Entradas de Ch’utillos
Te contamos cómo surgieron los desfiles folklóricos que evitaron que esta manifestación folklórica desaparezca.
Textos: Juan José Toro (*)
Fotos: El gran libro de Ch'utillos
Entre los 36 componentes de la Festividad de Ch’utillos que han sido inscritos en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la Unesco está el número 5 que es enumerado como “desfiles folklórico y autóctono”. Si los referimos así, mucha gente podría no entender a qué nos referimos, así que hay que aclarar que estamos hablando de las “entradas de Ch’utillos” que generalmente se realizan en el último fin de semana de agosto.
La Real Academia Española tiene, actualmente, un total de 28 acepciones para “entrada”, pero ninguna de ellas está vinculada al significado que cobra en el habla popular boliviana.
El Diccionario Histórico de Bolivia (DHB) señala que era la “denominación dada a las expediciones de descubrimiento, reconocimiento o conquista; su base jurídica fue la doctrina de los justos títulos de la Corona castellana a los territorios indianos (fundados, a su vez, en las bulas pontificias de donación)”.
Musicalmente, “entrada” es la “acción de comenzar cada voz o instrumento a tomar parte en la ejecución de una pieza musical, en cualquier momento de esta”.
Como se ve, en ninguna encontramos por lo menos una aproximación a “desfile de bailarines o agrupaciones de estos” que son los que tenemos en Bolivia con motivo de las fiestas patronales que ahora existen prácticamente en todas las ciudades importantes del occidente del país.
Decimos, entonces, “entrada del Carnaval de Oruro”, “entrada del Señor Jesús del Gran Poder” o simplificamos el apelativo a “entrada de Urkupiña” o “entrada de Guadalupe”.
En Potosí, lo que tenemos son las “entradas de Ch’utillos” que son las que se realizan con motivo de la festividad de San Bartolomé cuyos orígenes son milenarios. No obstante, si bien su origen se remonta a la cultura qaraqara, cuya antigüedad fue fijada por Tristan Platt entre 1100 y 1450 antes de Cristo, las “entradas” son muy posteriores, puesto que datan de la segunda parte del siglo XX.
Origen de las entradas
Hasta la década del 70 del siglo pasado, la Festividad de Ch’utillos estaba en declive, aunque se celebraba por tres días, el 24, 25 y 26 de agosto, que eran conocidos como los días del ch’utillo, majtíllo y thapuquillo, respectivamente.
Antonio Paredes Candia refirió que antes ya había danzas puesto que “se baila cuecas y wayños en las casas de los pasantes; además de los grupos que expresamente han contratado en la ciudad de Oruro o en las poblaciones cercanas, de comparsas de Morenada, Diablada, etc.”.
Pero en los años 70 la festividad se limitaba a la peregrinación a La Puerta; es decir, el caserío que está junto a Mullu Punqu o quebrada de San Bartolomé a la que se acudía o bien caminando o en automóvil. Lo que se consideraba tradicional para entonces era la bajada de jinetes que solían disfrazarse para tal fin.
El libro “Folklore de Potosí”, de Paredes, incluye fotografías en blanco y negro tomadas en 1974. Existe profusión de jinetes y hasta hay una banda de música, pero no se ve grupos de personas bailando.
Los jinetes aparecen en varias fotografías anteriores, incluso de décadas, pero no es posible determinar cuándo comenzó la costumbre de bajar hasta el lugar a caballo, pues las únicas referencias al respecto están en los supuestos sucesos extraños que ocurrían en el lugar en tiempos coloniales y mencionan a esos animales.
Los jinetes, que Paredes llamaba Ch’utillos, se reunían en lugares de la ciudad vinculados a la minería, como San Cristóbal, San Juan, San Pedro y San Benito, y también en San Roque, en el antiguo punto de ingreso a la ciudad. Lucas Jaimes los menciona en un año que pudo ser 1868 o posterior, pero sigue siendo republicano.
