La ciudad saqueada
Una guerra supone movilización de tropas y eso cuesta dinero. La que se libró por la independencia de los territorios españoles en América del Sur representó una inversión económica que las fuerzas combatientes cubrieron de diferentes formas
Una guerra supone movilización de tropas y eso cuesta dinero. La que se libró por la independencia de los territorios españoles en América del Sur representó una inversión económica que las fuerzas combatientes cubrieron de diferentes formas, pero, en lo que se refiere a la Audiencia de Charcas, hoy Bolivia, todas recurrieron a la plata que producía el Cerro Rico de Potosí y se acuñaba en la Casa de Moneda de esa ciudad.
Como se sabe, la plata potosina permitió que los reinos de Castilla, Aragón, Navarra, Portugal y Granada se convirtieran en el Imperio Español, que creció de manera exorbitante. El metal extraído de sus minas sirvió para acuñar una moneda que se hizo universal y sentó las bases para la Revolución Industrial.
El auge fue en los siglos XVI y XVII, porque luego se experimentó un declive, como consecuencia de las variaciones en los patrones monetarios, pero la plata siguió explotándose e incluso Potosí construyó una segunda Casa de Moneda para responder a los cambios tecnológicos de la época.
Es cierto que el valor de la plata varió, pero el atractivo no declinó tanto, como los intermitentes periodos de baja producción que tuvo Potosí a lo largo de su historia, y prueba de ello es que Inglaterra siempre estuvo interesada en tener control sobre el Cerro Rico.
Además de la natural codicia del ser humano, esa es la una de las explicaciones por las que la Villa Imperial de Potosí fue permanentemente saqueada durante la Guerra de la Independencia.
Sean realistas, patriotas o de cualquier otra índole, los ejércitos que llegaron a Potosí tomaron la plata de su Casa de Moneda para pagar los costos de sus movilizaciones y los sueldos atrasados a su tropa.
Uno de los líderes de la Revolución de Mayo, Juan José Castelli, llegó a la ciudad en 1810 e hizo fusilar a su gobernador, Francisco de Paula Sanz, pero mordió el polvo de la derrota en Guaqui, el 20 de junio de 2011, cuando fue derrotado por José Manuel de Goyeneche, así que debió retroceder. Volvió a Potosí, pero tuvo que salir huyendo, porque los abusos cometidos por la soldadesca que había dejado en la Villa provocaron la insurrección de sus habitantes. Detrás de él salió su lugarteniente, que encabezó el primero de los cinco saqueos que he registrado revisando el tomo V de los “Anales de la Villa Imperial de Potosí”. Es necesario apuntar que estos “Anales” no son exactamente un dechado de exactitud y, por los diferentes tipos de letra que se puede encontrar en ellos, y los años que abarcan, fueron escritos por más de una persona, así que lo más probable es que haya ocurrido más saqueos, pero estos ya no fueron incluidos en estos textos.
Debido al espacio que tomaría ingresar en el detalle de cada uno, me limitaré a presentar los siguientes apuntes de los saqueos que aparecen en los “Anales”:
1811
24 de agosto.- A tiempo de terminar de desocupar la Villa Imperial, huyendo de los sucesos de días anteriores, en los que los potosinos masacraron a los porteños de Juan José Castelli, su lugarteniente, Juan Martín Pueyrredón ordena llevarse en mulas los caudales de la Casa de Moneda. El cronista anónimo de los anales registra su salida por la Calle de las Mantas, hoy Linares, y estima que se llevó un millón de pesos.
1813
28 de febrero.- Al retirarse de Potosí, enterado de la marcha del ejército liderado por Belgrano, José Manuel Goyeneche ordena llevarse los caudales de la Casa de Moneda, Cajas Reales, Banco de San Carlos, además de los recursos de las monjas carmelitas, las mónicas y particulares, que llegaron a la suma parcial de 739.000 pesos.
19 de noviembre.- Aunque las memorias del general José María Paz consignan el 18 de noviembre, los anales señalan que fue el 19 cuando Belgrano y Díaz Vélez salieron huyendo con su ejército de Potosí. El cronista no habla del saqueo de los rioplatenses, sino del que, aprovechando el pánico, habría ejecutado el alcalde de segundo voto José Antonio Téllez, que huyó con su familia llevándose 80 cajones de plata. El saqueo de Belgrano está en las memorias de Paz, pero, por ser obra de uno de sus protagonistas, no proporciona cifras. Eso sí, algunos datos que el autor pone para graficar lo que pasaba en su retirada, como que las mulas avanzaban pesadamente por la carga que llevaban, permite tener idea de su magnitud.
