Basilio Íñiguez: Héroe de Suipacha
Una investigación que, por su extensión, ECOS entrega por partes
Escribir sobre la célebre Batalla de Suipacha es una tarea que nunca acabará. Ese gran fasto militar de noviembre de 1810 significó el bautizo de fuego y sangre para las milicias tarijeñas que bajo el mando del Tcnel. José Antonio de Larrea, comandante del Regimiento Provincial de Caballería de Tarija, se pusieron bajo las órdenes del Tcnel. Martín Miguel de Güemes.
Entonces, escribir los hechos a base de nuevas referencias, y rectificarlos, es una tarea muy emotiva y conmovedora, porque al haber accedido a ocultas referencias hoy nos permiten conocer el cómo, cuándo y quiénes compartieron la sagrada primera victoria patriota aquel 7 de noviembre de 1810. De esa manera, quedó demostrado documentalmente que fueron las milicias salteñas, jujeñas, chicheñas y tarijeñas las que combatieron y vencieron a las tropas españolas. Con ellos y desde esa fecha quedó establecida la génesis de la más prolongada y cruenta guerra entre patriotas americanos contra peninsulares y “chapetones” y cuyas tropas estaban conformadas por criollos y mestizos, comandadas por meritorios y experimentados militares españoles. Fue una guerra entre hermanos; la gran diferencia estribó en que unos aspiraban la libertad y los otros, a mantener el orden de sometimiento.
Fueron diferentes como espectaculares los escenarios geográficos del otrora y vasto territorio del “Alto Perú”, denominación que dieron los “arribeños” a “las provincias del interior”, donde se enfrentaron de mil y una maneras patriotas y chapetones y se impuso la barbarie, la irracionalidad, el odio y la venganza y experimentó los actos más reprochables para la condición y naturaleza humanas.
Los patriotas y sus estrategas, de acuerdo al “Plan de Operaciones” elaborado por Mariano Moreno y Manuel Belgrano y aprobado en julio de 1810 por la Junta de Buenos Aires, necesitaban consolidar —a todo precio— la Revolución del 25 de mayo de 1810, y para ese cometido el Gobierno Provisional, presidido por Cornelio Saavedra, resolvió e instruyó enviar Ejércitos Auxiliares desde Buenos Aires para que previo apoyo de los Cabildos Capitulares y sus respectivos Regimientos Provinciales de las Provincias del Interior pudieran enfrentar a los Ejércitos Realistas. Estos, por su parte, tenían órdenes precisas de los respectivos Virreyes radicados en Lima: sofocar, anular y aniquilar a los caudillos y sus respectivas “montoneras” responsables de levantamientos tumultuosos en contra de la Corona; y para ese cometido, desplegaron todo su poderío desde Lima hasta copar cada territorio identificado como tumultuario en el Alto Perú y enfrentar y derrotar a las milicias de cada “Republiqueta” y Ejércitos venidos desde el Río de La Plata. Por lo tanto, para los realistas había una sola consigna: restaurar el antiguo Virreinato de Lima con la recuperación e reincorporación del territorio de las Provincias del Río de La Plata a todo precio y la Junta de Buenos Aires tenía la suya: avanzar hasta los confines del Alto Perú con objetivos precisos políticos y militares definidos a través del aludido Plan de Operaciones.
Por lo tanto, la Batalla de Suipacha siempre retornará a nosotros por razones históricas y telúricas porque —consideramos— no hemos terminado de escribir la totalidad de los hechos tal cual sucedieron ni hemos reconocido a los verdaderos héroes que con su sangre y vida escribieron la epopeya que dio paso a escribir otra historia que debe llenar de orgullo a los bolivianos y argentinos y, por ende, A América.
