Chuquisaca prehistórica (IV): Formaciones sociales complejas
La morfología en el campo de la geografía estudia las características de la superficie de la tierra, sus formas.
La morfología en el campo de la geografía estudia las características de la superficie de la tierra, sus formas. Los valles bolivianos se caracterizan por extenderse en una franja de norte a sur; hacia el este, corre paralela al frente subandino (yungas) que es la entrada a la cuenca amazónica; por el oeste se encuentra la cordillera de los andes orientales y la Cordillera Real en medio se sitúa el imponente altiplano boliviano.
El territorio de los valles bolivianos se caracteriza por ser de configuración rugosa e irregular, colinas y serranías cortadas por importantes corrientes de agua que muchas veces se inician en manantiales que desembocan en torrenteras, arroyos, riachuelos y ríos dirigiendo sus aguas a las cuencas del Amazonas o del Plata. Estas condiciones geográficas abruptas, de pendientes pronunciadas o importantes desniveles, hace e hizo que los campos de cultivo sean de extensiones limitadas, muchas veces próximas a los lechos de estas corrientes de agua; para las poblaciones agrícolas es de importancia vital, varios de los campos de cultivo que se usaron en el periodo prehispánico son utilizados actualmente en las labores agrícolas. Es por eso que, de vez en cuando, los habitantes de esas tierras encuentran restos arqueológicos al desarrollar sus faenas. La altitud oscila alrededor de los 2.000 metros sobre el nivel del mar.
Estas condiciones geográficas determinaron las condiciones de desarrollo que se dio en la población creciente que se asentó en estos espacios. La dispersión que transcurrió en varias centurias fue un factor sobresaliente en los procesos seguidos de aquellos grupos humanos poco numerosos en el Período Formativo requerían una fuente de agua, espacio para sus habitaciones con cierto nivel defensivo y campos de cultivo para sus miembros, que no eran numerosos.
Sin embargo, en la zona de los valles bolivianos se presentan algunas “pampas”, terrenos planos y amplios, que cuentan con ligeras depresiones y manantiales de agua; resultan con esas condiciones aptos para las labores agrícolas y por supuesto para albergar un mayor número de población; dadas las condiciones de supervivencia que proveen.
Los entornos próximos a las cuencas donde convergen torrenteras y riachuelos, ríos de mayor flujo, es decir con mayor movimiento y acopio de agua; presentan también en sus entornos extensiones considerables de terrenos aptos para la agricultura, por la situación deprimida en que se encuentran suelen tener mayor humedad ambiental y en algunos casos microclimas que son favorables para la producción de ciertos productos agrícolas, lo que resulta en ampliación de la dieta y en la salud de aquellas poblaciones.
En los Departamentos de Chuquisaca, Potosí, Cochabamba y Tarija, principalmente, las principales formaciones sociales que se desarrollaron están situadas y próximas a estas extensiones de tierras aptas para las labores agrícolas.
Los grupos humanos, de indudable naturaleza gregaria, que de ser cazadores y recolectores pasaron a la fase de la sedentarización que es definida como el Período del Formativo, se establecieron en pequeños grupos que fueron creciendo por anexión, de todas las formas imaginables, desde intercambio genético hasta imposición. Cada uno de estos procesos ocurrió en largas centurias, en diferentes momentos y en distintos espacios geográficos. Algunos de ellos se encontraban más avanzados que los otros y con mayor nivel de desarrollo u organización; sería un error suponer que los cambios de períodos estuvieron marcados por alguna circunstancia específica; en todos los casos estas reformas fueron paulatinas, graduales y en extensos periodos de tiempo; dependiendo de una amplia diversidad de variables, entre ellas, las meteorológicas y las condiciones geográficas que proporcionaban los recursos de su localización o asentamiento.
Al ser todos grupos agrícolas, es indudable que compartieron parcialidades de los campos proclives para la agricultura. Mientras más amplios estos, mayor número de grupos asentados en sus entornos. La proximidad entre unos y otros sin duda generaba conflictos de distinta naturaleza, que se sucedían de forma sucesiva y continua como es natural. Es lógico entender que tuvieron que resolverse estas crisis. La forma lógica fue, en el mejor de los casos, la organización de las fuerzas productivas para aprovechar de mejor modo posible los recursos naturales, estructurando los factores de producción; intercambio de técnicas agrícolas y de otros tipos, por ej. Elaboración de la cerámica o herramientas y armas; manejo y distribución de la tierra; derechos y obligaciones, etc.
El primer elemento o factor de las fuerzas productivas es el hombre, el ser humano amplía su capacidad mediante los instrumentos o sistemas de producción, es decir la organización social. El hombre es el elemento principal de la fuerza de trabajo. La ampliación cualitativa y cuantitativa de la aplicación de la “fuerza de trabajo” depende de la calidad y cantidad de los instrumentos disponibles: recursos naturales y técnicas para su aprovechamiento adecuado y continuo. La medida de esta fuerza o capacidad de producción es lo que determina el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que establece la estabilidad de supervivencia del grupo. Todos estos procesos requieren de sistemas de organización social que pudieron ser de diferente naturaleza: desde sistemas totalitarios con un poder absoluto hasta divino, o bien de organización abiertamente sociales de decisión colectiva. Es el periodo que definimos como el de las Formaciones Sociales Complejas. La arqueología permite estudiar las fuerzas productivas de modo directo a través de los restos arqueológicos •