Un santo postergado

El apóstol Santiago es uno de los patronos de Potosí. Ese es un hecho innegable, histórico y documentado. Lo que no se puede afirmar, con la misma contundencia, es desde cuándo goza de esa condición.

El apóstol Santiago es uno de los patronos de Potosí

El apóstol Santiago es uno de los patronos de Potosí Foto: SIHP

Descripción de la Batalla de Jesús Valle.

Descripción de la Batalla de Jesús Valle. Foto: SIHP

Santiago matamoros de Chaquí en visita a Potosí.

Santiago matamoros de Chaquí en visita a Potosí. Foto: SIHP

La devoción es mayor en el santuario de Bombori.

La devoción es mayor en el santuario de Bombori. Foto: SIHP

Imágenes de Santiago peregrino.

Imágenes de Santiago peregrino. Foto: SIHP

La devoción en el norte potosino..

La devoción en el norte potosino.. Foto: SIHP

Las referencias de Arzáns.

Las referencias de Arzáns. Foto: SIHP

Detalle de Santiago en la Batalla de Clavijo, cuadro de la Casa de Moneda.

Detalle de Santiago en la Batalla de Clavijo, cuadro de la Casa de Moneda. Foto: SIHP

Acuerdo del Cabildo de Potosí para el estandarte de Santiago.

Acuerdo del Cabildo de Potosí para el estandarte de Santiago. Foto: SIHP


    Juan José Toro Montoya
    Ecos / 25/07/2022 05:47

    El apóstol Santiago es uno de los patronos de Potosí. Ese es un hecho innegable, histórico y documentado. Lo que no se puede afirmar, con la misma contundencia, es desde cuándo goza de esa condición.

    Si nos vamos a basar solo en Bartolomé Arsánz, la respuesta es sencilla: desde el principio, puesto que eso es lo que afirmó el cronista, en 1705, a poco de haber comenzado su monumental “Historia de la Villa Imperial de Potosí…”:

    “Venera esta Ylustre Villa por antiguos y primeros patrones al Santísimo Sacramento, a la Santísima Virgen en su Concepción, al apóstol S. Tiago y a N.P.S. San Augustín, cuyo nombre tiene el Cerro. Después en varios tiempos juraron por patrones a la gloriosa Santa Bárbara, S. Roque, S. Sebastián y últimamente al apóstol de las Yndias San Francisco Xavier”.

    Se trata de un valioso resumen de los patronos que tuvo Potosí en tiempos coloniales, en apenas un párrafo, pero, después, en tiempo imposible de determinar, cuando Arsánz hizo la primera copia de su manuscrito, agregó otra figura, Santa Rosa de Lima, a la que identificó como “la peruana Santa Rosa de Santa María”. El párrafo original está en el hoy denominado “Manuscrito de Madrid” mientras que el segundo corresponde al llamado “Manuscrito de Brown”.

    BATALLA DE CLAVIJO

    La figura del apóstol Santiago está ligada a España desde antes de que esta fuera España y, por ello, es lógico que sea el patrono de ese país. Los orígenes del vínculo están en el pasado romano de España, cuando lugares como Gallaecia (Galicia), Carthago Nova (Cartagena), Caesaraugusta (Zaragoza) e Iria Flavia (La Coruña) formaban parte del imperio en el que nació y fue crucificado Jesús.

    Los relatos de Santiago en las tierras que luego fueron España están basados en algunos de los evangelios apócrifos o no canónicos que fueron divulgados en el medioevo. Estos señalan que, cuando los apóstoles se esparcieron por el mundo, aquel cruzó el Mediterráneo y llegó hasta Hispania donde predicó y dejó discípulos. Hacia el siglo IX se reportó el hallazgo de su supuesta tumba en Gallaecia, donde actualmente se erige la Catedral de Santiago de Compostela.

    Con todos esos antecedentes, surgió una leyenda que consagró a Santiago como el patrono indiscutible de España: la que cuenta que en la mitológica Batalla de Clavijo, supuestamente librada por los asturianos contra los musulmanes el 23 de mayo de 844, apareció el apóstol en cuerpo presente, a caballo, y ayudó a las tropas del rey Ramiro I a derrotar a las de Abderramán II. Desde entonces, se hizo costumbre invocar a Santiago en las batallas.