Por esa razón, este trabajo está dedicado a Basilio Íñiguez, un gran paisano tarijeño nacido en San Lorenzo y que formando parte del Regimiento Provincial de Caballería de Tarija participó, dejó su impronta y vida en el campo de Suipacha, Catedral de la Guerra de La Emancipación Americana, porque en ese santuario de la patria, aquella tarde del 7 de noviembre de 1810, tras la derrota de Cotagaita, los patriotas lograron 12 días después la primera victoria contra los opresores realistas; y a partir de esa fecha nuestra América y sus pueblos tomaron otro rumbo para lograr su libertad, justicia y hacer posible —a pesar de las serias limitaciones que tuvieron que enfrentar al cabo de quince años de cruenta y desigual guerra— el advenimiento de nuevas naciones soberanas en el concierto de la América morena. De esta manera, deseo rendir póstumo homenaje a los tarijeños y otros hermanos bolivianos y argentinos que, jóvenes aún, inmolaron sus vidas por el bien superior: la libertad.
Con el apoyo de irrebatibles fuentes documentadas —léase Colección de “Güemes Documentado” y otras fuentes vitales, extraídas de la Parroquia de San Lorenzo (partidas de matrimonio y de defunción)—, deseo por la exigencia de mi consciencia rendir elevado tributo de reconocimiento y homenaje póstumo a ese valiente sanlorenceño que, olvidado durante más de 215 años por propios y extraños, fue ejemplo de valor y entereza. Él fungió como una especie de escribano para escribir con su sangre y la de otros paisanos tarijeños el primer capítulo de nuestra historia tan dramática, que empezó aquel lunes 25 de junio de 1810 y tuvo su máxima expresión el 7 de noviembre de ese glorioso año, para finalizar quince años de derramamiento de sangre en Tumusla. Es decir, en territorio chicheño donde empezó y finalizó la Guerra de la Independencia.
Introducción
La Monarquía de Los Borbones, a través del rey de España Carlos III, creó mediante Real Cédula del 1 de agosto de 1776 el Virreinato del Río de la Plata con sede en Buenos Aires, separando del Virreinato del Perú a las Provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas, y las ciudades de Mendoza y San Juan. Es decir, el Virreinato tendría su capital en Buenos Aires, y a la jurisdicción de esta —que ya abarcaba Asunción y Montevideo— se le anexaría la Real Audiencia de Charcas, todo el Alto Perú (hoy Bolivia) y la provincia de Cuyo que hasta entonces había sido jurisdicción de Chile. Asimismo, expidió el título de Virrey a favor de Pedro de Cevallos, quien tomó posesión del cargo recién el 15 de octubre de 1777; y el 12 de junio de 1778 firmó la Memoria a su sucesor, y el 26 del mismo mes entregó el mando a Juan José de Vértiz y Salcedo.
No conformes con ello y la nueva orientación que se quiso dar a la administración en Las Indias, el año de 1782 la Corona de España realizó una nueva reforma en las Colonias españolas mediante Real Ordenanza de “Intendencias” que entró en vigencia el 25 de noviembre de 1783 por disposición del virrey Vértiz. Ocho de dichas intendencias estaban dentro de la jurisdicción de la Audiencia de Charcas. También dispuso que el territorio de Tarija forme parte de la Intendencia Gobernación de Potosí, más concretamente del partido de Chichas. Meses después, el 18 de mayo de 1784, mediante Real Cédula, se creó la Primera Junta Municipal de la Villa de Tarija compuesta por: Francisco González de Villa (Alcalde Ordinario de Primer Voto), Inocencio Rodríguez de Valdivieso (Alférez Real), Luis Hurtado de Mendoza (Rector Decano), y Cecilio de Trigo (Procurador).
Por lo tanto, en 1785 la Intendencia Gobernación de Potosí estaba compuesta por cinco partidos: Chichas, Porco, Lípez, Atacama y Chayanta. Ese mismo año, por decisión y previo estudio de carácter comercial, económico, social y político-militar, el gobernador intendente de Potosí, Juan del Pino Manrique, dividió el partido de Chichas en dos: partido de Chichas (Capital Tupiza), y partido de Tarija (Capital la Villa de San Bernardo).
