Pintura mural en templos
El arte por el arte, un concepto que nació en el siglo pasado, no afectó en manera alguna las grandes expresiones artísticas de nuestro pasado virreinal ni precolombino.
El arte por el arte, un concepto que nació en el siglo pasado, no afectó en manera alguna las grandes expresiones artísticas de nuestro pasado virreinal ni precolombino. El arte unido, la mayor parte de las veces, a monumentos destinados al culto, muestra en sus formas ornamentales, tanto abstractas como figurativas, una significación siempre posible de alcanzar.
Los estudios de Pafnosky y Freidiander sobre el arte europeo del Renacimiento, los estudios posteriores de la Edad Media y los de Ferguson sobre los símbolos cristianos, hablan de la carga literaria y simbólica que entrañan las formas artísticas.
El arte virreinal, nacido al calor de una transculturación, es muestra muy pegada a lo europeo en el siglo XVI, bajo el impacto de la conquista. Artistas españoles, flamencos e italianos llegaron, con ellos vino, trasladado a América un arte europeo.
Los estudios realizados en el pasado han abierto un horizonte nuevo para los estudios de la pintura virreinal, mostrando la importancia de las pinturas murales y su relación con la arquitectura. Estudios posteriores han ampliado el conocimiento sobre la pintura mural existente en muchos templos que, por razones técnicas, no ha podido ser movida de su lugar. Esto permite conocer la intención con que fueron pintados, llegándose a la conclusión de que detrás de lo formal de una obra pictórica, de la belleza que representa, hay una idea rectora, lo que permite conocer su finalidad: catequización en unos casos, exaltación de las glorias de una orden religiosa, en otros.
Las pinturas murales en los templos potosinos muestran una evolución estilística desde el Renacimiento y Manierismo hacia el barroco, con el auge del barroco Mestizo. Las pinturas murales encontradas en los templos potosinos permanecen en su sitio, aunque estén ocultas. Así, en el siglo pasado, se pintó de blanco muchos muros o se puso altares o grandes lienzos que tapaban la antigua pintura de los muros. En estos casos, la pintura mural se puede salvar. Se investigó y encontró pinturas murales en los templos en proceso de conservación. Se puede afirmar que se conservan aún hasta el presente.
Templo de la Merced
Fue fundado en 1555. La planta principal es de cruz latina. En el siglo XIX; los altares de estilo barroco mestizo, tallados en madera, de este templo, fueron reemplazados por otros altares de estilo neoclásico. Sus portadas de piedra tallada se conservan en buen estado. Lo que sobresale en este templo es su hermoso y magnífico artesonado de lacería mudéjar.
Pintura mural. La nave del templo está pintada con murales, utilizando varias capas de policromía. Es un conjunto pintado con la técnica al temple. Posiblemente puede datar de fines del siglo XVI.
Los estilos varían. Fueron pintados en diferentes épocas que llegan hasta el estilo barroco encontrados en la rosca del arco derecho realizado con la técnica a la acuarela con motivos florales. Asimismo, se emplearon otras técnicas, sus acabados son de mucha calidad en los trazos y empleo de las capas de colores. En el siglo XX fueron realizados en el muro testero del altar mayor pinturas al óleo de paisajes potosinos, obras firmadas por el maestro Teófilo Loayza M. En el coro alto aún se conservan pinturas murales muy antiguas que están en la etapa técnica de la “grisalla”. Su datación estaría entre los años 1570 a 1620.
Describiendo las características de la pintura, la grisalla realizada fue utilizando el color negro y el blanco de los muros. La temática representa grutescos, elementos antropomorfos, fitomorfos y arabescos; el estilo es a la maniera y elegancia del Renacimiento. Se considera que estas pinturas son las más antiguas que se conservan en Bolivia, siglo XVII de la época colonial.
Otras pinturas murales
En el templo San Agustín, con una portada de piedra realizada en 1625, se encuentran ejemplos de pintura mural. Es una portada de líneas muy puras proyectadas sin duda por un maestro que conocía los secretos del arte, lo cual es explicable dada la importancia de la orden que contaba entre sus miembros personajes prominentes y famosos por su erudición como Fray Antonio de la Calancha, Fernando de Valverde y Bernardo Torres. Las cuatro hornacinas de la portada agustina, tienen pintados Miembros de la Orden Agustina, entre los que podemos identificar a Nicolás Tolentino. Son pinturas al fresco, que una vez perdida la ligera capa de cal que las sustentaba, quedaron imprimidas en la piedra. Se nota mejor a través de las fotografías de larga exposición que a simple vista. Las figuras están realizadas con gran perfección y muestran un pintor capaz.
El conjunto barroco más importante de pintura mural se encuentra en el templo de Puna, capital de la provincia José María Linares ubicada en el noroeste del Departamento de Potosí. Se hallan en los muros de la nave varias escenas de la vida de Santa Rosa que se conservan en buen estado con todo su color. Son notables “Santa Rosa dialogando con el Niño Jesús en el jardín” y la “Aparición de la virgen a la santa”, a los lados de la hornacina donde se ve las virtudes.
El estilo mestizo. La pintura mural decae notablemente en el curso del siglo XVII. Los ejemplos son escasos y quedan marginados a los más lejanos pueblos de indios. Sin embargo, al iniciarse el siglo XVIII, recobra su importancia y vuelve a cubrir los muros de las iglesias como un arte totalmente vivificado. Los templos del siglo XVIII, por su temática, son fundamentalmente diferentes de los murales renacentistas; se vuelcan a la decoración, como en el caso de los murales restaurados de la iglesia Jerusalem en Potosí. Aparecen grandes espacios cubiertos de verde follaje y profusión de flores y pájaros que pueblan los paisajes, vergeles en el inhóspito altiplano potosino. Otro motivo frecuente son los dibujos que cubren las paredes imitando textiles, sobre todo adamascados. Este estilo textil de decoración aparece en el Templo San Cristóbal de Los Lípez y había en el Templo San Bernardo de Potosí, pero fueron picados durante la última refacción. En el templo Santo Domingo hay huellas de decoración mural en las pilastras del arco triunfal. En el pueblo de Tomahave también hay pintura mural decorando el baptisterio con una escena que representa el “Bautismo de Cristo” de mano popular y está enmarcado con orla de follajes.
En la iglesia de Salinas de Yocalla existen murales del siglo XVIII; en los arcos que forman las capillas laterales de la nave mostrando la rica decoración vegetal con ramas y rocalla que orlan recuadros y medallones en los que aparecen símbolos de la Pasión de Cristo.
El Neoclásico y arte popular. Aún se conserva la pintura mural que representa a la “Virgen con el Niño, entre flores y nubes”, descubierta por Mario Chacón en el Tambo de Belén de Potosí, ubicado en la esquina de calle Oruro y Frías. Otro ejemplo se tiene en el edificio que antes ocupaba la Editora y Periódico “El Siglo”, en calle Linares, que representa al Rey Salomón y David.
Lastimosamente, las pinturas murales han sufrido grandemente por no haber sido valoradas debidamente, perdiéndose por deterioro, descuido y mal entendidas modernizaciones. Hoy poco es lo que lo que queda y poco también lo que se conoce •
* Cristóbal Corso C. es pastpresidente de la Sociedad Geográfica y de historia “Potosí”.