Fósiles urbanos
El callejón de Santa Teresa es conocido por las leyendas que giran en torno a su pasado colonial y la forma de construcción de su empedrado: cada 14 pasos hay cruces dobles hechas con huesos.
El callejón de Santa Teresa es conocido por las leyendas que giran en torno a su pasado colonial y la forma de construcción de su empedrado: cada 14 pasos hay cruces dobles hechas con huesos.
Una de las historias generadas en la oscuridad de la noche trata de dos borrachos que transitaban por el callejón; cuando, de pronto, oyeron el llanto de un bebé que yacía en un envoltorio de trapos sobre el umbral de una puerta. Uno de los hombres alzó el pequeño bulto y, al tratar de quitarle los trapos, notó que la criatura tenía cabellos largos y bigotes gruesos. Lleno de estupor le dijo a su compañero: ¡Una wawa con bigotes!
¡Y con dientes también! Respondió el bebé con una descomunal dentadura que cruzaba su rostro descarnado. Sus ojos eran dos cuencas vacías.
Hasta ahora, muchos tienen temor de pasar por el callejón, solos y durante la madrugada, pensando ver duendes, almas en pena o monjas…
Al margen de estas creencias, en el piso del pasaje empedrado están las pruebas palpables de la vida que hubo en el pasado: las piedras contienen muchos fósiles urbanos.
Rocas que cuentan historias
Omar Medina, docente e investigador en el área de paleontología, explica que hay rocas que cuentan historias. Rememoran un pasado remoto de cuando se formaron a partir de los sedimentos depositados en el fondo de un gran mar o un lago.
Almacenan meticulosa información sobre las condiciones ambientales en las que permanecieron. Por ejemplo, quizá quedaron atrapadas en un lecho marino y la única prueba de su existencia, que permanece hasta hoy, son los fósiles.
Estas rocas sedimentarias fueron utilizadas de forma reiterada en numerosos edificios patrimoniales de Sucre y proceden en su mayoría de los cerros Sica Sica y Churuquella.
En este contexto, se denomina a esos vestigios “fósiles urbanos”, un término novedoso y atractivo. Estos fósiles pueden identificarse en las infraestructuras más representativas de Sucre, en fuentes, monumentos, pavimento y cualquier otro tipo de construcción donde intervengan de forma directa y visible las rocas.
Estos materiales sólidos son los únicos capaces de albergar estas pequeñas joyas sin que pierdan su valor didáctico.
Así como otras ciudades del país, del continente y del mundo, el municipio de Sucre lleva varios siglos de pie. Por su historia prehispánica y colonial fue declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Patrimonio Cultural de la Humanidad, en 1991.
El solo hecho de pensar que los antiguos pobladores, motivados por diversas circunstancias, construyeron solo con sus manos y una tecnología precaria, grandes catedrales y conventos durante la colonia española, admira y fascina, y obliga a conservar esas obras de innegable belleza intrínseca.
No obstante, también se debe valorar a la materia prima que se usó en esas construcciones: la roca, un objeto considerado como pasivo, inerte e incapaz de suscitar el más mínimo interés al margen de su contexto, empero esa idea está muy alejada de la realidad.
Serie de fotografía documental
Lo interesante es que se puede identificar a los fósiles (que cuentan un pasado lleno de vida), simplemente dando un agradable paseo por el centro histórico.
Si bien las construcciones más antiguas del centro histórico están construidas con rocas procedentes de canteras cercanas, también existen rocas ornamentales importadas, que aumenta la diversificación de fósiles.
“Obteniendo una visión de conjunto de las rocas en el centro histórico de Sucre, indagando su origen y contenido fósil, se tendrá una buena referencia para comprender mejor la historia de la Tierra”, sostiene Medina.
Con esta motivación, este estudioso realizó una serie de fotografía documental que permitirá la realización de investigaciones y la promoción arquitectónica y paleontológica de Sucre.
Medina explica a ECOS que esta actividad demanda la realización de una investigación profunda, para incorporar nuevos productos de interés turístico (interno y externo), y científico (investigación de nuevos yacimientos).
Si se fomenta esta actividad, visualiza que en un futuro próximo se convertirá en una fuente de ingresos económicos para la región, pues se tendrá la visita de contingentes poblacionales del mundo entero.
Recuerda que una de las principales fuentes de ingresos en Sucre es el turismo, por sus atractivos históricos, arquitectónicos, culturales y paleontológicos que tiene, gracias a los descubrimientos que se hizo.
Patrimonio oculto
En Sucre no se hizo estudios previos sobre la identificación de fósiles urbanos en el patrimonio arquitectónico. Según Medina, por la falta de interés de las autoridades locales y el desconocimiento de este recurso natural.
A ello se incluye la inexistencia de un repositorio de material fósil en la capital, para la realización de comparaciones y catalogación de pieza. Esto ocasionaría la pérdida de importante información científica, porque el deterioro de las rocas externas en el centro de Sucre no para.
El desconocimiento sobre la existencia de fósiles ocultos en las rocas visibles de edificios y baldosas en el centro histórico de Sucre ocasiona que los ciudadanos transiten sobre ellas.
“Por lo tanto, es de imperiosa necesidad identificar y promocionar todos los monumentos identificados con presencia de fósiles urbanos”, aconseja.