El 17 de febrero de 1807, Carlos IV, con el informe evacuado en 1805 por el Consejo de Indias, expidió dos nuevas Reales Cédulas. La primera, dirigida a Rafael de Sobremonte (Marqués de Sobremonte), virrey de Buenos Aires, haciéndole conocer la división del Arzobispado de Córdoba del Tucumán en dos Intendencias Gobernaciones: Córdoba del Tucumán y Salta del Tucumán. La segunda, a Francisco de Paula Sanz, gobernador de la Intendencia de Potosí (Alto Perú), haciéndole conocer que el partido de Tarija de esa Intendencia pasará a formar parte de la recién creada Gobernación Intendencia de Salta. Del pleno conocimiento de estas reales disposiciones, el pueblo tarijeño expresó un tibio reclamo, pero en definitiva la disposición tuvo efectivo y estricto cumplimiento a partir del 24 de marzo de 1808. En ese marco jurisdiccional y constitucional, el primer director de las Provincias Unidas del Río de La Plata, Gervasio Antonio Posadas (1814-1815), el 8 de octubre de 1814 instruyó la división de la Intendencia de Salta del Tucumán en dos: Intendencia de Salta, que estará conformada por los territorios de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y Santa María, y la Intendencia del Tucumán, con Santiago del Estero, Tucumán y Catamarca. Posteriormente, el 6 de mayo de 1815 Martín Miguel de Güemes fue elegido por voto popular y democrático como el Primer Gobernador de la Intendencia de Salta. Tarija formaba parte de esa realidad geográfica, política, social, cultural y económica.
Respecto a lo acontecido en febrero de 1807, fruto de la disposición real de ese mes y año, se dio inicio al más antiguo pleito de límites entre el Alto Perú (Bolivia) y las Provincias Unidas del Río de la Plata (Argentina), a partir de las negociaciones que sostuvieron el 8 y 9 de octubre de 1825 el libertador Simón Bolívar y los plenipotenciarios del Río de la Plata Carlos de Alvear y el Dr. Miguel Díaz Vélez, del que surgió la célebre “Cuestión de Tarija”, que motivó la separación de Tarija de la jurisdicción del Río de la Plata y su reincorporación oficial y legal a la naciente República de Bolivia. De esa manera figura en la primera Constitución Política del Estado de Bolivia, que contó con la participación de los diputados por Tarija José María de Aguirre Hevia y Vaca y José Fernando de Aguirre Hevia y Vaca, sancionada por el Congreso y promulgada por el presidente Sucre el 19 de noviembre de 1826, reconociendo a Tarija como provincia y no como departamento, hecho que sucederá cinco años después durante la presidencia de Andrés de Santa Cruz mediante la Ley del 24 de septiembre de 1831 a base del proyecto de ley presentado y tramitado por los diputados tarijeños José María de Aguirre Hevia y Vaca y Gabino Ibáñez.
Transcripción y contenido de la Cédula Real del día 17 de febrero de 1807 del Rey de España:
El Rey
Al Gobernador - Intendente de la Provincia de Potosí
Para el mayor bien y felicidad de mis vasallos de, Salta del Tucumán, he tenido a bien mandar, á consulta de mi Consejo de las Indias de diez y nueve de octubre del año de mil ochocientos cinco, se erija un nuevo Obispado, cuya capital sea la de aquella Provincia, asignando á la nueva diócesis, entre otros territorios, todo el partido de Tarija de esa Intendencia, cuyo partido he mandado se ponga bajo la jurisdicción del nuevo Obispo de Salta, y de su Intendencia, separándole de la de Potosí, como se previene respectivamente en cédula de esta fecha. Lo que os participo para que tengan entendido quedar sujeto dicho partido á la jurisdicción de la Intendencia de Salta, que hasta ahora ha pertenecido a la nuestra, haciendo por este medio más útiles los derechos de aquel Intendente, por su inmediación al Chaco y sus Reducciones. En consecuencia le facilitareis y remitiréis como muy particularmente os lo mando, los autos, documentos y papeles que existen en nuestro archivo respectivos al citado partido de Tarija así en lo gubernativo, como en lo contencioso, sin permitir se pongan embarazos, ó reparos que dificulten, ó dilaten la remisión de todos los que sean necesarios para su gobierno, contribuyendo vos por vuestra parte á que tenga el más cumplido efecto esta mi real resolución, por ser así mi voluntad.
Fecho en el Palacio Real de El Pardo, Madrid, España, a diez y siete de febrero de mil ochocientos siete.
