Bullying: una forma de violencia
Hace una semana, el mundo entero se estremeció con una noticia desgarradora: un niño de 12 años se quitó la vida como respuesta al acoso que sufría en la escuela.
Hace una semana, el mundo entero se estremeció con una noticia desgarradora: un niño de 12 años se quitó la vida como respuesta al acoso que sufría en la escuela. ¿Cuán profunda debe ser la sensación de desesperanza para decidir dejar de vivir? Escribo estas líneas pensando en los niños y niñas que viven situaciones similares, manifestando impotencia, miedo y frustración; las cuales son emociones que generan un desbalance de nuestros recursos internos frente a una amenaza. Muchos de ellos no tomarán una decisión como la de Drake Hardman, sin embargo, llegarán a la edad adulta temerosos, inseguros y, en muchos casos, replicarán la agresión a terceros o hacia sí mismos. De esta manera, la violencia se mantendrá como una pandemia silenciosa para la cual no hay vacuna, salvo la educación, pues como dijo Mandela, es la única arma para salvar este mundo.
El caso del pequeño Drake nos ha dejado conmocionados, buscando culpables, y emitiendo juicios de valor sin comprender, ni conocer, a fondo, la situación. Personalmente, me cuestionó sobre qué estamos haciendo por la salud emocional de nuestros niños y niñas, ya que la decisión del pequeño Drake es resultado de la indiferencia de nuestra sociedad respecto a lo que realmente importa: la salud mental. Hemos estado tan ocupados con la pandemia por covid – 19 que hemos descuidado el mundo emocional de nuestra infancia y adolescencia. La herida social que esta historia ha dejado, más que críticas, debe generar reflexiones, acciones y diálogo entre las autoridades gubernamentales, los actores educativos y, por supuesto, al interior de cada sistema familiar.
¿PUEDE PREVENIRSE EL BULLYING?
Primera Ley de Murphy: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Bajo esa premisa, es fundamental anticiparse a situaciones que puedan generar malestar o tragedia, utilizando la Educación para la Salud como estrategia preventiva.
Ahora bien, parafraseando a Facundo Manes, lo más importante que tienen los pueblos, es el cerebro de su gente. Por tanto, es vital proteger y educar la salud desde la infancia si queremos, en un futuro, ciudadanos asertivos capaces de buscar un mundo mejor. Estoy convencida que desde el gobierno central debe plantearse la idea de una ley de Educación Emocional para Bolivia.
Como sociedad podemos y debemos aportar a prevenir la violencia hoy más que nunca. Vivimos una sociedad cambiante, fluctuante, como diría Bauman, líquida. Una sociedad que nos está enseñando a competir, no a vivir, y lamentablemente las redes sociales favorecen esa insana rivalidad al publicar constantemente quién tiene el mejor físico, el mejor estilo de vida, etc. La televisión y, ahora, las redes sociales, nos han desensibilizado a tal punto que parece que ahora cualquier esfuerzo no vale nada pues siempre habrá alguien más atractivo, con mejor posición económica o más fuerte.
Las redes sociales nos dan un gran poder de difusión e influencia, como dijo Elsa Punset, vivimos tiempos en los que podemos hacer mucho bien o mucho daño. Estoy segura que al evitar comentarios racistas, misóginos y discriminadores en redes sociales y en la cotidianidad, vamos a contribuir a disminuir el bullying. Los niños son muy receptivos, aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Enseñemos y formemos entonces desde la congruencia, pues la educación ayuda a descubrir quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.
EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA ESCUELA
Las emociones son respuestas innatas a situaciones externas o a nuestro diálogo interno, son inherentes a la naturaleza humana. Son nuestras compañeras de viaje, copilotos en esta gran aventura llamada vida. Por tanto, es imprescindible que nuestros niños y niñas aprendan a reconocerlas, expresarlas y gestionarlas.
