Oroncota y Yoroma

Los Yampara conformaron una de las entidades políticas más importantes de los valles del sur andino. Con una expansión territorial extensa, pero salpicada, los Yampara se expandieron por los valles de Chuquisaca, Potosí, Santa Cruz y parte del piedemonte tropical.

Meseta de Oroncota. Al fondo se ve el Rio Pilcomayo

Meseta de Oroncota. Al fondo se ve el Rio Pilcomayo Foto: Sonia Alconini

El Sitio de Yoroma

El Sitio de Yoroma Foto: Sonia Alconini

Urnas funerarias en Yoroma

Urnas funerarias en Yoroma Foto: Sonia Alconini

Vasija Estilo Yampara

Vasija Estilo Yampara Foto: Sonia Alconini


    Sonia Alconini
    Ecos / 30/05/2022 20:45

    Los Yampara conformaron una de las entidades políticas más importantes de los valles del sur andino. Con una expansión territorial extensa, pero salpicada, los Yampara se expandieron por los valles de Chuquisaca, Potosí, Santa Cruz y parte del piedemonte tropical. Debido a esto, en algunas fuentes etnohistóricas, muchos de sus habitantes son descritos como “indios de arco y flecha”, aunque en realidad este territorio fue multiétnico y ocupado por una serie de entidades políticas. Arqueológicamente, su cerámica fue polícroma, con una variedad de formas, y cuyos motivos eran rebordeados con líneas blancas. Sin embargo, existieron una serie de variantes estilísticas regionales, y que fueron cambiando a través del tiempo. Se sabe que los Yampara fueron una de las etnias que conformaron la famosa confederación Charcas del sur andino. Esta confederación estaba conformada por una serie de naciones con diferentes niveles de complejidad, lenguajes y tradiciones culturales. Aquellos asociados a los valles orientales y del piedemonte tropical incluyeron a los Yampara, Chuis y Chichas, quienes mantuvieron diferentes formas de relacionamiento con los Inkas. 

    Debido a su naturaleza multiétnica, la historia de los valles surorientales es compleja. Se sabe que la región se vio convulsionada por la creciente ola de las invasiones Guaraní desde el oriente y, por el occidente, la llegada de las fuerzas militares incaicas liderizadas por Tupac Inka Yupanqui, y más tarde, por su hijo Huayna Capac. Ante este dilema, muchos de los señores locales prestaron apoyo a los Inkas con objeto de expulsar a los invasores guaraní chiriguanos. Sin embargo, la situación no fue fácil, ya que, en varios enfrentamientos, etnias de la confederación Charcas se resguardaron en la fortaleza natural de Oroncota con el objetivo de resistir la invasión Inka. Con sus ejércitos apertrechados y en constante acecho, Tupac Inka Yupanqui finalmente organiza un plan para capturar a los rebeldes utilizando a bellas doncellas quienes bailaban al son de la música en las largas noches, este monarca logra atraer y capturar a los soldados Charcas que defendían la fortaleza de Oroncota. 

    El valle de Oroncota se encuentra en la ribera oeste del Rio Pilcomayo, próxima a la intersección con el Rio Inkapampa. En su cima se yergue el centro Inka de Oroncota, construido por Tupac Inka Yupanqui con el objetivo de celebrar su victoria sobre los Charcas. Este centro también es conocido como Inkarry, nombre mítico que hace alusión al retorno del orden social Inka durante la colonia. Los pobladores originarios fueron los Yampara, aunque también existieron Chuis y Churumatas, entre otros. Muchos de ellos fueron enviados a la región en calidad de mitmaqkunas inkaicos. Como apoyo, existieron otros centros Inkas menores, como ser la fortaleza del Pedregal e Inkarry Moqo. 

    Uno de los centros locales de mayor envergadura fue Yoroma. Con casi 15 hectáreas, este sitio se encuentra en la cima de una elevación en la intersección de los ríos Pilcomayo e Inkapampa. Se encuentra protegido por la gran meseta de Oroncota, que se yergue justo al sur. Considerando su localización estratégica, Yoroma tuvo acceso privilegiado a tierra fértil agrícola, así como acceso a recursos ribereños del Pilcomayo. Excavaciones de hace casi dos décadas nos permitieron poner en evidencia una larga secuencia cultural en el sitio. Arqueológicamente, se identificó tres periodos culturales: el periodo Yampara Antiguo (400-800 D.C.), aunque de forma limitada, el periodo Yampara Clásico (800-1300 D.C.), y el periodo Yampara Inka Tardío (1300-1536 D.C.). 

    Durante el periodo Yampara Clásico, antes del arribo Inka, Yoroma estuvo formado por pequeñas concentraciones residenciales en diversos sectores. Sus residentes participaban de celebraciones colectivas públicas, considerando la acumulación de basura en áreas centrales del sitio. Sus pobladores se especializaban en la manufactura de herramientas líticas, quizás para el intercambio. Cuando miembros de la comunidad morían, muchos de estos erran enterrados en las márgenes del sitio en grandes urnas funerarias hechas en cerámica.  Muchos de estos tenían vasijas de servir, y que pudieron haber servido para el más allá. 

    El impacto de la conquista Inka en la vida de estos habitantes es marcado, aunque también existieron importantes continuidades. El número de residencias se incrementa, y junto con esto surgen grandes estructuras oblongas en la parte central del sitio. Estas últimas tenían concentraciones de batanes rotos en superficie, utilizados en el procesamiento de maíz, a una escala mayor a la de una unidad familiar. Esto no es de sorprenderse, considerando que la zona es rica en la producción de maíz, y que la política Inka promovía su uso en forma de chicha en las actividades comensales. Junto a esto, se construyó qolqas de almacenamiento. El área central, una vez dedicado a celebraciones públicas, fue después  utilizada para construir una residencia de elite. Estos también tenían acceso selecto a bienes inkaicos. A pesar de esto, el uso de bienes de estatus local fue común, poniendo en evidencia la fuerte autonomía de estos señores locales. 

    Para terminar, Yoroma ilustra la manera astuta en que las elites nativas Yampara negociaron su estatus con los Inkas. Centros como Oroncota o Inkarry Moqo (a cuatro kilómetros de Yoroma) no se constituyeron en espacios de inkanizacion, y las comunidades locales como Yoroma mantuvieron su relativa autonomía. Considerando la fina construcción del centro Inka de Oroncota (o Inkarry), la arquitectura Inka de poder era más bien un recordatorio del poder estatal en estas zonas lejanas. Allá, los señores Yampara, junto a otras elites nativas, implementaban su propia agencialidad gracias a sus nuevos aliados imperiales • 

    (*) Este artículo forma parte de la serie “Arqueología de Chuquisaca y áreas de interacción: Formaciones sociales complejas”.

    (**) Sonia Alconini es integrante del Department of Anthropology, University of Virginia y del Instituto de Investigación Antropológica y Arqueológica (INIAA).

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