Estandarte tiwanacota
La reacción desproporcionada del gobierno por una supuesta afrenta a la wiphala volvió a poner el tema de ese símbolo en debate. La polémica estaba caliente hasta que mucha gente se dio cuenta que, por ahí, se había aprobado algunas leyes sospechosas…
La reacción desproporcionada del gobierno por una supuesta afrenta a la wiphala volvió a poner el tema de ese símbolo en debate. La polémica estaba caliente hasta que mucha gente se dio cuenta que, por ahí, se había aprobado algunas leyes sospechosas…
Pero, mientras duraron, las discusiones fueron sabrosas, especialmente por las teorías, generalmente sin pruebas, que manejó el gobierno respecto a la antigüedad de la wiphala que un cada vez más divertido ministro estimó en 15.000 años.
Frente a esas versiones, sectores intelectuales respondieron que la wiphala es una invención reciente, tanto que se la data en 1978, cuando un diputado del Movimiento Indígena Pachakuti, Germán Choquehuanca, hizo lo que Rafael Archondo llama una “reinterpretación meditada de algunos motivos dispersos, fotografiados de la cerámica precolombina, la pintura colonial o los tejidos comunitarios”.
Ahora bien, cuando se reinterpreta se da a algo un significado que no tenía antes y eso no es inventar.
Como fuere, lo cierto es que las representaciones de colores, signos y símbolos son una constante en las culturas humanas y las andinas no son la excepción. Así, ya en el año 1953, el investigador Luis Soria Lens, estudioso de la gramática aimara, reportó la existencia de “un hermoso estandarte pintado en ese farallón que se halla a veinte pasos de la casa de hacienda de los Encinas, propietarios de la hacienda Khopakati”.
El hallazgo está descrito en el artículo titulado “Un estandarte tiwanakota” que se publicó el 6 de agosto de 1953 en el periódico La Nación y está actualmente resguardado en la hemeroteca del Archivo y Biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí fue encontrado por el investigador José Eduardo Pradel Barrientos.
El artículo es un “homenaje al compañero campesino, en el día consagrado a su recia estirpe”, y dice, entre otras cosas que la pictografía encontrada al pie del cerro Pfasankhallani, entre Khepakati y Lekkha de Copacabana es un “hermoso pendón tiwanakota magistralmente ideado por sus creadores, los cultos aymaras de aquellos remotos tiempos, acaso en conmemoración de algún gran triunfo, o para marcar la culminación de su cultura en la plenitud del apogeo de Tiwanaku…”.
Se trata, entonces, de una prueba de representaciones pictográficas y coloridas, con significados que deben estudiarse, al igual que su relación con la wiphala. No es una bandera, en el sentido occidental del término, sino un estandarte.
Eso sí… al ser tiwanakota —y kolla, puesto que se la califica de aimara—, no puede ser considerado un símbolo nacional y menos imponerse a los pueblos de tierras bajas, cuyas culturas son diferentes.
Aunque deteriorada, la pictografía todavía existe y Pradel la fotografió en 2019.
Algo más sobre la antigüedad de la wiphala: esas coloridas banderas pueden encontrarse en el cuadro “La entrada del arzobispo virrey Morcillo en Potosí”, pintado en 1716, pero esa es otra historia… •