El santo de Ch’utillos

San Bartolomé es el patrono de la festividad de Ch’utillos, pero no de Potosí.

El santo de Ch’utillos El santo de Ch’utillos Foto: SIHP

Juan José Toro Montoya
Ecos / 30/08/2024 06:30

San Bartolomé es el patrono de la festividad de Ch’utillos, pero no de Potosí. Su colocación en la quebrada de Mullu Punku, donde se encuentra la hoy llamada “cueva del diablo”, data de 1589 porque esa es la fecha que aparece en los escritos de Bartolomé Arzáns.

Según el jesuita Pablo Joseph de Arriaga, fue elegido por sorteo para ser entronizado en el lugar, reemplazando un culto autóctono, pero es difícil de creer que eso fue por azar.

Veamos algunas de las características de esta advocación y su vínculo con la festividad de Ch’utillos: 

En la Biblia

Un sacerdote franciscano, fray Daniel Rocha Callapa, se ha ocupado de recopilar y metodizar la información sobre este santo. Él confirma que Bartolomé aparece con ese nombre en los tres evangelios sinópticos (los de Mateo, Marcos y Lucas), cuando Jesús llama o escoge a sus doce discípulos, y en los Hechos de los Apóstoles, al momento de elegir al sucesor de Judas. En todos esos casos, se trata solo de una mención enumerativa, sin dar más datos del personaje (Rocha, 2008: 24-26).

Donde sí aparece todo un pasaje de este apóstol en particular es en el Evangelio según San Juan, en el capítulo 1, versículos 45 a 51, que refiere cómo Jesús lo conoce, pero no aparece con el nombre de Bartolomé, sino Natanael:

45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.

48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

 “50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”.

Puestas así las cosas, no parecen existir demasiadas razones para identificar a Natanael con el Bartolomé de los evangelios sinópticos. ¿Por qué se asumió que eran la misma persona? Por su relación con Felipe. Como hemos visto, es Felipe quien busca a Natanael para contarle que ha encontrado al Mesías y él le responde con incredulidad (“¿De Nazaret puede salir algo de bueno?”).

En los otros tres evangelios, Bartolomé aparece enumerado junto a Felipe. Parece una razón de poco peso, pero es la que encontramos.

Los martirologios romanos consultados para este trabajo tampoco dan demasiadas luces sobre la razón por la que se identificó a Natanael con Bartolomé. El de Catholic.net señala que “San Bartolomé, (fue un) apóstol, al que generalmente se identifica con Natanael. Nacido en Caná de Galilea, fue presentado por Felipe a Cristo Jesús en las cercanías del Jordán, donde el Señor le invitó a seguirle y lo agregó a los Doce. Después de la Ascensión del Señor, es tradición que predicó el Evangelio en la India y que allí fue coronado con el martirio (s. I). (Fenlon, 2012)”.

Aquí encontramos un par de elementos que no están en la Biblia: Bartolomé –o Natanael– predicó en India y fue martirizado.

Otras fuentes

En 1788, el Diccionario histórico cronológico, geográfico y universal de la Santa Biblia decía que San Bartholome (con “h”) era uno de los doce apóstoles, pero agregaba que “el Evangelio nada dice de él, ni hay historia cierta de su vida, ni de su muerte” (Armesto, 1788: 149). Se explicaba que “el nombre de Bartholomé no es nombre propio, pues significa hijo de Ptolomeo, y podría tener el nombre de Nathanael” (Ídem). Pero “Bar” no es “hijo” en hebreo puesto que la dicción que más se aproxima a esa palabra española es “Ben”. Más aún, entre los hebreos, o judíos, no existe el concepto “hijo de Dios”, puesto que ellos consideran que Dios no tuvo, ni tiene, hijos. Por tanto, solo queda aceptar, aunque con reservas, que Bartolomé viene del arameo “Bar” que quiere decir “hijo” y Ptolomeo, que es un nombre griego.

Pero, pese a eso, no pasó a la historia de la Iglesia como Natanael, sino Bartolomé, San Bartolomé.

