La Bajada del Tata Q’aqcha
Durante la época colonial, los mitayos, al interior de los oscuros socavones, rendían culto a deidades andinas.
Durante la época colonial, los mitayos, al interior de los oscuros socavones, rendían culto a deidades andinas. Arzans (1965) menciona que en el año de 1575, al interior de una mina de plata en el cerro de Potosí, se encontró una estatua que tenía la estatura de un hombre mediano y que estaría hecho de diferentes metales. “El rostro tenía muy hermoso (aunque los ojos no estaban bien formados) y era de plata blanca; el pecho hasta la cintura de rosicler; los brazos de diversas mesclas; no tenía forma de pies sino desde la cintura iba adelgazando hasta rematar en punta aunque tenía una pequeñita basa” (p.159). Es muy probable que este ídolo haya sido una representación del Supay; una deidad del mundo subterráneo ligado a los “ajayus” o energías vitales de los muertos que producen vida. Desde luego, para las órdenes religiosas, los mitayos estaban realizando rituales satánicos e idólatras, por lo que, a través de un sincretismo religioso, el Supay es asociado con el diablo de la religión católica, dando lugar al actual “Tío” de las Minas.
A finales del siglo XVI, las diversas órdenes religiosas establecidas en Potosí buscan eliminar los cultos idolatras que los mitayos tenían al interior de las minas, colocando cruces de madera al ingreso de las bocaminas; cruces que más tarde darían origen al Tata Q’aqcha. El Tata Q’aqcha o “Dios padre de los Q’aqchas” es un personaje que, se cree, cuida a los mineros de las maldades del “Tío” y que también evita que este salga afuera de las minas. Usualmente el Tata Q’aqcha es representado por imágenes de Cristo crucificado y de cruces de madera dispuestas al ingreso de las bocaminas.
Origen
La palabra quechua “q’aqcha”, cuyo significado puede ser entendido como temerario u osado, fue empleado desde inicios de la época colonial para denominar a un grupo de indígenas que, al margen de trabajar en las minas, también se dedicaban al robo de minerales para obtener ingresos adicionales. Según Abecia (1988:47) “Los k’ajchas eran indios “que de noche lo sacan o hurtan (el mineral) de las minas» y lo beneficiaban en los trapiches o molinos rudimentarios. Era un grupo organizado y reconocido socialmente. Tenían su capilla en el Cerro y, en algunos casos, eran muy populares”. Si bien, en un principio, los q’aqchas se asemejan a los actuales “Jukus” o ladrones de mineral, con el paso del tiempo llegan a consolidar un grupo respetable de trabajadores mineros, llegando a ser parte impórtate en la formación de las actuales cooperativas mineras de Potosí.
Los q’aqchas también eran reconocidos por ser fervientes creyentes de la religión católica. Para el año de 1571, Thomas A. Abercrombie (citado en Tandeter 1992) hace mención que el grupo de los q’aqchas formaban parte de cofradías religiosas y que celebraban los carnavales con mucho ruido, música y borrachera. El 4 de febrero, del mencionado año, los q’aqchas bajaron de la capilla de los q’aqchas portando la “Q’aqcha Cruz” para llevarla a las parroquias de Santiago y Santa Bárbara, al día siguiente se celebraba una misa que proseguía una celebración en la que los q’aqchas festejaban portando banderas, y metiendo bullicio al son de las cajas, tamboriles y otros instrumentos.
En el cuadro de Miguel Gaspar de Berrio de 1758 se puede apreciar a un grupo numeroso de personas que descienden de la capilla de los Q’aqchas, ubicada en el Cerro Chico, portando banderas blancas y llevando lo que parecería ser la Q’aqcha Cruz. Fueron precisamente estas celebraciones la que dieron origen a lo que hoy conocemos como la Bajada del Tata Q’aqcha.
La Virgen Candelaria o Collita
En la actualidad, la celebración al Tata Q’aqcha da inicio con las veladas a las imágenes de Cristo crucificado, cruces o Vírgenes (Candelaria). El día sábado, desde tempranas horas, a través de estrepitosas y continuas explosiones de dinamita, los mineros anuncian el inicio de la bajada del Tata Q’aqcha. En las bocaminas se hallan congregados los mineros, sus familiares, las bandas de música, etc. y, mientras, algunos mineros realizan la acostumbrada Ch’alla al interior de sus parajes, otros realizan las respectivas libaciones al Tata Q’ajcha, depositándolo al interior de una especie de iglesia en miniatura hecha de madera, la cual será cargada por los mineros al frente de cada fraternidad.
Habitualmente, los mineros llevan al Tata Q’aqcha en andas, mientras las mujeres palliris llevan imágenes de Vírgenes, en especial dela Virgen de la Candelaria. Arzans (1965) hace referencia a una serie de milagros que habrían sido realizados por la Virgen Candelaria durante la época colonial. Así, por ejemplo, menciona que, en el año de 1616, ocho indios jóvenes quedan atrapados por el hundimiento de una mina y después de 16 días son rescatados por la gracia de la Virgen, quien les señala una salida. De igual manera, en 1563 esta Virgen se les aparece a cinco indígenas que habían quedado sepultados al interior de una mina tras un derrumbe, llegando a sacarlos ilesos. De ahí que hasta la actualidad exista una gran devoción del sector minero a la imagen de la Virgen de la Candelaria del templo de San Pedro, a la que cariñosamente la gente denomina como “la Collita”. A promediar el medio día, las fraternidades descienden de las minas hasta la avenida El Minero, desde cuyo lugar los mineros bajarán bailando hasta la plaza El Minero, acompañados de explosiones de dinamita, música y en total algarabía.
El día domingo se celebra una misa en la iglesia de San Martín, donde los Tata Q’ajchas y Vírgenes reciben las bendiciones del párroco; es como si renovaran energías para permanecer durante todo un año al interior de las minas cuidando de los mineros. Terminado el servicio religioso, las fraternidades descienden desde la Plaza Eduardo Abaroa hasta el centro de la ciudad de Potosí, donde deleitan a la población potosina a través de sus manifestaciones religiosas, artísticas y culturales.
En fecha 14 de marzo de 2013, la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia sancionó la Ley Nº 349 declarando al Carnaval Minero de Potosí, conocido como la bajada del Tata Q’aqcha y veneración de la Virgen de la Candelaria, como “Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia” por ser una manifestación cultural única en su género, cuyas expresiones son el reflejo de todo un país •
Bibliografía
Arzans de Orsua y Vela, Bartolomé (1965/2017). Historia de la Villa Imperial de Potosí –
Tomo I. México: imprenta nuevo mundo SA.
Tandeter Enrique (1992). La minería de la plata en el Potosí colonial, 1692-1826. España: Siglo XXI de España Editores. S.A.
* Marco Antonio Flores P. es vicepresidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).