Llegada de la Iglesia
Lo dicho en este artículo responde a estudios de investigación de muchas décadas; por lo tanto, sustentadas teórica y científicamente con varias fuentes.
Lo dicho en este artículo responde a estudios de investigación de muchas décadas; por lo tanto, sustentadas teórica y científicamente con varias fuentes.
Grande fue el asombro conocer que, justo en el momento que arribaba Colón al Nuevo Mundo, estaba como Papa Alejandro VI, un papa que no creía en Dios, corrupto y ambicioso sin límites; llegó al extremo abominable de ser incestuoso con su propia hija con la cual tuvo un hijo. Sobre esto, se puede acceder a internet y ver diverso material audiovisual sobre los “Borgias”; muchas serán las sorpresas a encontrar.
Ya es hora de que los pueblos americanos puedan conocer lo que ocurrió, justo cuando a su llegaba a América nos pintaron una versión idílica, utópica y de ensueño. Junto a la Biblia, llegaron los diez mandamientos que, entre otros, decía: “no mentirás, no matarás, no robarás...”; esto contaron e impusieron a los nativos, pero en el primer encuentro con ellos hicieron lo contrario, haciéndoles que los primeros españoles que llegaban serían enviados de los dioses.
La Iglesia Católica llegó a nuestro continente antes, durante y después de Colón (1492); luego, planificaron por casi 40 años cómo invadir (conquistar) el poderoso Imperio de los Incas, porque solo ellos, como institución, producían, gestionaban y operaban el conocimiento en aquellos tiempos. ¡Sí! fueron los curas quienes supieron cómo hacerlo, llegando junto a Pizarro y Almagro en 1532 a Cajamarca; ya frente a Atahuallpa, en la Plaza, cuando este soberano, de manera muy amable los recibió, le asestaron el más duro golpe de traición.
Fueron ellos, a nombre de adelantados, anterior a 1532, que lograron convencer a los pueblos nativos, antes del encuentro con Atahuallpa, que los españoles que venían, serían DIOSES, dada la característica parecida que tenían con Wiracocha (un dios incaico blanco y con barba), que llegaban desde los confines del Océano Pacífico y en grandes naves, sus brillantes armaduras, montados en formidables caballos, además de su piel blanca y barbados. En concreto, los sacerdotes armaron toda esta arquitectura de engaño y mentira, haciendo creer esta y otras medias verdades, con el solo propósito de apoderarse de un imperio formidable, rico en recursos naturales, así como en valores éticos y morales. ¿Cómo se puede entender este comportamiento ambicioso y desalmado de los primeros sacerdotes que llegaron a América?
Tuvieron que estudiarlos antes. Al ver que los incas tenían una civilización muy avanzada, con una economía comunitaria, que no utilizaba el dinero y permitía estar ajenos a cualquier proyecto de ambición de poder, lujuria, mentira, corrupción, etc., esto les hacía vulnerables frente a los intereses europeos que venían dispuestos a todo, con tal de apoderarse de la gran riqueza que tenían. Algo que resaltamos es que los sacerdotes no recibían las órdenes del rey de España, sí del Papa, del cual, por lo dicho de su perfil personal, sus órdenes eran precisas: apoderarse de cuanto oro y plata se encuentre; como en el Tawantinsuyo (cuatro estados incas) había en abundancia, el negocio era de lo más seguro.
Mientras, en Europa, Martín Lutero se rebelaba contra la iglesia que se enriquecía con malas mañas, cobrando por indulgencias a los devotos y, mientras las luchas por el poder dentro la misma Iglesia eran de magnitud, señalando que un buen cristiano era aquel que conquistaba más territorios de los paganos o, en su caso, quien echaba más paganos a la hoguera, en América se contaba a los nativos otra verdad diferente y engañosa a fin de catequizarlos.
