Llueven documentos
La publicación de la obra en dos tomos “Tumusla: necropsia de un fraude”, de Valentín Abecia López, se ha convertido en la mejor semilla para investigaciones sobre la Batalla que ocurrió el 1 de abril de 1825 y terminó liberando al territorio hoy boliviano.
La publicación de la obra en dos tomos “Tumusla: necropsia de un fraude”, de Valentín Abecia López, se ha convertido en la mejor semilla para investigaciones sobre la Batalla que ocurrió el 1 de abril de 1825 y terminó liberando al territorio hoy boliviano.
Entre el 11 y el 16 de marzo de 2024 se realizó un ciclo de seminarios virtuales organizado por la Sociedad patrimonio.bo, la Editorial 3600, el Centro de Investigación e Información Turística (Cinfotur) e Informática y Telecomunicaciones (Intic-Bol) en el que un total de 12 investigadores presentaron sus trabajos y arrojaron varias luces sobre el tema.
En su “Análisis documental y de contenido sobre el episodio de Tumusla”, Eduardo Díaz-Romero presentó varias publicaciones en las que se hace referencia a la Batalla de Tumusla, pero lo que más llamó la atención fue una fuente primaria, un documento que este investigador encontró en el Archivo General de Indias, y es una carta que el teniente coronel Miguel Elías de Lebrancon y Martín le envió desde Toledo, el 12 enero de 1826, al ministro de Estado de España, Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, con el fin de entregarle una carta que le fue encomendada por un tal brigadier Pozo.
Debido a que no es muy extensa, transcribo la carta que, repito, es un hallazgo de Díaz-Romero, que fue quien tuvo la gentileza de proporcionarme una copia:
“Excelentísimo Señor: Con motivo de la perdida de la Batalla de Tumusla en el Alto Perú de América en la que se concluyó el Ejército Real en aquel país y en el ejercía mi empleo de Capitán de Caballería graduado a Teniente Coronel, (que pongo a disposición de V.E.) me fue preciso en obsequio de mi deber regresar a unirme en España al Gobierno de donde pertenezco, y en el transito arrivé (sic) al Puerto de Montevideo donde tuve amistad con el Señor Brigadier Pozo el cual al tiempo de nuestra separación me encargo muy particularmente pusiese en manos de V.E. el pliego que tengo el honor de acompañarle, no pudiendo entregarlo a V.E. en propia persona por parecerme se demorara un tiempo mi marcha a esa Costa, y he tenido por mas conveniente remitírselo a V.E. desde esta ciudad a fin de que no sufra mayor demora.
“Celebro tener esta ocasión para ofrecerme su más atento subordinado Excmo. Sor. Miguel Elías de Lebrancon”
Díaz-Romero ha encontrado a Lebrancon en los apéndices del segundo tomo de la obra de García Camba. Allí está una “Relación de los jefes, oficiales y otros individuos dependientes de la división del general D. Pedro Antonio de Olañeta, destruida en la quebrada de Tumusla en la acción de 1° de Abril, que se han presentado á este gobierno (el de Salta) y pasan á embarcarse para la Península en el punto de la capital de Buenos Aires”. 496
En la lista está un “teniente coronel graduado, D. Elias Lebrancon”, lo que confirma que este era uno de los oficiales de Olañeta y, tras la capitulación de Tumusla, se embarcó para España en el puerto de Buenos Aires. Este último texto también confirma los hechos de Tumusla, pero la carta, de enero de 1826, en la que se denomina “Batalla de Tumusla” a los hechos del 1 de abril de 1825 es, definitivamente, la cereza en la torta. Lebrancon no se confundió, como Canterac, porque estuvo en Tumusla, combatió allí bajo las órdenes de Olañeta y, al verlo caer, fue uno de los muchos oficiales que optó por capitular. Esa carta es el testimonio de un testigo directo imparcial, porque no era hermano del mariscal, y ese testigo dice, textual y claramente, que allí hubo una batalla. A partir de ahora, ya no se puede aceptar que se llame motín” o “combate” a lo que, como se ha visto, fue una batalla, la Batalla de Tumusla.
Como estamos revisando los aportes de otros investigadores, es preciso reportar que el ingeniero Hugo Canedo Gutiérrez presentó un reporte de sus hallazgos sobre la Batalla de Tumusla en el grupo de WhatsApp integrado por todos los participantes en el ciclo de conferencias virtuales realizado en marzo de 2024.
Se trata de un documento de 53 páginas en PDF titulado “Real Caja de Potosí y Tribunal Nacional de Cuentas en los albores de la República” en el que se identifica un total de 43 piezas documentales del fondo Tribunal Nacional de Cuentas (TNC) del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. De todos esos, 22 están en el folder TNC-3365, cinco en TNC-3100 y 16 del TNC-3125. “En los volúmenes consultados, se encuentran informes, misivas, aportes económicos, revista de batallones del ejército, recibos, etc. De ellos, en su transcripción se priorizo los que están ligados a los acontecimientos militares en el territorio de Potosí”, señala.
Entre esos documentos están los pedidos que hacen unos tres oficiales del ejército real derrotado en Tumusla que, invocando la capitulación, solicitan que se les pague los sueldos adeudados para que puedan viajar con rumbo a sus lugares de origen.
Hugo Canedo fue tan generoso con este reporte que incluyó 24 copias digitales de igual número de fojas, además de seis firmas de Carlos Medinaceli, en diferentes fechas, para que se les pueda cotejar con las que se considera dudosas.
Entre las copias digitales está una de fecha 15 de abril de 1825, cuando el alcalde de Cotagaita, Juan Antonio Michel, realizó un censo castrense del Batallón Cazadores de la Unión, que comandaba Medinaceli, y así nos proporcionó el valioso dato de quiénes integraron el cuerpo militar que triunfó en Tumusla. En el facsímil compartido por Canedo está la plana mayor encabezada por el coronel Medinaceli, a quien siguen el segundo comandante, teniente coronel Miguel Mérida; el ayudante mayor, Domingo Flor; el segundo ayudante, Francisco Larrosa; el subteniente abanderado José Meneses; el capellán, fray Pedro Argüelles; el cirujano, Pedro Ruiz; el sargento primero José Ullague; el sargento primero Romualdo Casmana; los sargentos segundos Martín Molina, Asensio Ramírez y Antonio Ricalde; el cabo primero Pablo Montero; además de Paulino Roxas, Seberino Baquera, Calixto Rodríguez, Esteban Gutiérrez y Mariano Ocampo.
Como se puede ver, Canedo ha proporcionado valiosos insumos para seguir investigando •
* Juan José Toro es fundador y socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).