El moho, ¿héroe o villano?

Cuando encontramos un alimento cubierta de una capa de peulsa verde, o una pared con manchas negras, nuestra reacción es negativa pero, detrás del impacto visual está la verdad sobre estos hongos.

El moho afecta particularmente a los alimentos.

El moho afecta particularmente a los alimentos. Foto: Unifranz

Alexander Fleming es el descubridor de la penicilina.

Alexander Fleming es el descubridor de la penicilina. Foto: La Vanguardia

Moho en el microscopio.

Moho en el microscopio. Foto: Trace Analitycs


    Ámbar Patricia Toro Soliz
    Ecos / 15/10/2024 23:31

    El moho, ese nombre que frecuentemente nos hace pensar en manchas negras en las paredes y alimentos en mal estado, no corresponde necesariamente al villano de la historia. Aunque puede ser problemático, también tiene su lado positivo. Analicemos los pros y contras del moho y cómo influye en nuestra vida diaria.

    El moho puede convertirse en un problema silencioso en nuestros hogares. Para personas con alergias o problemas respiratorios como el asma, puede causar síntomas como tos, congestión nasal, irritación en la garganta y en los ojos. Además, algunas especies, como el moho negro (Stachybotrys chartarum), producen sustancias llamadas micotoxinas que pueden ser peligrosas para la salud. El moho puede crecer en muchos tipos de superficies como madera, papel, telas y alimentos, especialmente en lugares húmedos y mal ventilados, que son ideales para su desarrollo. Además de dañar estos materiales, puede causar problemas estructurales en el hogar. También afecta la apariencia de la casa, ya que deja manchas negras o verdes en paredes y techos, que son difíciles de eliminar y suelen generar malos olores.

    Pero no todo es negativo cuando hablamos del moho. De hecho, ha salvado millones de vidas. La penicilina, uno de los antibióticos más importantes en la medicina, proviene del moho Penicillium notatum. Descubierta por Alexander Fleming en 1928, la penicilina ha revolucionado la medicina moderna. El moho también tiene un papel protagónico en la industria alimenticia. Sin él, no podríamos disfrutar de quesos como el Roquefort, que obtiene su sabor y textura únicos gracias al moho Penicillium roqueforti. Además, ciertos embutidos, como el salami, utilizan moho en su proceso de curación para desarrollar sabores profundos y complejos. En la naturaleza, el moho es un reciclador nato: descompone materia orgánica como hojas y madera muertas, devolviendo nutrientes al suelo y a mantener el equilibrio en los ecosistemas.

    En el campo de la biotecnología, el moho también tiene aplicaciones fascinantes. Por ejemplo, se utiliza en la fabricación de enzimas para detergentes. Los científicos han modificado el moho para que produzca enzimas que eliminan manchas de proteínas y grasas de la ropa, haciendo que los detergentes funcionen mejor. Además, el moho se usa en la limpieza de contaminantes del medio ambiente en un proceso llamado biorremediación. Algunas especies de moho pueden descomponer sustancias tóxicas, ayudando a descontaminar suelos y aguas afectadas por residuos industriales. Aunque aún queda mucho por descubrir sobre el moho. Ya se sabe que tiene un gran potencial en diversas áreas, como la medicina, la protección del medio ambiente y la aceleración de procesos industriales. El estudio del mundo microscópico del moho sigue siendo una fuente de importantes avances, y su versatilidad lo convierte en un recurso valioso para enfrentar distintos desafíos, desde la limpieza de contaminantes hasta el desarrollo de nuevas tecnologías.

    Entonces, ¿el moho es malo? La respuesta no es tan simple. Si bien puede ser perjudicial para la salud y causar daños materiales, también tiene aplicaciones valiosas en la medicina, la industria alimentaria y la biotecnología, además de desempeñar un papel importante en los ecosistemas. La clave está en manejarlo adecuadamente para minimizar sus efectos negativos y aprovechar sus beneficios. La próxima vez que te encuentres con moho, recuerda que no siempre es el villano de la historia •

     

    * Ámbar Toro es titulada en tres ingenierías: industrial, química y de alimentos.

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