Joyas con valor espiritual
El 11 de noviembre de 1601, durante una misa que se celebraba en la Catedral de la ciudad de La Plata (hoy Sucre), repleta de fieles, ocurrió un sismo de 6,4 grados Richter.
El 11 de noviembre de 1601, durante una misa que se celebraba en la Catedral de la ciudad de La Plata (hoy Sucre), repleta de fieles, ocurrió un sismo de 6,4 grados Richter.
La sacudida tuvo varias repeticiones que afectaron a las torres de muchos templos de la ciudad, aunque no se registró víctimas fatales.
Siglos antes había menos gente; sin embargo, el número de creyentes que acudía periódicamente a la misa era mayor. En su desesperación —la gente pensó que moriría ahí mismo enterrada bajo los escombros— clamaron a la Virgen de Guadalupe para que interceda por ellos ante Dios y salve sus vidas.
Increíblemente el seísmo cesó; entonces, los presentes empezaron a desprenderse de cuanta joya llevaban encima, para regalarle a la Mamita Gualala como una muestra de agradecimiento por el milagro recibido.
De acuerdo con algunos registros históricos, la tradición de obsequiar joyas a la Virgen de Guadalupe inició en ese momento, casi de forma fortuita...
No obstante, fue el obispo Alonso Ramírez de Vergara (responsable de encargar la pintura de la virgen) el primero en donar su cruz pectoral a la Mamita Gualala, después de ver su imagen mientras era entronizada.
La pintura se cubrió con un manto de plata dorada
Según Iván Gutiérrez Achá, responsable del Museo Colonial Charcas, las primeras joyas obsequiadas a la Mamita Gualala fueron fundidas para hacer una plancha de plata dorada donde se engarzaron sus joyas.
Un platero realizó un magnífico trabajo de orfebrería consistente en un manto repujado con formas, en cuya superficie se colocó de forma ordenada más de 12 mil perlas naturales. Después, se agregó otras joyas.
Posteriormente, en el siglo XVIII, “no hubo ni una sola mujer de Charcas” que no haya regalado algo a la Gualala; en todos los estratos sociales se hizo común desprenderse de alguna joya para obsequiar a la Virgen, como un gesto de gratitud por un favor recibido o para hacerle alguna petición, afirma Gutiérrez.
“Cosa que ahora la gente no hace, difícilmente se desprenderían de algo. Eran otros tiempos en los que las personas eran más devotas. Ahora, las misas ya no están nutridas de fieles como deberían ser…”, lamenta el historiador.
Afirma que la urna, una plancha de plata repujada y cincelada es una obra de arte, por sí sola, cuya parte posterior es la más linda. No se la ve durante todo el año, solo cuando se la saca para la procesión.
La Virgen, libre de saqueos y robos
Gutiérrez relata que antiguamente, durante la fiesta de la Virgen, se abría su urna para que la gente pueda rendirle honores besando su cabeza o pies y donar una joya.
En una ocasión, cuando una mujer de pollera se alejaba después de besar la imagen, se atoró y terminó escupiendo una perla, que había arrancado de la efigie. A raíz de ese incidente, ya no se abre la urna y no se permite acercarse a la gente.
El historiador también evoca que, durante la guerra de la independencia, los grupos en conflicto ingresaron a saquear la Catedral en tres oportunidades, llevándose objetos de plata como candeleros y candelabros, pero no tocaron la urna de la Virgen.
En la década del 70 del siglo XX, cuando un ciudadano italiano de apellido Raymond intentó perpetrar un robo en la Catedral, no logró salir de la Basílica. Este milagro también es atribuido a la Gualala.
Colección de joyas
Entre las joyas de la Virgen de Guadalupe hay verdaderas obras de arte porque están bellamente trabajadas. La procedencia de la manufactura y materia prima es local y extranjera. Su valor económico es incalculable.
Son miles de joyas que adornan a la patrona de los chuquisaqueños. A través de los años se realizó varias catalogaciones, pero los datos no están actualizados; además, por seguridad, esa información no es pública.
Sacar la urna de la Virgen en procesión requiere de la fuerza de 24 hombres para levantarla y con varios relevos, pues cada hombre solo resiste una o dos cuadras máximo. Gutiérrez afirma que nunca se pudo pesar la urna. “Me animo a decir que es mucho más pesada que el Santa Sepulcro”, expresa el estudioso.
Las coronas del Niño y de la Virgen, así como el cetro y las estrellas son de oro puro. La gente obsequió joyas de hombre y mujer, miles de perlas originales engarzadas sobre chapas de metales preciosos, monedas de oro y plata, una gran variedad de piedras preciosas, brazaletes, aretes, anillos, placas, brillantes, figuras de animales, finísimos relojes antiguos de bolsillo enchapados con oro y plata, y medallas.
Por ejemplo, la gente del pueblo donaba los famosos “chojllo aros” (caravanas en forma de mazorcas de maíz), llenos de perlas que normalmente usaban las mujeres de pollera en la procesión del Domingo de Ramos.
Hay cinco golondrinas de brillantes de distintos tamaños que cuelgan de la corona de la Virgen morena de ojos verdes, donadas por la exprimera dama de la nación Amalia Argandoña de Arce.
Al otro costado, sobre la cabeza del Niño Jesús hay un picaflor plateado, que lleva una perla gigante y brillantes, donado por Clotilde Urioste de Argandoña, princesa de la Glorieta.
En la parte inferior, cerca de la base de la virgen, está un cofre de oro que contiene la bala que hirió al presidente Manuel Isidoro Belzu, en el maxilar inferior, durante el atentado que sufrió cuando estaba en el Paseo del Prado (hoy Parque Bolívar).
La Mamita Gualala también recibió condecoraciones (que entran en la categoría de joyas); por ejemplo, el Cóndor de los Andes otorgado por el expresidente Jaime Paz Zamora; asimismo, el gran mariscal de Ayacucho le confirió el título de Protectora de la Fiscalía de la Nación.
Cerca de la mano que sostiene al niño está la condecoración de Juana Azurdui de Padilla de la que se conoce era muy devota de la Gualala, de la que incluso guardaba una réplica de su imagen.
Todas las joyas tienen el mismo valor espiritual
Por otra parte, como en siglos anteriores la devoción por la Virgen era tan grande, se hizo pequeñas réplicas perfectas de la urna trabajadas con plata. Actualmente, algunas familias siguen conservándolas.
Gutiérrez deja en claro que todas las joyas de la Virgen tienen la misma importancia y valor para la Iglesia. “Si se menciona a algunas es porque fueron donadas por personajes conocidos de Sucre”, menciona.
Asimismo, no se juzga el valor económico o el tamaño de una joya, pues cada una ha sido obsequiada con fe, devoción y gratitud. Entonces, todas tienen el mismo valor espiritual.
Actualmente, sigue la donación de joyas, pero no se colocan de inmediato en la urna. Primero se acopian varias y recién se abre la urna para acomodarlas, con presencia de un notario de la iglesia y un equipo de testigos.
Los integrantes de una morenada son los últimos que obsequiaron joyas a la Virgen que destacan por ser grandes.
Además de joyas, la gente también dona bancas para su capilla a la patrona de los chuquisaqueños y nunca le faltan flores •