Sociedades prehispánicas de Yura

El sur de Bolivia constituye una región diversa en términos geográficos, ecológicos y culturales.

Plataformas residenciales en asentamiento prehispánico, Desarrollos Regionales Tardíos.

Plataformas residenciales en asentamiento prehispánico, Desarrollos Regionales Tardíos. Foto: Claudia Rivera Casanovas

Estancia asociada a terrazas de cultivo y corrales del período prehispánico tardío.

Estancia asociada a terrazas de cultivo y corrales del período prehispánico tardío. Foto: Claudia Rivera Casanovas

Keru estilo Tica Tica (museo comunitario Pelca)

Keru estilo Tica Tica (museo comunitario Pelca) Foto: Claudia Rivera Casanovas

Vista de Chullpa K'hasa, centro regional Wisijza.

Vista de Chullpa K'hasa, centro regional Wisijza. Foto: Claudia Rivera Casanovas

Tazón estilo Yura (Museo Casa de Moneda)

Tazón estilo Yura (Museo Casa de Moneda) Foto: Claudia Rivera Casanovas

Valle de Yura, Potosí.

Valle de Yura, Potosí. Foto: Claudia Rivera Casanovas


    Claudia Rivera Casanovas
    Ecos / 19/04/2022 01:00

    El sur de Bolivia constituye una región diversa en términos geográficos, ecológicos y culturales. La presencia más temprana de los primeros grupos humanos que la exploraron y poblaron ha sido documentada y fechada en la región de Lípez (cueva Bautista) con una antigüedad de 12.700 años antes del presente, siendo las evidencias más antiguas de grupos cazadores recolectores en Bolivia. Desde entonces, distintas regiones fueron pobladas progresivamente por grupos humanos que se adaptaron a los distintos entornos geográficos desarrollando formas de organización social inicialmente igualitarias y economías de subsistencia diversificadas, en lo que se conoce como período Arcaico (13.000-2.000 a.C.). Con el transcurrir del tiempo, la población fue creciendo, las sociedades se volvieron más territoriales y sedentarias, surgiendo una variedad de organizaciones aldeanas que, sin dejar actividades de caza y recolección, fueron transitando a nuevas formas de organización social con una cada vez más fuerte dependencia en la agricultura y el pastoreo. En el período Formativo (2.000 a.C.-400 d.C.), se produjo una especialización en ciertas actividades económicas. Así, las sociedades enfatizaron las actividades pastoriles y ganaderas, sobre todo en regiones de altiplano, mientras que otras decidieron dedicarse de lleno a la agricultura, principalmente en los valles. Por el contrario, otros grupos mantuvieron una forma mixta de agricultura y ganadería. La interacción entre estas sociedades, a corta y larga distancia, estuvo mediada por personas que viajaron cruzando muchas veces regiones ecológicas muy diferentes, a menudo acompañadas de caravanas de llamas. 

    En la región de Yura, provincia Quijarro del Departamento de Potosí, caracterizada por altiplanicies con bofedales, cortadas por quebradas que dan lugar a cabeceras de valle con un clima más templado (Figura 1), hasta el momento no se han constatado evidencias de grupos cazadores recolectores por falta de estudios específicos. Sin embargo, se han identificado restos de pequeñas aldeas formativas cercanas a los ríos y concentraciones de cerámica en planicies altas, próximas a bofedales, que corresponderían a campamentos temporales de pastores (**).

    Ya durante la era cristiana, hacia el 400 después de Cristo, amplias redes de interacción e intercambio estaban bien establecidas sobre vastos territorios; a través de ellas circularon productos, personas y conocimientos. Para esta época, conocida en la secuencia cronológica del sur de Bolivia como período de Desarrollos Regionales Tempranos (400-800 d.C.) la demografía se había incrementado notablemente y las sociedades transitaban a formas de organización diferentes a aquellas aldeanas y de carácter generalmente igualitario. La intensificación de la agricultura evidenciada en la construcción de importantes sectores de terrazas agrícolas en los valles y cabeceras de valles, así como un fuerte énfasis en el pastoreo manifiesto en asentamientos con corrales y rutas de caravaneo son característicos en varias regiones del sur de Bolivia, especialmente en Potosí. Para esta época se identificó varios poblados que alcanzaron extensiones importantes en las cabeceras de valle de la región de Yura. Estos asentamientos están cercanos a las fuentes de agua y los caminos o rutas regionales, muchas veces a la entrada/salida de valles o regiones circunscritas. Se asocian a espacios agrícolas y bofedales mostrando la importancia de la agricultura y la ganadería en la vida cotidiana. El tamaño y la complejidad arquitectónica de los asentamientos, con la presencia de plataformas sobre las que se construyeron las casas de planta rectangular, hacen pensar en que existieron incipientes diferencias de estatus y cierta jerarquía social. 

    Por otra parte, en esta época se fortalecieron identidades regionales que se expresaron en estilos artísticos particulares plasmados sobre distintos tipos de soportes como la cerámica, tejidos, objetos de madera y cestería y las pinturas rupestres. El estilo Ticatica estuvo ampliamente distribuido en la región de Yura sugiriendo que se utilizó como un marcador de identidad grupal. A través de motivos y composiciones geométricas ya sean de color negro o una combinación de negro y rojo sobre un fondo naranja, se expresó información sobre los portadores de este estilo y sus concepciones del mundo (Figura 2). Vasijas de servir como kerus, tazones y jarritas con o sin pitón, profusamente decorados, muestran la importancia que las reuniones sociales tuvieron en la época. Aunque en la región no existió una influencia política directa de Tiwanaku, muchas prácticas, especialmente aquellas vinculadas con las actividades festivas y reuniones con un fuerte componente político, en las que la comida y bebida eran centrales, parecen haber sido emuladas y reinterpretadas bajo los parámetros locales.

