Sinfónica para Sucre
Álvaro Monrroy, director de la Orquesta Musikal Sucre y de la Orquesta Universitaria, inició la construcción del futuro Centro Sinfónico donde se formarán los músicos que integrarán la Orquesta Sinfónica de Sucre.
Álvaro Monrroy, director de la Orquesta Musikal Sucre y de la Orquesta Universitaria, inició la construcción del futuro Centro Sinfónico donde se formarán los músicos que integrarán la Orquesta Sinfónica de Sucre.
Un sueño largamente anhelado, durante décadas, por muchas personas y músicos que aman la música clásica, llamada también culta o académica, se concretará en una realidad gracias a un proyecto particular que es encarado por Monrroy.
Este reconocido profesional, sucrense de nacimiento, trabaja desde hace casi 20 años formando a músicos en la capital, y creó algunas orquestas que están bajo su dirección.
Relata a ECOS que el trabajo que realiza le permitió contactarse con músicos nacionales y extranjeros que llegaron a la capital, temporalmente, no solo a dictar clases y vivir, sino a compartir su pasión por la música.
Con la experiencia laboral que fue adquiriendo, es un convencido de que a Sucre le hace falta contar con una orquesta sinfónica que sea sustentable, regular y a largo plazo.
“Muchos pueden proponer hacer la Sinfónica de Sucre a corto plazo, pero trayendo invitados de otros lados para tocar en algunos eventos, solo para eso. Pero la idea es formar gente de aquí para que se queden y el proyecto sea constante”, detalla Monrroy.
Formación de niños
La idea de este reconocido músico, intérprete de música culta, es formar a niños y adolescentes hasta de 15 años, para que tengan dominio sobre el instrumento orquestal y se pueda conformar con ellos un elenco musical, con el apoyo de Musikal Sucre y el taller de la Orquesta de la Universidad San Francisco Xavier.
La idea es contar con personería jurídica y una fundación para tener una orquesta sinfónica de alto nivel, agrega.
Explica que se formará a los estudiantes con distintos instrumentos orquestales, comenzando con los de cuerdas sinfónicas (violines, violas, violonchelos y contrabajos).
Se trabajará con unidades educativas locales para seleccionar a los chicos más talentosos. El propósito es que comiencen su formación con música académica.
“El objetivo es formar una orquesta estable en un plazo de cuatro años, para el Bicentenario de Bolivia. Si es posible con el apoyo de las instituciones culturales locales”, detalla.
La orquesta sinfónica estará integrada por 40 o 50 músicos. Monrroy hará las gestiones necesarias para traer, después de la pandemia, a instructores de conservatorios de música de Europa para la enseñanza de los instrumentos de viento.
“Con una buena base de cuerdas y una sección de vientos, de metal y de madera, y percusiones sinfónicas, se puede comenzar a trabajar sin necesidad de mucha instrumentación. Por ejemplo, con obras de Wolfgang Amadeus Mozart”, indica.
Para conseguir otros instrumentos musicales, propios de una orquesta sinfónica y de precio elevado, posiblemente recurran a donaciones. Pero, por ahora, lo que más se necesita es un ejército de cuerdas, trabajando con los colegios, anuncia Monrroy.
Dice que una orquesta no solo es la imagen de una ciudad, sino un movimiento total de cultura. Motiva a los niños y adolescentes a aprender a tocar instrumentos, además ofrece una gran oferta de repertorios de música universal que la gente puede presenciar en vivo y no solo mediante las redes sociales.
“Disfrutar en vivo de la energía de una orquesta es otro tipo de experiencia”, afirma.
Al mismo tiempo, una orquesta sinfónica recupera a la juventud, que aprende a trabajar en equipo, a tener metas a corto y largo plazo; les ayuda a alejarse de otros males sociales, porque tienen un modelo y una meta para seguir artística y socialmente, ya que el lenguaje musical es universal.
Infraestructura
Monrroy cuenta a ECOS que, después de conversar sobre su proyecto particular con su familia, recibió el respaldo total de ella.