La única referencia convincente sobre el nombre la publica ACI Prensa:

“El nombre (Bartholomaios) significa “hijo de Talmai” (o Tholmai) que es un antiguo nombre hebreo, llevado por el Rey de Gessur cuya hija era esposa de David (II Reyes 3:3). Esto demuestra, al menos, que Bartolomé era un descendiente hebreo y este puede haber sido su genuino nombre propio o simplemente añadido para distinguirlo como el hijo de Talmai. Fuera de las instancias referidas, no ocurre otra mención de su nombre en el Nuevo Testamento” (Fenlon, 2012).

En 1596 se decía de él que “predicó el Evangelio de Cristo en la India, y pasando de allí a la Armenia Mayor, habiendo convertido muchísimos a la fe, fue desollado vivo por los bárbaros, y decapitado por orden del rey Astiages, consumó el martirio. Su sagrado cuerpo, trasladado primero a la isla de Lípare, después a Benevento, y finalmente a Roma, a la isla de Tíber, es allí venerado con gran piedad de los fieles”. (Baronio, 1596 [1953]: 228).

Los datos de los martirologios parecen conformes, pero, al no encontrar ninguno en el Nuevo Testamento, es necesario preguntarse de dónde salen. La principal fuente sobre San Bartolomé es el obispo Eusebio de Cesarea (263-339), a quien se considera “el padre de la historia de la iglesia”. Él menciona a Bartolomé, ya con ese nombre, al escribir sobre Panteno de Alejandría:

“De éstos fue también Panteno, y se dice que fue a la India, donde es tradición que se encontró con que el Evangelio de Mateo se le había adelantado en su llegada entre algunos habitantes del país que conocían a Cristo: Bartolomé, uno de los apóstoles, les había predicado y les había dejado el escrito de Mateo en los propios caracteres hebreos, escrito que conservaban hasta el tiempo mencionado” (Cesarea, 2008: 302).

Fenlon apunta que “ninguna mención de San Bartolomé ocurre en literatura eclesiástica antes de Eusebio” y agrega que “otras tradiciones representan a San Bartolomé como predicador en Mesopotamia, Persia, Egipto, Armenia, Lycaonia, Phrygia, y en las orillas del Mar Negro; una leyenda, es interesante notar, lo identifica con Natanael”.

Pero si bien hay coincidencias en el lugar donde murió, Armenia, el nombre de quien ordenó su muerte, el rey Astiages, y su martirio, el desollamiento, no existen suficientes datos sobre su condición de vencedor del demonio. En Wikipedia se lee que “en los evangelios apócrifos, San Bartolomé requiere a Cristo resucitado que le muestre al maligno Belial. Después de habérselo mostrado, Jesús le indica ‘písale la cerviz y pregúntale’”. 

Y agregan que “según la tradición, expulsó a un demonio, denominado ‘Astaroth’, de un templo donde éste vivía dentro de una estatua; San Bartolomé demostró la ineficacia de la estatua, que decía curar las enfermedades, expulsó al demonio y consagró el templo a Jesús”.

Ahí se encuentra, entonces, el origen de las tradiciones sobre sus atributos de vencedor de demonios, en los evangelios apócrifos. “Un evangelio apócrifo de Bartolomé existió en los primeros años”, complementó Fenlon.

Pero el carácter apócrifo de estos evangelios es el que mueve a la duda. Podrían ser originales, y corresponder a los primeros años del cristianismo, pero más de uno se ha revelado como escrito posteriormente, en la Edad Media, como una consecuencia de las tradiciones cristianas que habían surgido hasta entonces. ¿Cómo fiarse de su autenticidad? La única manera es mediante análisis radiocarbónicos que determinen con exactitud la antigüedad de esos escritos que fueron excluidos de la Biblia “oficial” en el Concilio de Nicea I por razones más políticas que históricas.

De todas maneras, queda claro que tanto la iconografía como la hagiografía de San Bartolomé, la cual incluye sus atributos, constituyen construcciones culturales que fueron edificándose a través de los años sobre la base de tradiciones que primero fueron orales y luego se recogieron en escritos medievales, lo que no descarta la posibilidad de que correspondan a periodos anteriores.

Aclaradas esas dudas, queda ver por qué se lo escoge para colocarlo en la hoy llamada “Cueva del diablo”. Además de expulsor de demonios, ¿por qué se lo elige a él en lugar de, por ejemplo, Santiago o San Agustín que, para 1589, ya eran patrones de Potosí?

Asilo del proscrito

Recordemos que, según el martirologio, Bartolomé, o Natanael, murió desollado; es decir, le arrancaron la piel en vida y es por eso que se lo representa a veces con una tira de piel colgando de una mano.

