Takaatsu Kinoshita, un músico japonés boliviano

Gamagori es una ciudad de la Prefectura de Aichi (Japón). Su población se dedica a la agricultura y por tradición cultiva apetitosas mandarinas.

Takaatsu de niño junto al gran músico argentino Uña Ramos.

Takaatsu de niño junto al gran músico argentino Uña Ramos. Foto: Ricardo Rocha Guzmán

Takaatsu Kinoshita

Takaatsu Kinoshita Foto: Ricardo Rocha Guzmán

Takaatsu con Zulma Yugar.

Takaatsu con Zulma Yugar. Foto: Ricardo Rocha Guzmán

Takaatsu, Ernesto Cavour y Fernando Jiménez.

Takaatsu, Ernesto Cavour y Fernando Jiménez. Foto: Ricardo Rocha Guzmán


    Ricardo Rocha Guzmán
    Ecos / 27/01/2025 22:43

    Gamagori es una ciudad de la Prefectura de Aichi (Japón). Su población se dedica a la agricultura y por tradición cultiva apetitosas mandarinas. De este lugar es Takaatsu Kinoshita, un músico que no se explica por qué le gusta tanto lo andino. Se involucró con la música boliviana desde los 11 años, y desde entonces asume ser parte de la cultura boliviana.

    Los 27.134 kilómetros que separan Bolivia y Japón no fueron impedimento para conversar vía internet sobre el apasionante mundo de la música de los andes y conocer los periplos culturales de Takaatsu Kinoshita hacia Bolivia.

    Takaatsu Kinoshita y Ernesto Cavour 

    Takaatsu es un artista autodidacta. “Me involucro con la música andina porque tenía una hermana mayor que trabajaba en kínder; ella compró algunos discos de música folclórica del mundo, entre ellos había dos discos de Uña Ramos (quenista argentino) y no sé por qué al escuchar el disco de Uña empecé a enamorarme de la música andina (1974). De esa manera me inicié aprendiendo la quena, siendo mi debut musical en Bolivia como quenista del Grupo Altiplano”, introduce nuestra conversación.

    Sin duda Ernesto Cavour (+) es un referente de la música boliviana en el exterior. Su talento lo llevó a participar en importantes festivales en países de cinco continentes, además de compartir escenario con grandes de la música internacional como Paco de Lucia y Andrés Segovia, entre otros.

    “El año 1980 conocí al maestro del charango Ernesto Cavour y su hermano Lucho, en su primera gira por Japón; me invitó a tocar la guitarra y grabamos dos canciones para el sello Polydor en Tokyo. Luego de esa gira, el maestro me sugiere visitar Bolivia para estudiar la música boliviana con mayor profundad. Debido a mis estudios en colegio no me era fácil, sin embargo al siguiente año decido viajar a La Paz y, gracias a una invitación oficial de la embajada de Bolivia, me otorgan una visa especial como estudioso de la música boliviana en enero de 1982. Fui con la idea de quedarme solo tres meses y me quedé toda la vida”, rememora Takaatsu.

    Takaatsu en la Peña Naira 

    La Peña Naira fue el centro cultural más importante que nació allá por los años sesenta en la ciudad de La Paz con la histórica Violeta Parra y el “Gringo” Fabré, a la cabeza del destacado Luis Alberto ‘Pepe’ Ballón.

    Fue precisamente en ese espacio que Takaatsu inició sus presentaciones. “Después de dos semanas, a mi llegada del Japón (1982) empecé a tocar con Ernesto Cavour y Fernando Jiménez en la Peña Naira. Fue una extraordinaria experiencia la que viví. Posteriormente fui invitado por otros grupos como Altiplano, Kala Marka, Música de Maestros, también con Luis Rico, Zulma Yugar, Alejandro Cámara, Jenny Cárdenas, William E. Centellas, Ricardo Campos, con quienes grabé muchos discos”. 

    Si bien actualmente Takaatsu es guitarrista, también aprendió el charango, gracias a la influencia del maestro Cavour, además del siku, el pinquillo  y la tarka, entre otros instrumentos. “Con Fernando Jiménez, Donato Espinoza, Hernán Ponce (+), Néstor Gonzales, actuábamos como Grupo Naira, me interesaba encontrar otro nombre, es cuando Orlando Rojas me cede Luz del Ande”, agrega.

