La “Yo”
“¿Y por qué no vendemos este país tan feo y compramos uno bonito junto al mar?”. La pregunta, torpe, ingenua y sin darnos tiempo a decidirnos si debemos reírnos o enojarnos, es la frase con la que comienza “Que te vaya como mereces”
“¿Y por qué no vendemos este país tan feo y compramos uno bonito junto al mar?”. La pregunta, torpe, ingenua y sin darnos tiempo a decidirnos si debemos reírnos o enojarnos, es la frase con la que comienza “Que te vaya como mereces”, el libro número “muchocientos” de Gonzalo Lema, que todavía no he leído y está ahí, junto a otros, esperando un turno para que el ninguno ha sacado ficha.
El escritor tarijeño despertó mi interés desde que leí “La huella es el olvido”, la historia novelada de los últimos días de Francisco Burdett O’Connor, uno de los irlandeses que llegaron a Charcas a luchar con Simón Bolívar, y me cautivó con “Los días vacíos del Raspa Ríos”, pero hasta ahí llegué. Tuve que dejar la gratificante Literatura para dedicarme a la extenuante lectura de libros de historia y documentos antiguos, así que los libros de Gonzalo Lema se fueron acumulando porque, por lo visto, este cultor de las letras no para de escribir…y de publicar. Entre los que tengo, además de la que es presentada como “Breve biografía de Santiago Blanco”, están dos con doble título “Un hombre sentimental – Dime contra quién disparo” y “Fue por tu amor, María – La reina del café” porque, al parecer, Chaly también publica de dos en dos. Ni siquiera los había mirado y recibo la noticia de una nueva novela. ¡Bárbaro!
El título está en primerísima primera persona, “Yo”, pero no apostaría que es autobiográfico. Lo que sí es seguro es que, por lo que alcanzo a palpar en su primer capítulo, estará bueno. Será presentado este 6 de noviembre y, así, se sumará a la larga lista de obras que comenzó en 1981 con “Nos conocimos armando” y ha crecido fecunda hasta 2022.
Lema nunca desilusiona. Pese a su número, su obra rebosa calidad, no cantidad; y por eso es que es necesario leerlo (razón de más para lamentar este tiempo en el que no puedo beber Literatura). Eso explica que sea el escritor más laureado de Bolivia.
Como anticipo de la novela que será presentada hoy, disfrutemos, en calidad de primicia, de estas líneas del primer capítulo en el que un innominado kallawaya demuestra sus conocimientos de medicina natural haciendo hincapié en los beneficios del perejil. Varios fueron a verle para ser atendidos y, luego de rellenar de una curiosa pasta de perejil las caries de don Aquilino, dirige su atención a una mujer, de esas que mecen garbosas la pollera, y ha llegado hasta él para contarle que tiene Chagas:
“El kallawaya la escuchó con atención: —Mala cosa. Hay que bañar la casa con agua de ruda. Las paredes. El mismo colchón. ¿Es de paja?
“La mujer asintió.
“—También el abrigo. La ropa.
“Trituró entre sus dedos un manojo de hojas y retuvo su líquido en las palmas. Lo mezcló con la materia. Le hincó los dedos. Hizo un quesillo con todo y lo expuso por sobre su cabeza como si fuera una hostia, mascullando en idioma secreto. De seguro la curaría. Había buen cielo esa mañana. Ideal para la sanación.
“—Se empieza de los tobillos.
“Se arrodilló.
“Le limpió la piel de cada palmo con su saliva. Se pasaba la lengua en los dedos y los frotaba en la picadura y alrededores. Pellizcaba el quesillo y se lo colaba en el botón rojo. (‘No te muevas’.) En las pantorrillas le frotó con saliva en toda el área afiebrada, pero más tiempo, y la empastó con el perejil. También en los muslos, ante la mirada azorada de los pacientes y acompañantes. (Don Aquilino se tragó una amalgama de la impresión.) Y trepó con calma a las siguientes donde ya hervía la sangre como el agua en el fogón.
“La mujer manoteó su pollera hacia abajo cuando el hombre avistó el borde de su nalga izquierda reposando vibrante, con piel de gallina, en el grueso muslo”.
Ese es un minúsculo adelanto de lo que encontraremos en “Yo: Gonzalo Lema”. Mis deseos para el escritor van con el título de la novela con la que abrí esta nota: “Que te vaya como mereces” y, si nos atenemos a cómo le ha ido en el difícil territorio de la Literatura en Bolivia, seguramente le irá muy bien. •