Por mandato del Rey nuestro señor.- Silvestre Collar
El 24 de marzo de 1808 el intendente de Potosí, D. Francisco de Paula Sanz, ordenó la entrega a la Intendencia de Salta de todos los documentos que tuvieran relación con el partido de Tarija. Semanas después, el virrey Sobremonte reiteró y ordenó al Cabildo Capitular de Tarija el fiel cumplimiento de la Real Cédula el 27 de abril del año 1808.
Parte del texto, señala:
Al Cabildo Justicia y Regimiento de la Villa de Tarija
Por Real cédula de 17 de febrero del año próximo pasado, que en testimonio se me ha dirigido por el Gobierno Intendencia de Salta, y que consta comunicada a V. S. por el de Potosí, se previene la agregación de ese Partido al referido Gobierno Intendencia de Salta; y en su consecuencia, prevengo a V. S. proceda a su cumplimiento, reconociendo por Jefe de ese distrito al de la enunciada Provincia. - Dios etc.
Palacio Real de El Pardo, Madrid, España, abril 27 de 1808
Con el propósito de hacer aportes para la correcta contextualización de los hechos que involucran al pueblo tarijeño y sus líderes en la génesis de la historia argentina y boliviana a partir de la Revolución de Mayo de 1810 en la Capital del Virreinato del Río de la Plata, este trabajo sirve de homenaje y reconocimiento póstumos.
En los quince años que duró la Guerra de la Independencia hemos cimentado más aún los valores morales del pueblo tarijeño. Desde el 4 de julio de 1574 empezamos a construir nuestra identidad con esfuerzo, orgullo y dignidad. Por ello, llamamos al juicio de todos los hombres y mujeres de la tierra y a las naciones construidas sobre valores democráticos a un pronunciamiento imparcial sobre las reivindicaciones que desde tiempos lejanos, pero fácilmente identificables de la historia, venimos luchando y solicitando a todos los gobiernos de turno —sean coloniales y republicanos—, pues para quien no se halla impuesto en los pormenores de los sucesos que sería muy largo detallar, pero que se constituyen en hitos de rebeldía y de legítimos pronunciamientos, nuestra postura actual podría ser considerada como una actitud anárquica y antinacional. Prueba de nuestra conducta amparada en las leyes y legítimos derechos se iniciaron precisamente aquel 25 de junio de 1810 y reiterada el 17 de mayo de 1811 a las autoridades de la Junta de Representantes de Salta. Es decir, deseábamos ser una jurisdicción separada a la de Salta. De esto es que queremos vindicarnos como de la nota más infamante para un pueblo, que desde que nació a la luz de la humanidad es hermano de la libertad ordenada y respetuosa de las leyes.
Los pueblos tarijeños, que a la par de otros del Alto Perú formaban parte del Virreinato del Río de la Plata; que desde 1810, por su ubicación estratégica, fueron como una bisagra útil para que los más connotados jefes, militares y ejércitos españoles al mando de José Manuel Goyeneche, José de La Serna y otros hayan planificado la invasión de los territorios salteño y jujeño desde Cinti, Tupiza y Tarija para luego de derrotar a los patriotas, avanzar hasta Buenos Aires y llegar a dicha capital en mayo de 1817 y restablecer el Virreinato del Río de la Plata, tal cual prometió el Gral. Carlos de La Serna al virrey del Perú, Joaquín de La Pezuela; es decir, en toda la jurisdicción del vasto partido de Tarija: desde el río San Juan de Oro (oeste) hasta la confluencia de los ríos Pilcomayo y Paraguay, y desde el río Pilaya hasta la confluencia de los ríos Bermejo y Paraguay, nuestro territorio (Chacos Boreal y Central) fue el escenario de los más inverosímiles y sangrientos enfrentamientos de milicianos tarijeños al mando de líderes y militares de la talla del Dr. Mariano Antonio de Echazú (Presidente del Cabildo Capitular de Tarija y Alcalde de Primer Voto), Tcnel. Francisco Gonzáles de Villa y Tcnel. José Antonio de Larrea del Regimiento Provincial de Caballería de Tarija, Francisco José Gutiérrez del Dozal, José Manuel Núñez de Pérez, sin cuyos aportes y decisiones hubiere sido imposible el apoyo decisivo de Tarija a la Revolución de Mayo y la participación protagónica de las “milicias” tarijeñas.
