El primer guía de las rutas de dinosaurios de Bolivia
Un vistazo a Toro Toro y a su “descubridor”, Mario Jaldín
Mario fue un cóndor en su juventud. O un puma. Bromeo con la agilidad que muestra el primer guía turístico de Toro Toro al subir los 800 escalones de un estrecho sendero en este atractivo del norte de Potosí, frontera con Cochabamba.
Toma toda la mañana y un poco más visitar las cascadas de El Vergel, ubicadas en las profundidades del célebre cañón de Toro Toro, pero Mario Jaldín, de 71 años, puede hacer el recorrido de 700 metros en una hora, ida y vuelta, lo que al común de los mortales nos toma más de dos.
De la belleza del cañón dan cuenta imágenes, videos y la elevada afluencia de turistas en feriados y fines de semana; son visitantes, sobre todo nacionales, que llegan atraídos por las enormes rocas, las huellas de dinosaurios en medio de los recorridos y la asombrosa cueva de Umajalanta, certificada como la más extensa y profunda de Bolivia.
Mario tenía ocho años cuando le encargaron conducir al yugoslavo Leonardo Braniza a la cueva de Umajalanta. El científico se detenía a cada paso, ante la impaciencia de su pequeño guía que llegó a pensar que estaba loco al verlo limpiar ciertos trazos en las rocas con un pincel. “El loco era yo”, dice el guía.
El aventurero le explicó después, con un dibujo, que los rastros de su interés eran huellas de dinosaurios. Y dibujó a saurópodos, un tiranosaurio rex, velocirraptores y terópodos en un papel que el ahora espeleólogo aún guarda como un tesoro.
El yugoslavo volvió varias veces y el año 1969, publicó un artículo que daba cuenta del hallazgo en el desaparecido periódico “Presencia”.
“Hasta ese momento no se había conocido las huellas de dinosaurio en Bolivia y en Sudamérica”, recuerda Mario.
Antes de la creación del parque, en 1988, Toro Toro recibía sobre todo turismo científico. No es que después dejaron de llegar los científicos, pero sí empezaron a mostrar interés bolivianos y extranjeros deseosos de aventuras.
En Bolivia, a los hallazgos paleontológicos en Toro Toro, siguieron los de Tarija y Sucre. Movida por mi origen, le pregunto a Mario por el Parque Cretácico de la capital y me dice que debería ser una potencia, al igual que Toro Toro. Cree posible una mancomunidad que gestione estudios científicos y mayor turismo y conservación.
Segundo capítulo
Dos años después, vuelvo a hablar con el primer guía de las rutas de dinosaurios de Bolivia. Esta vez no lo hacemos frente a un par de cervezas en Toro Toro; nos comunicamos por teléfono, pero sus preocupaciones siguen siendo las mismas: la falta de respaldo al turismo y la necesidad de una mayor difusión de los atractivos a los que le ha dedicado su vida.
Eso sí, me cuenta que el turismo ha aumentado respecto a los últimos años y lo atribuye, entre otros factores, al libro “Toro Toro, las huellas del tiempo”, que escribió junto a Alfonso Alem, y fue presentado por la Fundación Patiño de Cochabamba, en abril.
Según contó en su última visita a Sucre, Alem vivió en la capital como estudiante hasta que en 1976 la dictadura cerró la universidad y empezó a perseguir a quienes consideraba promotores de protestas. Buscó refugio y llegó a Toro Toro caminando; le pareció un pueblo fantasma, como había quedado después de la reforma agraria de 1952, especialmente sangrienta en ese territorio. Pasó mucho desde entonces: Alem estudió ingeniería química, ciencias ambientales, sociales y derechos humanos; fue activista, académico e investigador, y vive desde 2015 en Toro Toro como comunario, productor agroecológico y emprendedor turístico. Califica a Mario como “el descubridor” de Toro Toro.
Durante la presentación del libro, el guía primigenio fue presentado como caminante y explorador; geólogo, espeleólogo y paleontólogo autodidacta; miembro honorario de agrupaciones científicas; fundador de la Asociación Conservacionista Toro Toro; promotor de la creación del parque nacional y la asociación de guías...
Pienso que es, sobre todo, caminante. Durante la pandemia del covid-19, desafió la cuarentena rígida para seguir descubriendo su municipio. Lo que encontró forma parte de las anécdotas que regala entre uno y otro recorrido.
No se ha jubilado y no lo piensa hacer. Además, como emprendedor privado no tiene esa posibilidad. Si el Estado no apoya a mejorar y difundir los atractivos turísticos, menos brinda soporte a sus operadores.
Mario tampoco espera una renta, solo quiere seguir siendo guía. “Soy un millonario pobre, soy millonario del turismo, tengo un millón de amigos en el mundo por ser guía y todos se recuerdan a veces”, me dice.
Está cerca de cumplir 73 años, en julio, y recibirá, como cada año, cientos de llamadas y mensajes en su celular desde Italia, Suecia, Alemania y otros países. Desde Sucre, me adelanté en la felicitación •
Toro Toro
Toro Toro es un lugar único en el planeta porque preserva la estructura geológica y arqueológica de fósiles de organismos de hace más de 150 millones de años y un sistema de cañones privilegiados con más de 1.000 metros de profundidad a lo largo del tramo de la Cordillera de Los Andes que le pertenece a Bolivia.
El municipio guarda un patrimonio ancestral, cultural, histórico, arqueológico y natural, visible en paisajes imponentes desde el punto de vista geológico, paleontológico, espeleológico y biodiverso.
Hay vestigios de hace 7.000 años de colectividades que datan de la época preincaica y colonial que dejaron su arte en la zona.
Está bajo la jurisdicción del Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Bolivia.
Está en marcha un proyecto junto a la Universidad Mayor de San Simón y el Servicio Nacional de Áreas Protegidas para hacer un inventario completo de los sitios con huellas de dinosaurios que tiene Toro Toro junto al equipo paleontológico del doctor suizo Christian Meyer.
Fuente: Libro “Toro Toro, las huellas del tiempo”
* Raykha Flores es jefa de Prensa de Correo del Sur