El teatro potosino se muere
Potosí ha pasado de ser una de las más importantes plazas del teatro americano a una ciudad hostil para ese arte, tanto que quienes la practican deben dejarla y partir a otras latitudes donde siempre les irá mejor.
Potosí ha pasado de ser una de las más importantes plazas del teatro americano a una ciudad hostil para ese arte, tanto que quienes la practican deben dejarla y partir a otras latitudes donde siempre les irá mejor.
Esa es la triste conclusión a la que se llega luego de hablar con actrices, actores, directoras y directores de teatro que, luego de varios años de insistir vanamente, terminaron tirando la toalla y, atendiendo aquello de que “nadie es profeta en su tierra”, optaron por irse a desarrollar su talento en otras ciudades.
De cinco entrevistados, dos tuvieron que salir de Potosí para seguir haciendo teatro mientras que uno dejó las tablas para ganarse la vida como abogado. El más exitoso de los sujetos de muestra ha fijado su residencia en La Paz.
Teatro como profesión
Aunque es una de las artes más antiguas, el teatro mantiene su vigencia y en varios países se ha convertido en una profesión que, valiéndose de otras actividades, como el cine, incluso puede ser lucrativo.
Entre los casos que pude conocer personalmente están Buenos Aires y Madrid, dos ciudades en las que existen varios teatros que suelen estar ocupados el año entero por compañías que los reservan con anticipación. Aunque tienen buen nivel televisivo, y un mejor cine, argentinos y españoles tienen marcada preferencia por el teatro al que acuden en grandes cantidades.
En marzo de 2021, las salas de cine de Madrid ofrecían películas como Raya y el último dragón, Los Croods: una nueva era y Wonder Woman 1984 a un precio de entradas promedio de 7 euros, que entonces equivalían a 56 bolivianos, pero no había filas en las afueras de las salas de proyección. Por el contrario, la gente se formaba para adquirir boletos de ingreso a obras de teatro como Meloncolía, Puños de Harina, Yo Mussolini y Asesinos Todos. Increíblemente, el precio promedio de las entradas era de 28 euros, más o menos 227 bolivianos de entonces.
Gracias a esa preferencia, el teatro es una industria en la que todos ganan sueldos, desde los integrantes de los elencos al personal que se encarga del mantenimiento de los testros.
Teatro como pasión
En Potosí, el último referente de calidad dramática fue el Teatro Experimental Universitario (TEU) que puso en escena Vértigo, de Gastón Suárez, y mantuvo su vigencia hasta 1985, cuando se presentó Una libra de carne, de Agustín Cuzzani. El último elenco que la representó fue dirigido por Mauro Goitia, en plena madurez, y estaba integrado por dos hermanos López, Fernando y Deborah, y su primo Elvis, que después formaría Tabú Arte & Cultura.
En retrospectiva, aquel TEU representó el cierre de la última época dorada del teatro potosino que, en el siglo XX, alcanzó su máxima expresión con Nuevos Horizontes, el prestigioso elenco dirigido por el legendario Liber Forti que, empero, no desarrollaron su talento en la Villa Imperial, sino en Tupiza.
A partir de ahí comenzó el declive que se hizo perceptible cuando Tabú no pudo convocar al público a sus obras “serias” y tuvo que optar por la comedia. Fue en los tiempos en que el hermano menor de Elvis, Gonzalo, se plegó al elenco del que no se separaría más. Tuvieron público, pero no el suficiente. Su gran mérito fue que aguantaron décadas con recaudaciones famélicas hasta que, hace unos cinco años, salieron de Potosí y, desde entonces, conocieron el éxito porque sí tuvieron filas para sus presentaciones. Ocurrió en Sucre, y más de una vez.
¿Se puede vivir del teatro en Potosí? Todos los actores y directores consultados para esta nota dijeron que no, que eso es algo imposible, y lamentaron que, pese a que Potosí es cuna de artistas, en los últimos años se ha convertido en la peor plaza para el teatro, salvo las excepciones de elencos del interior que llegan con comedias.
“No es una profesión, es una pasión mezclada con responsabilidad cultural”, dice el director del elenco El Sol, Juan José Ameller, que es una de las excepciones, puesto que tanto él como su grupo siguen en Potosí. “Esto te sirve para promocionarte para otras artes como el cine”, agrega y así… en su caso, Ameller puede preciarse de haber hecho papeles filmados y cobrado por ellos, aunque la paga haya sido eventual y no precisamente buena.
