Ejércitos bicentenarios
De manera jurídica y jurisdiccional, lo que hoy es Bolivia era una porción de territorio que durante el periodo virreinal, más frecuentemente llamado colonial, se llamó Real Audiencia y Cancillería de los Charcas, razón por la que ese debería ser el nombre a utilizarse.
De manera jurídica y jurisdiccional, lo que hoy es Bolivia era una porción de territorio que durante el periodo virreinal, más frecuentemente llamado colonial, se llamó Real Audiencia y Cancillería de los Charcas, razón por la que ese debería ser el nombre a utilizarse. No obstante, durante la Guerra de la Independencia se hizo común llamar alto Perú a Charcas para diferenciarlo del Perú que se quedó en el Virreinato de ese nombre tras crearse el Virreinato del Río de la Plata. Tras la creación de este último, Charcas pasó a formar parte de él, pero los sucesos que comenzaron el 1 de enero de 1809 en Buenos Aires y la ruptura que significó la revolución del 25 de Mayo de 1810, que independizó a las provincias bajas del virreinato, dio paso a la creación de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ante esa situación, y atendiendo los pedidos de los gobernadores de Potosí y La Plata (2017 [2006]: ROCA, 502), el entonces virrey del Perú, José Fernando de Abascal y Souza, dispuso que la Audiencia de Charcas y la intendencia o provincia de Córdoba del Tucumán pasen a depender de su virreinato “hasta que se restablezca en su legítimo mando el Excmo. Señor Virrey de Buenos-Ayres (y demás autoridades legalmente constituidas)” (1810: ABMG-D 00005), lo que, como sabemos, jamás sucedió.
Para 1824, el ejército real creado por Abascal para sofocar las sublevaciones, dependía del virrey de entonces, José de la Serna, y, para efectos de estudio, la mayoría de los investigadores los dividen en tres grandes fracciones: el ejército del norte, comandado por José de Canterac; el del sur, encabezado por Jerónimo Valdés, y, finalmente, el del alto Perú, que comandaba Pedro Antonio de Olañeta. Semprún dice que, hacia 1820, llegó a dividirse en cuatro: el del Norte, con cabecera en Guayaquil; uno central, que era comandado por el entonces virrey Joaquín de la Pezuela; el de reserva, radicado en Arequipa, “destinado a la protección del Sur del Perú” y “por último figura la agrupación del Alto Perú, al mando de Olañeta” (2021: SEMPRÚN, 179). Uno de los protagonistas de aquella guerra publicó que “el total de fuerzas que se mantenían en el Perú era el de 18.000 hombres, en esta forma: 4.000 la división de Olañeta, con las guarniciones de Santa Cruz de la Sierra y Charcas: 3.000 en Puno y Arequipa, cuyas fuerzas componían el Ejército del Sur; 8.000 el del Norte, 1.000 en el Cuzco y 2.000 empleados en las otras guarniciones” (1894: VALDÉS, 88). Entonces, se mire por donde se mire, existe coincidencia al afirmar que hubo una división del ejército realista asignada expresamente al territorio hoy boliviano y eso se explica tanto por razones de estrategia, puesto que Charcas estaba tan alejado de Lima como de Buenos Aires, como por la importancia económica que representaba el Cerro Rico de Potosí.
El enemigo de los realistas era el bando revolucionario que, aunque lo denominemos así por razones de organización panorámica, en realidad era una serie de ejércitos o tropas que respondían a la situación política de entonces que, como veremos enseguida, era de notorio caos:
En el noreste de Sudamérica estaba el territorio mayor, puesto que mantenía su integridad territorial, el Imperio del Brasil, constituido como tal tras liberarse del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Su gobernante era Pedro I, hijo del rey Juan VI de Portugal y de su esposa, la infanta española Carlota Joaquina de Borbón, que era hija del rey Carlos IV de España. La familia real tuvo que dejar Portugal a fines de noviembre de 1807, huyendo de la invasión napoleónica, y se estableció en Río de Janeiro. Entre 1808 y 1812, la infanta Carlota Joaquina intentó aprovechar la crisis que la invasión napoleónica creó en España y reemplazar a su hermano Fernando VII cuando este fue tomado prisionero. El envío de José Manuel de Goyeneche como su emisario a Charcas fue uno de los hechos que provocaron la revolución del 25 de Mayo de 1809 en Chuquisaca. El hijo de la infanta, Pedro, aprovechó la crisis política provocada por el amotinamiento de las tropas portuguesas en Río, el 26 de febrero de 1821, para crear una situación favorable a él y proclamar la independencia de Brasil, el 7 de septiembre de 1822. Constituyó a Brasil en Imperio y se proclamó emperador con el nombre de Pedro I. Hacia 1824, Pedro había otorgado una constitución al Brasil y afrontaba los intentos de escisión provocados por la revolución pernambucana.