Al respecto, el investigador José Antonio Fuertes ha publicado lo siguiente:
“En 1977, existían voces de reclamos (a través de la prensa escrita) para que se asuma con mayor fe y tradición esta festividad: ‘El Día de los Ch’utillos y la falta de iniciativas en turismo’ se hacía alusión a la falta de una Unidad o Dirección de Turismo en las instituciones públicas. Se miraba con pesimismo y hasta con negligencia la necesidad de rescatar esta festividad.
“En 1979 sufre un cambio radical, todo empezó cuando el Centro ‘Amigos de la Cultura’ solicitó a las autoridades e instituciones locales que impulsen esta festividad religiosa-pagana. Y fue así, la Corporación Regional de Desarrollo y el Instituto Boliviano de Turismo, en labor conjunta, dieron pasos decisivos para que se convierta en la expresión potosina de mayor tradición y de genuina característica. “Con el fin de motivar a los ch’utillos y fraternidades, se nombra un jurado calificador conformado por: Humberto Iporre Salinas; la directora municipal de Cultural, Yolanda de Zilvetti; el historiador Mario Chacón Torrez; el artista Cristóbal Corso Cruz; el escritor Carlos Cruz Rivera y los periodistas Carlos Mercado Calderón, Jaime Cuellar Aoiz y Armando Olmos”.
Con esas referencias, sabemos que la fiesta fue considerada en riesgo de desaparición y eso explica la intervención del Estado a través de instancias como el Ministerio de Asuntos Campesinos y Agropecuarios, el Instituto Boliviano de Tecnología Agropecuaria, el Instituto Boliviano de Turismo y Cordepo. Las publicaciones del periódico El Siglo, que contienen referencias incompletas, dan cuenta que las instituciones comenzaron a asumir el papel de pasantes de la fiesta. Así, en 1983 el pasante era el Club de Leones. Hay fotografías del festejo en La Puerta y, aunque se ve a gente bailando, no forman parte de agrupaciones de danzantes.
La aparición del “ch’utillo”
En 1985, el pasante de la fiesta era la Alcaldía, gobernada entonces por Jaime Herrera Recacochea. El director de Cultura era Gonzalo Calderón Ríos, un hombre que gozaba de gran popularidad por sus programas en radio y televisión. Conducía los programas “Potosinísima” y “Sonido Nuevo”, que se emitían por radio Indoamérica, y estaban entre los más escuchados en aquel tiempo. Fue él a quien se le ocurrió involucrar a los colegios en la festividad, debido a la alta competitividad que demostraban entre ellos. Por ello, no solo se convocó a la Primera Gran Entrada de San Bartolomé o de los Ch’utillos sino al Primer Festival Juvenil Intercolegial de Danzas Folklóricas, Yels y barras.
La entrada debía realizarse el sábado 24 de agosto, previa concentración en la plaza Simón Bolívar para recorrer una ruta que arrancaba en la avenida Camacho, subía por la calle Bolívar y doblaba por la Quijarro para llegar a la plaza 10 de Noviembre. Según El Siglo, 12 colegios se inscribieron para los dos eventos, pero, en los hechos, solo seis participaron en la primera entrada:
- Calcheños (Colegio Nacional Pichincha)
- Diablada (Colegio Nacional Pichincha “B”, hoy Mariscal Andrés de Santa Cruz)
- Llamerada (Colegio José David Berríos, después la cambió por Salay)
- Morenada (Liceo de Señoritas Potosí)
- Tinkuy (Colegio Particular John F. Kennedy)
- Tobas (Colegio Nacional Juan Manuel Calero)
No sin cierta amargura, Calderón refirió que, cuando salió la primera entrada, mucha gente se rio de él. “Me acuerdo que unos universitarios se sentaron en las gradas de la Catedral y, al ver pasar a los bailarines se reían en mi cara y preguntaban ‘¿Qué esto?... ¿esto es entrada?’ pero yo tenía que aguantarme porque habíamos organizado la entrada por devoción a San Bartolomé”, contó al diario El Potosí.