Público difícil
La primera dificultad es el público. Por razones difíciles de explicar, los potosinos dejaron de asistir al teatro de calidad, ese que generalmente se desarrolla en el género dramático, para acudir solo a las comedias, especialmente aquellas que provocan la carcajada fácil. Entonces, pasaron de la calidad dramática a las payasadas y, en los últimos años, ni siquiera estas fueron suficientes para llenar butacas.
A eso hay que sumar el inexistente apoyo de las autoridades que, en lugar de fomentar el teatro, le han echado cargas económicas encima. El peor ejemplo es el Teatro IV Centenario, que es administrado por la Gobernación. Los directores afirman que el alquiler llega hasta los 7.000 bolivianos por noche así que lo primero que deben hacer los elencos es llegar a esa cifra y luego ven si el resto de la recaudación alcanza para otros gastos como la impresión de entradas, electricidad y limpieza antes de pensar en pagar a los artistas.
El elenco Nadies Perfecto, dirigido por Pamela Rollano, también tuvo que emigrar y se estableció en Sucre donde, según confirma ella, las cosas son más fáciles que en Potosí porque el público capitalino sí va al teatro y, como también dijo Gonzalo López, de Tabú, eventualmente hace fila para comprar sus entradas.
Las partidas de Tabú y Nadies Perfecto son recientes, pero no las únicas. Y el que no se va, puede llegar a rendirse y dejar el teatro para dedicarse a otra cosa, como fue el caso de Jesús Ponce que, con su hermana Massiel, dirigían el elenco El Vaivén. Esta última falleció en un accidente de tránsito y su hermano optó por ganarse la vida son su profesión de abogado.
Aunque dejó las tablas, Jesús cree que, con esfuerzo y dedicación, un actor podría vivir del teatro. Gabriel Vélez, que nunca actuó en las tablas y pasó directamente al cine, tampoco lo considera posible.
Público fácil
Los potosinos van al teatro cuando se presentan comedias o los cafés concert que llegó a popularizar Tra-la-la Show. Esa característica posibilitó que David Santalla convoque a grandes cantidades de gente, hasta que la edad comenzó a limitarle. En esa línea también se anotaron “El Rigucho” y Raúl Villarroel, pero ninguno es potosino. Parecía que las tablas potosinas se cerraban a los artistas de su tierra hasta que apareció Iván Cornejo.
Pero, aunque potosino, Iván había ganado fama afuera, primero como radialista y luego como actor de un teatro que gira sus argumentos en torno a la infidelidad matrimonial, algo que él llama “teatro conyugal”. Con su personaje Germán López, a quien acompaña Paola Belmonte representando a su esposa Gabriela, Cornejo se ha convertido en el actor potosino más taquillero y el que más lejos ha llegado, puesto que igual llena teatros en Potosí, Sucre o La Paz, que en Buenos Aires, Sao Paulo, Virginia o Madrid.
Todos los actores y directores consultados para esta nota admitieron que Cornejo es taquillero, pero lo atribuyen a su chiste fácil y al exceso de malas palabras de sus guiones. “Es fácil hacer reír con groserías, con disparates. Lo difícil es hacer reír a todos por igual, sea niños o jóvenes, como hizo David Santalla”, dijo Gonzalo López desde Santa Cruz.
Pamela Rollano dice que Iván Cornejo llegó lejos gracias a su esfuerzo, pero recomendó que a los carteles de sus obras les ponga una advertencia de que no son aptas para menores de edad. Ameller dice que Cornejo hace utilizar el marketing mientras que Gabriel Vélez explica ese éxito con el hecho de que Iván supo encontrar un público “que consume lo que él produce” •
El teatro glorioso
Durante el periodo colonial, Potosí fue una de las plazas más apetecidas para los grupos de teatro que llegaban al corral de comedias que funcionaba en lo que hoy es el Pasaje Boulevard.
El teatro potosino de la colonia ha sido estudiado por investigadores de la talla de Josep Barnadas, Ana Forenza, Lewis Hanke, Raúl Moglia, Marie Helmer, Teresa Gisbert y, más recientemente, por Andrés Eichmann y Laura Paz Rescala.
La pieza teatral más antigua que se conoce es la ‘Comedia de Nuestra Señora de Guadalupe y sus milagros’, que fray Diego de Ocaña escribió y estrenó en Potosí el año 1600.
Rescala ha documentado prácticas teatrales de oficio, rentadas, y, por eso mismo, de nivel profesional, en el Potosí de fines del siglo XVI. “La primera noticia documentada que se tiene de un pago para la representación de comedias en el Corpus Christi de la Villa Imperial de Potosí (y de todo el territorio charqueño) se encuentra en el acta de Cabildo secular correspondiente a la sesión del 3 de mayo de 1593”, ha publicado.