En 1879, en la carta que le dirige al ministro de fomento de España, Francisco de Borja, presentándole las “Tres relaciones de antigüedades peruanas”, Marcos Jiménez de la Espada señala que es “cierto que el mismo César mandaba a hacer pedazos y reducir á moneda, antes de verlas, las ricas preciosidades que componían su quinto del tesoro de Ataw Wallpa; cierto que Hernando Pizarro despojaba al adoratorio de Pachacámac de su opulenta chapería de oro y de sus raras ofrendas; y que los conquistadores de Quito desollaban á honor de San Bartolomé” (Jiménez, 1879: VIII).

Ese dato recuerda otro elemento de los sucesos extraños que ocurrían en la quebrada: la aparición de cadáveres de personas a quienes se habría desollado o extraído la grasa corporal. “Los poderes del diablo habrían sido parcialmente transferidos a otros personajes nos menos inquietantes: ‘los lik´ichiris (saca grasa) también después que los diablos se han tapado, han aparecido’. Estos, desde una cueva ubicada más arriba que aquella del diablo, aterrorizan a los viajeros a quienes secuestran con el fin de quitarles la grasa” (Absi y Cruz, 2006: 11)

Desde la lógica más elemental, no se puede aceptar que el causante de los sucesos haya sido el diablo. Es más coherente suponer que, por su estratégica ubicación, la quebrada de Mullu Punqu o La Puerta pudo ser elegida por algunas personas o grupos de personas para parapetarse allí con diferentes fines. El lugar sirve tanto para cometer crímenes como para tender emboscadas. Si fue para esto último, teorizamos que quienes se apostaron en el lugar fueron hijos de los exiliados de Cantumarca, aquellos que debieron dejar su pueblo luego de la batalla de Jesús Valle en la que cayó su caudillo, Chaki Katari.

Hay que apuntar que Arzáns admitió que “los españoles destruyeron con civiles guerras aquella población”.

Tiene más lógica suponer que los vencidos se ubicaron en Mullu Punqu y desde allí acecharon a los potosinos. Proscritos, sus hijos prosiguieron con esa tarea incluso hasta 1589.

Para las autoridades españolas, y los jesuitas, entonces dedicados a extirpar cultos, no les resultaba nada conveniente admitir que ahí, en la quebrada donde se practicaba un culto ancestral, y que era la puerta natural de Potosí, estaban indios rebeldes. Era mejor decir que ahí estaba el diablo y luego, tras la solemne entronización, proclamar que este fue derrotado por el santo católico.

Entonces, la elección de San Bartolomé no fue un hecho al azar sino cuidadosamente planificado: un santo que es defensor contra el demonio, y además se parece a Thunupa, se entroniza en el lugar y pone fin tanto al culto andino como a la presencia de los indios proscritos ya que, por lo menos por los siguientes años, se coloca vigilancia al lugar •

Fuentes:

ARMESTO y Goyanes, Joseph (1788) 

Diccionario Histórico, Cronológico, Geográfico y Universal de la Santa Biblia. Imprenta de Blas Román. Madrid.

BARONIO, César. (1596 [1953])

Martirologio Romano, reformado conforme a la nueva razón del kalendario y verdad de la historia eclesiástica. Publicado por mandato de Gregorio XIII, Pontífice Máximo.  Traducción de Dionisio Vázquez. Editorial Apostolado de la Prensa. Valladolid. 

CESAREA, Eusebio de (2008)

Historia Eclesiástica. Texto, versión española, introducción y notas de Argimiro Velasco- Delgado. Biblioteca de Autores Cristianos. Tercera reimpresión. Madrid.

FENLON, John F. (2012)

San Bartolomé. En ACI Prensa (Agencia Católica de Informaciones). Recuperado desde: https://ec.aciprensa.com/newwiki/index.php?title=San_Bartolom%C3%A9&oldid=22149

ROCHA Callapa, Daniel (2008)

Peregrinando con la historia de San Bartolomé. Latina Editores. Oruro.

WIKIPEDIA, la enciclopedia libre (2024)

Bartolomé el apóstol. (20 de agosto de 2024). En Wikipedia. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/wiki/Bartolomé_el_Apóstol

 

* Juan José Toro es fundador de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

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