La situación en el sur era de inestabilidad total. La Capitanía General o Gobernación de Chile había declarado su independencia en Talcahuano el 1 de enero de 1818, pero afrontó una situación de crisis desde entonces que incluso permitió que sea recuperada por los españoles. Tras la renuncia de Bernardo O’Higgins al cargo de director supremo, el 28 de enero de 1823, el país inició un proceso de organización que solo terminaría en 1833. Mientras tanto, hacia el este, en la capital del Virreinato del Río de la Plata se produjo la Revolución de Mayo que; sin embargo, se diluyó en medio de luchas intestinas y eclosionó en 1820. Durante la denominada “anarquía del año XX”, el Estado que surgió el 25 de Mayo de 1810 con el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata perdió el mando único y esas provincias eran regidas por gobiernos regionales, aunque reconociendo la prevalencia de Buenos Aires.
En el noroeste se desarrollaba, todavía fuerte, la República de Colombia creada en 1819 por el Congreso de Angostura sobre la base de la Tercera República de Venezuela y las Provincias Unidas de la Nueva Granada, liberadas por la campaña de Simón Bolívar. Con la adhesión de la Real Audiencia de Panamá, la Presidencia de Quito y la República de Guayaquil, esta Colombia –a la que la historiografía denomina “Gran Colombia” para diferenciarla de la actual– se convirtió en un Estado extenso y, por lo mismo, difícil de controlar. Pese a ello, su presidente, Bolívar, le encargó el gobierno de ese territorio a Francisco de Paula Santander para continuar su campaña libertadora en el Perú, donde José de San Martín le cedió la posta en la guerra con España. En Perú, el libertador asumió la suprema autoridad militar y política que, en los hechos, era una dictadura que los peruanos toleraron en los primeros años porque solo era el paso de una situación vertical a otra.
Debido a ello, aunque dividido en tres, por razones estratégicas, el Ejército Real del Perú obedecía a un solo mando, el del virrey, mientras que en el lado revolucionario había más de un líder. El reconocible, empero, era Simón Bolívar, porque presidía Colombia y gobernaba en el Perú donde juntó las tropas de ambos países para constituir el “Ejército Unido peruano colombiano Libertador del Perú”. Aunque este actuó de manera conjunta, conservó sus formaciones originales y también se reforzó con algunas tropas chilenas y rioplatenses. Fue este ejército el que derrotó al realista del Perú en Junín, el 6 de agosto de 1824. Tras esa derrota, las cifras variarían antes de la batalla decisiva: Ayacucho •
FUENTES CONSULTADAS
1810: ABMG-D 00005, Bando de Abascal. Archivo, Biblioteca y Museo Galindo, colección digital.
1894 VALDÉS, Jerónimo; a través de su hijo Fernando Valdés Héctor Sierra y Guerrero, Conde de Torata. Documentos para la historia de la guerra separatista del Perú. Tomo I. Imprenta de la ciudad de M. Minesa de los Ríos. Madrid.
2017 [2006] ROCA, José Luis. Ni con Lima ni con Buenos Aires, la formación de un Estado nacional en Charcas. Biblioteca del Bicentenario de Bolivia. Plural Editores. La Paz.
2021 SEMPRÚN Bullón, José. El Virrey Pezuela, un personaje clave en el proceso de emancipación del Virreinato del Perú, en REVISTA DE HISTORIA MILITAR, número extraordinario II, Claves del Bicentenario de las emancipaciones americanas (1821-2021). Instituto de Historia y Cultura Militar. Ministerio de Defensa de España. Madrid.
* Juan José Toro es cronista de ECOS, fundador de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).