El Primer Festival Juvenil Intercolegial de Danzas Folklóricas, Yels y barras se realizó al día siguiente, en el Campo de Marte, y allí sí hubo 12 participantes, incluido el Colegio Pablo VI, de Caiza D. Los ganadores de ese primer año fueron los Tobas del Calero, el colegio del que Calderón salió bachiller; el Liceo Potosí y el Pichincha, en ese orden.
Al año siguiente, 1986, el pasante de la festividad era la Prefectura, pero no pudo asumir su obligación. En agosto de ese año, el país estaba convulsionado porque el gobierno de Víctor Paz Estensoro había promulgado el Decreto Supremo 21060 que levantaba el intervencionismo estatal de las empresas públicas. Oruro y Potosí se encontraban “en pie de guerra” porque se había anunciado el cierre de los centros productivos y eso significaba el despido de miles de trabajadores mineros. Era el año de la mal llamada “relocalización”.
Preocupada en sofocar el descontento, la Prefectura de Potosí, que había sido nombrada pasante de la festividad un año antes, desistió de la organización y provocó la protesta popular. “Censurable: suspenden fiesta de Chutillos”, tituló el interdiario El Siglo en la apertura de su edición del viernes 22 de agosto de 1986. Sin embargo, las protestas sirvieron de poco. Otro detalle conspiraba contra la festividad: un paro cívico.
Días antes, una delegación integrada por el entonces presidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo), Luis Fernández Fagalde, y el secretario ejecutivo de la Central Obrera Departamental, Alberto Choque Rollano, retornó de La Paz con la mala noticia de que no se había conseguido solucionar nada en el tema minero. El lunes 18 se realizó un consejo consultivo en el que los delegados decidieron declarar la huelga general indefinida. Las publicaciones de El Siglo, que constituyen la única referencia de aquel conflicto, dan cuenta que el paro duró más de siete días y, además, coincidió con la “Marcha por la vida” que los mineros realizaron a La Paz.
Lamentablemente, quizás por la discontinuidad que significa la aparición interdiaria, no existe una noticia que refleje cómo fue que se levantó el paro. Las publicaciones posteriores dan cuenta del estado de sitio dictado por el gobierno de Paz Estenssoro, pero no dan mayores detalles y sólo se informa sobre la normalización de las labores escolares.
En 1987, Calderón volvió con todo a la organización de una nueva entrada y, en esa ocasión, la respuesta fue mayor que en el inicio porque 12 fraternidades, incluida la Escuela Normal de Maestros Eduardo Abaroa, respondieron a la convocatoria.
En 1988, la popularidad de Calderón, multiplicada con el éxito de las entradas, determina que sea elegido alcalde de Potosí. Se interrumpe la práctica de designar pasantes y la Alcaldía decide seguir organizando la entrada. Un total de 29 fraternidades se registran para ese año, incluyendo las que se habían fundado en la Universidad Autónoma Tomás Frías.
Para 1989 se produce una explosión de interés. Las fraternidades que se registran son 85. La razón del crecimiento era que 31 fraternidades de las provincias fueron invitadas a participar en la entrada folclórica mientras que muchas instituciones ya habían fundado las suyas.
Debido a ello, la ruta tuvo que extenderse.
Reelegido alcalde, Calderón Ríos decidió que el punto de partida sería la calle Chayanta para que las fraternidades pasen primero por el Campo de Marte, que tiene graderías. Eso permitió que por primera vez empiece a cobrarse para ver a los bailarines. Además, la entrada tuvo que desdoblarse porque un solo día era insuficiente para ver a tantos grupos. Se dividió, entonces, en dos días, el primero para las danzas autóctonas y el segundo para los bailes nacionales. También se convocó a las primeras ferias de culinaria y repostería tradicional potosina.
El resto es historia •
(*) Juan José Toro es fundador de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).