Rafael Bisquerra fue uno de los pioneros en enfatizar la importancia de la educación emocional en la escuela, resaltando que los niños y niñas deben aprender a conocer y gestionar sus emociones desde la primera infancia. Este puede ser un proceso complejo ya que vivimos en un mundo “adultocentrista” que, lamentablemente, ve el ser “emocional” como una debilidad. Hoy, gracias a las nuevas investigaciones, sabemos que el desarrollo de la inteligencia emocional está asociado con el éxito y la felicidad. Es nuestra obligación, como educadores, el trabajar nuestro propio aprendizaje emocional y trasferir nuestros conocimientos, evitando, como dice el autor, una generación de “analfabetos emocionales”.
PREVENCIÓN DE BULLYING DENTRO DEL SISTEMA FAMILIAR
Se me viene a la mente una escena de la película “Extraordinario, 2017” (Recomiendo verla y analizarla en familia). En ella podemos ver la actitud cómplice de los padres de un niño agresor, quienes, en vez de utilizar la situación para hacer reflexionar a su hijo, culpan a la escuela y resuelven retirarlo de la misma. ¿Cuántas veces los padres y madres deciden ver a un lado cuando tienen a un pequeño agresor en casa? Ante esas situaciones surgen muchas preguntas: ¿El niño manifiesta conductas agresivas porque es agredido?, ¿Es la falta de atención o límites en casa una causante para generar la falsa creencia de tener poder sobre los pares? Estas reflexiones tienen una respuesta: cada situación es única y, por tanto, las causales son infinitas. Lo único cierto y validado es que un niño que haya desarrollado y potenciado su inteligencia emocional tendrá menos probabilidades de acosar a sus pares. Asimismo, un niño empático y con compasión amorosa desarrollada no será parte de un grupo que acose o violente a sus compañeros. Entonces, bajo este análisis, todo desemboca en la misma vertiente: la Educación Emocional.
La empatía, probablemente, es una de las habilidades más profundas y nobles de la inteligencia emocional ya que es producto de un complejo, sincero y profundo diálogo interno. Para lograr este proceso, los seres humanos necesitan previamente conocer su mundo emocional, saber cómo responderían ante situaciones determinadas para aproximarse a la idea sobre cómo percibe el otro, cómo siente el otro y apreciar la situación con una mirada gentil y compasiva pues la empatía sin compasión, sería sólo una lectura superficial del mundo emocional de otro. Como sociedad, debemos promover la empatía y la solidaridad en los ciudadanos como una estrategia preventiva. Niños y niñas empáticos y solidarios serán menos receptivos a validar situaciones de violencia en la escuela. Debemos enseñar que la violencia, en cualquiera de sus formas, es totalmente inaceptable.
Asimismo, es importante conversar en casa sobre discriminación. Los niños deben saber que todos somos iguales y merecemos las mismas oportunidades que otros. Estoy convencida de que el ejemplo es el mejor y el más genuino maestro de vida. Si el niño ve que sus padres respetan a los demás, también serán niños respetuosos. Si el niño vive en situación de violencia intrafamiliar, aprenderá que la violencia es una respuesta, normalizándola y extendiendo a sus relaciones en la escuela.
Enseñemos a los niños a no burlarse de otras personas. Empecemos dando el ejemplo en casa. Una vez más voy a enfatizar en esto: ¿Cómo puedo enseñar respeto si mi hijo ve que yo trato con superioridad a otras personas? Seamos coherentes entre lo que hacemos y decimos. Los niños deben saber que la escuela es un lugar para aprender, para crecer y formarse, no un lugar para competir o pelear.
Hoy, más que nunca, es vital hablar de las emociones en casa. Los niños y niñas deben ser escuchados y respetados, es primordial mantener abierto el flujo comunicacional en la familia. Niños empáticos, respetados y compasivos serán niños que respeten a sus pares y cuestionen ávidamente situaciones de violencia e injusticia social. Para eso, debemos amarlos incondicionalmente, con límites claros y establecidos que les ayuden a saber qué es correcto y que no.
Son tiempos complejos, es momento de ser parte de la solución, aquí y ahora. Cierro el presente artículo enfatizando, una vez más, la importancia de crear y promulgar una Ley de Educación Emocional en Bolivia, por Drake, por nosotros, por todos los niños y niñas. Ellos merecen crecer en entornos sanos que les permitan ser, crear y desarrollarse •
(*) Verónica Viveros es máster en Educación Emocional y Neurociencias Aplicadas.