    Más tardíamente, en lo que se conoce como el período de Desarrollos Regionales Tardíos (800-1430 d.C.) se ven cambios sociopolíticos notables. Gracias a los documentos y estudios etnohistóricos se conoce que en el sur de Bolivia, durante este período, se conformaron federaciones y confederaciones políticas macro regionales. La confederación Qaraqara-Charka fue una de las más grandes y prominentes de la región, incorporando dentro de su estructura a varios grupos políticos mayores como los Qaraqara.  Este grupo estuvo compuesto por al menos ocho grupos étnicos distintos entre los que se encontraban los Wisijza de la región de Yura. La estructura política de estos grupos fue dual, es decir se dividían en dos mitades, una superior y otra inferior, en la que se articulaban distintos niveles jerárquicos de ayllus menores y mayores. Gracias a los estudios arqueológicos realizados en la región de Yura y alrededores se conoce que existió una jerarquía de asentamientos con centros regionales mayores, como el de Chullpa K´hasa en el actual valle de Visijza, cerca del pueblo de Yura (Figura 3). 

    La cultura material de los Wisijza, plasmada principalmente en su cerámica y tejidos, expresaba su identidad que los diferenciaba de otros grupos sociales mayores. El estilo cerámico denominado Yura estaría vinculado con este grupo social aunque no sería el único utilizado por estas poblaciones. Se caracteriza por nuevas formas en las vasijas de servir como tazones acampanados con pedestal que reemplazan a los kerus, además de cuencos y jarritas con decoración geométrica de color negro sobre un fondo de tonalidades de naranja. Motivos de óvalos encadenados, una E invertida y “cuernitos” son los motivos característicos (Figura  4). Variaciones locales y regionales de este estilo también son comunes. Los finos tejidos elaborados con fibra de camélidos muestran listas combinadas de colores naturales como el negro, café, blanco y gris, además de diseños tejidos en faz de urdimbre. Representan rombos encadenados, zigzags y otros motivos, algunos de los cuales se asemejan a los de la cerámica.

    Ya en el siglo XV, el Imperio Inca, bajo el mando de Huayna Capac, se expandió en el sur de Bolivia. Inicialmente la Confederación Qaraqara-Charka mantuvo una fuerte resistencia militar, enfrentándose a los Inca. Luego de la derrota de las fuerzas aliadas de la Confederación, sus miembros se subordinaron al Imperio no sin antes negociar posiciones de privilegio, siendo reconocidos como guerreros del Inca. De este modo la región de Yura pasó a formar parte del Imperio Inca que estuvo interesado en intensificar la producción minera y ganadera de la región. Durante este período se formalizaron redes camineras que se articularon al gran camino inca o Qapaq Ñan, dándose un control de las redes de intercambio regionales. El interés del Imperio en la región también se manifestó en el establecimiento de centros administrativos regionales a lo largo de las rutas camineras como en el caso de Chullpa K’hasa que se convirtió en el centro regional mayor en el valle de Visijza, cuya posición estratégica permitía controlar el tráfico caravanero entre el salar de Uyuni y las regiones de Porco y Potosí, así como entre el sur de Oruro y la región de Yura e inclusive las rutas hacia el sur este como Cotagaita y la región de los Cintis en Chuquisaca. 

    Bajo el dominio Inca se mantuvo los estilos cerámicos locales con diseños de línea fina en color negro sobre distintos fondos y formas cerámicas más globulares. Por otra parte, las vasijas de servir incluyeron también platos, cuencos, jarritas y aríbalos de estilo Inca Provincial, mostrando el uso de esta vajilla de prestigio en centros regionales y contextos con una connotación política claramente expresada. Los Wisijza, como miembros de la Confederación Qaraqara, mantuvieron ciertas posiciones de privilegio dentro del Imperio. Accedieron a territorios, en forma de enclaves, lejos de su territorio de origen como mitmaqkuna del Inca. 

    La secuencia arqueológica aquí presentada muestra que los pueblos de la región de Yura fueron en el pasado, como hoy en día, pastores y agricultores, destacando sus actividades como llameros o caravaneros que realizaron viajes a regiones ecológicas distantes para intercambiar productos como la sal, charque, cueros y sogas por maíz, ají, frutos de algarrobo y otros bienes. Esta movilidad permitió no solamente acceder a recursos complementarios sino que tuvo un fuerte impacto en su forma de relacionamiento regional, forjando lazos económicos, sociales y culturales con poblaciones circundantes y aún más lejanas •

    (*) Instituto de Investigaciones Antropológicas y Arqueológicas UMSA Instituto de Investigación Antropológica y Arqueológica INIAA

    (**) Agradecemos el apoyo del directorio del Museo Comunitario Visijza para realizar investigaciones en la región de Visijza.

    Etiquetas:
  • arqueología
  • Yura
  • Compartir:

    También le puede interesar


    Internal server error