Mujeres del cielo
Aprendieron a cabalgar en el viento y, tras domarlo a él, las montañas fueron pan comido. Ahora suben hasta las alturas con una facilidad que envidiarían legiones de futbolistas varones y tocan el cielo con las manos.
Aprendieron a cabalgar en el viento y, tras domarlo a él, las montañas fueron pan comido. Ahora suben hasta las alturas con una facilidad que envidiarían legiones de futbolistas varones y tocan el cielo con las manos.
Son las Cholitas Escaladoras de Bolivia Warmis, un grupo que reivindica los derechos de las mujeres originarias a través del montañismo y se han hecho tan famosas que han inspirado películas y documentales.
Cuando se trata de ganar una cima, el grupo se levanta antes del alba y parte hacia su objetivo, desafiando los variados climas del altiplano boliviano.
En la madrugada solo se distingue una columna de linternas. De repente, la luz revela un muro de hielo. En fila, una a una se cuelgan de un arnés y pisan firme con sus crampones, piezas de metal con púas sujetas a las botas, para no caer al vacío.
Los primeros rayos de sol iluminan los rostros cobrizos de estas mujeres de entre 18 y 42 años. Algunas se detienen a tomar fotos del amanecer con sus celulares.
El oxígeno escasea. Pero entre grietas y precipicios, a 10 grados bajo cero, el recorrido de las cholitas continúa.
El paisaje se asemeja cada vez más al de una ventana de avión. Las montañeras parecen hormigas que atraviesan un inmenso páramo blanco.
Aunque el periplo solo se hace más duro, apenas se detienen durante las siete horas de marcha. La altura aflora dolores de cabeza y estómago, que intentan paliar con hojas de coca y chocolate. Cerca del final, dos escaladoras exhaustas abandonan el trayecto.
La última subida es angosta y empinada. Amarradas a la misma cuerda, avanzan despacio, para no resbalar.
Cuando llegan a la meta ríen, se abrazan. Cecilia Llusco baila entre las nubes.
A su hija Camila Tarqui, que con 18 años se acaba de unir al equipo, le gusta "cómo flamea la pollera" ahí arriba. "Estás casi por tocar una estrella cuando llegas de noche", dice asombrada.
Una planicie unos metros bajo la cumbre es el lugar elegido para jugar un partido de fútbol, otro pasatiempo de estas mujeres.
Tras haber conquistado en 2019 el Aconcagua, la montaña más alta de Sudamérica, sueñan en grande: quieren subir el Everest.
"Las mujeres hemos roto varias barreras… Y queremos llegar más lejos. Siempre llevar la cultura aimara en alto", asegura Cecilia.
Sueños de altura
Hija de un guía de montaña, Cecilia Llusco soñaba desde niña con pisar la cumbre del nevado Huayna Potosí, a 6.088 metros sobre el nivel del mar. Sin embargo, por largo tiempo se limitó a cocinar para otros andinistas y cargar sus mochilas.
Hasta que ella y otras mujeres del campo con el mismo sueño decidieron cambiar esa realidad.
"¿Por qué no podemos ir a escalar a las montañas?", se preguntaron, y decidieron organizarse para conseguir la financiación de empresas auspiciantes.
"¿Qué están haciendo estas mujeres aquí, en la montaña? Ya no va a nevar, ya no va a llover". Esas fueron las palabras de un grupo de hombres escépticos cuando las vieron llegar por primera vez, recuerda Cecilia.
Pero nada detuvo a estas amas de casa, cocineras o porteadoras en su sueño de alcanzar la cima.
La ardua caminata transcurre ocho años después de aquel primer día. Tras haber subido casi una decena de picos en Bolivia, Perú y Argentina, ahora desafían una vez más al Huayna Potosí.
"Queríamos demostrar que las mujeres somos fuertes y valientes, que podemos lograr ir con nuestra vestimenta", explica Cecilia.
Cuando pueden, viajan dos horas en una furgoneta alquilada desde El Alto, ciudad vecina de La Paz, hasta muros de hielo accesibles para entrenar. Son hasta 14 mujeres y en cada encuentro comparten un aptapi un banquete aimara.
A las mujeres originarias de Bolivia se las conoce como cholas o cholitas. Aunque algunos usan esos términos con desprecio, para muchos hoy es una palabra más.
Machismo
Se levantaron en la noche tras descansar en un refugio a las puertas del glaciar, se colocaron las típicas faldas plisadas de colores, o polleras, y empezaron a andar en el hielo hacia la medianoche para alcanzar la cima al alba.
Sobre su ropa de lana llevan todo el equipamiento de un montañista: cascos, crampones, piquetas, botas y polainas. Pero, en lugar de una mochila, cargan a la espalda un aguayo, tradicional bulto de tela a rayas donde guardan sus pertenencias.
"Ha habido mucha discriminación hacia la mujer de pollera", comenta Cecilia mientras reclama por la tasa de femicidios en Bolivia, la más alta de Sudamérica de acuerdo con organismos internacionales.
Los indígenas, casi la mitad de la población de Bolivia según un censo de 2012, han visto relegados sus derechos durante buena parte de la historia del país •
La película
“Cholitas”, es el nombre del film que ganó cerca de 25 premios en diversos festivales internacionales y que trata de cinco mujeres de pollera bolivianas que lucharon contra varios obstáculos para hacer cumbre en el cerro Aconcagua (de 6961 metros de altura) en Argentina, el más alto de América.
“Cinco mujeres indígenas bolivianas protagonizan una expedición única. Como símbolo de liberación y empoderamiento se proponen escalar la montaña más alta de América. Su imagen es sorprendente: escalan vistiendo su falda tradicional. Son algo más que escaladoras, son mujeres valientes que encuentran en la montaña un espacio para sentirse libres, felices y vivas. Su aventura mostrará al mundo una manera inspiradora de ser mujer, de vivir la tradición y de relacionarse con la madre naturaleza”, indica la sinopsis.
Tardaron un total de 22 días para llegar a la cima, pues tuvieron que esperar cinco días para que la tormenta pase, además de que superaron otras adversidades en el ascenso.
La filmación: La productora española Arena Comunicación Audiovisual se encargó de grabar toda la expedición, desde el campamento base hasta llegar a la cima. La duración del documental es de una hora y 23 minutos
Premios: Ganó cerca de 25 premios en diferentes países. Entre ellos están: el Festival Gorniškega Filma (de Eslovenia), el Terra Gollut Film Festival (España), Trento Film Festival y Nuovi Mondi Festival (ambos de Italia); entre otros.