Revivir la historia

Amalia Villa de la Tapia, la potosina que se convirtió en la primera aviadora de Sudamérica, revivió para sus coterráneos y, bajando las escalinatas de la Casa Nacional de Moneda, aterrizó en medio de ellos para contar su historia en la “XI Versión de la Noche del Museo y sus personajes”

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Revivir la historia Foto: José Luis Castro Coronado

Amalia Villa de la Tapia

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    Gilka Brigitte Azurduy Alarcón
    Ecos / 08/12/2021 00:16

    Amalia Villa de la Tapia, la potosina que se convirtió en la primera aviadora de Sudamérica, revivió para sus coterráneos y, bajando las escalinatas de la Casa Nacional de Moneda, aterrizó en medio de ellos para contar su historia en la “XI Versión de la Noche del Museo y sus personajes”, una de las actividades culturales más esperadas por toda la población.

    Esta actividad permitió conocer un poco el por qué algunas de las calles o avenidas de la ciudad de Potosí llevan sus nombres y transportó a los visitantes a épocas en las cuales las escenas representadas permitieron ahondar en detalles históricos que han quedado en el olvido.

    La visita comenzó con la participación del Ballet Cima de Plata, cuyos bailarines mostraron la elegancia y sutileza de la cueca potosina; en la segunda escena se vio representados a los gremios que formaron parte de la sociedad potosina durante la época colonial, muchos de esos oficios desaparecidos hoy en día, como el gremio de los azogueros, de chocolateros y de plateros; quienes gozaron de gran popularidad y reconocimiento en aquellos años.

    Luz Gabriela Encinas Rodríguez, ganadora del primer lugar del Concurso de Cuenta Leyendas organizado por el Archivo y Biblioteca de la Casa Nacional de Moneda, relató “Justo el mendigo” y Javier Quispe Paco, ganador del segundo lugar, narró “el Amor al diablo utiliza”. Luego, el público pasó a conocer la historia de la “Calle de la zapatera”, hoy calle Hoyos entre las calles La Paz y Porco.

    La siguiente escena llevó imaginariamente a los visitantes a los primeros años de la vida republicana de Bolivia, cuando el gobierno ordenó “blanquear” los edificios principales. Por ello se procedió a cubrir los muros pétreos de la Casa de Moneda.

    En la sala de muebles se hizo la representación de la “Organización de las Cofradías”, la cuales incluso llegaron a tener rivalidades que culminaban en la realización de andas, vestidos y joyas de cual, a mejor, mostrando así la devoción materializada en la opulencia que mostraba la imagen del Santo o Virgen, al salir en procesión.

    Posteriormente, el público pasó a conocer los detalles de la muerte del entonces diputado por Potosí, José David Berríos, cuya carroza fue arrastrada por el río cuando se dirigía a tomar el tren a la estación de Río Mulatos, para posteriormente dirigirse a la ciudad de La Paz. Muchos visitantes salieron con lágrimas en los ojos porque la puesta en escena y los efectos de sonido y luces hicieron vivir a todos esa trágica noche. 

    La algarabía del público se dejó sentir en la representación de la llegada del tren a la ciudad de Potosí, para cuya inauguración llegó el entonces presidente de la República Eliodoro Villazón, motivo por el cual esa avenida, ahora, lleva el nombre de ese ex presidente.

    Para cerrar con broche de oro esta actividad, se tuvo la representación de Amalia Villa de la Tapia, la primera piloto boliviana y una de las primeras de Sudamérica, una orgullosa potosina que rechazó la ciudadanía peruana y varios premios y reconocimientos que habría tenido de haber renunciado a decir que era potosina, aunque ahora sus coterráneos se hayan olvidado de ella. 

    Decenas de personas hicieron fila desde muy temprano para poder participar de este evento gratuito, manteniendo las medidas de seguridad que corresponden. Los asistentes disfrutaron de cada uno de los relatos de los personajes que año tras año se hacen presentes en el museo más importante de nuestro país, la Casa Nacional de Moneda.

    (*) Gilka Azurduy es guía del museo de la Casa Nacional de Moneda.

    (**) José Luis Castro es jefe de museo de la Casa Nacional de Moneda. 

    Algo sobre Amalia

    Gaby Vallejo Canedo

    Pregunté por ella. Era el vacío. Nadie la recordaba.

    Muchos años de mi vida estuve buscando con qué pagar los viajes y los amigos que me dio la escritura. Buscaba cómo devolver tanto grato momento. Quería que fuese con el rescate de la vida de una mujer olvidada. No me comunicaban esa emoción las heroínas bolivianas que ya ocupaban un sitio en la historia. Buscaba otra mujer que me sacara de mi mundo de personajes literarios, de papel en el fondo, hasta que la hallé: Amalia Villa de La Tapia.

    Entonces pregunté por ella. Era el vacío. Nadie la recordaba. Mi desafío empezó.

    La admiración por aquella pionera de la aviación boliviana, que fue la primera en Sudamérica, la sorprendente colecta que hizo Potosí para comprarle un avión, sus fotos y el rechazo a sus servicios del Gobierno boliviano, me causaron una profunda impresión. Pero Amalia se quedó detrás de muchos velos de vida, esperando el momento. 

    Un día, en el aeropuerto de París, volvíamos a Bolivia con Rosario Moyano desde Seúl, Corea y teníamos una larga espera para la conexión aérea. Mientras conversábamos apareció la charla sobre la aviación y la significación de los vuelos para la humanidad.  Entonces Amalia destapó los velos de la memoria. Hablé a Rosario sobre Amalia, sobre el extraordinario hecho de que fue la primera aviadora boliviana y ella, Rosario, la había oído nombrar. Su padre, que era aviador retirado tenía tres tomos de “Alas de Bolivia” que Amalia Villa de La Tapia había escrito sobre la aviación boliviana. Fue la primera llave de las puertas secretas y cerradas de Amalia.

    Fui a la casa del señor Alberto Moyano, padre de Rosario y volví cargada de los tres tomos. Tenía en mi poder la segunda llave. ¡Qué descubrimiento! Ella había indagado con tanto profesionalismo, un territorio que no interesaba a muchos, el de la aviación en Bolivia. Los libros eran valiosos textos de información ordenada, ilustrada con documentos, fotos, fragmentos de libros sobre aviación. Allí estaba Amalia, con pocos datos sobre su vida, unas fotos, huellas, claves de su existencia. La sobriedad con que se mostraba en medio de 1.438 páginas impresas, hablaba mucho de su equilibrio, de su dignidad.

    Nota del editor.- El anterior es parte del libro “Amalia, desde el espejo del tiempo”, de la celebrada escritora Gaby Vallejo. 

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