Maestro Soliz, ¿cambiará las tijeras por el derecho?
Jaime Soliz Soria, toda una institución de la peluquería en Sucre, donde viene ejerciendo tan noble oficio desde hace nada menos que 53 años, acaba de jurar como abogado.
Jaime Soliz Soria, toda una institución de la peluquería en Sucre, donde viene ejerciendo tan noble oficio desde hace nada menos que 53 años, acaba de jurar como abogado. Obtuvo su título profesional de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca a los 64 años, con seis hijos, 12 nietos y un bisnieto, y su perseverancia en los estudios sirve hoy de ejemplo para los jóvenes y para muchos adultos. Al final, él, como hombre de la tercera edad, sabe más que nadie aquello de que nunca es tarde para cumplir los sueños…
“¡Qué interesante es la vida!”, exclama, todavía emocionado, días después del Acto de Colación y Juramento de Ley, en su peluquería de la calle Avaroa, “yo peluqueaba a mi director de carrera, Freddy Magariños, cuando era niño”. Lo mismo ocurría con Vladimir Hurtado, el que terminó siendo su docente en Derecho Comercial. A los dos les cortaba el pelo “en la tablita”… La tablita (“es mara, pura”, la golpea hoy con los nudillos), un pedazo de madera atravesado en los sillones convencionales para adaptarlos a los más pequeños, parte de la infraestructura de los antiguos peluqueros, tiene sus años.
“Esta tablita no solo conoce a tu potito, también al potito de tu papá”. La broma, un clásico del lugar, tiene asidero considerando que por esta peluquería, después de más de medio siglo, pasaron generaciones de familias conocidas del medio. Hoy, un martes, Reynaldo Quintana, llegado de La Paz, se apareció con sus dos hijos a los que Jaime había peluqueado antes, siendo ellos unos niñitos. Pues, resulta que, siguiendo la tradición, Carlos Quintana (papá de Reynaldo) y Félix Quintana (papá de Carlos), también pasaron por sus tijeras mágicas. Solo en esta familia, van cuatro generaciones.
Recuerda con especial cariño a los Caballeros Velasco, de origen beniano, que ya suman cinco generaciones de varones peluqueados por el inagotable Jaime Soliz. En Sucre, entre otros, a los Montalvo (menciona al profesor jubilado Carlos Montalvo, a su padre, a su hijo, el abogado Oscar Montalvo, y al hijo de este); a los Argandoña, empezando con don Miguel, padre de Gonzalo, a quien sigue cortándole el cabello, lo mismo que a sus hijos, entre ellos a Gabriel, cuyo hijito no dejó de cumplir esta pulcra costumbre de bisabuelos, abuelos, padres e hijos, todos sentándose en los mismos sillones de peluquería. A propósito de esto, Jaime reflexiona: “La tradición todavía prevalece en Sucre, pese a que han aparecidos las barberías…”.
Las barberías… un fenómeno cuya explosión en la capital de Bolivia no tiene más de cinco años. Él lo atribuye a “la época”, en la que han aparecido cortes de toda clase, atribuidos a los “barberos”. Algunos de ellos se atreven incluso a avanzar con arriesgados “diseños” (modernos cortes, trabajados a navaja, que terminan con dibujos artísticos surcando el pelo), sin contar con las coloridas tinturas de moda.
A algunos padres, según Jaime, esto no les gusta tanto. Ellos son los que se acercan a su peluquería y preguntan si corta “con tijera, peine y navaja”, a la vieja usanza. De todos modos, él no le cierra las puertas a la modernidad: “Estoy capacitado para hacer todo tipo de cortes”, dice, refiriéndose a los que aprendió en su momento y a los que la moda ha ido imponiendo a medida que se acababa el siglo pasado y se anunciaba el nuevo.
Entonces, muestra sus revistas con modelos que sus clientes pueden escoger, o aclara que también puede aplicarlos de imágenes de celular.
“Siempre el arte de la peluquería ha sido la tijera y el peine, y la navaja para sacar los vellos del cuello, las patillas”, enseña, para, acto seguido, a propósito de los machismos que inevitablemente rondaron por siempre a estos lugares reservados para hombres, afirmar que “las damas tienen un ojo clínico que yo respeto mucho. Les gusta ver al varón bien elegante, bien peluqueado”. Entonces, surge una anécdota. Cuenta que una vez la madre de uno de sus jóvenes clientes lo recriminó: “No te has hecho cortar con el Jaime”. “He ido”, le respondió el hijo. Un día le dieron dinero y lo persiguieron; estaba en otra peluquería. La conclusión a la que llegaron es que se ahorraba unos pesos, pero su corte lo terminó delatando. Ese día, el padre de familia le exigió: “¡Traiga el cambio!”.
La confrontación entre lo clásico y lo moderno no es el único cambio que Jaime ha atestiguado a lo largo de más de cinco décadas en el oficio. Con la pandemia del covid-19, llegaron las reservas por WhatsApp. “Para que no haya aglomeración de gente”, explicar antes de recordar que, antes, atendía “por orden de llegada”. Había que esperar, siempre leyendo el periódico (hoy, como siempre, tiene su ejemplar de CORREO DEL SUR en la mesita ratona); “no sé iban a otro lado por fidelidad”. En este punto, concluye que “ahora (con WhatsApp) les resulta más fácil, hemos aprendido a educarnos. El covid nos ha educado”.