A ellos, y por un deber moral y de justa valoración histórica debemos ascender al pedestal de la Historia de Tarija a los paisanos: José Antonio de Larrea, Manuel Martínez de Lea Plaza, Basilio Íñiguez, Manuel Álvarez, Manuel Jaramillo, Domingo Morales, Leandro Pacheco y otras decenas de anónimos paisanos y chicheños cuyos nombres no figuran en los anales de los primeros combates después del apoyo de Tarija a la Junta de Buenos Aires (25 de junio de 1810). Todos ellos participaron en las batallas de Cotagaita (27 de octubre de 1810), y Suipacha (7 de noviembre de 1810).
Los tarijeños en particular, durante los quince años de enfrentamientos, tuvieron otros caudillos como Francisco Pérez de Uriondo (nacido en Chile), Manuel Pérez de Uriondo (nacido en Chile), Eustaquio Méndez Arenas, José María Avilés, Ramón Rojas Jirón, Manuel Rojas, Agustín Campero, Pedro Antonio Flores Aldana, José Ignacio Mendieta, Ignacio Zárate, Mateo Berdeja, Juan José Fernández Campero, Clodomiro León, Mariano León, Saturnino León, Ramón Peralta, Rodolfo Gaite, Matías Guerrero, Hilarión Castillo, Matías Soria, Miguel Vidal, Mariano Prodel, Juan Esteban Soto, José Gabriel Ontiveros, Juan Esteban Garay, Fermín Vaca, Pantaleón García, Manuel Orgaz, Roque Gómez, Juan José Aparicio, Ramón Cabrera, Pedro Tejada, Juan José Vallejos, José Perales, Juan Ruiz, Francisco Cueto, Felipe Prada, Francisco Guerreros, Mariano Benavidez, Juan Vaca, Celestino Hidalgo, Francisco Subiría, Pedro Arraya, José Manuel Garnica, Martín Espinoza, Juan José García, Miguel Vidal, Esteban Segovia, Juan García, Manuel Arenas, Pedro Juan Padilla, Justo Fernández, Justino Zambrano, Basilio Rojas, Cacique “Cumbay”, Sebastián Sánchez, Juan Antonio Rojas y miles de milicianos e indígenas de nuestro chaco, todos ellos anónimos héroes patriotas que junto a sus mujeres y familias lucharon y defendieron sus propios territorios como: Canasmoro, Lomas Patriotas, San Lorenzo, Sella, Santa Ana, Padcaya, Camacho, Rejará, Itaú, Caraparí, Sereré, Chiquiacá, Fuerte de Santiago, San Luis, Salinas, Zapatera, Biray, Iñaguacito, Iñiguazú, La Cueva, Caipipende, Tolomosa, Chocloca, San Andrés, Gamoneda, Cuesta del Inca, La Concepción, Toldos, Orozas, Papachacra, Guayabillas, Cuyaimbuyo, Tariquea, Cuesta de Cachimayu y centenas de históricos sitios más, que durante quince años de feroz y desigual lucha contra España, sus oficiales y tropas, fueron el escenario de centenas de combates y escaramuzas. Es decir, entre 1811 hasta 1825, todos los pueblos del partido de Tarija fueron protagonistas de un hecho sin igual en la historia americana donde se impusieron contra los “chapetones”, “cuicos” o “godos”, como solía llamarse a los españoles, con el apoyo de patriotas “chicheños” y “cinteños”, constituyéndose nuestro territorio en la vanguardia de la Revolución Emancipadora que constante en sus sacrificios jamás abandonó la santa causa de la independencia y que, firme en su juramentos de junio de 1810 hasta marzo de 1825, mostró hasta dónde le era querida la libertad. Por ello, no podemos consentir en el descrédito de haber puesto una mancha a la gloria de la que se ha cubierto Tarija en los quince años de feroz lucha contra España, sus tropas y lacayos •
* Elías Vacaflor Dorakis es historiador tarijeño.