Los cronistas relatan que fueron tres sacerdotes que llegaron con Pizarro, uno de ellos, el padre Vicente de Valverde quien se encontraría con Atahuallpa en la plaza de Cajamarca, aquel día fatal de noviembre de 1532; fue quien le mostró la Biblia, que luego el soberano inca ignoraría porque para él era totalmente desconocida, era la primera vez que escuchaba hablar de un Dios blanco y, además, en un lenguaje diferente al suyo. “Atahuallpa, luego de arrojar el libro, reprocharía a Valverde por los robos cometidos por los españoles desde su llegada al Perú y declaró que no partiría en tanto éstos no hubiesen restituido sus rapiñas” (Bernard Lavallé. “Francisco Pizarro”).
Según varios cronistas, llegaron por órdenes de la corona española para desmantelar, cambiar y destruir la historia de las culturas nativas, señalan que utilizaron ese pretexto del libro para que el padre Valverde con la Biblia le pida por fuerza, se convierta a su religión olvidándose del mandamiento de Dios que dictaba, entre otros: ¡no matarás!, ¡no mentirás!, ¡no robarás!, haciendo prácticamente todo lo contrario en ese momento. Valverde dio la orden de atacar, con la Palabra Santiago y comenzaron las matanzas a mansalva.
Todo esto ocurría, tal cual referimos en el libro “Francisco Pizarro”, cuando, luego de invitar a toda la corte del soberano, junto a sus familiares, un vino envenenado, todos los soldados de Pizarro salieron de sus escondites y, en esas tristes condiciones, cuando agonizaban, procedan a rematarlos acabando con sus vidas; a todos, menos a Atahuallpa, porque con él tendrían otros planes; era importante mantenerlo vivo, pero prisionero, en esas circunstancias, poder lograr saber dónde se encontraban las minas de oro y plata de los incas, previo hacerle llenar dos cuartos de plata y uno de oro, mintiéndole que cuando se llenen, volverían a su tierra, porque estos dos minerales eran medicina para su pueblo. Esto no ocurrió, más bien asesinaron a Atahuallpa y se apoderaron de todo el Imperio con más y más mentiras.
Mientras el Papa en Europa tenía una vida regalada y se movía en los terrenos prohibidos y del pecado, como primera autoridad de la Iglesia Católica, este perfil fue cambiado en América, haciéndolo ver como un santo y mostrándolo como un ser con ética y valores supremos como representante de Dios. Vaya mentira, porque la realidad mostraba que el papado era uno de los mejores negocios de entonces. Recordar que Alejandro VI, ni bien asume el papado, envenenó a los cardenales y cobró mucho dinero para nombrar a los nuevos, entre ellos a su propio hijo, en el cual se inspiró Nicolás Maquiavelo para escribir su famosa obra “El Príncipe”.
Como vemos, hay mucho por saber y descubrir. Evangelizar, igual que las pandemias que trajeron, fue una poderosa arma que se convirtió en la primera tarea de todo religioso, que, aprendiendo las lenguas nativas, procedieron luego a evangelizarlos y con esto, sonsacarlos.
Volviendo al tema de Cajamarca, se sostiene que no hubo guerra, sí una fiesta preparada por los de Pizarro; los tres frailes que acompañaron a Pizarro desde España, (Vicente Valverde, Reynaldo Pedraza y Juan de Yepes. 1529-1530), en su último viaje, trajeron tres barriles de vino, dos envenenados y uno no; los alterados invitaron a toda la corte de Atahuallpa, miles de niños, mujeres y hombres murieron, sólo así se justifica el por qué ni un solo de los soldados españoles muere y, solo uno de ellos sale herido en el brazo.
Está claro que también hubo sacerdotes, aunque muy pocos, que se eximieron de esta forma de conducta. Bartolomé de las Casas fue uno de ellos, convirtiéndose en defensor de los nativos. Luego del asesinato de Atahuallpa, Valverde y los otros curas recibirían en pago más de 200 kilos de oro y el doble de plata cada uno, además de piedras preciosas, según sostienen Francisco de Xerez y otros cronistas, todo esto a nombre del Papa y de Dios. Esta fue la carta de presentación de los primeros religiosos en esta tierra •
(*) Gustavo Morales es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).