Jugando en Todos Santos

La muerte de un ser querido llena de tristeza el círculo familiar y social, por lo cual las prácticas culturales y sociales precedentes a la muerte incluyen una serie de elementos cuya finalidad es la de mitigar el dolor reinante.

Armado de tumba en Chaquí.

Armado de tumba en Chaquí.

Jugando t’uqula.

Jugando t’uqula.

El juego de la t'uqula.

El juego de la t'uqula.

El juego del sapo.

El juego del sapo.

El toro chico. René Quintana.

El toro chico. René Quintana.

El juego de la chunka. Alcaldía de Chaquí.

El juego de la chunka. Alcaldía de Chaquí.


    Marco Antonio Flores Peca
    Ecos / 02/11/2024 00:42

    La muerte de un ser querido llena de tristeza el círculo familiar y social, por lo cual las prácticas culturales y sociales precedentes a la muerte incluyen una serie de elementos cuya finalidad es la de mitigar el dolor reinante. Por ejemplo, la presencia de exquisitos manjares, la música, las bebidas alcohólicas y el empleo de recursos lúdicos predisponen física y psicológicamente a las personas para aceptar con resignación, alivio, y hasta con un poco de satisfacción, la pérdida de un ser querido.

    En cuanto a los recursos lúdicos, en la mayoría de los casos se emplea los juegos tradicionales, los cuales son característicos de una región. Han sido transmitidos generacionalmente y no requieren del empleo de elementos complejos para su desarrollo. Algunos de los juegos se realizan en la misma velada del cuerpo del difunto mientras que otros son ejecutados en el “alma cacharpaya” o “despedida del alma”.

    En el jatun ayllu Calcha, del departamento de Potosí, los restos del finado son usualmente velados al interior de un cuarto, mientras el grueso de la comunidad se encuentra en el patio de la casa, comiendo y bebiendo en honor al difunto. Dos adultos organizan a los niños en dos bandos de Aransaya (mitad superior) y Urinsaya (mitad inferior), para realizar los juegos tradicionales.  En uno de los juegos, un niño representa a un pastor, otros hacen de cabras, perros y los más picaros escenifican al zorro y puma de los andes. El objetivo de estos últimos es distraer a los perros y al pastor, para una a una llevarse a todas las cabras. Usualmente, el juego concluye cuando las fieras se llevan a las cabras, y le quitan el q’uqawi (mote y queso) al pastor. (Flores, Marco 2008).

    El alma cacharpaya

    Durante la celebración de Todos Santos se tiene la creencia que las energías de los muertos (ajayus) regresan a sus hogares para compartir con sus seres queridos durante tres días. El ultimo día es necesario despedir o realizar el despacho del alma. Precisamente en el “Vocabulario de la Lengua Quechua” de Diego de Holguín (1068) encontramos el vocablo Cacharpayani que significa “Despachar al que se va, o avisarle.” Durante el denominado alma cacharpaya, algunas familias proceden a quitarse el luto, lo que motiva aún más a la celebración y la práctica de varios juegos tradicionales que describimos a continuación:

    a) La taba.- Es un juego de azar introducido en américa por los conquistadores españoles. La taba es el hueso del tarso de la vaca y posee cuatro caras. Usualmente se incrusta una plancha de bronce en las dos caras más amplias. La cara lisa más grande es denominada como “suerte” mientras que la cara opuesta recibe el nombre de “culo”. El juego consiste en arrojar la taba al suelo, a unos seis metros de distancia. Si la taba cae del lado de la “suerte”, se gana; pero si cae del lado del “culo”, se pierde. Si la taba cae en alguno de los dos costados, el tiro no cuenta. En algunas raras ocasiones, la taba cae de forma vertical y cuando esto ocurre, se denomina “pinino” y se contabiliza el doble.

    b) El sapo.- También proviene del viejo continente y consiste en tratar de introducir, desde una distancia aproximada de cinco metros,  pequeños tejos hacia los orificios que se tienen en una especie de caja hecha de madera y plancha. Cada orificio tiene un puntaje que se va acumulando y la persona o equipo con el mayor puntaje gana el juego. Entre los orificios se tienen algunos con puntaje bajo, luego se cuenta con la ruleta con mejor puntaje y el orificio de la boca del sapo que tiene el mayor puntaje; sin embargo, también existe un orificio en la parte superior del sapo denominado como “Tuti” o “Vieja” si algún jugador logra hacer ingresar el tejo en este lugar gana inmediatamente la partida.