    BATALLA DE JESÚS VALLE

    En el capítulo VIII del libro V de su “Historia…”, Arsánz refirió que, en su primer viaje a América, en 1492, Colón trajo, entre sus estandartes, uno que se habría recuperado en la conquista de Granada, con Santiago bordado en medio. A continuación narra una fabulosa odisea en la que esta insignia habría pasado a México, luego a Honduras y al Perú, luciéndose en varias batallas de los españoles contra los americanos hasta que, finalmente, habría llegado a Potosí en 1553, en manos del mariscal Alonso de Alvarado.

    Pero es el propio cronista quien refiere un origen anterior al culto a Santiago, cuando habla de la sublevación de Chaqui Katari, cacique de Cantumarca, quien exigió a los españoles la entrega del traidor Diego Huallpa para castigarlo por haber revelado las riquezas del Cerro Rico. 

    En respuesta al ultimátum, los españoles mandaron traer sus armas de Porco y armaron un escuadrón con el que plantaron batalla a los cantumarqueños bajo la cuesta de Jesús Valle:

    “Estauan los españoles mirándolos desde el Cerro, y faltándoles ya la paciencia decendieron del, y llegando donde estauan los indios les presentaron la batalla diziendo, Dios ayuda y S. Tiago. Comensose con terrible furor de entrambas partes y estuuo dudosa por espacio de dos horas, hasta que (finalmente) se comenzaron arretirar los indios al alto de la Cantería, donde desde su eminencia dispararon abajo tantas flechas, y piedras que hirieron muchos españoles. Teniéndose éstos por afrentados arremetieron a sus enemigos nuebamente y fue con tal valor en breve tiempo se comensó a cantar la vitoria que de su parte. Huyeron los indios dexando muertos más de cincuenta de sus compañeros; de los españoles quedaron veinte heridos que cinco dellos murieron, y fue ésta la primera sangre que se derramó en Potosí de españoles, semilla que después creció tanto que muchas veces y por muchos años se vieron teñidas sus calles, plaças y campos”.

    La influencia de Santiago, ya por entonces patrono de España, y este episodio, que Arsánz atribuye a Antonio Acosta y Pedro Méndez, pudieron determinar que se otorgue al apóstol el patronazgo del entonces asiento minero.

    EL TATA SANTIAGO

    Esas referencias, más bibliográficas que documentales, permiten establecer el inicio del culto al apóstol Santiago casi coetáneamente con el de la Villa Imperial.

    A diferencia de San Agustín, a quien el Cabildo Secular nombró expresamente mediante “voto de patrono” del 11 de agosto de 1586, Santiago no tiene un documento que amerite su patronazgo sobre la Villa Imperial, pero hay constancia de que la fiesta de Santiago se celebró como una de las mayores de Potosí a partir de 1591, cuando también se mandó a confeccionar su estandarte.

    La parroquia de Santiago, que fue una de las construidas para los indios, ya aparece mencionada en uno de los acuerdos de 1572, previos a la llegada de Toledo, según apuntó Gunnar Mendoza en anotaciones de pie de página en la famosa edición de 1965 de la “Historia…” de Arsánz. El templo de Santiago es mencionado varias veces, y en varios documentos, y aparece en el cuadro de Gaspar Miguel de Berrío. Se presume que debió tener una imagen del apóstol pero, como se sabe, se incendió en 1854 y prácticamente desapareció todo rastro de él. Una versión sin confirmar señala que su imagen tutelar, que era un Santiago matamoros, habría sido llevada a Chaquí.

    Lo que sí está confirmado es que el culto a Santiago cedió terreno en la Villa Imperial a partir del incendio, fue postergado, pero cobró fuerza en las provincias. Son particularmente famosos el matamoros de Chaquí y el Santiago Peregrino (a pie) de Bumburi, al que vienen a visitar incluso desde el exterior.

    En los últimos años, estas imágenes son traídas a la capital de Departamento a recibir la devoción de sus fieles• 

    (*) Juan José Toro es presidente 2018-2020 de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

    (**) Esta parte del documento fue transcrita por María del Carmen Thompson. 

    Dos estandartes

    El apóstol Santiago es el centro de la historia de un estandarte que, según Arzáns, es el que se llegó a utilizarse en las procesiones y fiestas que se realizaban en su honor en el Potosí colonial.

