Charcas y los franceses
A fines del Siglo XVIII, la amplia difusión de noticias de la Revolución Francesa despertó en la sociedad colonial de la Real Audiencia de Charcas (hoy Bolivia) diversos temores como el regicidio, el terror y la persecución, que tuvieron como consecuencia la expulsión de franceses y otras medidas, q
A fines del Siglo XVIII, la amplia difusión de noticias de la Revolución Francesa despertó en la sociedad colonial de la Real Audiencia de Charcas (hoy Bolivia) diversos temores como el regicidio, el terror y la persecución, que tuvieron como consecuencia la expulsión de franceses y otras medidas, que describiremos a continuación.
Para ello es necesario mencionar que, en La Paz, uno de los primeros franceses registrados fue Luis Aragón quien “pagó por derecho de permanencia en la ciudad de La Paz, la suma de 200 pesos, el año 1670”, menciona Santiago Pol Barrenechea. Más adelante, el puerto de Cobija fue frecuentado por comerciantes franceses que se dedicaron al contrabando, es decir, introdujeron mercancías y ropa a Potosí, ciudad donde muchos se quedaron a residir. Sobre ello, el cronista Bartolomé Arsánz develó que, para 1714, “…mucho sintieron los mercaderes franceses la determinación del bando porque había ya algunos años que estaban bien hallados en esta Villa”. De esta manera, la comunidad francesa se fue acrecentando con el paso de los años.
Por otro lado, en Francia la crisis de la sociedad del antiguo régimen produjo la Gran Revolución. Sobre este hecho histórico, las primeras noticias que llegaron al Alto Perú fueron mediante unas hojas sueltas que contenían una breve narración de dichos sucesos, se trataba de una traducción realizada por el conde de Liniers, la misma fue distribuida en Charcas y Potosí, en 1791. Esto sin duda causo receló en las autoridades españolas y expidieron órdenes que prohibían el comercio con los franceses (Real cédula del 1° de abril de 1793).
Posteriormente, el problema adquirió mayor importancia al conocerse la decapitación de Luis XVI. Esto generó repulsión hacia los franceses y expulsión de los que se encontraban radicando, como consecuencia algunos fueron arrestados por conspiración y otros se naturalizaron como fue el caso Juan Pablo Capdepón conocido también como Juan Barbarín que fue detenido en la cárcel de Oruro, en 1795 y Bernardo Cros y Correges, vecino de Oropesa en el Valle de Cochabamba, que solicitó su carta de naturaleza en marzo de 1798.
Por otro lado, también se castigó la introducción “por escrito o de palabra de las ideas sostenidas por los hombres del 89”, nos recuerda Ricardo R. Caillet-Bois en su obra: ‘Ensayo sobre el Río de la Plata y la Revolución Francesa’ (1929). A esto se sumó las órdenes del 18 de septiembre y del 1° de octubre de 1789, que instruía que “…las estampas, papeles impresos y manuscritos, cajas, abanicos y todo lo que tuviese alusión a lo que suceda en Francia, fuesen retenidos en aduanas y luego remitidos a España”. De esta manera, en La Paz, se halló varias copias de un papel que se había divulgado y era un fragmento de la carta escrita por Rubín de Celis, en Bayona, el 26 de octubre de 1792.
Es necesario mencionar que, en 1797, la autoridad española Rezabal informaba desde Potosí el embargo de unas láminas de cobre por contener pintura de algunos pasajes de la ‘Revolución de Francia’, como la prisión y decapitación del Monarca y otros hechos. Por otro lado, en 1795, en Potosí se bebía a la salud de los franceses y se brindaba por la libertad. También ese mismo año, se informaba al virrey que “los partidos de La Paz se hallan conmovidos y que en el de Achacache se ha levantado el árbol de la libertad, igual al que los insurgentes de Francia habían erigido en su desgraciado país”, citado por el célebre historiador Caillet-Bois.
Esta amplia difusión generó que las autoridades españolas impulsaran la creación de instrumentos que dieran a conocer la versión oficial de la Revolución Francesa. De esta manera, en el Perú se creó la Gaceta de Lima y en Buenos Aires se intentó establecer otra, pero en el caso de la Real Audiencia de Charcas, son notorios los esfuerzos contrarrevolucionarios desplegados por monseñor Joseph Antonio de San Alberto, que fue inicialmente obispo de Tucumán y después Arzobispo de La Plata.
El 24 de septiembre de 1791, San Alberto escribe una carta pastoral al Papa Pío VI refiriéndose a los “escandalosos sucesos de la Francia”, tanto lo que fue la sublevación de 1789 como los sucesos posteriores, cual era el caso de la Asamblea Nacional Constituyente. En ese documento eclesiástico, el prelado lamenta que Francia se haya conservado “fiel, y
constantemente hasta estos días infelices, peligrosos, y malos, en que representa esta misma Nación en su nueva Asamblea, por medio de una Constitución temeraria y eversjya (sic) de todo el orden gerárquico (sic) de la Iglesia, de su disciplina, y de sus dogmas.
Posteriormente, cuando las tropas de Napoleón Bonaparte invaden España, San Alberto escribió en Cochabamba el ‘Edicto, carta circular y pastoral breve… que dirige a todos sus diocesanos con ocasión que la guerra que la Francia ha declarado contra España, etc.’.
En este otro documento, el arzobispo justifica al rey Carlos IV por “los justos motivos que ha tenido para esta Guerra, no siendo otros que el bien de la Religión, el del Estado, y el de su Reyno y estos tres objetos tan sagrados como interesantes le han obligado, á pesar del genio amable y pacifico que forman su carácter, á tomar las armas para defenderse de una Nación, que abiertamente se ha declarado enemiga de todos tres, con el especioso pretexto
de una igualdad, de una independencia, y de una libertad fantásticas, equibocadas (sic), y
mal entendidas”. Como se ve, al prelado no le interesa tanto que su patria haya sido invadida, sino las ideas que promovían los franceses a partir de su revolución.
De esta manera, en esta breve nota rescatamos un pasaje desconocido de nuestra historia, que nos permite conocer una cara diferente de la presencia francesa y la influencia que tuvo en la sociedad colonial tardía •
(*) José Pradel es socio correspondiente en La Paz de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).
La creación de Charcas
La enciclopedia en línea Wikipedia ha publicado que “la Real Audiencia de Charcas oficialmente conocida como Audiencia y Cancillería Real de La Plata de los Charcas era el más alto tribunal de apelación de la Corona española con sede en la ciudad de La Plata, llamada también Chuquisaca y desde 1839 Sucre. La Audiencia de Charcas tuvo un distrito que abarcaba a los actuales países del cono sur de América del Sur dentro de cual se encontraba la explotación de la riquísima mina de plata de Potosí. Desde 1785 su distrito quedó reducido a la provincia de Charcas, llamada luego Alto Perú, y que hoy es el núcleo de Bolivia”.
Laura González Pujana señala que fue creada en 1559, “aunque uno de los primeros documentos existentes acerca de la necesidad de dicha Audiencia es un ‘Acuerdo del Consejo de Indias sobre la conveniencia de poner Audiencia en la Villa de la Plata, de 20 de abril de 1551’ (AGI., Estado 140, Caja 7, Leg. 31)”. El documento especifica que “habiendo platicado en este Consejo sobre ello, ha parecido que conviene al servicio de Dios y de Vuestra Majestad y seguridad de su Real conciencia que se ponga otra Audiencia Real en la villa de La Plata que es en las Charcas, cerca de la mina de Potosí”.