Dice que es necesario contar con profesionales capacitados en el área y generar documentación sobre los materiales que aparecen constantemente, no solo en los yacimientos paleontológicos sino en construcciones donde la piedra es parte esencial, para enseñar a reconocer e interpretar los fósiles urbanos del entorno.
Medina pretende representar fielmente la presencia de fósiles urbanos en el centro histórico de Sucre, con la serie de fotografía documental que hizo, para que las personas vinculadas con la investigación centren su interés en este patrimonio.
Importancia de documentar los hallazgos
Insiste en decir que es importante documentar los hallazgos paleontológicos para proteger, controlar y promocionar todos los monumentos identificados con presencia de fósiles urbanos.
La falta de elementos necesarios para que trabajen los que tienen a su cargo la promoción, explotación y conservación de este recurso debe ser corregida se inmediato para contribuir al conocimiento y posterior valoración del patrimonio paleontológico y arquitectónico de la región.
Asimismo, Medina indica que, para explicar mejor a la gente sobre los materiales fósiles, hay que apoyar con el paleoarte. Estas creaciones artísticas tienen un poder educativo integrador y cuentan con las capacidades básicas para la transmisión de información importante.
“Las obras de paleoarte generan conexiones y asociaciones entre lo leído y observado por el público. Con la imagen mental que se forma del organismo extinto, creando así iconos visuales de las especies fósiles”, detalla.
Interpretación de los fósiles urbanos
El material registrado de la mayoría de los fósiles urbanos se traduce en tubos de tricópteros y cuevas de crustáceos. Se interpreta de las rocas estudiadas que tenían una asociación biótica completa con una antigua orilla lacustre y zona de baja profundidad.
A partir de los datos tomados y en correlación con los perfiles geológicos consultados, Medina propone que las rocas portadoras de icnofósiles corresponden a la Formación Chaunaca.
Es decir, esas rocas probablemente corresponden al piso Campaniano del Cretácico Superior (entre 84 y 71 millones de años). Esta edad fue determinada en base a datos palinológicos (Pérez-Leyton, 1987). El registro de bioturbaciones indica que estos fueron formados en sedimentos húmedos.
“Para la búsqueda de fósiles urbanos es imprescindible contar con el equipo adecuado, mínimamente una cámara fotográfica, brocha, escala gráfica y una lupa”, aconseja y concluye Medina •
Cómo hizo la serie fotográfica documental
Para la serie de fotografía documental Medina realizó un recorrido por la plazuela Cochabamba, el convento de San Felipe de Nery, la plaza 25 de Mayo, la iglesia de Santo Domingo, la plazuela Monteagudo, el convento de Santa Clara y el callejón de Santa Teresa.
En un inicio aplicó la metodología de reconocimiento de los sitios y su posible contenido fósil, la interpretación de la relación espacial que contienen los fósiles urbanos y el procedimiento para su registro fotográfico.
A continuación, Medina explica los pasos que siguió:
Locación y exploración: Recorrió los sitios previamente seleccionados en base a reportes o estudios realizados anteriormente respecto a su contenido fosilífero.
Están próximos al centro de la ciudad, son zonas con bastante población y su cercanía permitió muchas intervenciones. Pudo volver al sitio para completar algunos datos o imágenes.
Dice que la primera etapa es motivante, por la exploración y por la magnitud de los materiales encontrados.
Trabajo de campo: El descubrimiento de un fósil sobre una sillería o baldosa puede ser casual; sin embargo, la acción humana facilita el hallazgo en las construcciones civiles públicas y privadas.
La etapa que le sigue a la locación y exploración es la identificación del fósil. Comienza con la prospección alrededor para reconocer y analizar el contexto geológico de las rocas.
El arreglo vertical de las rocas y fósiles, en diferentes niveles del yacimiento, es el registro de la evolución ambiental, que muestra la sucesión de diferentes organismos a través del tiempo.
Observación directa: Es un recurso imprescindible para relevar el ambiente social del lugar, el fin es comprender los recursos, equipamientos y estructuras existentes, para proponer el rescate de información de las baldosas con fósiles que aún permanecen expuestos al desgaste por el paso continuo de peatones sobre su superficie.
Descubrimiento de un fósil: En la visita al centro histórico de Sucre se evidenció que los sedimentos con material fósil fueron desgastándose. El documental fotográfico se enfocó en la búsqueda de los fósiles mejor conservados y notorios a simple vista.
La intervención: La mayor parte de las personas vieron por primera vez un fósil en una vitrina de museo; en cambio, muchos fósiles urbanos están expuestos a flor de tierra. Por eso se puede tocarlos, fotografiarlos, sacar moldes o hasta rescatarlos, dependiendo del riesgo que corren en su preservación o el tipo de roca que las contiene.
El procedimiento: Se hace un recorrido preliminar por las calles del centro histórico de Sucre, se busca de concreciones y sedimentos con indicios de fósiles en baldosas y sillerías. Una vez que se encuentra el material, se procede a registrarlo mediante una fotografía acompañando al fósil con una escala.
Interpretación de la información: El registro fotográfico de fósiles urbanos se llevó a un laboratorio para hacer un estudio comparativo con otras muestras ya identificadas. Con ese material, se fue identificando la especie a la que pertenecieron los restos.
Difusión del trabajo: Es la etapa en la que se comunica sobre el hallazgo. Es importante retratar la sorpresa de quienes pueden reconocer los fósiles y entender la importancia para la reconstrucción de una información que indica cómo fue el pasado geológico de nuestra región hace 66 y 450 millones de años.