    Supuestamente, es uno de los estandartes que llegaron en el primer viaje de Colón, que llegó hasta el Perú donde fue objeto de disputa entre los habitantes de Cuzco, La Paz, Chuquisaca y Potosí. Finalmente medió el virrey Andrés Hurtado de Mendoza a favor de la Villa Imperial en el entendido de que habría sido un obsequio de Carlos V a esta ciudad.

    Así describe el cronista a ese estandarte:

    “Este bendito estandarte es de un finísimo damasco carmesí con cairel de seda del mismo color: en medio dél está bordado de rrealze de trenzilla de oro la imagen del apóstol S. Tiago puesto a caballo destrozando infieles, de más de media bara de largo y poco menos de ancho; y sólo esta tarxa del apóstol se conserva entera porque todo lo demás del real estandarte está hecho hilas mantenidas solamente en los caireles, que tamuién se conserban fuertes; y assí como está lo sacan en estos tiempos cada año el día del apóstol con grande acompañamiento y fiesta, llebándolo el alférez real a caballo; y con auer durado más de dosscientos y diez y seis años se espera adelante su durassion por lo fuerte de los caireles y bordadura, además que por aforrándolo en otra tela puede permanecer el tiempo que Dios quisiere”.  

    No obstante, la descripción no coincide con la que aparece en el acuerdo del 24 de mayo de 1591:

    “…y así se acordó que el dicho Don Francisco de Garnica regidor y fiel ejecutor en esta Villa y el mayordomo de ella tomen y saquen por el tanto, a costa de los Propios, el oro y seda y demás recaudo que fuere necesario para hacer el dicho estandarte al parecer del oficial que lo hubiere de hacer, conforme a la orden y traza que hubiere de llevar, procurando que el dicho oficial sea el más primo que se hallare y la color del estandarte sea azul de Damasco que sea muy bueno, el cual estandarte ha de llevar la insignia del bienaventurado apóstol Santo Santiago en su caballo, de la una haz, y de la otra la figura del Rey nuestro señor sentado en su silla real con cetro y corona y a sus pies las armas de esta Villa que son el águila imperial y debajo el cerro de ella con letrero del año en que se sacó, todo bordado el estandarte con sus cordones y borlas y flecos de azul y oro” (**).

    El estandarte que se mandó a confeccionar ese año, en azul damasco y con las armas de la ciudad (que son el águila imperial y debajo el cerro de ella) es el que, a partir de entonces fue sacado cada año, en ocasión de la fiesta de Santiago, que se celebra el 25 de julio, por lo menos hasta 1816, según consta en los archivos del Cabildo Secular de Potosí que son conservados en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Es cierto que, en esta ocasión, la prueba documental contradice a Arzáns, pero es la que se acepta cuando se trata del estudio de la historia. 

    Papelitos cantan… 

    La relación del cronista sobre el inicio del culto a Santiago tiene coherencia. Si se lo invocó en la batalla de 1545 y el estandarte llegó en 1553 —aunque luego fue llevado a otros lugares antes de volver a Potosí—, parece lógico que en 1555 se haya realizado la primera gran procesión, dedicada no solo al apóstol, sino también al Santísimo Sacramento del Altar y a la Virgen de la Concepción.

    La triple procesión es descrita con lujo de detalles en el primer capítulo del libro IV y es el que sirvió de base para referir el inicio del culto a Santiago en Potosí; sin embargo, los vacíos documentales en los primeros años de la Villa Imperial no permiten confirmar científicamente estos sucesos.

    Así, no se puede confirmar la llegada del estandarte de Santiago, en 1553, ya que el documento más antiguo del Cabildo Secular de Potosí conservado a la fecha es de 1562 por la sencilla razón de que ese cuerpo colegiada recién estaba comenzando a funcionar.

    El estandarte fue muy importante, tanto que no solo portarlo en la fiesta de Santiago, sino sacarlo y devolverlo al archivo del cabildo, era un privilegio para el que anualmente se designaba diputados, pero su origen está claramente documentado en el acuerdo del 24 de mayo de 1591 en el que los capitulares ordenaron “que se haga con brevedad la confección del estandarte para la fiesta de Santiago”.

    Lo curioso es que en las actas capitulares no se llame a Santiago como patrono de la Villa sino hasta el 29 de junio de 1603, cuando se rubricó el acuerdo para la devolución del estandarte, que estaba provisionalmente en manos de Fernando Ortiz de Vargas. Hasta antes de esa fecha, quien es nombrado como patrón, con declaratoria expresa el 11 de agosto de 1586, es San Agustín.

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