El arte de la platería

La plata es el oro blanco que se transforma en las manos de orfebres potosinos.

Soperas de plata labradas en Caiza.

Soperas de plata labradas en Caiza.

Preciosas filigranas realizadas con hilos de plata.

Preciosas filigranas realizadas con hilos de plata.

Objeto de plata modelado con golpes de martillo y cincel.

Objeto de plata modelado con golpes de martillo y cincel.

El arte de los orfebres plasmado en objetos litúrgicos

El arte de los orfebres plasmado en objetos litúrgicos


    Cristóbal Corso Cruz (*)
    Ecos / 26/12/2025 14:26

    La plata ha excitado siempre la codicia del hombre y, así como los metales comunes, tiene que ser extraída de sus correspondientes yacimientos para luego ser purificados mediante técnicas especiales.

    El hombre descubrió que se puede transformar en ornamentos que no se deterioran ni se deslucen al aire libre y esto situó a la plata en una categoría especial: La de los metales “nobles” o preciosos. Los antiguos egipcios la llamaban “oro blanco”.

    Como la plata es un símbolo de riqueza, este metal no se corroe y tiene muy buenos precios en el mercado. La plata tiene aún más ventajas, pues ningún otro metal refleja la luz mejor ni en forma más uniforme; pero gran parte de ese metal, en la época de esplendor productivo del Cerro Rico, fue fundido para el Rey, España y para Dios.

    La parte del metal destinada a Dios apareció en las iglesias coloniales de la Villa Imperial, convertidos en crucifijos, cálices y suntuosos altares de pura plata. La parte del “quinto real”, que se enviaba a España, ayudó a financiar sus aventuras de guerra e inundar su economía con torrentes de monedas de plata llamadas “reales”.

    Los plateros que, al nacer, según la creencia popular, traen “el pan de plata” bajo el brazo, han dado prestigio a su tierra. Quienes saben más son las señoras de familias acomodadas de la ciudad de Potosí, porque sus obras antes sirvieron para adornar los altares artísticos particulares, atriles. En las casas utilizaban pavas de cola de encaje y alas bordadas, que ahora fungen de porta servilletas o porta tarjeteros y las mujeres potosinas en sus orejas, lucen preciosos aretes, llamados “faluchos”. Además, llevan prendedores brillantes que lucen en sus mantas.

    Hasta hace unas décadas, aún se veía talleres donde hervían crisoles de plata gorgoteando pesadamente antes de terminar convertidos en flores, lunas y pavas con plumas transparentes. Los plateros hacían rodar las bolas humeantes sobre una laminadora y el metal derretido se convertía en hilachas como un rayo de luna o una hebra de seda. Las manos encallecidas del artesano se bendecían entonces de gloria, haciendo maravillas.

    Pero, hoy, los plateros han emigrado en busca de nuevos mercados, sus hornos quedaron abandonados en la ciudad de Potosí y también en las comunidades de fama como Caiza “D”, Caltapi y otras. El trabajo es complicado, cuenta un platero aún en vigencia, que nació platero y morirá platero; “En tres meses se arma una sopera y lo que se gana en ella no alcanza para vivir ni un mes, más fácil y productivo es cultivar la tierra, dedicarse al comercio si hay posibilidades, afirman los plateros: Por este motivo, sus hijos no serán plateros, sino doctores: cruda realidad actual.

    LA PLATERÍA EN LA COLONIA

    Cuando están a punto de terminarse las explotaciones de las fastuosas minas de plata ubicadas en los cerros elevados, está por fenecer el predominio de los invasores españoles durante los albores de la Independencia de América. En siglos del pasado, cumplida la conquista, lograda en parte la pacificación de los pueblos, tomadas las fuentes minerales, comienza la era de la reconstrucción, de la devoción, del arrepentimiento, de la hechura y la exaltación de los emblemas de la nueva fe.

    La preciosa carga de platería religiosa, guardada en duros petacones, se carga en los lomos de airosas llamas o sobre los pasos seguros de las mulas, que por ambos medios cruzan elevados macizos de los andes. Lo sorprendente del resurgimiento de la platería religiosa se manifiesta de modo inusitado, con la presencia e instalación de cuartos de artesanía, en las poblaciones de mayor importancia. Surgen de las manos muy diestras de los plateros aborígenes y españoles las hechuras de custodias, tabernáculos de plata cincelados, cálices, copones, cruces procesionales, etc. También se hicieron lámparas rotativas, imágenes de santos, vírgenes e infinidad de objetos con el fino metal de la plata. La artesanía de la plata unida a la creencia religiosa, a una manifestación de mística factura, a un elevado sentido del propio individuo. Los plateros españoles y nativos que hasta ahora habían dedicado sus conocimientos a la ejecución de la delicada clásica orfebrería religiosa, paulatinamente han entrado a concebir y realizar otras piezas aptas para diferentes funciones. El hombre y la señora de la casa han sentido el desborde, la exaltación de la vanidad, la exposición de su nuevo estado económico, el hasta entonces contenido nuevo rico que mantenían adormecido. Todo ha de contrahacerse en fina y pesada plata; jarras, aguamaniles, soperas, cubiertos, palmatorias, jarros grandes, pequeñas custodias, sahumadores y marcos de espejos biselados. En los hogares de los españoles podían disponer de éste metal para los candelabros e infinidad de adornos que valorizaban a los dueños de casa. En este afán incesante de lucimiento, de lujo y pocas veces de señorío, la plata y la obra de los plateros se han trocado en lo esencial de una casa que se aprecie.

    LAS TÉCNICAS DE ELABORACIÓN DE LA PLATERÍA

    Plata repujada.-  Exige tres condiciones previas: Marcar el diseño con cincel y tener el material recogido y con el espesor adecuado a la profundidad requerida por el diseño dibujado, una lámina se introduce en un recipiente con brea (resina de pino caliente) que luego se deja enfriar. Cumplido este primer paso, se aprisiona la lámina y se la va repujando y labrando a golpes de martillo para crear figuras en relieve. Un buen repujado no debe mostrar a trasluz ninguna fisura. El trabajo de repujado es la técnica más valiosa de exponente perfección artesanal a que pueda aspirar el platero.

    Plata cincelada.- Se utiliza un martillo especial para golpear sobre el cincel, una herramienta de punta acerada y recta, de doble bisel, que sirve también para dibujar incisiones sobre piedra. Esta labor se desarrolla en ritmo parejo sobre la plancha para dar forma al dibujo que se ha trazado con lápiz o punta seca. Para trabajar correctamente, el cincel no debe dejar de apoyarse sobre el dibujo básico; cada vez que salta por el golpe del martilleo, se resiente la calidad del dibujo.

    Plata calada.- Los diseños se dibujan previamente sobre el metal y para calarlos, se recurre a una sierra fina lubricada con aceite de lima que facilita el corte.

    Filigrana.- Obras preciosas creadas con hilos de plata, unidos y soldados con rigurosa perfección. Previamente se dibuja el diseño sobre cartón grueso o madera blanda. Originalmente esta delicada técnica remite a las antiguas civilizaciones de árabes y chinos. Con el correr de los tiempos, los artesanos se familiarizaron con las peculiaridades del método, produciendo filigranas de oro y plata.

     


    (*) Cristóbal Corso Cruz Past Presidente de la Sociedad Geográfica y de historia “Potosí”.

     

     

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