1815
25 y 26 de abril.- En su retirada, el ejército real se lleva una gran cantidad de caudales, en mulas que hacían fila desde la plaza del Regocijo, hoy plaza 10 de Noviembre, hasta Cantumarca. Las herramientas de acuñación fueron escondidas en los sótanos de la Casa de Moneda. Este saqueo es atribuido a Joaquín de la Pezuela, a la sazón virrey del Perú, aunque su ejecutor fue el entonces gobernador interino de Potosí, Felipe Bartolomé de Lizarazu, que, irónicamente, era Conde de la Casa Real de Moneda. No hay cifras.
27 de abril.- El caudillo indígena Ignacio de Zárate ingresa a la ciudad y se proclama gobernador. Al encontrar la Casa de Moneda ya saqueada, algunos de sus dirigidos asaltan y saquean casas de particulares.
1825
28 de marzo.- Las tropas encabezadas por el general realista Pedro Antonio de Olañeta, autoproclamado virrey del Río de la Plata, se llevan los caudales de la Casa de Moneda, Cajas Reales, Banco de San Carlos, la Aduana, Estanco de Tabacos y particulares, pero son detenidas, y derrotadas en Tumusla, el 1 de abril de ese año. Según las cartas de Antonio José de Sucre, los valores saqueados por Olañeta sumaban 600.000 pesos. Aunque hay registros de devoluciones parciales, firmadas por Carlos Medinaceli, se desconoce lo que pasó con los caudales saqueados.
Respecto a estas acciones, existen criterios divergentes entre los historiadores ya que existen algunos que consideran que no todos pueden considerarse saqueos. Así, el numismático Daniel Oropeza Alba dice que, en el caso de Goyeneche, no se ejecutó un saqueo, sino que el arequipeño actuó como un buen funcionario de la corona al poner a buen recaudo los bienes del rey, pues tales eran los recursos que Potosí generaba durante el coloniaje. Plantea, por tanto, la discusión sobre la legitimidad sobre la base de la legalidad: las leyes decían que esos bienes eran del rey, así que los saqueadores vendrían a ser los revolucionarios por cuanto estos habían desconocido la autoridad de la corona y se habían puesto fuera de la ley. En ese marco se habría ubicado Olañeta al desconocer la autoridad del virrey y asumir él ese cargo: los saqueos que ejecutó desde su rebelión, fechada en 24 de enero de 1824, son considerados saqueos también para los realistas •
Otros saqueos
Los registrados en este artículo son los que aparecen en los “Anales” de Potosí, pero cartas y publicaciones de la época revelan que hubo otros saqueos que, como aquellos, tampoco aparecen en la historia conocida hasta hoy de la Guerra de la Independencia.
Así, en una carta enviada al virrey José de la Serna el 27 de diciembre de 1823, el jefe supremo militar del alto Perú, Pedro Antonio de Olañeta, se quejaba de que la actitud reticente del gobernador de Charcas, Rafael Maroto, provocó la pérdida de Potosí, que aquel consideraba una plaza importante, lo que da cuenta que esta había sido recuperada. “El punto de Potosí era interesante por mil motivos; V.E. habían mandado defenderlo. Perdido éste, los enemigos sacaban ingentes recursos de una provincia vasta. Inutilizada la Casa de Moneda, como lo habrían hecho, aún después del triunfo, era difícil reparar este mal”, dice la carta que permite suponer que el edificio fue saqueado, supuestamente por fuerzas patriotas.
Pocos días después, un reporte elevado por el general comisionado por las autoridades españolas en el Perú, Juan Gregorio de las Heras, al ministro secretario de gobierno y relaciones exteriores de la provincia de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, da cuenta que Pedro Antonio de Olañeta ingresó a Potosí el 20 de enero de 1824 y le exigió al gobernador intendente de Potosí, José Santos la Hera, la entrega de 38.000 pesos para pagar a la tropa. Como La Hera se negó, alegando que los recursos existentes no alcanzaban a esa suma, Olañeta rompió hostilidades y el gobernador y sus hombres debieron refugiarse en la Casa de Moneda. El 22 de enero, las fuerzas de Olañeta atacaron el edificio a balazos hasta conseguir la rendición del gobernador. Dos días después, el general realista se ponía en franca rebelión contra el virrey del Perú.
(*) Juan José Toro es fundador de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).