Autoridades originarias
En la Villa Imperial de Potosí, las autoridades originarias son los curacas, caciques, jilacatas, mallkus, jilankus, corregidores, jueces de agua y mama th’allas.
En la Villa Imperial de Potosí, las autoridades originarias son los curacas, caciques, jilacatas, mallkus, jilankus, corregidores, jueces de agua y mama th’allas. Fueron de mucha importancia puesto que, para la administración local indígena, era necesario compartir con los gobernadores y corregidores españoles criterios relacionados con asuntos como la mita, las alcabalas, otros tributos y lograr una justicia en la comunidad.
Cada autoridad originaria tenía un poder que representaba su bastón de mando, posesionado y juramentado en una ceremonia tradicional que hoy se realiza cada 6 de enero. Se consideraban autoridades de mucha jerarquía en sus ayllus y pueblos comunitarios. Estas ceremonias perduran en el actual territorio potosino.
Un mandato dual
En el periodo colonial, en la Villa Imperial, las autoridades originarias mantenían su jerarquía compartida, coexistiendo con el poder español. Consolidaban sus cargos recurriendo a sus tradiciones ancestrales, apoyados en la Madre Tierra (Pachamama), el rito de la k’oa y el poder que representaba su bastón de mando.
El rol de la autoridad originaria era de carácter importante, ser intermediaria entre su comunidad y el Gobierno español. Se ocupaba de gestionar asuntos internos de sus ayllus y posibles problemas de linderos, o tal vez expropiación ilegal de tierras, pero no podían sustraerse del control de la estructura política y social impuesta por la corona española. En el periodo colonial siempre hubo tensiones entre indios y españoles a causa del autoritarismo y el trato injusto en la vida comunal.
El mandato a ejercer el importante cargo debía ser “dual”, razón por la que en las ceremonias, incluso actuales, se suele observar que las autoridades nombradas asisten acompañadas de sus esposas (marido y mujer, ya que deben cumplir el mandato de sus roles complementarios: un mandato dual).
Existen documentos en los archivos que revelan que viajaban desde sus ayllus a la Villa Imperial para estos actos, que se desarrollaban en la Casa Real de Moneda. La legitimación era importante con su juramento en la ceremonia solemne: recibían el bastón de mando y también se cumplían costumbres relacionadas como rendir pleitesía a la Madre Tierra y el “aculliko” de la coca, hoja sagrada. De tal manera que se lograba la unión con las tradiciones andinas y las normas impuestas por los peninsulares.
Las autoridades originarias tenían a su cargo mucha responsabilidad en su gestión comunal. Eran intermediarios de sus comunidades y la administración virreinal, responsables de gestionar proyectos y resolución de conflictos a presentarse en su ayllu respectivo. La recaudación de tributos fue la misión más importante: gestionaban el tributo indígena y la mita. No era ajeno cuidar las tradiciones: preservaban la cosmovisión andina y rituales ancestrales.
En resumen, las autoridades originarias en la Potosí colonial mantuvieron su legitimidad comunitaria, mientras transcurría el complejo sistema de control español, siendo intermediarios clave en la vida política y social indígena, un legado visible en las prácticas de posesión.
Indios en el contexto minero
Potosí, por sus características particulares, es una capital minera, razón de la masiva migración de indígenas al trabajo en las minas del cerro de Potosí y motivo de la imposición de la mita, que alteró la vida tradicional de sus comunidades originarias. Había que obedecer una nueva forma de vida comunitaria y, más que todo, labores impuestas en convivencia de las demandas del trabajo minero.
Indígenas en el Cerro Rico: Durante el coloniaje, en los siglos XVI y XVII, la minería de metales preciosos constituyó un sector económico clave de la dominación europea. A causa de la explotación del Cerro Rico de Potosí, a partir de 1573 se nutrió unívocamente de mano de obra indígena. El reclutamiento y la concentración de los indígenas se hacían en lugares determinados cercanos a la Villa Imperial.
Los naturales eran arrancados de sus comunidades agrícolas y “arreados”, junto a sus familias, rumbo a las entrañas del Cerro Rico. A partir de la concentración de los indios en puntos determinados de la zona, para el indígena iba a ser un cambio total de vida: de campesino o productor agrícola a un trabajo forzado en interior mina. Incluso tenía que vestirse de manera diferente.
Curacas y caciques: Eran los encargados de identificar a los futuros mitayos y entregarlos a las autoridades españolas, de acuerdo al principio básico para el funcionamiento del régimen colonial en Potosí. Más tarde, durante los albores de la independencia, disminuyó el número de pueblos sometidos al repartimiento.
En las comunidades estaban los denominados “Quipukamayoj”. Estas personas eran los contadores que efectuaban su tarea con ayuda de los llamados “quipus”, formados por hilos de colores y cuyas descripciones significaban ayllus y parcialidades, los pueblos y los naturales, con su ganado y ropa. Los indios de lugares muy bajos (valles y amazonas) no soportaron el crudo clima del altiplano potosino y las terribles condiciones de trabajo. Incluso fallecían en el camino. De suerte y por doquier cundía el pánico, y no faltaron las cartas enviadas por los religiosos a las autoridades sobre el trabajo y tratamiento que se daba a los naturales en las minas e ingenios.
Los cárcamos de piedra en la ribera de los ingenios dividieron la ciudad en dos territorios: en la parte superior, en las llamadas “rancherías”, cerca del Cerro Rico, vivían los indígenas y se levantaron parroquias de indios. Entre la ingente cantidad de indígenas que habitaban Potosí había una proporción significativa de mitayos, pero también indios en otras condiciones como ser mingas libres y yanaconas. La mayor parte de la población indígena trabajaba en las minas e ingenios, mientras que otros indios se dedicaban a la zapatería, la sastrería y la panadería; estos eran muy requeridos en el contexto urbano.
En la colonia, las autoridades que tenían a su cargo la Villa Imperial controlaban a los indígenas con la ayuda de los caciques; como procuradores con el título de capitanes, tenían amplios poderes otorgados por la corona •
Elegidas y sus responsabilidades
Curacas y caciques.- Son los líderes principales de las comunidades indígenas.
Mallkus y jilak’atas.- Son autoridades de rango menor que cumplen funciones específicas de la comunidad de acuerdo a sus necesidades.
Mama th’allas.- Representan a las mujeres de los mallkus y participan en la dualidad del mando de la autoridad.
Jilankus, agentes y jueces de agua.- Cooperan con responsabilidades a la comunidad, específicamente en la dotación de agua para la agricultura y necesidades biológicas.
Mandato rotatorio y honorífico.- El mando asignado a la autoridad es rotatorio y un honor que recaiga en una persona con alto compromiso y moral. De ninguna manera se trata de un cargo permanente.
* Cristóbal Corso Cruz es expresidente de la Sociedad Geográfica y de historia “Potosí”.