    c) La t’uqula.-  Juego similar al sapo, con la diferencia que los jugadores arrojan monedas o tejos a un adobe dispuesto a unos cuatro metros de distancia, el adobe contiene un pequeño orificio y está marcado en el medio con un cordel de color. Si el jugador logra hacer ingresar la moneda justo en el orificio del adobe, gana la partida o se le asigna un puntaje elevado; si la moneda cae en la parte superior del adobe tiene un puntaje menor, pero, si la moneda cae en la parte inferior o fuera de la superficie del adobe, no se contabiliza ningún punto.

    d) La carne.-  Es un juego de azar en el que se emplean, a manera de dados, seis pequeños huesos de la rodilla de la llama denominados “burritos.” Cada burrito tiene un lado profundo llamado “oreja” y el lado contrario denominado “cola”, los jugadores arrojan los burritos al suelo y, si caen del lado de la “oreja”, se suma un punto; pero, si caen del lado de la “cola”, se resta un punto. El juego termina cuando una persona o un equipo llega a los 12 puntos. Este juego se practica en varias regiones del norte del departamento de Potosí, como en Cahuayo, que es conocido como la cuna de la medicina tradicional.

    e) La chunka.- Es una piedra en forma de ladrillo de unos 15 kilos. Cada jugador coloca la chunka recostada en el antebrazo, sujetándola con la mano derecha. A través de un movimiento de flexión del brazo, la chunka es arrojada al piso. Se debe procurar que la piedra caiga parada con el extremo de la base más pequeña. Aquellos que consiguen que la piedra caiga parada de forma vertical obtienen un punto y aquellos que no lo logran no tienen ninguno. Gana la primera persona que logra obtener cuatro puntos. Este es un juego muy popular en las regiones de Tinquipaya y Chaquí del departamento de Potosí.

    f) Las palamas.-  Consiste en enterrar una piedra blanca (chiqchi rumi) en la tierra, dejando solo una parte visible y sobresaliente. Las personas forman dos grupos y se alejan de la piedra blanca a una distancia de unos 20 metros. Desde esa distancia arrojan con la mano zurda unas piedras redondas y planas a manera de discos.  Cuando una persona hace llegar su piedra a una distancia mayor de una cuarta de la piedra blanca vale cero; en cambio, cuando la piedra se encuentra a una distancia igual o menor a una cuarta, el equipo gana un punto. Si alguien hace llegar la piedra encima o pegada a la piedra blanca, el grupo inmediatamente resulta ganador. Este juego es muy común en las regiones de Calcha y Cotagaita.

    g) La wallunka.- En este juego, las mujeres utilizan un enorme columpio y son impulsadas constantemente por dos personas. El objetivo de las mujeres es ganar una considerable altitud que les permita coger con los pies algunos presentes (bañadores, baldes, etc.) que se encuentran colgados de un arco de madera. Se trata de un juego que se desarrolla en algunas cabeceras de valle como Poco Poco.

    h) El toro chico.- en este juego se tiene a un arriero y su ayudante los cuales seleccionan a una pareja de hombre y mujer de entre los presentes . La pareja es sujeta con un lazo de cuero y es puesta a la venta, como si fueran caballos o toros. Las parejas participantes de estos juegos beben la mejor chicha de la casa, en recipientes en forma de toros denominados como “toro chicos” que están adornados con molle y flores del lugar.  Los juegos son amenizados con la música de los charangos y pinkillos.

    El dinero que se logra recaudar en los juegos es usualmente otorgado a la familia doliente, para ayudar a solventar los gastos realizados. En algunos juegos, las penitencias de los perdedores consisten en recibir castigos corporales, tomar bebidas alcohólicas o elevar plegarias por el alma del finado •

     

    * Marco Antonio Flores Peca es vicepresidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

    Fotografías: Del autor, René Quintana, Alcaldía de Chaquí y Juan José Toro 

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