Tradiciones de Todos Santos (I)

El culto a los muertos ha sido una de las primeras manifestaciones de humanidad y nace en el momento en que el hombre crea conciencia de la diferencia entre la vida y la muerte y de su paso efímero por este mundo.

Tradiciones de Todos Santos

Tradiciones de Todos Santos Foto: SIHP

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    Marcia Alicia Romero Orosco
    Ecos / 02/11/2024 00:38

    El culto a los muertos ha sido una de las primeras manifestaciones de humanidad y nace en el momento en que el hombre crea conciencia de la diferencia entre la vida y la muerte y de su paso efímero por este mundo.  Se desarrolló en las antiguas civilizaciones, bajo diferentes formas de prácticas y rituales ancestrales. En la región de los Andes, durante la época preincaica, incaica y prehispánica, estas prácticas tuvieron matices esencialmente sagrados y de culto, con connotaciones singulares. Muchas de ellas, denotan la convivencia entre vivos y muertos.

    En el coloniaje, la misión del catolicismo fue la conversión religiosa por medio de la extirpación de los ritos ajenos a su dogma, es decir, aquellos que estaban considerados como “prácticas paganas e idólatras”. Sin embargo, este proceso de extirpación fue imposible de cumplir a cabalidad, debido al espíritu conservador fuertemente arraigado entre los pueblos originarios, dando lugar a una especie de acuerdo o “conciliación” traducido en una adaptación y sincretismo religioso que permitió la convivencia pacífica y el desarrollo económico, cultural y social.

    Una de las prácticas religiosas sincretizadas de mayor connotación, actualmente conservada, es la celebración de la Festividad del Día de los Difuntos, comúnmente denominada “Todos Santos” debido a la cercanía con la fiesta religiosa del 1 de noviembre (Día de Todos los Santos) que los investigadores Oporto y Fernández describen de esta manera: “La fiesta de Todos Santos requiere de la preparación de varias semanas y empieza oficialmente al medio día del 1 de noviembre, momento en que, según la creencia de los aimaras, llegan las almas de los difuntos de las familias a sus casas. Se ha montado en una de las habitaciones una especie de altar, llamado comúnmente ‘tumba’, cubierto con un mantel o una sábana sobre el cual el alma del difunto se encontrará durante su visita a la casa. Sobre esa tumba se coloca todos los alimentos que se han preparado para las almas; o sea, el “alma manq’a”, la comida del alma” (1981, 62).

    El autor Lucas Jaimes, refiriéndose al 2 de noviembre en la ciudad de Potosí, señala: “Al día siguiente, el de los Fieles Difuntos, se llenaban los templos de túmulos en todas sus naves, adornándolos con cruces y candelabros según la fortuna de los dolientes y depositaban en él ofrendas de viandas, dulces, frutas y utensilios domésticos” (1905, 139). El texto hace referencia a las misas conmemorativas de difuntos que antiguamente se celebraban el 2 de noviembre en los templos coloniales, con mucha afluencia y opulencia de las familias de Potosí.

    Ambas lecturas afirman la existencia y supervivencia de esta importante ritualidad que consiste en reservar una fecha especial del año para el culto a los difuntos y adecuar un espacio físico en domicilios particulares, donde se pueda brindar una ofrenda de sustento para alimentar el alma del difunto que regresa brevemente al plano terrenal. Espiritualmente, estos actos significan una oportunidad de reencuentro con el ser querido y una oportunidad de convivencia y reconciliación. En Potosí, el “armado de tumba” se lo hace en la víspera, o sea el 31 de octubre. Para ello, se recolecta, con anticipación de meses, las piezas decorativas más idóneas y acordes a la representación que la familia doliente desea realizar, tomando en cuenta que los visitantes acudirán a elevar sus rezos y oraciones precisamente a este lugar que se constituye en el epicentro de la actividad ceremonial.

    En una “tumba”, o altar funerario, básicamente se puede advertir los siguientes elementos: El tradicional Santo Cristo; manteles blancos; flores; velas; la fotografía del difunto; alimentos y bebidas que en vida fueron de su preferencia; la “t’anta wawa”, o pan que representa a los difuntos; la escalera hecha de pan, que simbólicamente le permitirá descender y ascender entre ambos mundos; masitas y vino dulce. Además, pueden ser agregados otros elementos propios de los usos y costumbres familiares.

    Uno de los elementos esenciales e imprescindibles en el armado de este espacio físico es precisamente la “t’anta wawa”, palabra que traducida al español significa “bebé de pan” y que se considera la “materialización” del alma del difunto, que regresa por un tiempo breve, en una figura antropomorfa hecha de masa de pan.

    Al respecto, el sacerdote e investigador antropólogo Hans Van den Berg manifiesta: “el temor por las almas de los difuntos, hasta cierto tiempo es superado al dar a los que recientemente han fallecido el status de recién nacidos. Este status es expresado en las t’ant’awawas, los bebés de pan, que son colocadas en los altares conmemorativos, que se construyen en las casas en la fiesta de los difuntos” (2018, 42).

    De manera que este bebé de pan es colocado en la mesa principal y ocupa el espacio central, al lado de la fotografía, en representación del difunto. La “t’anta wawa”, al momento de su elaboración, incluso se puede “personalizar” conforme a las características físicas que en vida tuvo el fallecido.

    Dentro de las costumbres potosinas de la “t’anta wawa” está la creencia común de que cada doliente puede colocar su propia “t’anta wawa” en el altar. El motivo principal de esta práctica, es la posibilidad de generar un vínculo de parentesco espiritual a través del acto de “regalar” la “t’anta wawa” a una persona invitada, amiga o pariente del doliente, en el momento de proceder al “desate” o desarmado de la tumba o altar de difunto •

    BIBLIOGRAFÍA

    1905 JAIMES, Julio. La Villa Imperial de Potosí. Taller Gráfico de L.J. Rosso. Buenos Aires. 

    1981 OPORTO, Luis & FERNÁNDEZ, Roberto. La fiesta de Todos los Santos, casos particulares. En Revista Boliviana de Etnomusicología y Folklore. BO I.B.C.  La Paz

    2018 VAN DEN BERG, Hans. Cosmovisión, ciclo agrícola y música en la cultura aymara. En Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán. Edición Digital (Uruguay).

     

    * Marcia Romero es socia aspirante de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

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