    Luz del ande 

    Luz del Ande nació en la década de 1970. Esta agrupación estaba formada entonces por Orlando Rojas, Gustavo Farfán, Raúl Lobo y Orlando Lobo. En ese tiempo lanzaron dos discos. Años después (1986), Rojas entregó los derechos del nombre de la banda a Takaatsu Kinosita.

    “Con gusto acepté tal oferta del nombre, grabamos el primer disco oficialmente con Fernando Jiménez, Donato Espinoza y Hernán Ponce (+) y la voz del orureño Adolfo Robles. ‘Manañachu’ fue la canción icono en ese entonces. Viajamos varias veces a Japón. Recuerdo que uno de los conciertos más importantes fue en 1995, luego del terremoto que sufrió la ciudad de Kobe; hicimos un concierto organizado por ese municipio, con muchos invitados víctimas de dicho desastre, mismo que fue transmitido por la televisión  japonesa. Posteriormente hicimos varios conciertos en La Paz, siempre en el Teatro Municipal. Cada concierto para mí es inolvidable. Actualmente integran la banda: Antonio Pérez, Marcelo Peña, Luis Guillén, Roberto Morales y Chelo Arias”, comenta Takaatsu.

     

     

    TAKAATSU, EL SIRIRI  

    ‘Sariri’ es una palabra aymara que significa “caminante”, designación que se le otorga a un peregrino de los andes. A su vez es el “vigilante” que recorre muchos caminos. Con acertada inspiración los músicos bolivianos Nataniel Gonzáles y Luciano Callejas (+) crearon el famoso “El Sariri” a finales de los 70s. Ellos la inmortalizaron con el Grupo Aymara de Bolivia, y desde entonces el Sariri recorre el mundo con pies propios, llevando un mensaje del cotidiano andino. 

    Cuando le pregunto: ¿Tú te consideras un Sariri?, muy entusiasmado responde: “¡Súper pregunta! No se sí soy, pero me gustaría ser. 

    Es un tema muy altiplánico que me hace sentir el paso de abarcas sobre la tierra morena, el caminar de un pueblo, en el extenso altiplano boliviano. Yo quiero ser un Sariri, que mis pasos sean de abarcas siempre, pasos de trabajador”, enfatiza con orgullo.

    Para nuestro amigo Takaatsu, el Sariri es una melodía que le inspira. “Me gusta mucho esa canción, hay muchos músicos callejeros por Europa que la interpretan y la han hecho muy popular”, afirma.

    La música boliviana es comuntaria  

    Para finalizar nuestra tertulia, Takaatsu refiere que “el arte es alimento del espíritu humano, pero la música boliviana es mucho más, es convivencia y expresión sincera de vida, porque es comunitaria”. Particular percepción de un japonés que se adoptó boliviano.

    A lo largo de nuestra conversación, comprendo que el yo interior de Takaatsu no es un lugar superficial, es el pulso de su propia vida y existencia. La melodía, ritmo o silencio no le importan, porque coincide perfectamente con el sonido, el ego desaparece y, ese es el estado ideal de su música e interpretación.

    Takaatsu, hoy radicado en su país, a sus 62 años ofrece conferencias sobre el mundo andino, tiene 60 conciertos al año en varias regiones de Japón y Europa, aunque en el cotidiano vivir cosecha arroz desde hace 16 años, le encanta cocinar para los amigos, pinta y practica la música todos los días. 

    Desde este espacio, solo decirle: gracias por tu aporte a la música de los andes, Takaatsu. Esperamos tenerte pronto nuevamente por estos terruños que te extrañan y tú añoras. Necesitamos tertuliar nuestras experiencias de vida y planear proyectos con nuestro arte •

     

    * Ricardo Rocha es comunicador visual, comunicador social, magíster en Comunicación Intercultural como aporte al Desarrollo, periodista, gestor cultural, artista plástico, músico y catedrático universitario de posgrado.

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