El Negro, otra vez
El Negro es, ps, el Negro.
El Negro es, ps, el Negro.
Y, aunque eso sea tan fácil de decir, y entender, es difícil ser negro en Bolivia.
Lo primero es que usar “negro” como apelativo puede ser ofensivo y peor aún si lo haces con un afroboliviano. Los malditos racistas han hecho que ese NEGRO en grado heroico y fuerte se haya degradado al extremo de que se lo interpreta como insulto. Ahora (y con la Ley 045 de por medio) es mejor decir africano o afrodescendiente. Dependiendo del país del que se trate, se puede hablar de afroperuano, afrocolombiano o afroecuatoriano. Incluso puedes llamarle “persona de color” pero, ¡guay si le dices negro o negrito!
Mientras eso pasa con el intríngulis de la inclusión y la política, los negros, aquellos que no somos afrodescendientes directos, sino mediante un semicírculo que nos lleva al mismo punto racista a donde llega la mezcla de africanos e indios, seguimos siendo negros porque no somos de color, sino que somos oscuros, morenitos. A mí me gusta decir que mi piel es color chancaca bajito pero nadie me da bola. Soy más oscuro que otros y punto. Y eso me convierte en un negro.
Pero yo soy negro de tono, y de alma, mientras que el Álex Ayllón es el Negro, con mayúscula y énfasis en el artículo masculino.
“¿Cómo describe el Negro al Negro?”, le pregunto y el Negro se tira una risotada.
¡Ja, ja, ja!
Pero luego se pone serio y lo admite: “¡qué gran pregunta!”.
…
—Primero que no es un Negro de verdad pero que le gustaría serlo, quizás en la otra vida, pero, mientras tanto, pueden llamarme así, con cariño, creo que me lo he ganado.
Y es que a este Negro no le ofende que le digan negro.
Es más… este man (pues así habla) tiene un poema con el título “Ser un negro de verdad” en el que larga sus negras confesiones:
“No soy un negro de verdad. Lo sé y es triste. Nadie despierta de la noche a la mañana siendo un negro de verdad y punto. Para ser un negro de verdad no sólo tienes que tener la piel oscura. Tienes que sufrir en la vida para ser un negro de verdad. Tienen que haberte dicho “negro de mierda” alguna vez. A mí me lo han dicho un par de veces con ese mismo tono, con ese mismo desprecio que deben sentir por los negros de verdad. Entonces piensas que sacarles la mierda no basta, hay que sacarles la mierda dos, tres, cuatro veces, las veces que sean necesarias, para que sepan lo que es ser un negro de verdad. Pero el universo es negro y nadie puede hacer nada al respecto. Nada brilla a plenitud en la claridad. Todo lo que conmueve entrega su belleza a la oscuridad. Las estrellas, la luna, el resplandor del agua, el cristal de tus ojos que se disuelven en un destello como el relámpago. La vida cuando es vida es una negra vida. Una vida danzando en la sangre. Esa vida proviene de algún lugar, de algún origen remoto, cuando el planeta comenzó a ser planeta, cuando los ríos comenzaron a ser ríos, los mares a ser mares, los tambores a ser tambores. Por eso la gracia cuando un negro canta, por eso la gracia cuando un negro hace el amor, cuando corre, cuando baila, cuando se trenza el pelo como se trenza el alma. Cuando ríe un negro, ríe la vida. Cuando llora un negro, llora la muerte. Pero no soy un negro de verdad. Lo sé y es triste. La gente, que siempre es mala, pasa por mi lado y me dice: “Pero hasta cuándo las mentiras, Negro. Tú no eres un negro de verdad. Aceptémoslo”. Y sí, lo sé y lo acepto, pero quizás en otra vida pueda ser un negro de verdad. Mientras tanto, me conformo con que me llamen Negro. Eso sí, con cariño. Creo que me lo he ganado”.
Es que el Negro es, ps, el Negro.
Escritor, artesano… trapecista
En Sucre, todo el mundo conoce al Negro Ayllón. Saben que es escritor porque ha traducido sus desvaríos al idioma humano y los ha llut’ado en esos papeles que nos gusta llamar libros. Este domingo, día de San Jenaro de Nápoles y San Ciriaco de Buonvicino, el Negro presenta otro poemario y, como no podía ser de otra manera, juega con las letras desde el título “P(R)OEMAS”.
“¿Proemas?, ¿qué es, ps, eso?” Claro. Para los negros ignorantes como yo, entender esa exquisitez es difícil. Intento encontrar parecido con “proemio”; es decir, aquel “prólogo, (o) discurso antepuesto al cuerpo de un libro” pero, para desasnarme, vuelvo a preguntar al Negro:
—Ché… ¿Por qué “P(R)OEMAS”?
Y el Negro confiesa sus negras intenciones:
“El género que yo desarrollo se llama prosa poética, prosas que se tiñen de poesía y poesía que a veces se contamina de prosa. Es un género híbrido que me permite experimentar y mover el hecho poético en diferentes direcciones y formatos”.
Y, pucha, sí… poesía nomás es, pero en prosa:
“Me tomas de la mano y me sumerges en tu océano. Estamos bajo el agua. De pronto, todo es líquido. La materia del cuarto flota: la cama, las sillas, la mesa, las cenizas de Gramsci, las cartas de Kafka, nuestros besos. Un trasatlántico pasa sobre las montañas del abismo. Algunos fantasmas saludan desde su cubierta, y un gato con patas de rana nos lame la espalda. Vamos a nadar — me dices—, antes de perdemos rumbo a los acantilados. La noche respira por las branquias del deseo. Tritón toca su caracola para que echen a volar los gigantes. Tus olas se elevan por sobre los continentes. Cierro los ojos para soportar la fuerza de tu embestida. Sobrevivo. Asomo la cabeza fuera de la marejada. Miro alrededor. La noche es calma. Tu cuerpo es una bahía” (“Bajo el agua”, Álex Ayllón”)
Esa es apenas una muestra de lo que se puede encontrar en “P(R)OEMAS” que, además, son “Los cuadernos del Feis”, las confesiones que el Negro Ayllón hizo públicas en esa cada vez más desprestigiada red social.
Y es en este libro que encontramos al Negro artesano y al Negro trapecista. ¿Trapecista? Sí, trapecista. Porque así se confiesa él:
“Soy un trapecista. Mi padre también lo era. Me gustaba verlo saltar de palabra en palabra, de nube en nube, de esperanza en esperanza. Yo hago lo mismo, y aunque no espero superarlo, vuelo dando saltos mortales, dibujando versos en el aire entre luces de color, sólo para impresionarte. Algún día caeré al vacío, como todos los de nuestra especie, y no habrá una red que me contenga. Entonces es posible que ocurra un milagro y una mano sujete mi mano. Que esa mano sea tu mano”.
Y es que este Negro, al que María Auxiliadora Balladares llama “bohemio alcoholizado” e “ironista radical”, es, también, “el niño que adora a sus padres, el hombre melancólico y sensible”… yaaa… pero sí… el Álex evoca siempre a su padre, Eliodoro Ayllón Terán, el que pidió la palabra y se quedó con ella.
Negro poeta, Negro prosista, Negro “proesista”… será este Negro quien represente al sur del país este domingo, en el salón Hilda Mundy de la vigesimoquinta versión de la Feria Internacional del Libro de La Paz. Allá estará él, aquí estaremos nosotros. El libro, como siempre, se quedará para siempre •