El valor del Cerro Rico

La riqueza argentífera que contienen las entrañas del Cerro Rico de Potosí era ya conocida por los pobladores prehispánicos de esta región quienes llegaron a considerar a esta montaña como un lugar sagrado.

El valor del Cerro Rico El valor del Cerro Rico Foto: Cristian Arysmendi

Gilka Azurduy Alarcón
Ecos / 27/10/2021 02:45

La riqueza argentífera que contienen las entrañas del Cerro Rico de Potosí era ya conocida por los pobladores prehispánicos de esta región quienes llegaron a considerar a esta montaña como un lugar sagrado. En la época colonial, una vez tomada posesión del cerro por capitanes españoles en 1545, en nombre del rey Carlos I de España —Carlos V de Alemania— se procedió a la explotación de la plata de las minas de la waka P’utuxi.

El trabajo que se realizaba, en un principio, necesitaba de los huayradores; es decir, de aquellos indígenas que conocían el empleo de las huayrachinas, que eran una especie de hornos verticales, con varios orificios en toda su estructura, que permitía el paso del viento, elevando la temperatura a tal grado que derretía el metal de las piedras introducidas en ese “horno” que, tenía un recipiente ubicado en la parte inferior donde se recolectaba la plata fundida.

Después de la llegada del Virrey Francisco de Toledo a Potosí, en 1572, se produjo una revolución industrial que cambió por completo la extracción y procesamiento minero en esta región. Él introdujo el uso del azogue o mercurio, con lo cual ya no se debía derretir el metal argentífero, sino triturarlo y extraerlo mediante el proceso de la amalgamación.

El mercurio es un metal líquido que hasta hace poco se empleaba en las amalgamas de las muelas o en los termómetros y fue utilizado aquellos años —como imán— para extraer la plata en su máxima pureza. El proceso comenzaba con la molienda de los minerales extraídos de las minas, las cuales, entre su composición, tenían cobre, estaño, zinc y otros que no les interesaba mucho extraer en ese entonces. 

Para pulverizar el mineral, se utilizaban los quimbaletes, una especie de batanes gigantescos activados por dos personas que luego fueron sustituidos por los morteros accionados por la fuerza de la rueda hidráulica de los “Ingenios mineros”, que también fueron mandados a construir por Toledo y se erigieron desde el área del Kari Kari hasta las cercanías de Tarapaya, abarcando casi 5 leguas de extensión. Después de moler los minerales, ese polvillo, era introducirlo en unas tinas que contenían mercurio, éste “encapsulaba” la plata formando una especie de burbuja o masa, llamada pella.

Huancavelica, en el Perú, dotó de mercurio a Potosí desde el siglo XVI y era tal la producción minera en la Villa Imperial que Potosí consumía siete mil de los 10 mil quintales que se producía en esa región peruana.

Una vez que el azogue había encapsulado a la plata, se formaba como una especie de nata en la parte superior del recipiente y para extraer toda la plata, se empleaban dos lienzos mojados que exprimían incluso dando golpes, apartando lo más que se podía el azogue. La pella seca que quedaba después de ese proceso, tenía una forma muy parecida a un ananá, por eso eran conocidas como “piñas de plata”.

Esas piñas de plata, eran pasadas luego a un horno de reverberación, donde se terminaba de evaporar los restos de azogue impregnados en la plata.

Después de este arduo trabajo que se realizaba en los ingenios mineros, esas piñas de plata llegaban a la Casa de Moneda, para ser convertidas en lingotes y monedas. 

No fue sino gracias a la construcción de una treintena de lagunas artificiales en las montañas del Kari Kari, que son una obra maestra de ingeniería, en las que se recolectaba el agua de las lluvias en la época de diciembre a marzo y el agua del deshielo de las nevadas en invierno; además una gran parte de la población potosina, hoy aún recibe el agua de esas lagunas. 

Nada de esto habría quedado en Potosí sin la existencia de la riqueza del Cerro Rico, que hizo posible la acomodación de familias acaudaladas en esta ciudad, cuyo legado son sus imponentes viviendas y sus dádivas que hicieron posible la construcción de los templos con muros de piedra y adobe, que hacen de Potosí una ciudad museo sin igual.  •

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  • Cerro Rico de Potosí
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