Un peluquero educado
Jaime Soliz destaca por ser un hombre respetuoso de las formas. Comenta que a sus docentes, por ejemplo, pese a que algunos de ellos eran sus amigos de varios años, nunca dejó de llamarles ‘doctores’; cree que es importante honrar su lugar, y que el estudiante debe guardar distancia con ellos.
Inevitablemente tenía que heredar estas consideraciones de su familia, ligada a la peluquería desde tiempos antiguos en la ciudad. Hasta la actualidad se siente agradecido con su abuelo, Benedicto Soliz Saravia, quien durante 75 años tuvo la famosa “Soliz Peluquería” en la calle España 19, al lado de la actual Mutual La Plata. Habla del patriarca de la peluquería en Sucre. “Ahí mismo trabajaba mi tío Hugo y mi papá, Jaime Soliz Gonzales”, complementa. “He tenido el privilegio de aprender de lleno con mi abuelo”. Severo era él: “Yo no estoy para explicar dos veces, yo explico una sola vez”, comenta que le decía. Su recuerdo más remoto de estas lecciones que le han marcado a fuego data de 1973: “yo tenía 13 años”. Jaime Soliz Soria es el último de la legión de peluqueros de la calle España…
Aquella misma educación y seriedad (no de ahora, que se recibió de abogado, sino desde hace mucho que viste traje y corbata) lo impulsó, quizá, a buscar mayores aprendizajes pasando por las aulas universitarias. Con 64 años de edad, seis hijos, 12 nietos y un bisnieto, venció todas las materias de Derecho y, además del título de licenciado (defendió su monografía “Acción de libertad tutelada ante la detención preventiva prolongada” el 20 de marzo de 2024), tiene un diplomado en Derecho Constitucional.
Y así como se hizo un experto en el manejo de las tijeras, y en los últimos años le tomó el gusto a los libros, se ha fijado una nueva meta: un diplomado en Educación Superior, para cumplir otro sueño más, el de ser docente.
¿Una anécdota extra? Los catedráticos a los que él atendió por mucho tiempo “dejaron de venir por ética”, revela, casi como contando un secreto, porque en la peluquería solía recibir a algunos de sus compañeros de curso para hacer tareas y ellos llegaban y los veían…
¿Dejará las tijeras?
En entrevistas realizadas por ECOS hace algunos años, Jaime indicaba que, al parecer, ninguno de sus hijos seguiría sus pasos en la peluquería. Pero esta vez revela que uno de ellos, Jesús Gabriel Soliz, abrió una en Muyupampa y está retornar a Sucre. “Estuvo en el juramento, en mi acto. Yo le dije: ‘Tienes que volver, yo voy a tener que dejar de aquí a un tiempo, o en los ratos que yo no esté trabajando, tú vas a trabajar acá’”
Jesús aprendió —cómo no— de su padre: “Ha empezado con lo clásico y ahora —joven de la época— hace diseños fabulosos y bien hechos”.
Mientras tanto, Jaime analiza en qué rama del Derecho especializarse. “El tiempo nos dirá para qué servimos”, reflexiona luego de citar algunas que le interesan: familiar, civil e incluso penal, sin dejar de ser consciente de que “el que mucho abarca, poco aprieta”.
Pero, entonces, llega la pregunta inevitable: ¿Cambiará las tijeras por el derecho? “No puedo abandonar a los clientes. Porque, ¿el cliente por qué lo busca a uno? Porque confía en las manos que uno tiene para hacerse peluquear”, contesta. Después, anuncia que piensa colocar un escritorio en una esquina, en el mismo ambiente de la calle Avaroa, para compartir su clásico oficio con su nueva profesión.
“Aquí voy a poner mi escritorio, aquicito (señala el lugar); entonces, hay que caminar de a poco y humildemente. No hay que decir: ‘Yo ya no soy peluquero’. No, no, no, eso sería, pues, negar mi origen”, cierra la entrevista •
Fútbol Club Barcelona, de Sucre
Jaime Soliz Soria fundó el ya desaparecido Fútbol Club Barcelona, de Sucre, el 25 de mayo de 1984. No continuó “porque se requería mucha plata, y yo era solo. Teníamos lindo equipo, hemos llegado hasta la primera B”, recuerda él, con orgullo”.
Dice que hasta hoy le animan a refundar el club. “Ahora, por sus hijos”, agrega; es decir, los jugadores de entonces quieren que sus hijos y nietos jueguen en el Barcelona sucrense.
Abdón Murillo, ex Independiente Petrolero, Bolívar, Aurora, Real Potosí y Selección Boliviana, surgió de este modesto club. Y Juan Carlos Ramírez, estrella del fútbol de salón, seleccionado boliviano. Y los Montoya, del barrio San Francisco, apunta Soliz.
Fueron campeones Sub 12 Interbarrios, entre más de 30 equipos de Sucre…