Corpus Christi en la Colonia
La fiesta de Corpus Christi surgió en la Edad Media.
La fiesta de Corpus Christi surgió en la Edad Media. Se promueve la idea de celebrar una festividad en honor al cuerpo y la sangre de Cristo presente en la Eucaristía. El Corpus en América fue la fiesta del paganismo, que permitió a indios y negros expresar y conjugar sus antiguas creencias dentro del marco del catolicismo, es así que en el Corpus se evidencia un nutrido sincretismo de mentalidades y creencias.
Desde el siglo XVII era de carácter público y obligatorio, fomentando la algarabía y el regocijo, lo solemne y lo suntuoso en todos los actos rituales escenográficos de los eruditos. La gran fiesta era organizada por el cabildo eclesiástico y civil. Por ejemplo, en la Villa Imperial era una prominente expresividad de las tradiciones y elementos representativos de los grupos indígenas. Durante la época del Virreinato, la vida de la sociedad en ese tiempo estaba con aires de la fe católica implantada en los dominios de la invasión de la Corona Española.
Los cronistas de esa época documentaron la fastuosidad de la festividad del Corpus. En el pasado, año tras año salía a exhibirse, por calles y plazas a recobrar su actualidad, la fiesta era recibida con júbilo, le dedicaban monumentales altares de ocasión, quemaban en su honor irisados fuegos de artificio, eran festejados con danzas y canciones.
La fastuosidad de grandes gastos de fortunas que hacían en esos actos religiosos era una característica en Potosí. La Iglesia Católica hacía creer que, cuanto más pomposos que fueran, más grande sería su veneración a Dios y a la Virgen. De tal modo, los mineros acaudalados corrían con los gastos. Los devotos a tal y cual santo obsequiaban joyas, mantos, objetos litúrgicos, en arcos de plata y cálices de oro. Las cofradías que fundaron en la colonia tenían mucho poder económico para festejar con esplendor una fiesta religiosa.
En la segunda mitad del siglo XVII, el Corpus cobra su mayor esplendor que llega hasta el siglo XVIII, épocas que marcan etapas ascensionales del régimen español, mayor enriquecimiento de la nobleza, lujo y vida dispendiosa de las clases altas, prepotencia del clero y, al reverso, miseria y penalidades de los pueblos indígenas, clase minera y artesanal cada vez más numerosa y empobrecida, en el futuro empezarían a sublevarse contra los opresores.
¿Cómo se desenvolvía el Corpus en La Villa Imperial?, ayer, en la Colonia, con el lujo y esplendor de su sistema económico y de su ideología preponderante. Terratenientes de la nobleza, junto a humildes campesinos indios, vanidosos burócratas apretujados entre artesanos mestizos, señoras joyantes, de copete y sederías, a la vara de las mujeres indias no menos engalanadas con sus mejores trajes polícromos, observaban o seguían el paso. Masa humana y símbolos plásticos inmersos en el cromatismo de la gran Plaza del Regocijo, que en ella se reflejaban ventanales y balcones ornamentados con finos tapices, monumentales altares cuajados de plumería, orfebrería, espejos, gemas y demás obras de arte. La Villa ostentaba más que nunca los relieves de sus magníficas portadas barrocas de piedra tallada.
La Procesión del Corpus Christi, que gracias a la contribución de un millón de pesos hecha por la Villa Imperial al Vaticano en el siglo XVII, el Papa autorizó que en Potosí el Santísimo Sacramento fuera sacado en andas de plata bruñida. Es un privilegio de que gozan únicamente las ciudades de Roma, Sevilla, México y Potosí. En el año 1683, la procesión del Corpus Christi costó más de treinta mil pesos, concurriendo a ella las imágenes de más de quince parroquias, todas las cofradías, veintitrés cruces altas con sus respectivos ciriales, ciento veinte estandartes, todas las comunidades religiosas, el Cabildo, los Tribunales, la aristocracia y todo el pueblo. El trayecto de la procesión fue pavimentado con barras de plata. Los altares construidos en las bocacalles en vez de candeleros y floreros, se usaron piñas de plata de cien marcos cada una.
En el Corpus del año 1737, se estrenó un carro de plata construido especialmente para la procesión anual de esa festividad a costa del Maestre de Campo D. Juan de Santelices y de su esposa Doña María Álvarez, quienes obsequiaron a la iglesia Matriz. La obra fue de un gran mérito artístico y de mucho costo y en el que tomaron parte muchos hábiles orfebres de la Villa Imperial. Salió tirado por veinticuatro niños vestidos de ángeles, enjoyados de pies a cabeza, luciendo sobre sus vestidos de seda blanca, sartas de perlas y bordados de fino aljófar y piedras preciosas, sus alas eran de fina filigrana de plata tachonada, de rubíes, esmeraldas, granates, topacios y diamantes; sus cabezas lucían guirnaldas también de filigrana, con perlas preciosas artísticamente colocadas simulando flores. A los costados del carro, haciendo el ademán de tirarlo con cintas blancas, iban doce presbíteros ricamente vestidos con albas y casullas recamadas con oro y plata tachonadas con piedras preciosas.
Modelo de festividades religiosas por su pompa y su lujo deslumbrante, entonces el empaque colonial que todavía por las multitudes y se refleja entre altares, viene a ser el espectro de una realidad, de un pasado fenecido. Ha perdido aquellos incentivos que enriquecía la emoción popular creadora.
En la procesión actual del Corpus Christi en Potosí ya no existe ningún carro de plata, menos el impacto de esa época; por mucho de que el recorrer del tiempo se vaya despintando, mas hoy, oropel antes que oro auténtico, en proporción lógica con el empaque colonial del tiempo presente. Puede que la descripción realizada no corresponda a lo que el Corpus es en la actualidad; “en el carro del pasado, no andarás lejos”, dice Gorki. Por cualquier lado que se extienda la vista, tanto por los cerros con bocaminas ya vacías del metal blanco, la marcha del tiempo al parecer fue muy apresurada, mientras tanto en la circunferencia del Cerro Rico, miles de cooperativistas mineros, pegados al subsuelo aún laboran como hace siglos. La minería ha envuelto a Potosí con la aureola de la grandeza •
* Cristóbal Corso Cruz es miembro de la Sociedad Geográfica y de historia “Potosí”