitanía en 2020: habilitar comederos por lo menos hasta que lleguen las lluvias. También seguirán estudiándolos con cámaras e intentarán colocarles radio collares y GPS que permitan ver por donde se mueven.
El oso andino es un dispersor natural de semillas, come muchas frutas, las lleva en su estómago y las desecha varios kilómetros o metros más allá.
Por su gran tamaño, puede crear sendas que usan otras especies. La presencia de un úrsido es un indicador natural de que un ecosistema está saludable. “Si un bosque está perturbado por causas humanas será difícil encontrar a un oso”, explica Peñaranda.
Además, es una especie paraguas porque cuando se conserva su población también se cuida a todo lo que le rodea. Para sobrevivir necesitan muchos kilómetros cuadrados con bosques, agua y otros animales con los que conviven.
Las amenazas principales de esta especie son dos: la pérdida de hábitat (por deforestación, incendios, chaqueos y ampliación de la frontera agrícola) y la cacería.
El Jucumari está catalogado como “Especie Vulnerable en la Lista Roja de Especies Amenazadas” •
Crimen contra la naturaleza
Los incendios ocurridos en el ANMI El Palmar, destruyeron cientos de hectáreas de bosques de la palmera endémica janchicoco (Parajubaea torallyi) y del bosque nativo.
Mónica Moraes, bióloga, con maestría y doctorado en la Universidad de Aarhus (Dinamarca), especialista en palmeras desde hace 35 años de Bolivia, directora del Instituto de Ecología de la UMSA y presidenta de la Academia Nacional de Ciencias, manifiesta que en sitios quemados algunas palmeras no rebrotarán de manera natural y se perderán totalmente. Se tendrá que volver a sembrar.
“Si el ANMI decide establecer un programa de restauración, puede organizar un programa de regeneración de semillas para transplantarlas en los sitios afectados por el fuego. El monitoreo y seguimiento debe ser permanente hasta conseguir repoblar las zonas, pero tomará muchos años”, avizora.
Moraes explica que se estima que los individuos adultos con 25 o 27 metros de altura viven más de 600 años. Entonces, si se establecen plántulas en los lugares donde antes creció el bosque del janchicoco, habrá que esperar entre 25 a 35 años para que empiecen a florecer y fructificar después del primer año.
“Todo depende de cuán rigurosos sean los impactos derivados de las heladas, que últimamente incluso afectaron a la tasa de fructificación del janchicoco”, advierte la experta.
Dice que primero hay que garantizar que no vuelvan a ocurrir quemas provocadas por la gente en el área protegida (la primera de Chuquisaca en el Sistema Nacional). Es indispensable organizar en forma urgente una norma para analizar las causas y efectos de estos eventos.
“El castigo por semejante crimen debe ser una multa y cárcel, pues no es la primera vez que sucede, pero el ANMI no comunica ninguna advertencia ni ejerce acciones para cumplir con la ley y otras disposiciones legales que respaldan el funcionamiento del área protegida, para cuidar el janchicoco, el oso andino y el bosque nativo, además de las dinámicas naturales a nivel ecológico”, manifiesta.
Añade que el janchicoco es un símbolo patrio, por ello, se debería cuidar, con más razón, su población que no solo está en el ANMI El Palmar. “Como nadie instaura normas ni procedimientos que cautelen el buen estado de conservación de esa especie, y como es una palmera longeva que acumula mucha biomasa, el peligro de que se incendie es permanente”, advierte.
Recuperar los bosques
Moraes indica que lo primero que deben hacer el ANMI y el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap) es asumir su rol (con la sociedad boliviana) de cuidar las áreas protegidas, que fueron creadas por ley y decreto supremo.
“Hacer nada es incumplir el mandato para el cual fueron designados y esto afecta a todo el personal que es parte de esas instancias gubernamentales. Entonces, la sociedad de Bolivia los demandará por incumplimiento de deberes”, explica.
La profesional sostiene que es importante que el ANMI, junto con organizaciones académicas y ambientales de Chuquisaca, analicen las causas del por qué la gente provoca los incendios.
“Aunque la categoría sea de manejo integrado, eso no excluye que en primer lugar es un área protegida y por ley. Deben incorporar sus actividades socioeconómicas bajo el funcionamiento destinado a la conservación de la naturaleza”, reclama la bióloga.
Concluye explicando que se tienen que asignar fondos para instaurar desde ahora programas de recuperación de las áreas afectadas: con medición de las superficies, implementación de viveros, evaluaciones periódicas, capacitación y orientación a los lugareños. “Frente a semejante daño, el castigo tiene que ser ejemplar para quienes participaron de este crimen contra la naturaleza”, sentencia.