Navidad y nacimientos
Para las personas que profesan la fe católica, la celebración del nacimiento de Jesucristo es uno de los acontecimientos más significativos del calendario festivo.
Para las personas que profesan la fe católica, la celebración del nacimiento de Jesucristo es uno de los acontecimientos más significativos del calendario festivo. Si bien la fecha de esta celebración fue originalmente adoptada para minimizar las celebraciones paganas en torno al solsticio de invierno en el viejo continente, con el paso del tiempo, la navidad se constituyó en un verdadero símbolo del catolicismo. A la llegada de los conquistadores españoles al nuevo mundo, la celebración de la navidad fue tan ampliamente difundida que llegó a sustituir fácilmente a las celebraciones en torno al solsticio de verano. Por ejemplo, Guamán Poma de Ayala (1936) señala que una de las fiestas más importantes en el Tawantinsuyo era el Capaq Inti Raymi (fiesta del gran señor sol), durante la cual se realizaban grandes ofrendas de oro, plata, mullu y abundantes sacrificios de niños y animales al sol. Dicha celebración fue prohibida durante las campañas de extirpación de idolatrías y, en cambio, se fomentó la celebración de la navidad, siendo obligados los indios a guardar ayunos, vigilias e ir a misa en las celebraciones correspondientes a la navidad, como se ordena en el primer concilio limense de 1551 (Vargas, 1951).
Nacimientos tradicionales en Potosí
Etimológicamente la palabra navidad viene del latín “nativitas” que significa “nacimiento” por lo que no es de extrañar que las representaciones en la escultura del nacimiento de Jesucristo hayan sido tan populares en la ciudad de Potosí. Muestra de ello es que varias familias potosinas aún conservan sus nacimientos de la época colonial, muchos de los cuales han sido heredados por generaciones- Por ejemplo, el niño sevillano con peluca que nacía acostado, pero que luego permanecía sentado en una silla, o el pequeño niño de cera que pertenecía a Gregoria Ulloa, madre de Wenceslao Alba. Ambos niños del siglo XVIII pertenecen actualmente a la familia Oropeza Alba. Así también, en esta gestión volvieron a exhibirse en el Museo del Cabildo, a cargo de Sheila Beltrán, varios nacimientos como el perteneciente al museo costumbrista de Rita Montesinos; en el que el niño Jesús y sus padres tienen el cabello y las pestañas naturales. Se tiene el nacimiento del niño Jesús al interior de un hermoso cristal redondeado, sujetando en las manos a un niño pequeño de cera; nacimiento perteneciente a la familia Moreira. También se tiene varios niños con cabello natural ondulado, que tradicionalmente son denominados como cuzqueños; algunos de los cuales tienen ojos de vidrio y elementos brillantes en la lengua.
A manera de anécdota, según comenta Daniel Oropeza Alba, en 1811 el general José Manuel de Goyeneche hizo su ingreso triunfal a la Villa Imperial de Potosí, después de haber derrotado a las fuerzas revolucionarias argentinas en la batalla de Guaqui. La población potosina, en especial los realistas, ovacionaron al general como un héroe y libertador entregándole una corona de laureles de oro y acuñando una medalla en homenaje al jefe realista. Como homenaje al general Goyeneche, en la navidad de 1811, por voluntad propia de la población, los niños en los nacimientos fueron vestidos con ropa realista.
La celebración navideña de 1826
En 1826, el aventurero inglés Edmond Temple estaba encargado de la compañía minera “Potosí, La Paz and Peruvian Mining Association”, razón por la cual tuvo una estadía de un año en Potosí. En su libro “Travels in various parts of Perú”, Temple llega a describir varios sucesos, anécdotas y celebraciones de la Villa Imperial. En el caso de la celebración de la navidad escribió que, con semanas de anticipación, los artistas eran empleados en hacer y reparar imágenes/figuras de diversos tipos, también armaban y pintaban altares en cada respetable hogar. Las mujeres elaboraban hermosas prendas de vestir, y el nacimiento contaba con la presencia de los pastores con sus rústicos atributos, los magos y los reyes con hermosas ropas, montando elefantes, camellos, caballos y asnos, portando regalos para el salvador del mundo, que no se presentaba en un humilde pesebre sino en una cuna de pura plata u oro, y los paños cubiertos con las más costosas joyas. A cada lado de la cuna se encontraban la Virgen María y José con coronas de oro en sus cabezas y sus túnicas cubiertas con diamantes, perlas y piedras preciosas. Sobre la cuna se tenía una placa de oro con las letras grabadas “Gloria a Dios en las Alturas”; alrededor, suspendidos con delicados alambrares pegados al techo, estaban los ángeles, querubines y serafines flotando en el aire, el cuarto donde se armaba el nacimiento estaba totalmente decorado con flores artificiales, y la acomodación necesaria para recibir a los visitantes elegantemente vestidos, que van de casa en casa admirando los nacimientos con gran devoción.
De igual manera, Temple también destaca la realización de las solemnes procesiones iniciadas de la catedral y otras iglesias que acompañaban la celebración con toda pompa y magnificencia. Asistían a la procesión todos los conventos, y las compañías comerciales con sus estandartes y banderas, también asistían los indios con sus estandartes, su número era enorme y hacían un fuerte ruido tocando sus flautas y cantando. Los habitantes se esmeraban armando altares en las calles para esperar las procesiones. (Temple, 1830) •
* Marco Antonio Flores Peca es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).