El Centro Sinfónico se construirá en una propiedad que Monrroy tiene en la calle final Camargo. Con ese fin, sacó un préstamo bancario con un monto considerable para la construcción de la primera fase. Se comenzó con la edificación de la sede de Musikal Sucre, que a futuro será el Centro Sinfónico.
Todo el proyecto requiere de una inversión total de Bs 1.500.000. “Voy a invertir hasta lo último que tengo para concluir el proyecto. Ya tengo todo planificado para que, cuando yo no esté, otras generaciones se hagan cargo”, expresa emocionado.
Se trata de un terreno de 298 metros cuadrados donde se construirá un edifico de tres plantas, diseñado por el arquitecto Jenner Gómez y supervisado por la Consultora & Constructora ECVA, a cargo del equipo de ingenieros María Rocío Vacaflor y su padre Juan Carlos Vacaflor, según las indicaciones de Patrimonio Histórico.
Como es una superficie rellenada, se está cavando un subsuelo para erigir el auditorio subterráneo de ensayos y grabaciones de orquesta.
En los dos pisos restantes se edificará aulas de ensayo seccionales, para vientos y cuerdas, un pequeño auditorio para música de cámara y espacios destinados a los talleres.
“Me costó mucho hacer aprobar el plano por las regulaciones y todo lo demás, pero, felizmente entendieron que es para Sucre y autorizaron la construcción. Eso es lo que estábamos esperando para empezar con la construir”, explica el estudioso.
Monrroy quiere tener una sede donde los chicos puedan pasar clases y ensayar sin preocuparse por la infraestructura.
En estos más de 15 años ha formado a varios alumnos que ahora cursan estudios superiores o ya son profesionales. Los mejores también están enseñando a los niños. Ellos podrían ser los maestros, concluye.
Sinfónicas en Bolivia
En Bolivia actualmente hay cinco orquestas sinfónicas. La principal es la Orquesta Sinfónica Nacional, que está en La Paz; la Orquesta Sinfónica de El Alto, la Orquesta Sinfónica de Santa Cruz, la Orquesta Sinfónica Hombres Nuevos de Santa Cruz y la Orquesta Sinfónica de Cochabamba.
Oruro tiene otra orquesta, aunque funciona de manera itinerante. En Tarija también hay una orquesta juvenil que apunta a ser una sinfónica, una vez que se complemente los instrumentos necesarios •
¿Qué importancia tiene una orquesta sinfónica en la sociedad?
Para Carlos Spíndola, columnista mexicano de “Dinámicas Sonoras” especializado en música clásica en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), una orquesta sinfónica es la voz de la sociedad a la cual representa. Es su embajadora en cualquier evento musical.
Spíndola también es economista titulado de la Universidad José Vasconcelos de Oaxaca, es maestro de Políticas Públicas en el ITAM y conductor de programas educativos y culturales de radio y televisión, respectivamente.
Dice que una orquesta sinfónica siempre será el máximo símbolo artístico de una determinada ciudad o país, porque representa lo más alto de la forma de expresión colectiva.
Asimismo, expresa que la música no es un lujo, cumple la función social de cohesionar, de generar armonía, de preservar el legado sonoro de tiempos pasados y de transmitir otras épocas. Tiene la misión de dar voz al propio tiempo.
“Una orquesta no es un lujo ligado al entrenamiento de un grupo pequeño. Ese es un error de concepción sobre una orquesta sinfónica. Ellas forman parte de un sistema musical y educativo, que le dan cobijo para que tenga sentido en sí misma la existencia de la orquesta. Porque si solo se piensa en un conjunto musical, se está hablando de la parte más refinada y alta de lo que se entiende es un sistema”, expresa Spíndola.
Además, se apoya al sistema musical en conjunto: que va desde la formación del público, de los niños en las escuelas primarias y secundarias. Es decir, socialmente se valora el trabajo del músico y del artista que cree en un proyecto musical, pues eso significa mucho para su crecimiento y retroalimentación con el público.
“No hay que ver a una orquesta sinfónica como un lujo o como una carga administrativa que no hay que tener, sino como parte de lo más importante y valioso que debemos poseer como sociedad”, concluye.